miércoles, 30 de septiembre de 2009

El Papa excomulgado



No vale la pena la eterna disputa sobre la identidad de Maurice Pinay... lo que si vale es leer sus textos, tan actuales como nunca. Uno de ellos, es el que se refiere al accionar de Honorio (625-638) quien favoreció la herejía monotelista de Sergio, Patriarca de Constantinopla, de la misma manera que, por lo menos, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI han favorecido o actudo de forma deficiente ante la herejía modernista que alentaron con su magisterio conciliar.

En el excelente sitio web Stat Veritas tenemos una excelente biblioteca entre los que podemos destacar este excelente escrito Un Papa excomulgado. Se trata de un excelente estudio sobre el accionar del hereje Honorio hecho por Maurice Pinay y como la Iglesia condenó a este que apoyó implicitamente al monotelismo.

El Papa Honorio, que no combatió la herejía fue condenado expresamente en el III Concilio de Constantinopla, el de Trullo, IV de Constantinopla y II de Nicea. Un antecedente histórico que, cuando pase la actual tormenta, deberá retomarse.

San Agustíon sobre el martirio


Del Oficio de Lectura, 10 de agosto, San Lorenzo, Diácono mártir

Administró la sangre sagrada de Cristo

Sermón 304, 1-4



La Iglesia de Roma nos invita hoy a celebrar el triunfo de san Lorenzo, que superó las amenazas y seducciones del mundo, venciendo así la persecución diabólica. Él, como ya se os ha explicado más de una vez, era diácono de aquella Iglesia. En ella administró la sangre sagrada de Cristo, en ella, también, derramó su propia sangre por el nombre de Cristo. El apóstol san Juan expuso claramente el significado de la Cena del Señor, con aquellas palabras: Como Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Así lo entendió san Lorenzo; así lo entendió y así lo practicó; lo mismo que había tomado de la mesa del Señor, eso mismo preparó. Amó a Cristo durante su vida, lo imitó en su muerte.
También nosotros, hermanos, si amamos de verdad a Cristo, debemos imitarlo. La mejor prueba que podemos dar de nuestro amor es imitar su ejemplo, porque Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Según estas palabras de san Pedro, parece como si Cristo sólo hubiera padecido por los que siguen sus huellas, y que la pasión de Cristo sólo aprovechara a los que siguen sus huellas. Lo han imitado los santos mártires hasta el derramamiento de su sangre, hasta la semejanza con su pasión; lo han imitado los mártires, pero no sólo ellos. El puente no se ha derrumbado después de haber pasado ellos; la fuente no se ha secado después de haber bebido ellos.
Tenedlo presente, hermanos: en el huerto del Señor no sólo hay las rosas de los mártires, sino también los linos de las vírgenes y las yedras de los casados, así como las violetas de las viudas. Ningún hombre, cualquiera que sea su género de vida, ha de desesperar de su vocación: Cristo ha sufrido por todos. Con toda verdad está escrito de él que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Entendamos, pues, de qué modo el cristiano ha de seguir a Cristo, además del derramamiento de sangre, además del martirio. El Apóstol, refiriéndose a Cristo, dice: A pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios. ¡Qué gran majestad! Al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. ¡Qué gran humildad!
Cristo se rebajó: esto es, cristiano, lo que debes tú procurar. Cristo se sometió: ¿cómo vas tú a enorgullecerte? Finalmente, después de haber pasado por semejante humillación y haber vencido la muerte, Cristo subió al cielo: sigámoslo. Oigamos lo que dice el Apóstol: Ya que habéis resucitado con Cristo, aspirad a los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios.

jueves, 24 de septiembre de 2009



CONFERENCIA:
“LA EUTANASIA”
-Aspecto moral: 5º mandamiento.-Incoherencia de la ciencia moderna: terapias encarnizadas por mantener la vida.-Filo de la muerte al origen y al fin de la vida.
R.P. Ricardo Félix Olmedo
Viernes 25 de Septiembre, 20 hs.

Priorato: Venezuela 1318-20, (1095)

Capilla “Nuestra Señora Mediadora de Todas las Gracias”,

Montserrat, Buenos Aires, Capital


miércoles, 23 de septiembre de 2009

Monseñor Morello: El temor a servir

Desde el Pecado de Adán y Eva el temor de servir es una constante. Así como en las mediciones de la física o de la química se dan efectos constantes, sucede de manera similar en la conducta moral de los hombres. Digo conducta moral porque de eso se trata. Cuando los actos de un hombre no son automáticos, inconscientes o indeliberados, son entonces lo contrario, aquí son actos humanos, actos morales, actos buenos o malos, meritorios o nó, dignos de premio o de castigo.
Antes del Pecado Original el hombre no calculaba. Era feliz y dichoso haciendo la voluntad de Dios, por eso básicamente su paraíso era un paraíso de delicias, porque todo era bueno, bueno él y sus acciones, buenísimo Dios quien era Autor de toda esa bondad y que se complacía en el hombre a quien había creado.
El Pecado Original modificó esta honda disposición del alma del hombre y con ella la de todas las almas. Si el hombre antes era todo inocencia, con aquella falta primigenia generáronse en él las disposiciones contrarias, el ojo puro conoció la picardía, la curiosidad y la lascivia; el corazón recto concibió el doblez y el engaño; el valor ensayó sus primeras cobardías; el tesón, el esfuerzo, la virilidad y la reciedumbre claudicaron, a veces mucho, a veces poco, ante la pereza, la blandura y la comodidad.
Desde el Pecado Original nada grande puede hacerse sin esfuerzos, porque el pecado, revolviéndolo todo, lo apartó de su meta originaria. Si todo debía dirigirse a Dios, al apartarse de Dios por el pecado, ya no supo a dónde dirigirse y en su marcha errante fueron las creaturas proponiendo sus convites, sus atractivos, sus aparentes felicidades y aún lo siguen haciendo no permitiendo al hombre que vea a su Creador. Así cobra pleno entendimiento aquella frase divina del Salvador “Quien quiera venir en pos de Mi niéguese a si mismo” (S. Mateo XVI, 24). Si miramos bien la frase ella tiene dos partes. La segunda “niéguese”, que es un imperativo, una orden del Salvador y, por lo mismo, algo ineluctable, inevitable, necesario si hemos de seguirle. La primera “quien quiera venir…”, que a todas luces parece considerar la voluntad del hombre, la libertad de la creatura, la grandeza de alma del alma que la escucha.Salvarse es un imperativo (“Quien no creyere ni se bautizare se condenará”, S. Marcos XVI, 16).
Seguir a Dios de más cerca, breve, servirlo, no siempre es una orden sinó que, las más de las veces es una invitación.
Dirán algunos: - Si es invitación, la invitación no es obligación.Contestemos con una frase del Divino Salvador. Cuando Nuestro Señor terminó su sermón sobre el Pan Vivo bajado del Cielo (S. Juan VI, 58) muchísimos de sus oyentes le dejaron, tanto es así que vuelto a sus discípulos les dijo estas palabras: “¿Acaso también vosotros queréis iros?” (S. Juan VI, 67). La pregunta del Rey de los Mártires no expresaba una orden pero ¿Acaso no expresaba su voluntad, lo que Él quería y ansiaba, la más ardorosa voluntad de que sus discípulos no le fallaran? Que lo niegue quien quiera ser blasfemo.
Cuando los hijos del Zebedeo fueron con su madre a pedir a Nuestro Señor sentarse cerca suyo en su reino, Cristo les mandó algo o sólo preguntó: “¿Podéis beber el Cáliz que Yo he de beber?” (S. Mateo XX, 22).¿Qué contestaron ellos?: “Possumus!” “¡Podemos!”.No es lo mismo que decir ¿Os atrevéis, y esperar justamente ese atrevimiento, ese valor y esa entrega?
Con ese argumento falacioso de que la invitación no obliga, más de uno faltó a las Bodas del Cordero.
Si la Patria estuviera en guerra, (y quizás lo está) y una guerra terrible, cruenta, generalizada ¿Podría decirse “si me convocan voy”?
Es cierto que Dios invita “He aquí que estoy a la puerta y golpeo, si alguien quisiera abrirme la puerta entraré a él y cenaré con él” (Apoc. III, 20); “Si quieres ser perfecto, va vende lo que tienes dalo a los pobres y sígueme” (S. Mateo XIX, 21); pero igual o más cierto es también que está esperando que lo sigan y que el convite se haga realidad sinó no hubiera puesto aquel detalle el Evangelista: “Jesús, pues, mirándole quedó prendado de él y le dijo una cosa te falta, ve vende lo que tienes y dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo, y ven y sígueme” (S. Marcos X, 21).¿Qué lo prendó? ¿No está Dios prendado de todos?
Dos cosas lo prendaron:
- La virtud “guardé todo eso desde mi juventud” (San Marcos X, 20).
- El deseo “¿Qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?” (S. Marcos X, 17). “¿Qué he de hacer? Dime qué haga.” Aquí no es la virtud sinó la generosidad. Eso prenda a Dios, la grandeza de darse que ciertamente nó todos tienen, que también ciertamente fue Dios quien la puso en las almas y que espera Dios que los hombres que la tienen la usen. Por eso aquél “¿Podéis?” (S. Mateo XX, 22) a San Juan y Santiago que contestó el viril “¡Podemos!” de los Santos.El servicio de Dios no depende de lo que cada quien necesita sinó de lo que Dios quiere y necesita para las almas. Si uno piensa en si mismo nunca se le hará atractiva la guerra. Es más, la guerra no es atractiva ni lo será nunca. Pero cuando ella es una necesidad imperiosa, cuando principios superiores están en juego, cuando los intereses propios son nada comparados a los de la Patria o los de la Santa Iglesia, entonces sería mezquindad y mezquindad grave el querer ocuparse sólo de lo propio esperando que aparezcan valientes desde otra parte para defender lo nuestro. Nada es tan nuestro como nuestra Fe, nuestra Religión o nuestra Patria.
La gente piensa que no es grave que destruyan la Fe, la Iglesia, la Religión. Fe, Iglesia y Religión no son conceptos sinó realidades que sí expresan los conceptos y los términos que usamos; Jesucristo nuestro Señor fundó a la Santa Iglesia, estableció nuestra Religión, nos enseñó la Fe, murió para refrendar todo eso con su Sangre de valor infinito. ¿Estimaríamos poca cosa lo que Él valuó al precio de su Vida? Malos negociantes seríamos pagando mucho lo poco y poco lo mucho, estimando lo que Dios desprecia y despreciando lo que Él quiere y espera. Sin embargo, así van los hombres desde la expulsión del Paraíso Terrenal con sus cortejos de ambiciones y placeres. Pareciera como si Dios y su Hijo y el Cielo todo no merecieran lo que una esposa, aún buena, o una meretriz barata. Todos quieren para si el amor que sienten merecer y que no son capaces de brindar a Dios.¿Por qué los hombres no dan la vida a Dios?Ya lo contestó nuestro Señor (S. Lucas XIV, 15 y ss.) en aquella parábola de los fallidos invitados a la gran Cena. Tres fueron las razones para no asistir, tres las que esgrimen los hombres para no servir a Dios: “Villam emi, juga boum emi quinque, uxorem duxi”, a saber “compré un terreno (un lugar, una casa), compré cinco yuntas de bueyes, me casé o voy a casarme”.
O son las propiedades; o lo que uno pone en ellas (desde el auto hasta el título profesional; las comodidades, lo placentero, el dinero y lo que él consigue); o las mujeres, y esto, desde un dignísimo matrimonio cristiano hasta las peores infamias.Lo mismo entendió San Juan, el discípulo que más conoció el Corazón de Cristo, al decir con toda claridad (I S. Juan II, 16): “Todo lo que está en el mundo es concupiscencia de la carne (los placeres), concupiscencia de los ojos (las vanidades) y soberbia de la vida (el afán de poder, de mandar, de decidir) que no es del Padre sinó del mundo. El mundo pasa y su concupiscencia. Quien hace, en cambio, la voluntad de Dios permanece para siempre”.
Van corriendo los hombres en pos de lo que pasa y abandonando lo que permanece. ¿Por qué? Por el atractivo de los bienes inmediatos reales o aparentes. No mira el hombre la eternidad sinó la temporalidad en la que parece sumergido, por eso prefiere el placer cercano o el goce contemporáneo; por eso mira la belleza que se le cruza en el camino y no piensa en la esposa o en los hijos que le aguardan; por eso las cautiva más la vanidad de querer ser siempre jóvenes y atractivas en vez de pensar en ser buenas y salvarse.
Faltan todavía un par de razones que antes no valían mucho porque el mundo era cristiano: El respeto humano y las ideas falaces.

