sábado, 20 de julio de 2013

¿San Gabriel en el Apocalipsis?


El siguiente artículo fue tomado del blog En Gloria y majestad.

Cuando leíamos la traducción de Borgongini Duca a la profecía de las LXX Semanas nos llamó la atención la variante que daba al v. 21. El pasaje, literalmente, reza así:

“Y mientras yo hablaba en la súplica he aquí que el potente Gabriel que había visto en la visión al principio, volando con rapidez me tocó en el tiempo del sacrificio de la tarde”.

Y luego comenta (num. 143):

“En el hebreo vir Gabriel, es casi una repetición: “el fuerte, que es el ministro potente de Dios”.

Es decir, el Ángel es llamado según el significado de su nombre, el cual quiere decir precisamente eso: “el fuerte o poderoso de Dios”.

Ahora bien en el Apocalipsis aparece un Ángel poderoso en cuatro oportunidades:

I) V, 2: “Y vi un Ángel poderoso (ἰσχυρὸνproclamando con gran voz (ἐν φωνὴ μεγάλη): “¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?”.

II) X, 1“1. Y vi a otro Ángel poderoso (ἰσχυρὸν) descendiendo del cielo, envuelto en una nube y con el arco iris sobre su cabeza y su rostro era como el sol y sus piernas como columnas de fuego.
2. Y tenía en su mano un librito abierto, y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;
3. Y clamó con gran voz (φωνῂ μεγάλῃ), como un león que ruge”.

III) XVIII, 1-2: “Después de esto vi cómo bajaba del cielo otro ángel que tenía gran autoridad y con su gloria se iluminó la tierra. Y clamó con poderosa voz (ἐν ἰσχυρᾷ φωνῇ) diciendo: “Ha caído, ha caído Babilonia la grande…”.

IV) XVIII, 21: “Y un ángel poderoso (ἰσχυρὸς) alzó una piedra grande como rueda de molino, y la arrojó al mar diciendo: “Así, de golpe, será precipitada Babilonia, la ciudad grande, y no será hallada nunca más”.


Ahora bien ¿a qué viene esa identificación del ángel como “poderoso”? ¿A qué otro ángel le cabe mejor el nombre “poderoso” que a San Gabriel?
Y en efecto, los mismos exégetas han deslizado la posibilidad de que se trate de él. Veamos.

Comentando V, 2 encontramos:

Scío: “este ángel fuerte es el Arcángel San Gabriel, cuyo nombre significa poder y fuerza de Dios. Es enviado como ángel especial de la divinidad y legado de Cristo; en esta calidad anunció la encarnación del Verbo. (Lc. I)”[1].

Y en X, 1 ss[2]:

Straubinger: “Otro ángel poderoso: Como el de 5, 2… El que sea poderoso ha hecho pensar que pudiera tratarse de Gabriel, cuyo nombre significa fuerza de Dios”.

Wikenhauser: “No se precisa el nombre del ángel. Quizá se trate aquí del arcángel Gabriel…”.

Gelin: “El ángel es tal vez Gabriel (= Fuerza de Dios) al cual el epíteto ἰσχυρὸς le cabría bien”.

Así pues, vemos que el Ángel poderoso aparece en las visiones claves de los capítulos V y X[3] y luego en la caída de Babilonia, pero es de notar que en las dos primeras citas se dice que el ángel tiene una “gran voz” mientras que en la tercera se lo identifica con una “poderosa voz”.
A partir de acá se nos ocurrió pensar que tal vez la “gran voz” era una referencia al mismo ángel poderoso, algo así como si fuera su característica propia.

Pasemos lista a todos los pasajes en los cuales aparece esta gran voz y veamos si esto es posible:

1) VII, 1-2: “Después de esto vi cuatro ángeles que estaban de pie en los cuatro ángulos de la tierra que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre árbol alguno. Y vi otro ángel que subía del Oriente y tenía el sello del Dios vivo, y clamó congran voz a los cuatro ángeles, a quienes había sido dado hacer daño a la tierra y al mar.” (Antes del sexto sello).

2) VIII, 13: “¡Y vi y oí un águila volando por medio del cielo que decía congran voz: “Ay, ay, ay de los habitantes de la tierra, a causa de los restantes toques de la trompeta de los tres ángeles que están por tocar!”. (Anuncio de los 3 restantes Ayes).

3) XI, 11 ss: Y después de los tres días y medio, un espíritu de vida que venía de Dios, entró en ellos y se levantaron sobre sus pies y cayó un gran temor sobre quienes los contemplaron. Y oí una gran voz del cielo que les decía: “Subid acá”. Y subieron al cielo en la nube, y sus enemigos los contemplaron.” (Entre la sexta y séptima trompeta).

