martes, 6 de agosto de 2013

Icono: una ojeada sobre su estética

Una ojeada sobre la estética del ícono


Origen y tradición

La palabra icono viene del griego: "eikôn" que significa " imagen", " retrato". La Natividad de Cristo marca el nacimiento del icono. El Verbo se hizo carne, el Invisible se volvió visible, Dios tomó una cara humana. Una Cara única que se repite a través de las caras de la Madre de Dios y de los santos bañados en la misma luz increada.


Madre de Dios "Smolenskaia", taller San-Andrés.

El icono es producto de la adoración y de la meditación desarrollada con paciencia por generaciones de pintores; es fruto de la tradición, no de la intuición, sensibilidad, o abstracción individualista. El iconógrafo es el instrumento que ejecuta una obra que va más allá del propio individuo. No debe por lo tanto reflejar su estado anímico o sensibilidad. De hecho, no debe siquiera verse la firma del iconógrafo.


La belleza del icono

La belleza del icono proviene principalmente de la verdad espiritual, por lo tanto, de la exactitud del simbolismo que otorga cualidades de instrumento de contemplación y veneración. El icono representa formas humanas realistas, estilizadas e idealizadas, sin caer nunca en el naturalismo. Si la persona representada es siempre parecida, tiene un prototipo referente. El cuerpo representado no tiene nada carnal ya que la carne cede el paso a un cuerpo transfigurado : el hombre terrestre se transforma en el hombre celestial.

Pantocrator, Grecia 1394

Una espiritualización del mundo

El mundo transfigurado que presenta el icono se manifiesta también en su representación de la naturaleza.
Las rocas de las montañas parecen desafiar la gravedad y nos invitan a la elevación. La vegetación encontró su belleza edénica.


Las arquitecturas y los objetos representados se sustraen a la materialidad del mundo. Cambian las concepciones lógicas, desafiando las leyes del equilibrio, como por ejemplo el baldaquino de al lado.
Muchas veces las proporciones son completamente ignoradas, las puertas y las ventanas dispuestas extrañamente con medidas irreales


Architecture

La cara, centro del icono

En el icono, la cara es el centro de la representación : es el lugar de la presencia del Espíritu de Dios.


Los ojos son el reflejo del alma que nos llama. Iluminados por la visión de Dios, los ojos nos comunican el mensaje divino de presencia, misericordia, verdad y contemplación. Las cejas refuerzan la expresión de la mirada y la frente, centro de la sabiduría e inteligencia, frecuentemente es muy alta, curva y esférica, representando la fuerza de espíritu y la sabiduría propia de los hombres de Dios. La nariz es fina y alargada, signo de nobleza. Las ventanas de la nariz son pequeñas y discretas puesto que deben expresar el dominio interno de las pasiones. Sin resaltar, ni simular demasiado, las mejillas irradian la luz interior y solo aquellas de los ascetas muestran arrugas profundas, marcas de ayuno y de vigilias. Los labios son muy finos (carentes de sensualidad), geométricos y siempre cerrados en el silencio de la contemplación. Las oídos escuchan la palabra divina. La barba, poblada y generosa, manifiesta la fuerza y la serenidad del santo.




San Policarpo, obispo de Esmirna, taller San-Andrés


Las proporciones de la cara

El estudio del módulo bizantino de la cara nos permite el acceso al mundo ideal y casi abstracto de la estética del icono. Las formas son reestructuradas para reflejar no soló la naturaleza material de los seres, sino también la esencia : se toma la apariencia humana y se la somete a un sistema geométrico, rítmico y cromático particular más apto para sugerir la interioridad, la esencia espiritual y divina. Hasta principios del siglo XVII estos criterios simples determinaban las caras en la mayoría de los iconos. Más tarde, la influencia naturalista del occidente se impone y se dejan se usar cada vez más estos elementos. Como resultado, las caras se vuelven pesadas e insulsas, perdiendo la armonía y la luz de los iconos antiguos.




Pantocrator, taller San-Andrés

Para las proporciones de la cara el iconógrafo bizantino utiliza el módulo que corresponde siempre a la medida de la nariz. Así la cabeza se inscribe en dos círculos y la aureola es determinada por un tercero. El primer círculo que tiene la nariz como radio da el espacio para los ojos y la frente. El segundo círculo compuesto de un radio de dos módulos corresponde al volumen de la cabeza. El centro de los círculos se sitúa en la raíz de la nariz entremedio de los ojos. Se colocan la pupilas a la mitad de módulo del centro del círculo, esto da un triángulo que otorga a la cara su nobleza y su finura. Este esquema es una ayuda para el artista, sin ser la estricta condición del dibujo como lo observamos al lado por el movimiento de los pelos. Pero se revela como un fondo misterioso de la obra maestra, siendo uno de los secretos de su armonía.




La cara de medio perfil

En los íconos se respeta el espacio bidimensional del soporte y se trata la cara de medio perfil igual que una vista frontal con una representación planimétrica (según el área que ocupa cada elemento de la figura plana); es decir, respeta el espacio sin tomar en cuenta parámetros de relieve y profundidad. En la práctica se estira la cara sobre la tabla adquiriendo mayor fuerza la curva exterior de la cabeza. No se busca representar un personaje libre en el espacio, sino mas bien uno que irradie su presencia.

En los íconos son raras las caras de perfil y están torpemente dibujadas. Esta posición indicaría que el personaje es menos importante y quizás incluso malévolo.


Arcángel Miguel, taller San-Andrés

3 comentarios:

  1. Muy bueno éste artículo. Sirve sobre todo porque es sobre un tema que nos interesa a los católicos en general y no se trata de una esteril disputa, iniciada por los mismos que se benefician con ella.
    ¿Podrías subir algo sobre la predestinación?

    En Nuestro Señor y la Theotokos

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  2. Pregunto ¿es mejor el icono o la estatua para las iglesias? ¿son lo mismo? me parece que dan cosas diferentes. no se si soy claro.
    Abrazo en Cristo

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  3. Ante todo, felicitaciones por el artículo.
    En alguna oportunidad leí un trabajo publicado en un blog religioso que ahora no puedo precisar, en el cual se asentaba el criterio de que las legítimas y verdaderas imágenes religiosas son los iconos (o íconos). No obstante, a mi criterio, ambos tipos de imágenes son igualmente válidas, cada una con su propia connotación, con su propio sentido y con su propio espíritu. Y creo que la prueba más fehaciente de ello es el hecho de que, así como existe el icono milagroso que conocemos como "Nuestra Señora del Perpetuo Socorro", la Sma. Virgen se ha manifestado también muchas veces milagrosamente, y de distinta manera, a través de imágenes "de bulto" o estatuas, como es el caso de la Virgen de Luján, la Virgen del Valle, la Virgen del Rosario del Milagro, etc.

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