El respeto humano.
Antes la gente miraba bien que alguien fuera Monje, Sacerdote o Religioso. Es más, en una época fue ideal de las familias patricias tener un hijo militar y uno sacerdote. Hoy la gente, al menos muchos, miran al sacerdote y al hombre de armas con desdén, con desprecio o con indiferencia, fruto sin duda de una propaganda irreligiosa y antipatriótica que ya es de vieja data; y de tantos escándalos y malos ejemplos que el clero viene dando desde hace varias décadas. El clero quiso casarse con el mundo, con sus ideas y costumbres y lo logró pero al precio de los desórdenes y las inmoralidades y sin lograr convertirlo. El clero se hizo mundano sin que el mundo fuera cristiano. Era evidentísimo, no se es sacerdote para hablar, vivir y vestir como lo hacen los hombres del mundo; se es sacerdote para enseñar virtudes, erradicar vicios, señalar errores, enseñar la verdad, dar, y esto sobre todo, el ejemplo de una vida íntegra que plasma en la conducta lo que enseñan los sermones. “Todo el mundo está asentado en el Maligno” (I San Juan V, 19); “No queráis amar al mundo ni aquellas cosas que hay en el mundo” (I San Juan II, 15). ¿No merecería un tal clero aquel apóstrofe del Apóstol Santiago? “Adúlteros, no sabéis que la amistad de este mundo es enemiga de Dios. Quien quiera hacerse amigo de este mundo se constituye enemigo de Dios” (Santiago IV, 4).Las ideas falaces.Digo yo las ideas que alguien pone en boga, que repiten otros hasta el cansancio, o las canciones, o los medios de difusión, o los malos educadores y que la gente, a veces los mismos cristianos, dicen y dicen como si fueran verdades innegables y hechos irreversibles.
“Tengo derecho a ser feliz”; “Casarse no es pecado”; Dios no pide a todos lo mismo”; “No se puede ir contra la corriente”; “La crisis es demasiado grande”; y cuántas más.
Uno no es feliz haciendo lo que quiere sinó lo que Dios quiere, sería absurdo que Dios, Sumo Bien, quisiera algo que no fuera bueno para nosotros; es más, que definitivamente debe ser lo mejor. Si la vida corta que hemos de vivir ha de juzgarse por la eternidad a alcanzar seríamos soberanamente felices haciendo lo que más nos allane el camino para el Cielo. Por cierto que casarse no es pecado sinó Nuestro Señor no hubiera bendecido con su presencia y su milagro aquella Boda de Caná, pero también es ciertísimo aquello de San Pablo: “Bien quisiera que todos fueseis como Yo” (I Cor. VII, 7).
No sólo sí se puede sinó que se debe ir contra la corriente. Las cosas no han de ser necesariamente como las quiere el mundo sinó como Dios las quiso y las pensó al crearlas, sinó todos los Mártires hubieran incensado a los dioses de aquellos Imperios moribundos.La crisis es grande. Justamente por la maldad de algunos, por la ignorancia de muchos, por la cobardía generalizada de los que no quieren pelear un combate visiblemente desigual como el de David y Goliat o aquél de Teodosio Emperador que contestó virilmente ante la amenaza de un enemigo mucho más numeroso y antes de triunfar: “Prefiero creer en la debilidad de Cristo antes que en la fuerza de Hércules”.
Los hombres se han apocado en su Fe, al hacerlo diluyeron su vida cristiana y por eso languidecen de cobardía y comodidad.
Sobre esta tierra no hay Iglesia Católica que no sea militante. Combatir es ley cristiana en este tiempo efímero que nos toca vivir.
Piensen los hombres lo que hacen. El argumento es fácil para excusarse pero ¿Dice lo mismo la conciencia en la soledad y en el silencio? ¿Mirarán sin temor al Cristo que los juzgará los que no tuvieron tiempo para Dios?
Debe el hombre sobrepujarse a si mismo. Muchas veces el valor no es optativo sinó necesario y en estas épocas resuenan clarinadas que llaman al heroísmo ante las vejaciones que sufre la Iglesia, ante las almas que languidecen sin sacerdotes ejemplares, ante un clero mediocre y vergonzoso en el mejor de los casos.
Parece difícil. Claro que lo es, sinó no hablaríamos de valores y de entregas. Cerremos nuestros labios y detengamos nuestra pluma con aquella frase de un gran hombre y de un gran Santo: “Pudeat sub spinato capite membrum fieri delicatum” “Avergüéncese bajo una Cabeza coronada de espinas un miembro que se hace delicado” (San Bernardo).
Agosto 18 del 2009.

Para la Fraternidad San Pedro, la restauración ritual no es un regreso a la Tradición

Siempre decimos aquí que Ratzinger/Benedicto XVI y la Ecclesia Dei no representan más que una veta ritualista, que su unica intención es crear una High Church dentro de la Iglesia Conciliar... pero mientras los anglicanos del siglo XIX buscaban ir más allá del rito y reformar la Iglesia Anglicana, retornando a la teología católica, purificando la doctrina... Ratzinger & Co., solamente se proponen restaurar una liturgia a fin de terminar con los abusos que promueve el Misal Protestante y Herético de Pablo VI.
Normalmente uno esperaría estas palabras de un parroco de barrio, de un sacerdote sin ninguna preparación o de un cardenal ultra-modernista. Pero cuando la oímos de un "sacerdote" de la Ecclesia Dei no podemos sino confirmar con dolor la cruel verdad: son fariseos, sepulcros blanqueados que hasta escandalizan a sacerdotes, también de la Iglesia Conciliar y también tradicionalistas, pero infinitamente más católicos que ellos.
El "Padre" Kramer FSSP en una entrevista realizada por la Radio Vaticana se encargó de enfatizar, en pleno aniversario del Summorum Pontificum que de ninguna manera esto implica un retorno a la época previa al Concilio Vaticano II, antes bien, ponderó el "mutuo enriquecimiento" entre la Santa Misa y la liturgia protestante de Montini.
Esto es tan grave, que el mismísimo Padre Tim Finigan, un sacerdote que está en la Iglesia Conciliar, pero bastante crítico y absolutamente católico en lo que a la Fe, la Tradición y Liturgia se refiere (como todavía sigue en la Iglesia Conciliar es un misterio) le respondió como corresponde.
Si hay esperanza es en los sacerdotes como el Padre Finigan, no en la herética y farisíaca Fraternidad San Pedro.
Oremos por ellos.

El Arzobispo residencial de Lima da un paso


El Arzobispo de Lima invocó a los fieles a practicar una urbanidad eucarística, consistente en la buena educación de la piedad, respeto y adoración al Cuerpo de Cristo. Esta exhortación la realizó en la Misa Dominical que celebró en la Basílica Catedral de Lima, el domingo 23 de agosto, XXI del Tiempo Ordinario.


“Recuperemos ese amor a la Eucaristía, recibiendo a Jesús con el cuerpo y el
alma limpios, en gracia de Dios. Que se utilice esa pequeña bandeja de comunión,
para que en caso una partecita de la Hostia se desprenda, no caiga al suelo. Por
eso, esta urbanidad, que debemos enseñarla desde los niños hasta los más
ancianos”, exhortó durante su homilía


Asimismo, el Pastor de Lima recordó que la Iglesia Universal enseña que la comunión Eucarística se recibe en la boca, y de una manera extraordinaria –con permiso del obispo- en la mano.


La comunión Eucarística se recibe en la boca para evitar el uso de la mano
sucia en contacto con el Cuerpo de Cristo. En esta arquidiócesis todavía hay el
permiso (para recibir el Cuerpo de Cristo en la mano). Digo todavía, porque cada
vez más le pido a los sacerdotes y religiosos que ese respeto visible al Cuerpo
de Cristo se manifieste y que no esté entregándose el Cuerpo de Cristo como
quien reparte unos papeles”, mencionó
.

El Arzobispo de Lima también recordó que la forma correcta de recibir a Jesús en la Eucaristía requiere de una preparación personal para estar en gracia. Y al momento de recibirlo, mostrar una señal visible de respeto, que puede ser la inclinación de la cabeza, y mucho más recomendable, recibir la Santa Eucaristía de rodillas.



Nuevos dominicos tradicionalistas en Irlanda



Pocas ordenes religiosas han dado tantos frutos como la Orden de los Padres Predicadores, fundada por Santo Domingo... entre sus teólogos modernos podemos citar al gran Garrigou-Lagrange (motivo de tantas conversaciones interesantes con mi amigo Leonardo, administrador del Blog sobre Don Nicolás Gómez Dávila)... El Concilio Vaticano II también sorprendió en los dominicos grandes heresiarcas, lamentablemente.


Sin embargo, si en la Iglesia Conciliar de algún lado puede venir un regreso a la Roma Eterna, a mi entender no sería de la Comisión Ecclesia Dei, sino de los Padres Predicadores. En efecto, si una orden ha preservado sus tradiciones y ha realiza un retorno a la liturgia, aferrandose a sus ritos pre-conciliares (los ritos propios que el Papa San Pío V resguardó) , esos fueron los dominicos.


Al respecto de esta orden, nos llegaron noticias de Irlanda, donde 13 novicios (¡Nada mal para la Iglesia Conciliar!) fueron recibidos en una hermosa ceremonia tradicional. Ellos fueron los hermanos Stephen Bartolome Cummins (Cork), Gary Mannes Burns (Sligo), David Joseph McGovern (Louth), Damian Pius Polly (Dublin), Ronan Bernard Connolly (Kildare), James John Cassidy (Antrim), Patrick Stephen Desmond (Cork), Stephen Jordan Jones (Trinidad), Darragh Ambrose McNally (Wicklow), Conor Benedict McDonough (Galway), Sean Augustine Oberc (Detroit, Michigan USA and Kilkenny), Stephen Johannes Hackett (Cork) y Eoin Mary Casey (Laois).


Estos jovenes se inciarán así en la vida de la orden... y trambién marcan una prueba irrefutable del origen de las vocaciones en la Roma actual: no es en el "modernismo" ni en las "parroquias" que están las vocaciones y la esperanza de la Iglesia.


Oremos por la conversión de la Iglesia Conciliar a la Roma Eterna, la Roma de San Pedro y San Pablo, aquella sobre la cual jamás prevalecerán las puertas del infierno.

Correcciónes al "Fuego sagrado"


Uno de nuestros asiduos visitantes es un diácono de la Iglesia Ortodoxa que periódicamente suele escribirnos en los comentarios. Este diácono ha prestado su ayuda a Sursum Corda con sus aclariones, sus comentarios y su inteligencia, y por eso tenemos que estar muy agradecidos.

Recientemente, pusimos en linea un texto que hacía referencia al Milagro del Fuego Santo, y en él, dejamos deslizar algunos errores que son propios de quien esto escribe y no del redactor (Antonio) del artículo, por lo que pude entender.

En vez de realizar yo las aclaraciones, me parece más apropiado que el mensaje que nos escribiera el diácono Jesús tuviera su lugar destacado que le corresponde.

Sin más, el mensaje en cuestión.




Amado hermano en Xto.

Leí este mensaje con gran atención, y me gustaría hacer algunas precisiones, sin ánimo de debatir, puesto que me queda perfectamente claro que se trata de un blog católico romano tradicionalista, y yo como Diácono de la Iglesia Ortodoxa sólo soy un invitado con el que por cierto han tenido bastantes atenciones.

En primer punto, en Jerusalen el "milagro" que uds atacan en este mensaje no sucede frente al Patriarca de Constantinopla, sino frente al de Jerusalen, sucesor de Santiago.

En segundo lugar, entiendo y me parece natural que en al articulo se repitan los mismos argumentos que la Iglesia Católica Romana utiliza contra la Iglesia Católica Ortodoxa (cisma, autocefalía, filioque, etc). A este respecto, habría mucho que discutir, pues no olvidemos que para los cristianos occidentales sólo nos educaron con una versión de la historia de la cristiandad, más no necesariamente la verdadera.

Para concluir, y agradeciendo la paciencia para conmigo, debo decir que el Patriarca de Constantinopla, como el de Rusia y casi todos, conforman la "ortodoxia mundial" que al igual que la actual jerarquía católica romana conciliar, es modernista, ecumenista, etc.

También de nuestro lado existe una denominada "ortodoxia tradicional" que por encima de problemas políticos y de "jurisdicciones", nos interesa hacer una correcta confesión de Fe.

Saludos en Nuestro Señor Jesucristo y María Santísima.

Indigno Diácono Jesús

domingo, 20 de septiembre de 2009

Monseñor Aonzo: sobre su consagración episcopal

Hace muy poco tiempo recibí varios correos electrónicos (cerca de 20) en los que se criticaba abiertamente el “apoyo” que desde Sursum Corda le estaría dando a Monseñor Julio Aonzo. Estas críticas las dividiré en tres grandes grupos.
Aquellos me insultaban a Monseñor Aonzo y de paso me contaban supuestos aspectos de su vida privada (nada que él no me haya dicho en un correo electrónico previo).
Aquellos que me advertían sobre la validez de las ordenes de Monseñor Aonzo, las que consideran inválidas y por lo tanto me llamaban a la prudencia.
Aquellos que me insultaban tildándome de “vendido” “h.d.p”, “rata ambiciosa”, “estúpido sedevaco”, “conciliarista de m.” y otras cosas por el estilo.

De los tres, creo que solamente los que estaban en el segundo grupo merecen una respuesta. Antes que nada, quisiera recordarles que no soy un especialista en teología sacramental, como si lo es, verbigracia el Padre Anthony Cekada, amigo de este blog y cuyo apostolado siempre pedimos apoyar. Monseñor Julio Aonzo escribió una “defensa” de su consagración episcopal y que publicó en su blog en una entrada con fecha del 3 de septiembre del año 2009. Quisiera , para finalizar mi intervención al respecto, y antes de adjuntar la “defensa” de Monseñor Aonzo recomendar que lean el artículo del Padre Anthony Cekada sobre la validez de las consagraciones de Mons. Thuc, ya que muchas de las objeciones que se me enviaron a mi correo electrónico (como si yo fuera alguien con algún poder de jurisdicción…) tenían una respuesta en este estudio.
Sin más, aquí el texto que apareciera en Filadelfia.


Quiero responder a los que preguntan acerca de mi consagración episcopal.

