martes, 27 de agosto de 2013

Las 24 Tesis de Santo Tomás de Aquino

Sagrada Congregación de Estudios 

ALGUNAS TESIS DE LA DOCTRINA DE SANTO TOMÁS QUE HAN DE SER TENIDAS 
EN CUENTA POR LOS PROFESORES DE FILOSOFÍA 

Después de que Nuestro Santísimo Señor, el Papa Pío X, prescribió en el «Motu Propio» Doctoris
Angelici, del día 29 de junio de 1914, que se sigan los principios y las tesis más importantes de
Tomás de Aquino en todas las enseñanzas de filosofía, muchos profesores de diferentes Institutos
propusieron a esta Sagrada Congregación de Estudios algunas tesis, para que fueran examinadas, ya
que ellos las consideraban y las enseñaban como las principales del Santo Maestro, sobre todo en
materia de metafísica.

Esta Sagrada Congregación, después de consultarlo al Santo Padre, y por mandato del mismo,
responde que estas tesis contienen los más importantes principios y la enseñanza sustancial del santo
Doctor.

Son las siguientes:

ONTOLOGÍA

1. La potencia y el acto dividen al ente de tal modo que, todo cuanto es, o es acto puro o está
necesariamente compuesto de acto y de potencia, como principios primeros e intrínsecos.

2. El acto, puesto que es perfección, no es limitado más que por la potencia, que es capacidad de
perfección. Por consiguiente, cuando en un orden el acto es puro, entonces dentro de ese mismo
orden es ilimitado y único; pero cuando el acto es finito y múltiple, está en verdadera composición
con la potencia.

3. Por eso, como ser mismo absoluto únicamente subsiste Dios, que es uno y simplicísimo; todas las
demás cosas que participan el ser mismo, tienen una naturaleza con la que el ser es coartado, y
constan de esencia y de ser como de principios realmente distintos.

4. La denominación «ente», que deriva de ser, no se predica unívocamente de Dios y de las
criaturas, ni tampoco de modo totalmente equívoco, sino analógicamente, con analogía tanto de
atribución como de proporcionalidad.

5. Además, en toda criatura, hay una composición real de sujeto subsistente con unas formas
secundariamente añadidas, o accidentes: esta composición no podría entenderse si el ser no
estuviese recibido realmente en una esencia distinta de él.

6. Además de los accidentes absolutos, hay tambien un accidente relativo o de relación (ad aliquid).
Pues, aunque la relación no significa de suyo, según su característica propia, una realidad inherente a
otra, sin embargo con frecuencia tiene una causa en las cosas mismas, y por tanto una entidad real
distinta del sujeto.

7. La criatura espiritual es en su esencia completamente simple. Sin embargo, hay en ella una doble
composición: de la esencia con el ser, y de la substancia con los accidentes.

COSMOLOGÍA

8. En cambio, la criatura corporal está en su misma esencia compuesta de potencia y acto; esta
potencia y este acto dentro del orden de la esencia, se designan respectivamente con los nombres de
materia y forma.

9. Ninguna de estas dos partes (de la esencia de las criaturas corporales: materia y forma) tiene por
sí misma el ser, ni se produce o corrompe por sí; y no se incluyen entre los predicamentos, más que
por reducción en cuanto son principios substanciales.

10. Aunque la extensión en partes integrales se sigue de su naturaleza corpórea, sin embargo, para el
cuerpo no es lo mismo ser substancia que ser extenso. La substancia, en cuanto tal, es indivisible, no
a la manera del punto, sino como aquello que no pertenece al orden de la dimensión. La cantidad,
que da la extensión a la substancia, difiere realmente de ésta, y es un accidente en sentido propio.

11. La materia determinada por la cantidad es principio de individuación, o sea, de la distinción
numérica -que no puede darse en los espíritus puros- entre un individuo y otro que tienen la misma
naturaleza específica.

12. La cantidad hace también que el cuerpo esté circunscrito en un lugar, y que de ese modo sólo en
un lugar pueda estar, cualquiera que sea la potencia que se considere.

BIOLOGÍA Y PSICOLOGÍA

13. Los cuerpos se dividen en dos grupos: algunos son vivos y otros carecen de vida. En los
vivientes, para que el mismo sujeto posea de por sí una parte motora y una parte movida, la forma
substancial -designada con el nombre de alma- requiere disposición orgánica, es decir, partes
heterogéneas.

