martes, 22 de abril de 2008

Presentación


¡Bienvenidos a Sursum Corda!

Esta es una publicación digital católica romana, destinada a la promoción de la verdadera fe católica, el Santo Sacrificio de la Misa y el reinado social de Nuestro Señor Jesucristo. No estamos afiliados a ninguna organización religiosa, sino que es el trabajo de católicos que consideramos que Internet es un vehículo muy útil para el apostolado en estos tristes tiempos de crisis que está viviendo la Iglesia de Cristo.

Vivimos una época difícil: el hombre moderno enamorado de sí mismo y centrado en sus preocupaciones mundanas se ha alejado de Dios y de la religión, creando así su propia religión, ora en la ciencia, en el arte, ora en el hedonismo. Como cada cual crea “su” religión, tienen a ver la “religión” del otro como igualmente válida y tolerable, redundando así un clima de completo relativismo en el cual “todo vale lo mismo”.

Al apartarse de Dios el hombre moderno se aleja del Bien Supremo, cierra sus ojos a la Luz, desviándose hacia el abismo. Al alejarse de Dios no solamente pierde la gracia, sino que se rehúsa a recuperarla: su afán de vanagloria (gloria vana) y de amor a sí mismo le impide someterse a Dios y aceptar la infinita grandeza del Creador, recordándonos el “non serviam (no seré siervo)” de Lucifer. El hombre moderno se erige en su propio dios, cayendo así en la tentación que el Demonio hizo a los primeros Padres al convidarles con el Fruto prohibido (Gen III, 5).

El hombre moderno prefiere los bienes materiales, prefiere el mundo, sus comodidades y placeres, deleitándose con los placeres de este tiempo. Sus obras, al estar apartadas de Dios son vacuas (Sal. CXXVI, 1), mundanas y carnales, por lo que solamente encuentra en ellas el vacío que lo conduce a la confusión o, mucho peor, a la desesperación: la “muerte del alma”. El hombre moderno quiere ganar el universo y se olvida de aquellas palabras de Cristo: “¿Qué aprovecha ganar el universo, si uno pierde su alma?” (Mt XVI, 26). ¿Cuáles son estos frutos, materiales y carnales, en los que se afana el hombre moderno?:
“Los frutos de la carne son: fornicación, adulterio, deshonestidad, lujuria,
culto de ídolos, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iracundia, riñas,
disensiones, herejías, envidias, homicidios, embriaguez, epicureismo y cosas
semejantes” (Gál. V, 19-21).


Nuestro Señor nos dice: “No alleguéis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín los corroen y donde los ladrones horadan y roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín los corroen y donde los ladrones no horadan ni roban” (Mt VI, 19-20). Pensemos en los frutos de los tesoros espirituales, en aquellos que conseguimos por la Gracia de Dios:


“Los frutos del espíritu son: caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia, castidad” (Gál. V,
22-23).

A fin de conseguir estos frutos del espíritu tenemos que trabajar en nuestra vida interior, que según el gran teólogo dominico R. Garrigou-Lagrange “consiste en dar oídos a la palabra de Dios y en vivir según ella” (Las Tres Edades... Introducción). Nuestra Vida interior es lo que realmente importa, es en lo que realmente debemos afanarnos. La búsqueda de Dios (que el humanismo y el modernismo rechazan en pos de un Nuevo Dios, hecho de Humanismo y Modernismo) es, como dice Jesucristo a Marta (Lc X, 42) la única cosa necesaria... ¡Y mucho más en nuestros tiempos! Porque solamente ella nos lleva al camino de la Salvación.

De esta manera es que Sursum Corda se plantea como un espacio para promover la Fe Católica, con el objeto de que podamos buscar a Dios en medio del ruido del mundo moderno, para ello tenemos que Elevar los corazones.