Es necesario previamente hacer acordar o bien aclarar que desde que la Sede Apostólica está vacante TODOS LOS OBISPOS consagrados desde ese momento, aunque posean el poder inmóvil , otorgado "ipso facto" por la recepción del Sacramento del Orden, que no se pierde porque imprime carácter en quién lo recibe sin óbice, no obstante el poder móvil, es decir el cargo y la jurisdicción NO LO TIENE NINGUNO, por haber sido consagrados sin mandato apostólico, o sea, son Obispos pero en el aire.
Debido a la extrema necesidad en que se encuentra la Iglesia Católica, todos han recibido en estas condiciones anormales la consagración episcopal, movidos por la virtud de la epiqueya; por tanto todos ellos merecen el reconocimiento y el respeto debido por intentar conservar y defender la Fe Católica, aunque el cargo y la jurisdicción UNICAMENTE se la concederá el Soberano Pontífice.
Razón por la cual instamos a los Sres. Obispos a que se "despierten" y apuren la finalización de la vacancia: para gloria de Dios, para bien de las almas, para que ellos no sigan siendo una "muchedumbre confusa y perturbada" y no continúen confundiendo a los sencillos haciéndoles creer con su indolencia, que con la Misa y los Sacramentos es suficiente.

Dicho esto detallo lo que piensa la Iglesia Católica para las situaciones extremas:
(De la carta 1, Exordium: Pontificatus mei, a AnastasioAugusto, de 946)

"De las ordenaciones de los cismáticos"
extraído del Msgisterio de la Iglesia (Denzinger nº 169, de la edición de Herder de 1963, pág. 66)

(7) Según la costumbre de la Iglesia Católica, reconozca el sacratísimo pecho de tu serenidad que a ninguno de estos a quienes bautizó Acacio (obispo cismático) o a quienes ordenó según los cánones sacerdotes o levitas, les alcanza parte alguna de daño por el nombre de Acacio, en el sentido de que acaso parezca menos fiirme la gracia del sacramento por haber sido trasmitida por un inicuo...Porque si los rayos de este sol visible, al pasar por los fétidos lugares, no se mancillan por mancha alguna del contacto; mucho menos la virtud de Aquel que hizo este sol visible, puede constreñirse por indignidad alguna del ministro...

(9) Por eso, pues, también éste, administrando mal lo bueno, a sí solo se dañó. Porque el sacramento inviolable que por él fue dado, obtuvo para los otros la perfección de su virtud.

SAN ANASTASIO II, 496-498

Al decir ésto no abro juicio contra nadie; sólo es para aclarar y se queden tranquilos los que preguntan...y también mis detractores. Solamente el Sumo Pontífice, cuando lo haya, es quien concederá, o no, el cargo y la jurisdicción o lo que él juzgue necesario

Una explicación para el Fuego Santo


Uno de nuestros visitantes me envió un e-mail. Allí me adjunta el texto que a continuación reproducimos en Sursum Corda. Antes que nada quiero decir que pocas veces he visto tan buena refutación de este "milagro" que se da en el Santo Sepulcro frente al cismático patriarca de Constantinopla.
He podido encontrar en Youtube el siguiente video.
Antes de pasar al artículo Fuego Santo, quisiera agradecer a Antonio por este texto y animarlo (y con él a todos ustedes) a colaborar con Sursum Corda enviando sus artículos, comentarios o críticas.




Fuego Santo


Respuesta a quien cree confirmada la "Ortodoxia" griega por un prodigio que ocurre todas las noches de pascua en el Santo Sepulcro ante el Obispo cismático "Ortodoxo". Tb se acusa a la Iglesia Católica de dar culto a un Dios falso por haber añadido la claúsula "Filioque" en el Credo Niceno-Constantinopolitano.

A Pablo y Alberto

Brevemente porque no tengo mucho tiempo pero me prestaría a seguir con Uds. el debate pormenorizando todo lo que quieran.
Para ir de frente y ejerciendo el ecumenismo verdadero para un católico que es señalar el error en la falsa religión (de Uds) y al mismo tiempo intentar traerlos a la verdadera que es la Católica, en la que sí van a adorar al Dios verdadero y abrazar la verdadera fe sin la cual nadie puede salvarse, como dice el símbolo llamado de Atanasio. También es un dogma muchísimas veces repetido (e interpretado ahora muy laxamente) “Extra Ecclesiam nulla salus”. Se refiere a la Iglesia Católica que es el Cuerpo Místico de Xto. Sin ser miembros vivos (en gracia) de este Cuerpo, nadie va a salvarse, o sea irá al infierno eterno. Es verdad que en el Concilio V.II se dice que la Iglesia de Xto “subsistit” en la Iglesia Católica. No aparece claro el sentido de “subsistit” a primera vista. Se ha interpretado como una reducción a la baja del prístino sentido del “es”. Pero yo creo que es algo profético a la manera que profetizó Caifás cuando era Sumo Sacerdote diciendo que “conviene que un sólo hombre muera por el pueblo”. En efecto , es posible que dentro de la Iglesia sociológica católica (vale decir al margen de su jerarquía y dentro de la masa católica) subsista la verdadera Iglesia de Xto en un “resto” bendito que sigue abrazando íntegra la Fe Católica. Así por ejemplo decimos que el pueblo “navajo” subsiste dentro de la población de Estados Unidos. Sobre esto no me extiendo más.
He leído lo del “fuego santo” que tiene lugar en el Santo Sepulcro la noche de Pascua ante el Obispo Ortodoxo, y lo doy por cierto. Durante mi estancia en Jerusalén un musulmán me hizo oler la piedra de la que partió Mahoma al cielo montado a caballo. Tenía un olor delicioso como un perfume celestial.
Acabo de leer un libro sobre OVNIS en el que se recopilan infinidad de casos por parte de eminentes investigadores (quienes estudiaron el fenómenos por largos años en USA y en otros sitios, que no dejan lugar a dudas sobre la realidad de muchas experiencias. Sólo que de ellas muchos sacan la existencia de extraterrestres, que vienen de mundos más desarrollados y avanzados tecnológicamente, a darnos directrices etc.. y lograr para nosotros la paz en nuestro planeta. En realidad estos relatos arruinan la Fe de muchos o introducen paradigmas heréticos. Los investigadores casi unánimamente los tienen por un fenómeno cercano a los que se dan en experiencias de “posesión demoníaca”.
Yo mismo he presenciado fenómenos solares inexplicables (parecidos pero en grado muy inferior al de Fátima) en lugares de supuestas apariciones de la Sma Virgen (donde la “mona” de Dios realiza sus simiescas imitaciones de los hechos portentosos de Dios) y tb he asistido a exorcismos con aparatosas salidas de espíritus demoniacos al conjuro de personas no reconocidas como exorcistas por la Iglesia y de moralidad y fe dudosa. En el primer caso quedé convencido de la interferencia diabólica por más que sus mensajes eran en todo conformes a la Fe y a la moral católica. Es más, se dieron conversiones sonadísimas y hasta han dado lugar a comunidades evangélicas de gentes de gran perfección de vida y de un ejemplo admirable de caridad con enfermos y ancianos. Pero el diablo dice mil cosas buenas y hasta santas con tal de meter una sóla mala o herética. En ese lugar se hacía alabanza y se pedía plena adhesión de quien dio muestras de un ecumenismo incompatible con la fe católica.
Tb he oído en referencia a comunidades carismáticas los abundantes “milagros” que en ellas se realizan. Sólo que a veces son comunidades protestantes y si son católicas son muy afines a ellas y además menosprecian el dogma, la moral y la liturgia católica. Cosas parecidas pueden decirse de otros movimientos católicos que por mucho que estén reconocidos y permitidos, en estos tiempòs no son un aval del buen espíritu que en ellos reina. Tampoco aquí quiero extenderme aunque sería muy provechoso para algunos extraviados.
Con todo esto quiero decir que el “fuego santo” que tiene lugar desde hace muchísimos años en el Santo Sepulcro ante el Obispo ortodoxo, no es garantía de nada. El encenderse velas y lámparas automáticamente, incluso demostrado con fotografías, lo único que demuestra es ser un “prodigio” que podría ser preternatural. El hecho de que una masa ansiosa de ver el prodigio termine afirmándose en el cisma y la herejía propios de la llamada “Ortodoxia”, lo confirma. Le recomiendo que lea al íntimo amigo de Dostoyevski, el ruso Soloviev, que ha sido juzgado por algunos como una de las más brillantes inteligencias que ha dado la humanidad. El intentó con sus escritos la vuelta al Papado de la Ortodoxia. El navegar a su aire las Iglesias autocéfalas careciendo de autoridad papal dio, en su opinión, por resultado el llamado cesaropapismo tan pronunciado en la Ortodoxia.
Eso sin hacer mención del olvido de los fundamentales textos evangélicos de Mt,16-19 en que se confieren a San Pedro las llaves del Reino de Dios que es su Iglesia y se le confiere tb un nuevo nombre que es el de Cefas o Roca basal de su Iglesia y el de Jn 21 en el que se le confiere el encargo de pastorear a los corderos y a las madres (la jerarquía ).
Sobre el “filioque” aunque es verdad que sólo mucho más tarde del Concilio de Constantinopla(381) fue añadido para aclarar el texto del credo niceno-constantinopolitano por la Iglesia latina, después de ser enunciado en el Sínodo de Toledo por primera vez en el 589 ,aunque se creía en ello desde mucho antes; esto fue para defenderse de la herejía arriana que había arraigado en España traída por los godos invasores familiarizados con la herejía arriana en la parte oriental del Imperio de donde venían. Dicho sea de paso la familiaridad del pueblo español con el arrianismo que negaba la Trinidad (esto fue llamado más tarde en Roma el “pecadillo” de la Spagna) sería una causa de haber admitido el pueblo español de la época, la invasión de los musulmanes que traían la religión de Mahoma, fieramente antitrinitaria, sin gran oposición. De España tb salió el impío Servet que tb negaba la Trinidad. Por eso dio cuenta de él, Calvino. Pero es evidente que al hacer del Padre el origen del engendrado Hijo y del “procedido” Espíritu Santo, colocaba en una situación preeminente(algo que parece ir contra la igualdad de las personas en el el dogma trinitario) a la primera persona de la Sma Trinidad y algo tendría que ver con el mayor desarrollo y profundidad de la herejía arriana en la parte oriental del Imperio y tb con su mayor extensión. De hecho fue el obispo Basilio el único obispo oriental que se enfrentó al patriarca de Constantinopla, arriano.
La no aceptación del filioque no se compadece muy bien con los siguientes textos escriturarios de fundamentación bíblica extensa:
El Hijo envía al Espíritu Santo (Lucas 24:49, Juan 15:26, 16:7, 20:22; Hechos 2:33; Tito 3:6), al igual que el Padre envía al Hijo (Romanos 3:3, etc), y como el Padre envía al Espíritu Santo (Juan 14:26).
También se reconoce al Espíritu Santo como el Espíritu del Hijo (Gálatas 4:6), el Espíritu de Cristo (Romanos 8:9), el Espíritu de Jesucristo (Filipenses 1:19), al igual que es llamado el Espíritu del Padre (Mateo 10:20) y el Espíritu de Dios (1 Corintios 2:11).
Aunque a mí me parece excesivo decirlo pero si se parafrasea a Alberto habría que decir que la Ortodoxia no da culto al Dios verdadero. Yo no creo que esta conclusión se derive de la negación del “filioque” porque aunque creo que sí es una afirmación teológica muy importante pero no hasta el punto de cambiar la esencia del Dios al que se da culto por un Dios falso, como sería el caso del Alá de los musulmanes. Al fin y al cabo muchas generaciones de Cristianos vivieron dando culto a Dios sin entrar en esta precisión.
Lo que se dice en el link aportado que describe el supuesto “milagro”del “Fuego Santo” que a su vez sería una confirmación (como Pablo dice) de la Ortodoxia; y de su poco menos que ocultamiento por la Iglesia Católica que sí apreciaría los hechos milagrosos, al revés del protestantismo, tengo que decir lo siguiente:
La Iglesia Católica aprecia los milagros porque está muy familiarizada con ellos. Son innumerables los milagros que se dan y se han dado a lo largo de la historia, en santuarios católicos (a veces con estricta comprobación médica). Son milagros muy superiores a los simples prodigios, que pueden ser diabólicos. Los mayores son los que implican “creación de materia”(como el del “cojo de Calanda”, el mayor y más documentado milagro de la historia (al que dedicó un libro Messori) y algunos de Lourdes. Esto está fuera del alcance de ángeles buenos o malos. Las resurrecciones de muertos están atestiguados en las vidas de muchos santos. El casi inexplicable hecho de la bilocación tb se ha dado muchas veces (Messori tb se hace eco en un libro de la bilocación de la “dama azul” María de Jesús de Agreda en Nuevo Méjico, hasta 500 veces). Los procesos de canonización atestiguan milagros minuciosamente comprobados por las autoridades eclesiásticas y afirmada la falta de explicación científica por grandes especialistas médicos y de otras ramas de la ciencia, igual que sucede con el dictamen del Bureau Medical de Lourdes. Estos milagros se cuentan por decenas de millares.Las incorrupciones de cuerpos de santos son numerosísimas en la Iglesia Católica. Por no hablar de los milagros eucarísticos que se han dado por centenares, y que a veces implican creación de materia. Por eso se puede afirmar con certeza que el fenómeno de los milagros en la Iglesia Católica no tiene parangón en ninguna religión, incluida la cismático oriental. Yo les animo a un detallado estudio del tema.
Sólo para terminar diré que el informe de los monjes de Athos es en parte verdad pero sólo referido a los tiempos actuales. La defección en la herejía ecumenista tal como aparece en muchas partes del catolicismo, el inicuo fenómeno de la pederastia en los clérigos, la devaluación del matrimonio con divorcios encubiertos con el título de “declaraciones de nulidad”, la desaparición de las notas de la verdadera Iglesia con la proliferación de doctrinas heréticas, cambios en los ritos y dudas de su validez en sacramentos y en la Misa, poniendo en entredicho la sucesión apostólica, indisciplina del clero con erráticas doctrinasetc.. son cosas que están a la vista de todos.
. Pero ello no es un mentís del reclamo perenne de la Iglesia Católica, de ser la única verdadera Iglesia de Xto, porque ésta”subsiste” bajo las estructuras de la Iglesia oficial y sociológica. Este resto es al que se refería Cristo cuando se preguntaba si habría Fe cuando El volviera al mundo. La respuesta sería que habría Fe pero sólo en ese pequeño rebaño, en ese resto del “nuevo Israel”. En el Nuevo Testamento se profetiza el estado actual de la Iglesia y del mundo en los siguientes textos que ruego al lector los consulte: Lucas,18,8; 2 Tes.2 y Mt.24,15. Pero hay muchas más profecías en la Biblia. En la profecía católica (abundantísima)tb se predice el actual estado de cosas sobretodo en la Aparición de La Salette. Algunos santos, antiguos y modernos, tb han abundado en el tema. En la aparición de Fátima en la que se anunció con anterioridad el milagro más estupendo de la historia del Cristianismo y que tuvo lugar el 13 de Octubre de 1917 (en el que se escenificó lo anunciado en Apoc.12,1 y Apoc.12,3 con el gran dragón rojo, el comunismo, al que salió al paso la aparición de 1917) se anuncia algo en la parte del Secreto aún no revelado (distinto a la impostura del 2000) que literalmente no se puede revelar porque supondría el reconocimiento de cosas que los responsables ya no pueden reconocer. El Padre Mario Luiggi Ciappi, teólogo papal de Pío XII , aseveró:
“En el tercer secreto se predice entre otras cosas que la gran apostasía en la Iglesia comenzará en la cumbre de ella.” Lo cual coincide con la cita de San Pablo en 2 Tes.2,4.
Por todo ello queridos amigos, Pablo y Alberto, mi consejo y ruego es que den el salto a la verdadera Arca de Noé, haciendo la profesión de Fe Católica tal como aparece en Trento o Vaticano I. Esto tb lo digo a todo el que me lea y muy en especial a los católicos actuales en su mayoría perdidos en el diluvio de la actual apostasía. Va en ello la salvación del alma por toda la eternidad.
ANTONIO

