martes, 30 de abril de 2013

La Cruz Rota de Francisco


No me sorprendí en absoluto cuando vi a Francisco, el Papa de la Iglesia Conciliar portando la misma cruz que caracterizó a Montini/Paulo VI, Luciani/Juan Pablo I, Woljtyla/JP2 y el principio del gobierno de Ratzinger/Benedicto XVI. La misma había desaparecido en los últimos años del gobierno de Ratzinger, quien se volcaba hacia un restauracionismo ritualista que impactó a muchos tradicionalistas que esperaban, quizás con cierta inocencia, un restablecimiento de la Fe Católica y el fin de la marea modernista. ¿Quién no recuerda las primeras apariciones del teólogo avenido en Papa, con el mismo crucifijo de su predecesor y vestimentas de colores? ¿Quién no recuerda como poco a poco, Ratzinger fue volcándose a un conservadurismo de las formas, o mejor dicho, aplicó el principio de la hermenéutica de la continuidad en el ropaje y los ornamentos pontificios? El ritualismo que caracterizó los últimos tiempos del ahora "Papa emérito" pueden sorprender al católico tradicionalista, como también al fiel de la Iglesia Conciliar, pero no impresionarían a un británico del XVII, testigo de los "Caroline Divines".

Con la partida de Ratzinger se signa el fracaso de la “hermenéutica de la continuidad”, del intento de crear una High Church tradicionalista en coexistencia con una Low Church evangélica y carismática. Bergoglio no es un teólogo, es un político y como tal sabe que su predecesor era uno de los hombres con menor carisma en el último siglo. Recuperar las formas y el mediatismo del actor polaco Juan Pablo II son una meta, y como Roncalli/Juan XXIII tiene de su lado a la prensa.

Uno de esos signos es la falsa humildad, que no es sino, como decía Garrigou-Lagrange  “una forma de soberbia oculta, más peligrosa que la manifiesta, qué fácilmente cae en ridículo”. El despojo de las vestimentas, el lavatorio de los pies a los delincuentes, el llevarle un sándwich al guardia suizo, el ir a saludar a los fieles como si fuera cualesquier párroco, la cruz pectoral y también, su nueva cruz, que es la vieja “y humilde” cruz que caracterizó a sus antecesores. La soberbia, dice Santa Catalina de Sena en su Diálogo está “fundada en el amor propio” y sobre los que la practican, agrega: “no hechan de ver que han perdido la riqueza de la virtud, y que se han despeñado de las alturas de la gracia, cayendo en el pecado mortal”.

¿Cuál es el origen de esa horrible cruz que Francisco, el “humilde”, porta hoy? La misma es conocida como “ferula di Scorzelli”. Es un báculo rematado con un crucifijo en el que Nuestro Señor está representado de forma patética, y que fue realizada por el escultor italiano Lello Scorzelli en 1963 para Paulo VI. La primera vez que la utilizó un Pontífice de la Iglesia Conciliar fue el 8 de diciembre de 1965, en la clausura oficial del Vaticano II.  Scorzelli se basó para el diseño, en la obra del pintor expresionista Albert Servaes. Se trata especialmente del “La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”. El Papa Benedicto XV condenó esa forma artística y ordenó que fuera removida de todos los lugares de culto:

DECRETUM DAMNANTUR SACRAE IMAGINES CUIUSDAM NOVAE SCHOLAE PICTORICAE 
Emi ac Rmi Domini Cardinales in rebus fidei et morum Inquisitores Generales, in ordinario consessu habito feria iv, die 23 februarii 1921, publice declarandum censuerunt: Imagines sacras cuiusdam novae scholae pictoricae, quarum specimen exhibetur in opusculo cui titulus: La Passion de Notre-Seigneur Jésus-Christ par Cyril Verschaeve (ornée de compositions d'Albert Servaes. Bruxelles et Paris. Librairie Natio- nale d'art et d'histoire G. van Oest et Ci e Editeurs, 1920), ad praescriptum canonis 1399, n. 12, prohiberi ipso iure, ideoque statim removendas esse ab Ecclesiis, Oratoriis, etc., in quibus forte expositae inveniantur. Et insequenti feria v, die 24 eiusdem mensis et anni, Sanctissimus D. N. Benedictus divina Providentia Papa XV, in solita audientia R. P. D. Assessori S. Officii impertita, relatam sibi Emorum Patrum resolutionem approbavit, mandans ad quos spectat ut eam servent et servare faciant. Datum Romae, ex aedibus S. Officii, die 30 martii 1921. A. Castellano, Supremae S. C. S. Off. Notarius.


La ferulla di Scorzelli es la expresión tridimensional y material de aquella escuela que la Inquisición había condenado. Muchas veces hemos repetido en Sursum corda que la Nueva Misa es la lex orandi de la fe conciliar, de la fe ecuménica y modernista. El expresionismo, aprobado por la Iglesia Conciliar es su aspecto estético, de él toman los signos y los símbolos. Recordemos que el expresionismo busca un arte "intuitivo", subjetivo, personal, no la plasmación de la realidad, no la plasmación de la realidad, de la creación y la manifestación de lo Divino y de la Naturaleza, sino, la expresión de los sentimientos. No sorprende entonces, que el expresionismo haya sido adoptado como la forma artística predilecta de la Devotio Moderna, renacida en el Siglo XIX, la cual propone, como bien señaló el Dr. Carlos Disandro "la instauración de una tendencia psicologista, moralizante, que coloca el acento en la vida religiosa en un cierto dominio y utilización de la voluntad y la emoción", a la vez que relega la vida intelectual, teológica y mística, en efeco, no se plasma aquello que se ve, que existe, sino lo que el "artista" siente.
La Cruz Torcida, la ferulla di Scorzelli, no son, sino, la plasmación herética del Pontificado de la Iglesia Conciliar.