4) XII, 10 s: “Y oí una gran voz en el cielo que decía: “ahora ha llegado la salvación, el poderío y el reinado de nuestro Dios y el imperio de su Cristoporque ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche Y ellos lo han vencido en virtud de la sangre del Cordero y en virtud de la palabra de su testimonio, menospreciando sus vidas hasta la muerte. Por tanto alegráos, oh cielos y los que moráis en sus tiendas. Mas ¡ay de la tierra y del mar! porque descendió a vosotros el diablo, lleno de gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo”. (Entre la quinta y la sexta trompeta).

5) XIV, 6-7: “Y vi otro ángel volando por medio del cielo, que tenía un Evangelio eterno para evangelizar a los que tienen asiento en la tierra y a toda nación y tribu y lengua y pueblo. Y decía con gran voz: “Temed a Dios y dadle gloria a Él, porque ha llegado la hora de su juicio; postraos ante aquel que hizo el cielo y la tierra, mar y fuentes de aguas”. (Entre la sexta y séptima trompeta).

6) XIV, 9: “Y otro ángel, un tercero los siguió diciendo con gran voz: “si alguno adora a la bestia y a su imagen y recibe su marca en la frente o en la mano…” (Antes del Armagedón).

7) XIV, 15: “Y salió del templo otro ángel, gritando con gran voz al que estaba sentado sobre la nube: “hecha tu hoz y siega, etc” (Siega-Naciones).

8) XIV, 18: “Y del altar salió otro ángel, el que tiene poder sobre el fuego, y llamó con gran voz al que tenía la hoz afilada, diciendo: Echa tu hoz afilada y vendimia los racimos de la vid…” (Vendimia-Israel).[4]

9) XVI, 1: “Y oí una gran voz procedente del templo que decía a los siete ángeles: “id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios…” (Este ángel es el encargado de dar la orden para que se derramen las 7 copas).

10) XVI, 17: “El séptimo ángel derramó su copa en el aire, y salió una gran voz del templo, desde el trono (en el cielo) que decía: “hecho está”. (Después de la séptima copa).

11) XIX, 17: “Y vi un ángel de pie en el sol y gritó con gran voz, diciendo a todas las aves que volaban por medio del cielo: “Venid, congregaos para el gran festín de Dios…” (Armagedón).

12) XXI, 3: “Y oi una gran voz desde el trono que decía: “He aquí la morada de Dios entre los hombres…” (Anuncio de la Jerusalén Celeste descendiendo a la tierra).

Bien, estos son los doce textos en los cuales la gran voz es nombrada además de los lugares que citamos al comienzo. Veamos si se puede demostrar la identidad del Ángel en todos ellos:

1) El Ángel que anuncia la caída de Babilonia como futura (XVIII, 21) y como pasada (XVIII, 1-2) sería el mismo, según lo dejamos dicho al comienzo.

2) Ahora bien, el segundo ángel del capítulo XIV (v. 8) es el encargado de anunciar la caída de Babilonia. Si bien no se dice que hable con gran voz, sin embargo como ya lo dejamos dicho AQUI, se tratan de dos lugares paralelos.

3) En la Segunda Parte de ese artículo vimos que los pasajes XIV, 9-11 y XIX, 11 ss son paralelos.

4) En la Tercera Parta de los artículos arriba citados probamos que los pasajes X, 1 ss, XI, 11-14 y XIV, 6-7  son también lugares paralelos.

5) El Ángel de XIV, 6; VIII, 13 y XIX, 17 vuela “por medio del cielo”, es decir por su parte más alta.

6) El Ángel de VIII, 13 y el de XII, 10 ss tiene el mismo giro lingüístico: “Ay de los habitantes de la tierra a causa…” y “Ay de la tierra y del mar porque…”.[5]

Obj.

XII, 10 ss parecería ser dicho por almas y no por un ángel:

a) “El acusador de nuestros hermanos”. El término “hermanos” nunca es usado entre hombres y ángeles, sino entre hombres: VI, 11; XIX, 10; XXII, 9.

De hecho parece que los que pronuncian este himno son los Mártires del quinto Sello:

a) Son “hermanos” de los judíos.

b) La alusión al “día y la noche”, común a Lc. XVIII, 7.

c) La similitud con el “poco tiempo”. Apoc. VI, 11. Cfr. también Lc XVII, 7.

d) Gelin dice que el término “hermanos” le cabe a los Mártires del quinto Sello.

Resp. Creemos que se debe mantener la identidad de San Gabriel y esto por las siguientes razones:

a) Se trata de una gran voz. El término es usado siempre en referencia a un ángel.

b) Ni AlloBedaAlápide ni Fillionin loco, ven inconveniente alguno en que los ángeles llamen “hermanos” a los hombres.

c) Al decir “alegráos oh cielos y los que moráis en ellos” (es decir “los moradores del cielo”), parecería que el que habla no es uno de ellos. Y estos “moradores del cielo” no son cualquiera sino los Santos, y en este caso particular los Mártires del quinto Sello[6].