viernes, 18 de septiembre de 2009

San Agustín: LA VOCACIÓN PROPIA DE LOS ELEGIDOS

Tomado de La Predestinación de los Santos.



Procuremos entender bien esta vocación, con que son llamados los elegidos; no
que sean elegidos porque antes creyeron, sino que son elegidos para que lleguen
a creer. El mismo Jesucristo nos declara esta vocación cuando dice: No me
elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros. Porque si
hubieran sido elegidos por haber creído ellos antes, entonces le hubieran
elegido ellos a Él primeramente al creer en Él, para merecer que Él les eligiese
después a ellos. Lo cual reprueba absolutamente el que dice: No me elegisteis
vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros.

Sin duda que ellos le eligieron también a Él cuando en Él creyeron. Pues si
dice: No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, no lo
dice por otra razón sino porque no lo eligieron ellos a Él para que El les
eligiese a ellos, sino que Él les eligió a ellos para que ellos le eligiesen a
Él; porque les previno con su misericordia según su gracia y no según deuda. Les
sacó, sí, del mundo cuando aún vivía El en el mundo, pero ya les había elegido
en sí mismo antes de la creación del mundo. Tal es la inconmutable verdad de la
predestinación y de la gracia. ¿Acaso no es esto lo que dice el

Apóstol: Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo? Porque si
verdaderamente se ha dicho que Dios conoció en su presciencia a los que habían
de creer, no porque Él habría de hacer que creyesen, en tal caso contra esta
prescienca hablaría el mismo Jesucristo cuando dice: No me elegisteis vosotros a
mí, sino que yo os elegí a vosotros, pues resultaría más bien cierto que Dios
conoció en su presciencia que ellos habían de elegirle a Él para merecer que Él
les eligiese a ellos.

Así, pues, han sido elegidos desde antes de la creación del mundo con aquella
predestinación por la cual Dios conoce en su presciencia todas sus obras futuras
y son sacados del mundo con aquella vocación por la cual cumple Dios todo lo que
Él mismo ha predestinado. Pues a los que predestinó, a ésos los llamó; los
llamó, sí, con aquella vocación que es conforme a su designio. No llamó, por
tanto, a los demás; sino a los que predestinó, a ésos los llamó; y no a los
demás, sino a los que llamó, a ésos los justificó; y no a los demás, sino a los
que predestinó, llamó y justificó, a ésos los glorificó con la posesión de aquel
fin que no tendrá fin.

Es Dios, por tanto, quien eligió a los creyentes, esto es, para que lo fuesen,
no porque ya lo eran. Y así dice el apóstol Santiago:¿No ha elegido Dios a los
pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha
prometido a los que le aman? En virtud de su elección, por tanto, hace
ricos en la fe lo mismo que herederos del reino. Con toda verdad se dice, pues,
que Dios elige en los que creen aquello para lo cual los eligió de antemano,
realizándolo en ellos mismos. Por eso, yo exhorto a todos a escuchar la palabra
del Señor cuando dice: No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a
vosotros. ¿Quién oyéndola se atreverá a decir que los hombres creen para ser
elegidos, siendo así que más bien son elegidos pata que lleguen a creer?; no sea
que, contra la sentencia de la misma Verdad, se diga que han elegido
primeramente a Cristo aquellos a quienes dice el mismo Cristo: No me elegisteis
vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros.

Apostoles del Sagrado Corazón

Hoy a la mañana, como todos los días me encontraba en la Estación de Lacroze, presto para tomar el subte, mientras me dirigía a la escalera, un hombre me entregó un folleto, al verlo quedé quieto y sólo la marea de personas que había detrás me mi me hizo bajar por la escalera eléctrica. Se trata de un hermoso volante que está entregando la Asociación Civil Fátima la Gran Esperanza, grupo Católico que realiza un impresionante apostolado a fin de expandir la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y a la vez llevar el mensaje de Fátima a todas las almas.
Ellos ponen a disposición un libro con la historia de las apariciones y revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús. Se trata de un volumen de sólo ¡$12! Con hermosas ilustraciones… ah… el precio (increíblemente bajo) incluye los gastos de envío. Junto con el libro vienen dos regalos: una estampa del Sagrado Corazón de Jesñus de 21 x 30 centímetros y un detente.
Si nos ponemos a pensar, el precio solo sirve para costear los gastos de impresión y difusión, jamás para lucrar. Por eso mismo los animo a entrar en contacto con la Asociación Civil Fátima la Gran Esperanza.
Aquí van los datos:

Dirección: Montevideo 1019 1º CP. 1019ABU, Buenos Aires.
Tel 4812-8926
Fax 4813-3494
E-mail: fatimalagranesperanza@speedy.com.ar

La gracia de la muerte

Voy caminando por la calle, en medio del bullicio diario, en medio del atolladero, del “ruido” que ensordece. Veo a miles de rostros anónimos en medio de esta “Ciudad del mundo”, la cual, como Babel fue edificada por los hombres que pretenden ser como Dios. Movidos por el amor propio, por la soberbia en la cual edifican su vida, los hombres modernos se apegan a su vida: es ella el más preciado de sus tesoros. Hacen todo para “sentirse vivos” y alejarse de la muerte: el hombre moderno se conjuga en las pasiones más intrínsecas y que más lo sumergen en su naturaleza corrupta y alejada de la Gracia de Dios, el hombre moderno, gusta de los colores, el espejismo de las luminarias, los ruidos y de esa manera “vive”, o mejor dicho, cree vivir.
Cierta vez, mi amigo Leonardo (cuyo Blog recomiendo siempre) me preguntó: “que diría San Agustín si viera la Calle Florida”. Hoy, al verla abarrotada de gente a pesar de la lluvia, de ser testigo de la mayor venta del ser humano (personas ofreciendo compra y venta de dólares, otros volantes de prostíbulos, niños hambrientos guareciéndose contra una pared) solo pude pensar: “almas condenadas”. ¿Y que es un alma condenada sino un alma muerta? ¿Y que muerte es la del alma sino la verdadera y definitiva muerte?
El hombre moderno que se cree vivo no está sino en tinieblas y camina, alejado del Sendero de Cristo (quien es la Verdadera Vida) hacia la muerte eterna, la condenación al Infierno.
Por oposición al hombre moderno está el hombre de Dios, aquel que no es “de este mundo”. Él Hombre de Dios fue hecho para entrar al reino de los cielos, fue creado para dar Gloria a Dios en la compañía de los Santos y los Ángeles, y conciente de su destino, se aferra a Dios y le pide su Gracia. Su nacimiento no es físico, sino espiritual:

En verdad, en verdad te digo que quien no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de los Cielos. (Jn III, 5)

El hombre de Dios es pues el verdadero fiel de la Iglesia, porque unido a ella solo profesa la Verdad y a la verdad (que es Cristo) se apega y se dispone a morir. ¿Por qué el hombre de Dios está dispuesto a morir en este mundo, mientras que el hombre moderno está unido a la vida en este mundo? La respuesta es sencilla: el hombre de Dios sabe que la vida es un valle de lágrimas y que cualquier felicidad en esta tierra es pasajera, superficial y momentánea, mientras que hay otro mundo, la “verdadera patria” que nos enseña San Pablo. Para el hombre de Dios la muerte solo es un paso a la felicidad eterna. La muerte libera, si el hombre está en estado de Gracia.
Dice en efecto San Agustín:


Pues ¿quién de entre los cristianos se atrevería a negar que el justo,
cuando es
arrebatado por la muerte, encuentra en la otra vida su definitivo
descanso? ¿Qué
hombre de sana fe juzgaría lo contrario de quien así lo
confesara? De igual
modo, si se afirmase que el justo, abandonando la vida
santa en que perseveró
por largo tiempo y muriendo impíamente, aunque no
hubiera vivido en la impiedad,
no digo ya por todo un año, pero ni siquiera
por un solo día; si se afirmase
—Digo—que este tal habría de incurrir por
esto en las penas debidas a los
réprobos y que de nada le serviría su
santidad pretérita, ¿qué cristiano osaría
contradecir una verdad tan
patente? (La predestinación de los Santos)


El pagano, el hereje, el moderno… aquellos que son de este mundo tienen en la muerte el mayor de sus castigos, porque su maculada alma, odiosa a Dios es arrojada al fuego eterno que no se extingue. Ellos serán la mayoría… pero para los justos, para aquellos que Dios amó y que no son hijos de la carne, sino del Espíritu, la muerte es la mayor de las gracias.
Recordemos a San Esteban: el primer mártir nos da el ejemplo de la buena muerte: rodeado por los enemigos de la Cruz de Cristo entrega su alma al Señor, a la vez que pide misericordia por sus verdugos: “Señor, no les imputes este pecado. Y diciendo esto se durmió”. Dormir… para el justo la muerte es un sueño del cual al despertar recibe la mayor de las felicidades: la divina contemplación.
Así entonces la muerte puede ser un regalo de Nuestro Señor que nos lleva hacia él, si estamos en estado de gracia… si perseveramos (por la Gracia) en la Gracia y así somos dirigidos por Cristo a la perfección, pues para entrar en el Reino de los Cielos, tendremos que estar, como la Iglesia “sin mancha ni arruga”, porque siendo miembros verdaderos de ella, seremos como ella, porque formaremos parte de ella íntegramente: la Iglesia de Cristo, la divina esposa, la iglesia de los predestinados, quienes tuvieron la bendición de morir en la Gracia de Dios y así contemplar eternamente la luz de su rostro.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Historia e interpretación de la Constroversia de Auxiliis

El sigfuiente texto ha sido tomado del Blog Canticos del Siervo y está dividido originalmente en dos partes. Lo reproducimos aquí tal como fue publicado sin agregar ni quitar nada. Los destacados en negrita y las imágenes las hemos colocado nosotros y no estaban en el texto original.