14. Las almas de orden vegetativo y sensitivo ni subsisten ni son producidas por sí mismas, sino
únicamente son en cuanto principios por los que el viviente es y vive; y como dependen totalmente
de la materia, una vez que se corrompe el compuesto (de alma y materia), ellas se corrompen
inmediatamente per accidens.

15. Por el contrario, el alma humana subsiste por sí misma, puede ser infundida con el sujeto
suficientemente dispuesto, es creada por Dios y por su misma naturaleza es incorruptible e inmortal.

16. Esta alma racional se une al cuerpo como su única forma substancial por la que el hombre es
hombre, animal, viviente, cuerpo, substancia y ente. Por tanto, el alma da al hombre todo grado
esencial de perfección, y además comunica al cuerpo el acto de ser por el que ella misma es.

17. Del alma humana dimanan, como resultado natural, dos órdenes de facultades, orgánicas e
inorgánicas. El sujeto de las primeras, a las que pertenecen los sentidos, es el compuesto (de alma y
cuerpo); el de las segundas es el alma sola. El entendimiento es, por tanto, una facultad
intrínsecamente independiente de todo órgano corporal.

18. El ser intelectual o inteligente se sigue necesariamente de la inmaterialidad, de modo que los
grados de intelectualidad siguen a los grados de alejamiento con respecto a la materia. El objeto
adecuado de la intelección en general es el ente; pero el objeto propio del intelecto humano, en su
estado actual de unión al cuerpo, se limita a la esencia de las cosas abstraída a partir de las
condiciones individuales de la materia.

19. Por tanto, recibimos el conocimiento a partir de las cosas sensibles. Pero como lo sensible no es
inteligible en acto, hay que admitir en el alma, además del intelecto que propiamente entiende, un
poder activo que abstraiga las semejanzas (species) inteligibles a partir de las imágenes sensibles de
la fantasía.

20. Por medio de esas semejanzas intelectuales o especies inteligibles conocemos directamente lo
universal (o la naturaleza) de las cosas; lo singular lo percibimos con los sentidos, y también con el
entendimiento al mirar éste en las imágenes sensibles; y, por analogía, ascendemos al conocimiento
de las realidades espirituales.

21. La voluntad sigue al entendimiento, no lo precede, y quiere necesariamente aquello que le es
presentado como un bien que sacia por completo su deseo; pero elige libremente entre aquellos
bienes que se le proponen para ser queridos por un juicio o estimación variable. Por consiguiente, la
elección sigue al juicio práctico último, pero es la voluntad la que hace que ese juicio sea el último.

TEODICEA

22. Conocemos la existencia de Dios, no por una intuición inmediata, ni por una demostración a
priori, sino a posteriori, es decir, a partir de las cosas creadas, argumentando desde los efectos hasta
la causa del siguiente modo: partiendo de las cosas que están sujetas a movimiento y no pueden ser
ellas mismas el principio adecuado de ese movimiento, hasta llegar a un primer motor inmóvil;
partiendo del producirse de las cosas de este mundo por causas subordinadas entre sí, hasta llegar a
una primera causa incausada; a partir de las cosas corruptibles, que pueden indiferentemente ser o
no ser, hasta llegar a un Ente absolutamente necesario; a partir de las cosas que, según perfecciones
disminuidas de ser, vivir y entender, son, viven y entienden en diversos grados, hasta llegar a Aquel
que es en grado máximo inteligente, viviente, ente; por último, a partir del orden del universo,
llegamos a una inteligencia separada que ordenó, dispuso y dirige las cosas hacia el fin.

23. La Esencia Divina se nos propone rectamente, como constituida en su noción metafísica,
diciendo que se identifica con la actualidad ejercida del mismo ser; o diciendo que es el mismo Ser
subsistente; y por esto mismo se nos manifiesta su infinidad de perfección.

24. Por la misma pureza de su Ser, Dios se distingue de todas las cosas finitas. De lo que se infiere,
en primer lugar, que el mundo no pudo proceder de Dios más que por creación; en segundo lugar,
que el poder creador, que por sí y primariamente alcanza al ente en cuanto ente, no puede ser
comunicado a ninguna naturaleza finita, ni por un milagro; por último, que ningún agente creado
puede influir en el ser de ningún efecto, más que en virtud de la moción recibida de la Causa primera.

Dado en Roma, a 27 de julio de 1914.

E. Card. Lorenzelli, Prefecto 
L. + S. 
Ascensus Dandini, a Secretis 

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