7) En V, 1 ss; XIV, 15; XVI, 1; XVI, 17 y XXI, 3 la voz sale siempre desde el Templo o Trono Celestial[7]En el cap. V San Juan lo ve San Gabriel en el cielo, en cambio en las otras visiones solamente lo escucha o lo ve salir desde el cielo porque las visiones las tiene en la tierra.

8) En XIV, 18 se dice que el Ángel con gran voz tiene poder sobre el fuego. Esto nos lleva a dos lugares que tal vez están relacionados:

a) Lc. I, 8 ss el Ángel San Gabriel se aparece a Zacarías en el momento en que ofrece el incienso.

b) En el cap. VIII vemos un ángel encargado de presentar a Dios las oraciones de los santos (de los Mártires del quinto Sello como bien lo indica Straubinger) por medio de un incensario y luego toma fuego del altar con el que llena el incensario y lo arroja sobre la tierra. Casi como si fuera su oficio. Cfr. X, 1.

Obj.: En el v. 2 se dice que las siete trompetas se le dan a los ángeles que están “de pie ante Dios”, los cuales parecen coincidir con los mismos siete ángeles principales de los que habla la tradición judía. Cfr. lo dicho AQUI. Uno déstos es el mismo San Gabriel, pero después se dice que apareció “otro” ángel con un incensario. Ergo no puede ser el mismo.

Resp. El “otro” no hace referencia a uno distinto como podría parecer sino a una visión diferente. Y esto se ve muy claro por lo que se dice en el cap. XIV, 6-11 donde, a pesar de tratarse siempre del mismo ángel, sin embargo se dice que al primer ángel le siguió un segundo y luego un tercero y en el v. 15 se dice que sale del Templo otro ángel, y lo mismo el del v. 18 que es el que estamos analizando. Sin embargo son siempre uno sólo.
Nada impide que San Juan tenga dos visiones diferentes: una sobre la entrega de las siete trompetas a los siete Ángeles y otra de uno de esos siete Ángeles en la cual realiza los pasos previos antes del comienzo del toque de las trompetas.

9) Nos está quedando solamente el Ángel de VII, 2, el que sube desde donde surge el sol. No hemos encontrado ninguna concordancia directa sino sólo indirecta:

a) La referencia al sol recuerda tal vez al Ángel de XIX, 17 que está de pie en el sol.

b) Este Ángel ordena a los cuatro primeros Ángeles que han de tocar las trompetas que todavía no empiecen hasta que sean sellados los 144.000 judíos. Ahora bien, si San Gabriel es uno de los siete que toca la trompeta entonces no es ninguno de los cuatro primeros y esto parece confirmarse cuando se ve que San Gabriel aparece en el cap. XI con la resurrección y asunción de los dos Testigos, todo lo cual coincide, cronológicamente, con lasexta trompeta.

c) Este Ángel no puede ser uno cualquiera ya que parece tener cierta autoridad sobre los otros cuatro al decirles que se abstengan de dañar a la tierra, al mar y a los árboles. Lo cual recuerda al Ángel de XVI, 1 que es el que ordena a los Ángeles para que derramen las siete copas y es el mismo que anuncia el fin del derramamiento de las mismas (v. 17).

Hasta aquí, lector amigo, un repaso por todos aquellos lugares donde se habla de la “gran voz” que, combinados con los del “ángel poderoso”, nos muestra a San Gabriel como el principal entre todos los seres celestiales en el gran drama del Apocalipsis. La razón desto no es muy difícil de imaginar: así como a San Gabriel se le encargó revelar las LXX Semanas, de la misma forma se le dio para que revele el Apocalipsis que en sustancia no es más que un desarrollo de la septuagésima Semana daniélica.
Esto sirva también como explicación a lo que insinuamos AQUI cuando decíamos: “I) Los tres Heraldos de los Juicios de Dios. Con este título un tanto confuso, como veremos más adelante, nos introduce Straubinger a las visiones que siguen a la del Cordero y los 144.000 vírgenes en el Monte Sión…”, pues creemos que no se trata de tres sino de uno sólo.

Vale!




[1] Allo por su parte dice: “…su rol (el del ángel) es análogo al del ángel de X, 1 (v. ad loc.)”.

[2] Recordar lo dicho en el artículo sobre el “vengo pronto” y la similitud desta visión con la de Daniel XII. Cfr. AQUI

[3] Ya volveremos sobre esto.

[4] No se nos ocurre otra interpretación para la siega y la vendimia.

[5] Cfr. también XIV, 7 y 15.

[6] Los que moran en el cielo. Reflejo de la Shekinah y de los futuros habitantes de la Jerusalén celeste descendida del cielo. Cfr. VII, 15; XIII, 6; XXI, 3. Ver también Jn. I, 14.

[7] cfr. sin embargo XIV, 17.

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