Muchos católicos lamentan las controversias sobre la eficacia de la gracia que dominaron la escena teológica en el siglo XVI (un caso de ellas en particular fueron las bautizadas con el nombre de Congregaciones de Auxiliis divinae gratiae) por considerarlas embarazosas e innecesarias. Irónicamente estas controversias, las Congregaciones en especial, fueron motivadas por el celo que tenían unos hombres por mantener la doctrina sobre el auxilio de la gracia divina, que se había guardado por siglos en la Iglesia Católica, contra las novedades de otro grupo de hombres que aseguraba haber resuelto los misterios para hacer coincidir la libertad humana con la presciencia divina. Y este proceder, el de mantener la Tradición, siempre ha sido el que distingue a la Católica, lo que hace esta repulsa contra estas controversias punto interesante a estudiar.
Es imposible que uno intente entender qué originó estas controversias o cuál es su razón de ser, las estudie, y luego no salga con el claro convencimiento de que la doctrina de la gracia en la época medieval era toda una ensalada lo más parecida a un nido enmarañado o a un enjambre caótico de opiniones sin parangón alguno en la historia. El 31 de Octubre de 1517 Cuando Lutero pegó sus 95 tesis en las puertas de la catedral de Wittenberg el nivel de desconcierto sobre la doctrina de la gracia había alcanzado el clímax. Es irrisorio como muchos cristianos ven en este acto de Lutero un desafío mayúsculo a la autoridad eclesiástica (el católico para criticarlo o el protestante para aplaudirlo) cuando en realidad esto era el pan nuestro de cada día en la Iglesia de entonces. Cada teólogo que quería defender sus tesis en público, solía invitar a sus contrincantes de esta manera y luego se hacía una exposición en la universidad o en las plazas donde el autor se defendía contra los que osaran aceptar el reto, que a veces resultaban ser toda una fila de personas. Si apilaramos la madera de las puertas que se usaba solamente para clavar invitaciones a debates sobre la gracia en el medioevo... ¡pues tendríamos leña para hacer fogatas para rato!
La revuelta que se armó con La Reforma Protestante en Alemania lo único que significó es que ahora habían dos partidos claramente identificados: los que no eran fieles a Roma y los que sí. Pero cada uno de estos dos grupos llevaría dentro de sí el terrible problema de definir en materia de gracia qué era doctrina revelada y/o bíblica y qué no lo era. Y para ser justos el grupo más homogéneo definitivamente lo era el protestante.
Y es que la lista de problemas, desaciertos, omisiones y confusiones va desde obras pelagianas que falsamente se atribuían a algún Santo, nadie tenía información del Concilio de Orange II hasta bien entrado el medioevo pues se habían perdido sus cánones, los mismos que defendían a Agustín y su doctrina de la gracia en la predestinación no lo seguían en la justificación y por el contrario seguían a autores semi-pelagianos, los nominalistas eran una inmensa mayoría y se encontraban en cualquier bando negando la doctrina tradicional de la gracia, Dominicos no se apoyaban entre sí, Jesuítas se llevaban mejor con Fransciscanos Agustinianos y rechazaban el Agustianismo Dominico, otros se llamaban Agustinianos, pero su Agustín era un autor falso maniqueo, algunos Jesuítas hacían un bloque entre sí y seguían a los Dominicos... todo un desastre. Esa era la escena que imperaba para entonces. Estas controversias solo pueden ser una vergüenza para el que sigue con la idea infantil que le vendieron en el Catecismo Dominical de que los que permanecemos fieles a Roma siempre nos hemos abrazado para cantar coritos sin disenciones entre nosotros. Pero el que puede ver a la realidad sin prejuicios no puede más que agradecerle a la Providencia que en medio de tal maraña haya podido prevalecer fielmente la Sagrada Doctrina que Dios le entregó en Revelación a su Iglesia, y que ahora la misma ha permanecido con mayor vigor porque ha sido probada en el fuego de la contienda. Que hubiésemos preferido que mantuviéramos la doctrina sin contiendas... pues claro, pero esa no es la realidad, la realidad es que las tuvimos, la verdad permaneció y ha salido de ahí enriquecida y pulida con mayores luces.
Con el Concilio de Trento se dió un inmenso avance no sólo por lo que se logró en el Concilio y quedó plasmado en sus cánones, sino porque se pudo hacer coincidir todo el esfuerzo católico y dirigirlo a una misma dirección. Por fin Roma empezaba a dirigir las fuerzas hacia un fin claro y común. En medio de tanta confusión empezaba a brillar la verdadera doctrina y a enfilarse la discusión teológica en una dirección definida. Se habían delimitado algunos excesos, excesos que no eran exclusivos del protestantismo (había muchos entre los fieles a Roma que comulgaban perfectamente con la teología de Los Reformadores y otros que le aventajaban en heterodoxia y ni siquiera recibieron condenación explícita y particular más que lo que les tocaba por defecto con los cánones de Trento) y por lo menos se había propuesto un camino a seguir bajo la guía de algunos santos Doctores entre los que destacaban Santo Tomás de Aquino y San Agustín.
La Compañía de Jesús (popularmente conocidos como Jesuítas) fue creada poco antes del Concilio como congregación con el fin de contrarrestar la presencia del Protestantismo en Europa. Es natural pensar que su teología de la gracia tendría un caracter eminentemente defensivo y se encargarían de subrayar las partes de la doctrina Católica que el Protestantismo rechazaba y no prestaría bastante atención, por no decir que descuidaría, los aspectos que el Protestantismo había tomado como bandera, esto es: la justificación por la fe, la predestinación graciosa, la eficacia de la gracia, la centralidad de la expiación de Cristo, etc. Lo que no quiere decir que no hubo entre sus miembros hombres que mantuvieron al 100% la fidelidad al tesoro doctrinal que guardaba la Católica. Pero no es un error decir que esta actitud terminó irritando a los católicos que, queriendo también contrarrestar el avance Protestante, preferían corregirle desde dentro, con sus mismos elementos abanderados.
No bien terminó el Concilio cuando estallaron las Controversias de Auxiliis que son a las que me quiero referir con detalle.
Para los alrededores del año 1580, ya el Concilio tenía más de 30 años, se había hecho obligatoria la enseñanza de los principios de Santo Tomás de Aquino entre los Jesuítas. Pero muchos de sus miembros se negaban a seguir a Santo Tomás y así de una inicial lista de 586 proposiciones obligatorias de Santo Tomás, la lista se redujo a 189 y de esas habían algunas con libertad para no seguirse. Vásquez, Suárez y Molina se destacan entre los que abiertamente preferían no seguir a Santo Tomás, pero esto les presentaba un serio dilema pues tanto el superior de su orden como el Papa Clemente VIII habían pedido fidelidad al de Aquino, así que sus obras eran presentadas como "tomistas", pero seriamente contradiciendo los principios del Doctor Angélico (como se conocía a Santo Tomás).
Es en este ambiente donde nace la controversial obra de Luis de Molina llamada: "La Concordia del Libre Arbitrio con los Dones de la Gracia y con la Presciencia, Providencia, Predestinación y Reprobación Divinas" publicada en 1588 con permiso de la Inquisición Portuguesa. Esta obra recibió una durísima crítica interna entre Jesuítas que no la aceptaban no sólo porque evidentemente contradecía a Santo Tomás y a San Agustín en estos temas sino porque ella misma no representaba correctamente el depósito de la Fe Revelada según sus pareceres, entre estos Jesuítas se destaca Roberto Belarminio, posteriormente Cardenal, Santo y Doctor de La Iglesia.
Cuando los Dominicos, orden a la que perteneció Santo Tomás, se enteraron de que este libro se publicaría y sobre todo que contendría las mismas tesis que había condenado el Santo Oficio Español (Inquisición) en el también Jesuíta Francisco de Sotomayor en 1582, se opusieron rotundamente a su publicación y empezó así una controversia acérrima entre los seguidores de la obra y sus censores. Los Dominicos llevaron la denuncia al Santo Oficio e incluso a la misma Roma. Fue tan vehemente y tan extensa la controversia que el Papa Clemente VIII decidió tomar cartas en el asunto y para 1594 silenció a los dos bandos hasta que se les avisara. Pasaron dos años en los que se respetó el silencio, pero como no venía el aviso los dominicos escribieron al Papa solicitándoles permiso para ellos seguir enseñando en las universidades lo que hasta entonces habían enseñado siempre en estos asuntos de los que escribiera Molina. A este respecto es bien iluminador mencionar que el Papa levantó momentáneamente, sin ningún tipo de resultado más que el de acalorar la disputa, el silencio impuesto a las Órdenes con una carta en la que se debía informar a los dominicos que se les otorgaba la "facultad para que puedan libremente enseñar y disputar acerca de la materia de Auxiliis divinae gratiae et eorum efficatia, y conforme a la doctrina de Santo Tomás, como lo han hecho en los tiempos pasados, y así mismo haga saber a los Padres de la dicha Compañía [Jesuítas] que pueden ellos también enseñar y disputar sobre las mismas materias, con tal que enseñen siempre sana y católica doctrina".
Como no cesaban las disputas en 1597 el Papa nombró una Comisión que se encargaría de revisar todo el material compilado en defensa de cada bando, pero es interesante hacer notar que la Comisión fue fundada para revisar el libro de Molina que era la causa de las disputas, contra él era que estaban hechos los cargos. Así en Marzo de 1598 la Comisión dio un fallo en el que se condenarían sesenta y una (61) proposiciones del libro de Molina. El Papa, avisado por Molina de que era el Dominico Domingo Báñez hombre de mucha influencia uno de sus principales opositores y quien hostigaba para que se le condenara, decidió pedirle a la Comisión que revisara el trabajo. En ocho (8) meses más la Comisión volvió a fallar, con nuevos miembros, nueva evidencia y nuevos defensores y censores de cada bando, condenando las mismas proposiciones. El Papa pide más trabajo.
La Comisión sigue cambiando y trabajando durante dos años evaluando el material que se le suministra y en 1600 falla condenando veinte (20) proposiciones del libro de Molina. Se solicita revisar el trabajo y nueve meses (9) después, en Mayo del 1601, vuelven a condenarse siete (7) proposiciones del libro de Molina. Algunos autores difieren en estos números, algunos Dominicos sitúan en noventa (90) el número de la primera lista de proposiciones condenadas; otros, Jesuítas, hablan de que intermediamente hubo listas de 49, 42, 30 y 20 proposiciones de Molina a ser condenadas en otro momento, esos autores afirman que este fue el número final de proposiciones condenadas que llegó a tener el Papa en sus manos.
Como no se sentía satisfecho el Papa Clemente VIII decide entonces él mismo participar de estas revisiones, llama a su presencia a Dominicos y Jesuítas a que expongan en su presencia sus causas e inician así las llamadas Congregaciones de Auxiliis en 1602, allí verían la muerte del Papa desplomado de un paro en medio de una de las sesiones en 1605; las retomaría Pablo V y él mismo decidiría detenerlas luego de cinco (5) años contínuos (con el cese de algunos meses por la muerte de Clemente) en 1607 prohibiéndole a cada parte que llame a la otra parte herética y que ninguna publique nada al respecto hasta que se les avise la censura de Roma. La censura nunca ha llegado, lo único que llegó fue el levantamiento del silenciamiento, tal como hiciera Clemente VIII, a las Órdenes para que siguieran enseñando en lo que se espera el veredicto; la notificación a Dominicos y Jesuítas llegaba en este tenor: "En el asunto de los auxilios, el Sumo Pontífice ha concedido permiso tanto a los disputantes como a los consultores para volver a sus patrias y casas respectivas; y se añadió que Su Santidad promulgaría oportunamente la declaración y determinación que se esperaba. Mas por el mismo Smo. Padre queda con extrema seriedad prohibido que al tratar esta cuestión nadie califique a la parte opuesta a la suya o la note con censura alguna... Más bien desea que mutuamente se abstengan de palabras demasiados ásperas que denotan animosidad". El veredicto se sigue esperando hasta el día de hoy y probablemente nunca llegará.
Hasta el día de hoy uno se encuentra con la opinión de que La Iglesia Católica permite ambas maneras de presentar la doctrina y que a ninguna de las dos las considera herética por tanto las dos son correctas, libres de error y tienen libertad de ser enseñadas. Nada más alejado de la realidad.
La verdad es que una de estas dos doctrinas podría ser herética, estas dos doctrinas no pueden ser ambas ciertas, son evidentemente contradictorias y le repugna a la razón y a la Revelación opinar que La Iglesia las permite las dos porque ambas supuestamente son correctas. El veredicto que la Iglesia se reservaba para un futuro era no sólo sobre el libro de Molina sino también sobre las acusaciones que los seguidores de Molina habían suministrado a la sede Romana sobre algunas opiniones de los Dominicos, por tanto La Iglesia no falló en ningún momento diciendo que ambas opiniones podrían mantenerse porque ellas son verdad o patrimonio de la Iglesia. Lo que La Iglesia concedió fue un permiso de enseñanza hasta que se encontrara un fallo. Como el Papa Pablo V canceló las congregaciones no se siguió trabajando en eso, y muchos testigos saben y cuentan que la opinión que el Papa atesoró fue la de dejar esas discusiones como algo interno de las escuelas y no tratarlas con miras a condenar al grupo de los Jesuítas. Por lo tanto nada hay que lleve a pensar que ambas doctrinas son verdaderas.
La realidad muestra que, según la carta de Clemente VIII, quien tiene que tener cuidado al enseñar lo que enseña es el seguidor de Molina y no el Dominico, la doctrina Dominica ha sido caldeada y probada por siglos y siglos de historia católica pues no comienza sus raíces en Báñez, ni siquiera en Santo Tomás, sino en Agustín y las raíces descienden hasta más detrás hasta alcanzar a San Pablo, al mismo Jesús y a varios autores veterotestamentarios.
Ningún documento oficial dice que las doctrinas de Molina están libres de error, ninguno. Sin embargo tenemos varios documentos que respaldan la doctrina tomista sobre la eficacia de la gracia en los siguientes puntos:
1. Eficacia intrínseca de la gracia.
2. Predestinación graciosa incondicional.
3. Preconocimiento divino absoluto.
4. Premoción divina.

La Iglesia da libertad para que usted elija el sistema que le parece o cualquier híbrido de los mismos, pero su elección no le garantiza tener a la verdad de su lado, esta libertad que le da la Iglesia no es más que el letrero que usted en cuentra en una piscina pública: "nade a su propio riesgo". Para el de vista aguzada será fácil notar que La Iglesia oficial, universal, pública y privadamente le ha recomendado y propuesto varias veces seguir la doctrina de Santo Tomás y San Agustín. Y aunque ciertamente no se ha canonizado ni dogmatizado las posiciones de estos doctores en estos aspectos, si de libertades y consejos se trata, las señales están bien claras.
Por eso el Papa Benedico XIII no tenía ningún tipo de complejos cuando en carta general le escribió al Maestro General de la Orden Dominica en términos claros alabando y aprobando las opiniones que defendía la Orden en relación a: "la gracia eficaz por sí misma e intrinsecamente, a la predestinación gratuita a la gloria sin previsión alguna de méritos los cuales ustedes han enseñado tan laudablemente hasta ahora, y sobre la que su escuela con aplaudible celo se gloría de haber recibido de los doctores Agustín y Tomás mismos y están en armonía con la palabra de Dios, los decretos de los Supremos Pontífices y con los Concilios y los escritos de los Padres."
Aquí es donde estamos, se engaña el que cree que tenemos un binomio del que usted puede elegir cándidamente y sin problemas. Está en juego la ortodoxia, la verdad. Si alguien acusa a un Dominico de Calvinismo-Luteranismo acusa a Agustín y a Tomás, si alguien acusa a un Molinista de Pelagianismo o Semi-Pelaginismo es al acusado a quien le toca demostrar lo contrario, pues el mismo Molina decidió decir que él dejaba de lado a Tomás y a Agustín. La elección aquí es clara: o Agustín-Tomás o Molina, o __________ cualquier concordante nuevo, que para sabores y colores tenemos para rato. Pero el lado de Tomás-Agustín es uno solo, uno solo.
La recomendación de la Iglesia de que no se llamen los bandos herejes a ningún otro es nada más que una recomendación a la caridad, jamás es una aseveración de que la Iglesia no ha encontrado herejía en algún bando, particularmente en el Molinista que era el acusado. Esta recomendación jamás significará que cada bando queda exonerado de cuidar y/o demostrar que su doctrina no cae en el error del que se le acusaba: Calvinismo o Pelagianismo. El Tomismo ha podido mostrar su candor ¿ha podido hacerlo el Molinismo? No se engañe, eso lo estamos esperando todavía que pase.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Ejercicios Espirituales

Subidos a Sursum Corda un enlace a los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. Se trata de un texto hermoso, que podemos leer diariamente para meditarlos y aplicarlos a nuestra vida en este mundo.
Su eficacia y utilidad para la Iglesia por el Papa Paulo III el 31 de julio de 1548:

Habiendo examinado dichos Ejercicios y oído también testimonios y
relaciones favorables [...], hemos comprobado que dichos Ejercicios están llenos
de piedad y santidad, y son y serán muy útiles para el progreso espiritual de
los fieles. Además, no podemos por menos de reconocer que Ignacio y la Compañía
por él fundada van recogiendo frutos abundantes de bien en toda la Iglesia; y de
ello mucho mérito hay que atribuir a los Ejercicios Espirituales. Por ello [...]
exhortamos a los fieles de ambos sexos, en todos las partes del mundo, a que se
valgan de los beneficios de estos Ejercicios y se dejen plasmar por
ellos.


A esta primera aprobación solemne de Paulo III, siguieron otras a través de los siglos.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Antipapas Místicos

Ya hemos hablado en este Blog sobre los modernos antipapas. Propongo detenernos un poco en el problema de los "antipapas místicos", que son, a mi manera de ver los más peligrosos, ya que mientras los conclavistas se arriesgan al cisma, los misticos a la herejía y al cisma al mismo tiempo.
¿que son los antipapas místicos? son aquellos que sostienen ser elegidos directamente por Dios, quien se les revela y los corona. Este argumento aparece, como señala el P. Anthony Cekada[1] en los escritos de algunos místicos aprobados por la Iglesia Católica.
Ahora bien, hemos de tener en cuenta que las revelaciones se dividen en dos grupos: revelaciones públicas “si fueron hechas por los profetas, por nuestro Señor o por los apóstoles, y son propuestas a todos por la Santa Iglesia, que es la depositaria de la Escritura y de la tradición”[2]; la revelación publica, ergo, se cerró con la muerte del ultimo Apóstol[3].
Las otras revelaciones son conocidas bajo el nombre de “revelaciones privadas” y no son vinculantes, estando siempre sujetas a la aprobación de la Santa Iglesia[4].
Ahora bien, una elección mística implica necesariamente una revelación publica, lo cual como ya hemos visto es herético porque la misma se cerró con la muerte del último Apóstol, por consiguiente cualquiera que reclame el pontificado justificándose por medio de una revelación, sea esta una visión, una alocución o cualquiera de su especie[5].
La que sigue es una lista que hemos elaborado:


Michel
Collin. CLEMENTE XV
(1963-1974). En 1935 el P. Collin fundó la Comunidad de
los Apóstoles del Amor Infinito y en 1951 fue reducido al estado secular por
modernista. Cuando se proclamó Papa instaló su “Pequeño Vaticano” en Clemery,
Lorena, Francia. Fue ordenado obispo el 23 de octubre de 1966 por el obispo
cismático y herético Cyprien Dangé, de la Iglesia Católica Liberal (teosofista).
Hacia 1968 el numero de fieles desciende vertiginosamene luego de que “Clemente
XV” comienza a interesarse en el fenómeno ufológico y luego comunica estar
asesorado por extraterrestres, en virtud de ello, Jean Gaston Temblay uno de sus
cardenales se traslada a Canadá, donde se proclamará Papa con el nombre de
“Gregorio XVII”, luego mutado a “Juan Gregorio XVII”, rechazando además, las
creencias ufológicas de su predecesor.
Nombre desconocido. RABÍ (1974-). Se
proclamó Papa tras la muerte de Michel Collin/Clemente XV y dirige una comunidad
agrícola de 200 personas que mantienen s creencias de su “antecesor”.

Jean Gaston Temblay. JUAN GREGORIO XVII (1974-). Es de nacionalidad
canadiense y fue uno de los 18 cardenales de Michel Collin/Clemente XV. Reconoce
a Juan XXIII como legítimo sucesor de San Pedro y declara que fue este papa
quien dio visto bueno para la fundación de su orden religiosa, la “Orden del
Magnificat”, de lo cual no existe prueba alguna. Es un modernista: ha reformado
la misa y autorizó la ordenación de mujeres al sacerdocio y fue detenido,
enjuiciado y encarcelado por abuso sexual... actualmente está en libertad en
Santa Jovita, Canadá, en su “Santa Sede”.

Gino Frediani. EMMANUEL I (1974-1984). Recibió místicamente el pontificado
en una visión que ocurrió en 1974, en la que se le apareció el profeta Abacuc y
otros más, la doctrina de su iglesia (Nueva Iglesia del Sagrado Corazón de
Jesús) está contenida en la recopilación de las “revelaciones” de este antipapa
que prometió regresaría del cielo luego de su muerte. Actualmente, en espera de
su “venida” la iglesia es conducida por el “cardenal” Sergio Melani.

Clemente
Domínguez y Gómez. GREGORIO XVII
(1978-2005). Español, falso vidente y falso
profeta de las falsas apariciones en el Palmar de Troya, donde fijó su “Santa
Sede”. Renombró a la Iglesia como “Iglesia Católica Apostólica Palmariana”,
reconoce como predecesor a G. Montini/Pablo VI, a quien canonizó y consideró
“prisionero en el Vaticano”. En 1980 convocó al Concilio Palmariano. Acusado de
sodomía, abuso sexual, laxismo absoluto hubo de reconocer públicamente sus
errores y pidió perdón. Al publicar su propia biblia (Historia Sagrada) llena de
errores y en las que se nombra a si mismo proféticamente, un grupo se separó a
Archidiona, donde subsiste un grupo de obispos palmarianos independientes.

Chester Olszweski. PEDRO II (1980-). Se trata de un “obispo” episcopaliano
que se proclamó “Arzobispo Católico de Bradford, Pennsylvania”. Ha realizado
profundos cambios en la Misa Latina, alterna las vestimentas orientales con las
e la Iglesia Latina y alteró el “Ave María y el signo de la cruz, incluyendo en
este ultimo a la Virgen.

“Cardenal” Sergio Melani (1984-). Es el gobernante de la Nueva Iglesia del
Sagrado Corazón de Jesús fundada por Gino Frediani/Emmanuel I, tiene todo los
poderes y potestades de un “Papa” para sus seguidores.

Pierre Henri Bubois. PEDRO II. Se lo ha localizado tanto en Bélgica como en
Canadá.

Valeriano Vestini. VALERIANO I (1990-). No tenemo más información de que
reside en Italia.

Maurice Archieri. PEDRO II (1995-). Es un pseudo-místico al igual que los
anteriores, dice que no es Papa, sino “Vicario de Cristo”, su sucesión
apostólica deriva de R. Villate, conocido veterocatólico.

Isidoro Alonso Corral. PEDRO II (2005-). Es el sucesor de Clemente
Domínguez/Gregorio XVII del Palmar de Troya, fue designado por su antecesor,
quien recibió el mensaje divinamente. Hasta ahora no tuvo ninguna “visión”, a
pesar de haber sido uno de los “videntes” en el Palmar de Troya. Es homosexual y
acosó sexualmente a algunos sacerdotes palmarianos.

William Kamm (2005-) se proclamó Papa tras la muerte de Juan Pablo II, a
quen reconoció siempre. Dice recibir mensajes de la Virgen que lo autorizan a
tener varias mujeres (en sí adolescentes).


Necesariamente un “Papa místico” (lease “antipapa”) no sólo es un cismático sino además un hereje y quienes le siguen caen también en el delito de herejía.


Notas.
[1] Traditionalists Infallibility & the Pope, St Gertrude the Great Roman Catholic Church, Ohio, 2006, p., 34. Es menester remarcar que el Padre Cekada no da ningún juicio a favor de esta teoría, antes bien, la coloca solamente a título informativo.
[2] Garrigou-Lagrange, R., Las tres edades de la vida interior, Desclée, de Brouwe, 1950, p., 1173.
[3] Cfr. Dz. 1787
[4] Garigou-Lagrange, R., op., cit., p., 1175.
[5] Al respecto se puede ver el interesante trabajo del P. Brian Moore, Las apariciones marianas.

Fuera de la Iglesia no hay salvación


Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay una sola
y Santa Iglesia Católica y la misma Apostólica, y nosotros firmemente la creemos
y simplemente la confesamos, y fuera de ella no hay salvación ni perdón de los
pecados

¡Que contundente que es este dogma de fe! ¡Que directas son las palabras de Bonifacio VIII! ¿Hay acaso algo más explícito que eso? “Fuera de la Iglesia no hay salvación…”, es decir, nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica puede salvar su alma, porque solo ella (solo ella y ninguna otra) es el medio de salvación que nos dio Dios. Pero hoy ¿Quién las escucha? ¿Hay alguien dispuesto a defender este pilar de nuestra creencia bimilenaria, no inventada por los hombres, sino entregada por Dios?
Los liberales odian este dogma que la Iglesia repite por dos milenios. La voz de los Papas y concilios no ha cesado de repetir.



Esta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente, no podrá salvarse.
(Credo de Atanasio)


Los Modernistas (siguiendo las astucias de los tardo-jansenitas) quisieron darle una “interpretación” que no es la literal y la que la Iglesia siempre ha enseñado, de tal manera que vaciaron de contenido al dogma y de pronto había formas de salvarse fuera de la Única Iglesia de Cristo. De pronto, había formas de recibir la Gracia sin pertenecer al Cuerpo Místico, era factible adorar al Dios verdadero mientras se adoraba a Dagón… Poco a poco los enemigos de la Iglesia de Cristo, aquellos que sirven a la Sinagoga de Satanás se levantaron contra este dogma básico de nuestra fe. La "libertad religiosa" estaba naciendo...
Fue en el Siglo XIII cuando se dieron los primeros golpes contra el dogma, en el XVI los novadores iniciaron el mayor de los cismas de la Iglesia Occidental, que se vio consumado en el XVII. Es verdad, con Trento la Iglesia se reformó, se depuró de la indisciplina e hizo explícito cada punto del Dogma… pero la mitad de Europa estaba bajo el signo de la herejía protestante, que, como un tumor que hace metástasis se expandía a la vez que cobraba nuevas y monstruosas formas, arrojando a miles de almas al infierno. En efecto, al caer en la herejía, se separaban de la Iglesia fuera de la cual no hay salvación posible. Dios entregó a la Iglesia armas para su defensa: el Santo Oficio y la Compañía de Jesús, así como el celo de los Pontífices por la Fe Católica. Pero los años pasaron y el Santo Oficio perdió poder, la Compañía de Jesús fue infiltrada por masones, liberales y finalmente por modernistas, que llevaron a la práctica las tesis laxistas y semipelagianas que tan temprano aparecieron. Finalmente, ocurrió el gran golpe, el golpe maestro con la infiltración en la jerarquía, para llegar finalmente a la misma Cátedra de Pedro.
El Concilio Vaticano II atacó el dogma “Fuera de la Iglesia no hay salvación” y una vez socavado el mismo pudo iniciar su obra de demolición de la Iglesia. Así nació la nueva religión conciliar del Vaticano II y la propuesta modernistas de la religión al capricho del “fiel” se concretó, bajo la protección de la herejía “universalista” mantenida por los Papas desde Pablo VI hasta Benedicto XVI.
Antes creíamos lo que la Iglesia creía, condenábamos lo que ella condenaba. Ahora, en la religión montiniana podemos creer lo que queramos. Pero no es así la verdad, la realidad es muy diferente porque estamos obligados a creer lo que Cristo nos ordena que creamos, la Verdadera Religión Católica, aquella que él nos reveló y que la Iglesia transmitió sin alteración alguna:



Esta es, pues, la salvación de los cristianos: que creyendo en la Trinidad,
es decir, en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, y bautizados en ella,
creamos sin duda alguna que la misma posee una sola verdadera divinidad y
potencia, majestad y sustancia. (Dz 82)

Y nosotros creemos, no por
nuestra liberalidad. No por nuestro capricho, no por nuestra voluntad. Porfían
los modernistas que creen que la fe es un sentimiento subjetivo. La Fe es un don
de Dios, la primer gracia y la puerta de todas las demás, tal como enseña el II
Concilio de Orange.


Si alguno porfía que pueden venir a
la gracia del bautismo unos por misericordia, otros en cambio por el libre
albedrío que consta estar viciado en todos los que han nacido de la
prevaricación del primer hombre, se muestra ajeno a la recta fe. Porque ése no
afirma que el libre albedrío de todos quedó debilitado por el pecado del primer
hombre o, ciertamente, piensa que quedó herido de modo que algunos, no obstante,
pueden sin la revelación de Dios conquistar por sí mismos el misterio de la
eterna salvación. Cuán contrario sea ello, el Señor mismo lo prueba, al
atestiguar que no algunos, sino ningu-no puede venir a El, sino aquel a quien el
Padre atrajere [Ioh. 6, 44]; así como al bienaventurado Pedro le dice:
Bienaventurado eres, Simón, hijo de Joná, porque ni la carne ni la sangre te lo
ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos [Mt. 16, 17]; y el Apóstol:
Nadie puede decir Señor a Jesús, sino en el Espíritu Santo [1 Cor. 12, 3] (4).
(Dz 181)

Y si permanecemos en la Fe, no es por nuestras propias fuerzas, sino por el don de perseverancia que nos entrega la Gracia con la que Dios nos sujeta y no nos deja caer en el abismo de la Verdadera Muerte:



Mas de la misma muchedumbre de los fieles y redimidos, unos se salvan con
eterna salvación, pues por la gracia de Dios permanecen fielmente en su
redención, llevando en el corazón la palabra de su Señor mismo: El que
perseverara hasta el fin, ése se salvará [Mt. 10, 22; 24, 13]; otros, por no
querer permanecer en la salud de la fe que al principio recibieron, y preferir
anular por su mala doctrina o vida la gracia de la redención que no guardarla,
no llegan en modo alguno a la plenitud de la salud y a la percepción de la
bienaventuranza eterna.
(III Concilio Valence, Dz 324)


Somos Católicos fieles a la Tradición, y fieles a la Verdadera Iglesia (aquella sin la cual es imposible salvarse) no por nuestros méritos, sino por la Gracia de Dios. Por la Gracia nos mantenemos en la Iglesia, la única Iglesia, fuera de la cual no hay salvación, ni perdón de los pecados.

San Esteban de Hungría


Primer Rey de Hungría, nacido en Gran, en el año 975; murió el 15 de agosto de 1038. Fue hijo del jefe húngaro Géza y fue bautizado, junto con su padre, por el Arzobispo San Adalberto de Praga en el 985, en cuya ocasión cambió su nombre pagano Vaik (Vojk) por Esteban. En el año 995 contrajo matrimonio con Gisela, hermana del Duque Henry de Bavaria, quien sería el futuro emperador San Enrique II, y en el 997 subió al trono de Hungría.

Con el objeto de convertir a Hungría al cristianismo y para establecerse a sí mismo más firmemente como gobernante, envió al Abad Astrico a Roma para pedirle al Papa Silvestre II dignidad real y poder para establecer sedes episcopales. El Papa accedió a sus deseos y, adicionalmente, se presentó ante él con una corona con la que fue coronado en Gran el 17 de agosto de 1001 (ver Hungría). Fundó un monasterio en Jerusalén y hospicios para peregrinos en Roma, Ravenna y Constantinopla. Era amigo personal de San Bruno de Querfurt y mantenía correspondencia con el Abad San Odilo de Cluny. Los últimos años de su vida tuvo que enfrentar la enfermedad y problemas familiares.

El 2 de setiembre de 1031, cuando su único hijo, San Emerico, perdió su vida en una cacería de oso, su esperanza de transferir los reinos de gobierno a las manos de un piadoso príncipe cristiano fue frustrada. Durante su vida se produjo una querella entre sus numerosos sobrinos en cuanto al derecho de sucesión, y algunos de ellos incluso tomaron parte en una conspiración en contra de su vida. Fue enterrado junto a su hijo en Stuhlweissenburg, y ambos fueron canonizados en 1083. Su fiesta se celebra el 2 de setiembre, pero en Hungría su principal festividad se conmemora el 20 de agosto, el día en que sus reliquias fueron transferidas a Buda. Su mano derecha incorrupta es atesorada como la reliquia más sagrada en Hungría.

Existen tres biografías antiguas: Vita major en Mon. Germ. Hist., Script., XI, 229-39, escrita probablemente antes de 1083; Cronica Ungarorum en Mon. Pol. hist., I, 495-515, escrita en 1086; Vita minor en Mon. Germ. Hist., Script., XI, 226-9, escrita por el año 1100. Otra biografía fue escrita por HARTWIG poco después de la Vita minor en Script. rerum Hung., I, 413-28, y está basada en las tres precedentes. KARACSONYI, Szent Istvan kiraly elete (Budapest, 1904); IDEM, Szent Istvan kiraly okleveley es a Szilveszter bulla (Budapest, 1894); HORN, St. Etienne, roi apostolique de Hongrie (Paris, 1899); STILTING, Vita s. Stephani regis Hungarioe (Raab, 1747; Kaschau, 1767); BUTLER, Vida de los Santos, 2 setiembre; BARING-GOULD, Vida de los santos, 2 setiembre.

MICHAEL OTT
Transcrito por Robert B. Olson
Ofrecido a Dios Todopoderos por Robert Hambourger, Ph.D. y familia.
Traducido por Carlos Armando Claux Llaza

Tomado de la Enciclopedia Católica

miércoles, 2 de septiembre de 2009

¿Que es la Reforma de la Reforma?


Reproducimos el texto tal como aparece en publicado en el blog de Roma Aeterna.



La llamada “reforma de la reforma” de la liturgia es un tema recurrente en los foros católicos desde hace tiempo. El sábado 22 de agosto, a propósito de un artículo de Andrea Tornielli aparecido en el periódico italiano Il Giornale, el tema saltó a la actualidad al adelantar el periodista el contenido de un presunto documento aprobado por la comisión ordinaria de cardenales y obispos de la Congregación para el Culto Divino el pasado 12 de marzo y entregado por el cardenal Cañizares al Papa el 4 de abril. Pocos días después, la Oficina de Prensa Vaticana, por medio de su vice-director el P. Ciro Benedettini, declaraba el lunes 24 de agosto: “En este momento no existen propuestas institucionales relativas a una modificación de los libros litúrgicos actualmente en uso”. Por otro lado, el cardenal Bertone, secretario de Estado de Su Santidad, en una entrevista concedida a L’Osservatore Romano, refiriéndose al mismo asunto, habló de “elucubraciones y rumores sobre presuntos documentos de marcha atrás” y los calificó de “pura invención según un clisé estandarizado y obstinadamente reiterado”. Tornielli se ha defendido negando, por un lado, que estos desmentidos hayan sido provocados por su artículo y, por otro lado, reiterándose en que existe verdaderamente una voluntad de “reforma de la reforma” litúrgica por parte de Benedicto XVI, como puede colegirse de sus escritos y de su trayectoria. No vamos aquí a discutir los argumentos del periodista; otros ya se han ocupado de ello. Lo que aquí nos interesa es dilucidar qué es lo que se entiende por la tan mentada “reforma de la reforma”.Partamos del principio indiscutible de que la reforma litúrgica postconciliar, tal como salió de las oficinas del Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia no coincide en muchos aspectos con lo que el Concilio Vaticano II quiso. Hay una discontinuidad evidente entre el texto de la constitución Sacrosanctum Concilium y las realizaciones concretas de la reforma, que, además, se aplicaron de manera tal que dieron origen a innumerables abusos, fuente de escándalo para los fieles y de los cuales ya fue consciente el mismo Pablo VI si hemos de creer al cardenal Virgilio Noé (Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias entre 1970 y 1982), que declaró que cuando el papa Montini habló del “humo de Satanás” en la Iglesia (29 de junio de 1972) se refería precisamente a dichos abusos. Juan Pablo II también se refirió al tema en la carta apostólica Dominicae Coenae del Jueves Santo de 1980, pidiendo perdón “por todo lo que, por el motivo que sea y por cualquiera debilidad humana, impaciencia, negligencia, en virtud también de la aplicación a veces parcial, unilateral y errónea de las normas del Concilio Vaticano II, pueda haber causado escándalo y malestar acerca de la interpretación de la doctrina y la veneración debida a este gran Sacramento” (n. 12). Y habló nuevamente de ello en la carta apostólica Vicesimus Quintus annus de 1989. Por su parte, el entonces cardenal Ratzinger escribía en 1981: “Cierta liturgia posconciliar se ha hecho de tal modo opaca y enojosa por su mal gusto y mediocridad, que produce escalofríos” (Das Fest des Glaubens, p. 88).
Existe, pues, un problema litúrgico que no debe soslayarse, tanto más cuanto que, de un modo general, puede decirse que no se han producido los frutos esperados de la reforma litúrgica postconciliar sino todo lo contrario: la disminución brusca de la práctica religiosa, especialmente de la frecuencia dominical y festiva, y el desinterés cada vez mayor de los fieles en la liturgia (cuyo estudio y cultivo ha ido quedando relegado a los especialistas que copan los centros de pastoral litúrgica). Cierto es que existen factores concomitantes que han contribuido a estos efectos: la secularización, la pérdida del sentido católico de las cosas, la formación deficiente, etc. Pero es curioso o, mejor dicho, significativo que precisamente allí donde se han continuado o se han retomado las celebraciones conforme a los libros litúrgicos precedentes a la reforma postconciliar, se dan los efectos contrarios: mayor y creciente afluencia de fieles y ansia por conocer y profundizar en los ritos venerables de la tradición litúrgica. Desde que hace dos años salió el motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI, se han multiplicado prodigiosamente las publicaciones, los seminarios, y los foros de toda clase que se ocupan de liturgia hasta el punto que podríamos hablar de un nuevo movimiento litúrgico, semejante al que en el siglo XIX, iniciado por Dom Guéranger, contribuyó poderosamente al redescubrimiento de los tesoros del culto católico.
Pero, ¿cuál es la raíz del problema? ¿Es la reforma en sí? ¿Son los abusos que han adulterado la reforma? Vamos a circunscribir la cuestión a la liturgia de la misa, que es el centro y el termómetro de la vida católica. Para muchos, el rito mismo promulgado por Pablo VI en 1969 –el llamado Novus Ordo Missae, hoy conocido como “uso ordinario” del rito romano– es el responsable de la situación de crisis litúrgica y eclesial que se ha venido manifestando en los últimos cuarenta años. Ya desde el momento en que fue sancionado fue objeto de reservas por parte de un sector del catolicismo. Los cardenales Ottaviani y Bacci, como se recordará, enviaron al papa Montini una carta, en la que aseguraban que la nueva misa “se aleja considerablemente, en conjunto y en detalle, de la teología católica de la Misa, tal como fue formulada en la XX sesión del Concilio de Trento, el cual, al fijar definitivamente los cánones del rito, levantó una barrera infranqueable contra toda herejía que pudiera menoscabar la integridad del Misterio”. Para probar este aserto adjuntaban un Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missae, elaborado por un conjunto de teólogos y que resultaba demoledor del rito fabricado por el Consilium presidido por Annibale Bugnini. Como respuesta, Pablo VI modificó varios pasajes controvertidos de la Institutio Generalis de su misal, pero no tocó el ordinario de la misa.

Monseñor Lefebvre, que se constituyó en el principal jerarca defensor de la misa tradicional, juzgaba que el Novus Ordo era, por lo menos, ambiguo, susceptible de una interpretación católica pero también de una interpretación protestante, lo que podía provocar una disminución de la fe católica en los fieles. No obstante, nunca desaconsejó la asistencia a la misa celebrada según el misal moderno, a condición de que lo fuera por un sacerdote que ofreciera garantías de ortodoxia. Otros iban más allá y sostenían –y continúan sosteniendo– que el rito nuevo de la misa es herético e inválido. Entre ellos se encuentran los sedevacantistas y los sectores extremistas del tradicionalismo, que afirman claramente que es preferible abstenerse de la misa que asistir a una celebrada según el Novus Ordo. Contra esta postura se alzó Michael Davies, que fuera presidente de la Federación Internacional Una Voce, el cual declaró que negar la validez de la misa de Pablo VI era negar la indefectibilidad de la Iglesia, la cual –en esa hipótesis– habría privado a los fieles durante décadas del principal y más importante medio de santificación. Digamos que el Novus Ordo Missae es un rito ortodoxo y que no contiene ningún error, aunque expresa menos inequívocamente que el rito tradicional la fe católica en la Eucaristía. Hay que reconocer, sin embargo, que allí donde es celebrado de manera digna, solemne y con perfecto arreglo a sus rúbricas, se está ante una misa católica, capaz de producir frutos de santidad. Ejemplos tenemos en las celebraciones de la capilla papal en Roma y la misa dominical y festiva del Oratorio de Londres (el Brompton Oratory, en la foto). Desgraciadamente, también es verdad que se trata de casos que constituyen minoría en la práctica.Ahora bien, el Novus Ordo es también objeto de adulteraciones y abusos en nombre de la creatividad y también es utilizado en contextos en los que es lícito dudar ya no sólo de la ortodoxia, sino incluso de la validez de la celebración. En no pocos casos la duda se convierte lamentablemente en certeza porque hay sacerdotes que ya no tienen la fe católica y están completamente protestantizados. Ciertamente la fe no es un requisito indispensable para consagrar, sino la intención del celebrante, que puede ser la de hacer lo que hace la Iglesia. Pero a medida que se abandona la ortodoxia y se pierde la fe puede suceder que ya no se forme la recta intención que debe haber para realizar el sacrificio de la misa y administrar los sacramentos válidamente. Podemos hablar también de las misas en las que se introducen elementos profanos y en las que las rúbricas son despreciadas y substituidas por la originalidad del que oficia. Misas en las que se llega a la franca irreverencia y hasta al sacrilegio, en las que es imposible rastrear el mínimo indicio de fe católica. De esto hay documentados demasiados ejemplos. Además, como hemos visto antes, los Papas han reconocido y deplorado la existencia de tales abusos y excesos.De cuanto llevamos dicho podemos afirmar que el Novus Ordo, en sí mismo católico y aceptable (garantizado por los Papas), constituye, empero, un claro empobrecimiento y una ruptura de continuidad respecto del rito anterior. Ahora bien, si se considera que en la liturgia –como en la teología– se da una evolución homogénea tendiente siempre a una mayor explicitación y una mejor comprensión de los dogmas eucarísticos, la misa romana moderna significa un retroceso, tanto más peligroso cuanto que se produce precisamente en un tiempo de contestación, cuando más falta hace reafirmar la fe en tales dogmas. De otro lado, la manera como se impuso oficiosamente, contraponiéndola a la misa tradicional e intentando proscribir ésta como si se tratara de ritos incompatibles que no podían coexistir, reforzó la idea de que había cambiado la doctrina de la misa y dio pábulo a los innovadores para hacer de ella mangas y capirotes. En pocas palabras, el Novus Ordo, aunque no es la causa del problema litúrgico, sí fue la ocasión para que éste surgiera, debido a los abusos a los que dieron lugar su torpe aplicación y las malas interpretaciones de las que fue objeto. El hecho, por ejemplo, de que el celebrante pueda escoger varias fórmulas dentro del mismo rito (la multiplicación de los ad libitum) y componer su propia celebración llevó a muchos a creer que tenían derecho a desplegar su particular creatividad y empezaron a introducir cosas de su propia cosecha y suprimir o adulterar rúbricas.Otro dato importante a tener en cuenta es la coincidencia de la aplicación concreta del Novus Ordo Missae en los años Setenta del siglo XX con los procesos históricos que llevaron al triunfo de la reforma protestante, especialmente en Alemania e Inglaterra en el siglo XVI. También entonces fueron eliminados el latín y el canto gregoriano; los altares, substituidos por mesas que permitían la celebración versus populum; la devoción a la Virgen y a los Santos minimizada cuando no suprimida; equiparada la parte didáctica de la misa a la parte del “memorial” (aquí ya no había sacrificio propiciatorio), descartados los reclinatorios y los comulgatorios… En época postconciliar se prefería arrinconar el sagrario a un lado del presbiterio o trasladarlo a una capilla lateral; cuatro siglos atrás, Lutero y Cranmer ya habían desterrado los tabernáculos porque no creían en la Presencia Real. Había parentescos alarmantes entre la Formula Missae del heresiarca de Eisleben, el Book of Common Prayer del arzobispo apóstata de Canterbury y el rito pergeñado por el Consilium de Bugnini (al menos en algunas de las variantes que puede adoptar). Naturalmente, los católicos que habían nacido y crecido en países de mayoría o de importante presencia protestante no pudieron por menos de alarmarse ante las similitudes que notaban en la nueva misa que les venía de Roma, como lo atestigua el escritor y académico Julien Green, convertido del protestantismo, el cual no pudo evitar su estupor al asistir por primera vez a una celebración del Novus Ordo. Esto explica, dicho sea de paso, por qué el movimiento a favor de la liturgia antigua surgió precisamente en tales países. Por supuesto, sigue tratándose de una circunstancia extrínseca al rito mismo y que no compromete la fundamental ortodoxia y validez de éste en un contexto plenamente católico, pero no puede soslayarse el hecho de que podría ser manipulado en un sentido herético y utilizado por un ministro protestante sin el menor escrúpulo de conciencia, siendo así que jamás se le ocurriría hacer lo mismo con el rito tridentino.Cuanto llevamos dicho nos lleva a la conclusión de que es necesaria una “reforma de la reforma” litúrgica, que debe ir más allá de simples retoques que, por muy importantes que sean, no dejan se de ser adjetivos. Así por ejemplo, los cinco puntos señalados por el diario italiano Il Giornale (y recogidos por La Buhardilla de Jerónimo) , siendo importantes, no constituyen, en nuestra modesta opinión, una “reforma de la reforma”, pues basta que se celebre la misa de rito romano ordinario con arreglo a las rúbricas y con unción para verlos cumplidos. Repasémoslos: 1. La creatividad puede frenarse ciñéndose a los textos a disposición por el Ordo Missae. 2. La publicación de misales bilingües (suponemos que para uso de los fieles) se puede llevar a cabo perfectamente (esto depende de las conferencias episcopales y los editores litúrgicos). 3. Según la propia Institutio Generalis del Misal Romano nuevo, la forma normal de la comunión de los fieles es en la boca, siendo la comunión en la mano una concesión extraordinaria (que puede ser revocada sin que ello afecte el rito mismo de la misa). 4. La celebración en latín en las grandes solemnidades es perfectamente posible ya ahora (otra cosa es que lo quieran los obispos). De hecho las misas papales en la Basílica Vaticana son normalmente en latín. 5. La dirección del celebrante y el pueblo ad Orientem es posible según el misal de Pablo VI, incluso cuando la edición típica de 2002 dice que conviene (“expedit”) la otra (el Papa y muchos prelados y sacerdotes ya han dado ejemplo).
Quizás estos puntos hay que ponerlos en relación con la voluntad de Benedicto XVI –expresada en la Carta a los Obispos que acompaña el motu proprio Summorum Pontificum– al hablar del mutuo enriquecimiento de las dos formas del rito romano: “En la celebración de la Misa según el Misal de Pablo VI se podrá manifestar, en un modo más intenso de cuanto se ha hecho a menudo hasta ahora, aquella sacralidad que atrae a muchos hacia el uso antiguo. La garantía más segura para que el Misal de Pablo VI pueda unir a las comunidades parroquiales y sea amado por ellas consiste en celebrar con gran reverencia de acuerdo con las prescripciones; esto hace visible la riqueza espiritual y la profundidad teológica de este Misal”. Pero esto no es aún la “reforma de la reforma”, sino simplemente explicitar todas las potencialidades de sacralidad y de reverencia del rito romano moderno en un contexto plenamente católico, lo que, como ya se ha dicho se hace desde hace tiempo en algunos lugares. La verdadera y efectiva “reforma de la reforma” pasa por la adecuación del Novus Ordo Missae al espíritu de la constitución conciliar sobre Sagrada Liturgia, la Sacrosanctum Concilium, que hizo suyas las enseñanzas del gran Pío XII, cuya encíclica Mediator Dei de 1947 basta para hacerle acreedor del título de Doctor Liturgicus. Hay que leer aquélla a la luz de ésta y sacar las consecuencias prácticas, o sea: atreverse a reelaborar el rito romano ordinario de la misa para que, sin renunciar a sus indudables aportes positivos, se corrijan los elementos que, sin ser en sí negativos, no expresan suficiente e inequívocamente la fe católica en la Eucaristía.Por supuesto que la Iglesia tiene sus expertos liturgistas, pero, gracias a Dios, el Concilio Vaticano II potenció la participación más activa de los laicos en la vida de la Iglesia. A este título nos atrevemos a presentar nuestras ideas. Pensamos que tendría que reflexionarse también sobre el Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missae, cuyas objeciones nunca fueron refutadas por Roma y, en cambio, alguna mella debieron hacer en la mente de Pablo VI, que –como queda dicho– se sintió obligado a modificar la Institutio Generalis de su misal. Basándonos en su lectura, tres son las principales medidas que podrían adoptarse para reformar el texto de la misa moderna. La primera: una parte introductoria más elaborada, dando importancia al acto penitencial (se debería subrayar el hecho de la purificación antes de participar en los sagrados misterios y restaurar la obligatoriedad del Confíteor). Es penoso, a veces, ver cómo se despacha esta parte en menos de un par de minutos, como de pasada, y esto escogiendo las fórmulas opcionales, es decir en conformidad con el misal. La segunda: substituir el actual rito de presentación de las ofrendas por un verdadero ofertorio, que muestre claramente que de lo que se trata es de preparar a la víctima para el sacrificio. La actual bendición de las ofrendas no expresa suficientemente la finalidad de éstas, que es la inmolación de Jesucristo por medio de la doble consagración del pan y del vino. La tercera: la supresión de la mayoría de plegarias eucarísticas, algunas de las cuales parecen simplemente la narración de un hecho pasado, pero que no se reproduce real y verdaderamente en la misa. El canon romano íntegro (con todas las intercesiones) y la cuarta plegaria actual (que ilustra la economía de la salvación) podrían quedar como alternativas.Entre los elementos positivos, podemos consignar la mayor variedad de lecturas, con el salmo intercalar, que puede favorecer un mayor conocimiento de la Sagrada Escritura, pero se podría intentar coordinar las perícopas (como el calendario) con el rito clásico. La plegaria universal de los fieles nos parece también una buena adquisición, siempre que no se preste (como ha sucedido en alguna ocasión a manipulaciones politizantes o de cierto activismo contestatario). En ella se podrían expresar las intenciones del Papa, del Obispo del lugar y también las de los fieles oferentes. Es, además, cosa muy oportuna en caso de calamidades públicas. La mayor variedad de prefacios es asimismo una riqueza que puede ayudar a penetrar en el misterio que se celebra. En cuanto a la disposición de la celebración, el rito introductorio se llevaría a cabo al pie del altar; la Liturgia de la Palabra, desde la sede, y la Liturgia de la Eucaristía (que podría llamarse mejor “Liturgia del Sacrificio”), en el altar ad orientem. Podría volverse a la sede –como se hace ahora– después de la comunión, para unos momentos de acción de gracias y para la oración final, pero la bendición debería darse desde el medio del altar. El sagrario o tabernáculo podría perfectamente volver a ocupar su posición central, que no debería ser usurpada por la sede (que se colocaría a un lado del presbiterio). No habría inconveniente en que el altar estuviera separado del muro (cosa que ya permitía el misal de 1962). Y esto por dos razones: para poder incensarlo rodeándolo por completo y para evitar la impresión de ser una simple peana del retablo (en el caso que lo hubiere), siendo como es un símbolo de Cristo. Por supuesto, la comunión se distribuiría en la boca de los fieles, aboliéndose, de una vez por todas, la comunión en la mano.
Pero la “reforma de la reforma” no se detendría aquí. El Papa ha manifestado, en el motu proprio Summorum Pontificum, su voluntad de que los dos usos del rito romano de enriquezcan mutuamente y ha señalado, de momento, dos maneras concretas por las que el Misal Romano clásico se puede beneficiar del moderno, a saber: la incorporación de santos recientemente canonizados (cosa que, por otra parte, se ha venido haciendo desde 1570 cada cierto tiempo, según procedían las canonizaciones y de acuerdo con la relevancia del santo) y la adopción de algunos de los nuevos prefacios del Misal de Pablo VI (también los Papas fueron incorporando nuevos prefacios en el Misal romano clásico a través de los siglos). En otra ocasión ya propusimos la adopción de cuatro prefacios concedidos pro aliquibus locis y publicados en el apéndice de la edición Pustet de 1963 del Missale Romanum del beato Juan XXIII (es decir, justo antes de las primeras reformas). Nos referíamos al hecho de la falta de prefacios propios para ciertos tiempos litúrgicos (Adviento, Septuagésima), misterios (la Eucaristía), ocasiones (la Dedicación de Iglesias), categorías de santos (santos patronos, papas, obispos, mártires, confesores, santas mujeres). Hay que decir que la inclusión de nuevos prefacios en el rito clásico ya fue contemplada por la Comisión Cardenalicia de 1986 (http://la-buhardilla-de-jeronimo.blogspot.com/2008/10/la-comisin-cardenalicia-de-1986.html).Hay que comprender y tener bien claro algo que ya hemos afirmado y en lo que nos ratificamos: la liturgia es algo vivo; no es un fósil ni ha quedado congelada en un determinado estadio. Si se compara la edición princeps del Misal de San Pío V con la edición típica del Misal del beato Juan XXIII se advierte que no son idénticos y que ha habido un claro enriquecimiento. No debemos, pues, asustarnos de que se ponga en práctica una saludable “reforma de la reforma”. Esperamos, por supuesto, que ella venga de Benedicto XVI, papa providencial en muchos aspectos, pero sobre todo en el litúrgico, en el que, siendo cardenal, ya fue profeta. Y también con la colaboración del cardenal Cañizares, como prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que nos daría así un motivo de legítimo orgullo a los católicos españoles. Pero todo a su tiempo y cuando Dios disponga.