Oda a la buena muerte


Oh Señor y Salvador mío!, fortaléceme en aquella hora con los brazos vigorosos de tus Sacramentos y con la fresca fragancia de tus consuelos. Que se pronuncien sobre mí las palabras absolutorias y que sea signado y sellado con los Santos óleos; que tu propio Cuerpo sea mi alimento y que sea rociado con tu propia Sangre; permite que me aliente mi dulce Madre María, y que mi ángel me susurre con un mensaje de paz, y que mis gloriosos santos me sonrían: para que en su compañía y por su mediación reciba yo el don de la perseverancia y muera, tal como deseo vivir, en tu fe, en tu Iglesia, en tu santo servicio, y en tu amor.

Cardenal John Newman

lunes, 29 de abril de 2013

La polémica de Auxilis y la Apología de Bañez

Nota de Sursum Corda: presentamos el siguiente artículo en el que J. A. Hevia Echeverría nos explica el conflicto entre los jesuitas y los dominicos sobre los auxilios de la gracia. Un tema fundamental para comprender el accionar posterior de la Compañía de Jesús y los errores que, casi desde su fundación, sostuvieron sus miembros. El texto original fue publicado en El Catobeplas, Nª 13, marzo de 2013.

La polémica de auxiliis
y la Apología de Bañez

Juan Antonio Hevia Echevarría


Introducción del traductor a la edición española de Domingo Bañez,
Apología de los hermanos dominicos contra la 'Concordia' de Luis de Molina (1595), Biblioteca Filosofía en español, Oviedo 2002
§1. Historia de la polémica de auxiliis
Domingo Bañez, Apología de los hermanos dominicos contra la 'Concordia' de Luis de Molina (1595), Biblioteca Filosofía en español, Oviedo 2002La Apología de los hermanos dominicos es un texto de marcado carácter discursivo. Por ello no parecerá inapropiado que comencemos nuestra presentación de la Apología con un análisis de tipo retórico, siendo así inevitable acudir a Aristóteles. Según afirma el estagirita en su Retórica, tres son los géneros de discurso: deliberativo, forense y epidíctico. Cada uno de ellos responde a un fin determinado. Veamos qué fin persiguen con su discurso los hermanos dominicos, para saber de este modo a qué género pertenece la Apología. Ante todo, los hermanos dominicos pretenden denunciar y censurar la comisión de una grave injusticia. Así pues, como Aristóteles dice que «el fin es lo justo y lo injusto, para quienes litigan en un juicio»{1}, habremos de clasificar la Apología como un discurso de género forense. Además en todo discurso hay que atender «a cómo ha de presentarse uno mismo y a cómo inclinará a su favor al que juzga»{2}. Según Aristóteles, en los procesos judiciales lo importante es la actitud en que se halle el auditorio, «pues las cosas no son iguales para el que siente amistad, que para el que experimenta odio»{3}. Por ello, los hermanos dominicos tratarán de llevar con su discurso a los jueces a que experimenten determinadas pasiones. Así vemos que intentan influir en el pathos de los jueces a quienes se dirigen con su discurso –que serían los jueces del Santo Tribunal de la Inquisición–, infundiendo en ellos un sentimiento de temor e indignación ante la comisión de la injusticia que denuncian. El autor de esta injusticia sería el jesuitaLuis de Molina, quien en su Concordia liberi arbitrii cum gratiae donis, divina praescientia, providentia, praedestinatione et reprobatione habría blasfemado contra San Agustín y Santo Tomás y habría puesto en peligro la sacrosanta teología y la salvación del pueblo español. Por todo ello, con su discurso los hermanos dominicos tratarán de llevar a los jueces a que experimenten un sentimiento de temor, por las futuras consecuencias que una doctrina tan perniciosa como la de Molina puede acarrear, y de ira e indignación por la injusticia, el daño y el desprecio cometidos con los Padres de la Iglesia.
En efecto, la Apología es la censura, tanto del teólogo, como de la obra citada, que los teólogos dominicos de España ofrecen al tribunal de la Santa Inquisición en 1595, firmando al final del texto con sus propios nombres. Sin embargo, esta obra suele atribuirse en singular al P. Domingo Báñez, pues éste, además de ser el teólogo dominico de mayor autoridad en su época y ocupar la cátedra de prima de teología en la Universidad de Salamanca, fue el encargado, con la ayuda de Diego Álvarez, de redactar la Apología y dar forma unitaria a ocho tratados individuales que otros tantos dominicos, entre ellos Báñez, habían presentado ya anteriormente al Consejo de la Inquisición. Sin duda, Domingo Báñez fue el gran contradictor de Molina y el dominico que más se significó en su lucha contra el premolinismo y el molinismo.
Sobre el premolinismo, debemos decir en perjuicio de la originalidad de las tesis defendidas por Molina –que básicamente suponen una defensa de la libertad humana en detrimento de la gracia divina– que las ideas a las que dotó de unidad sistemática, desde un primer momento habían marcado la orientación teológica que seguiría la Compañía de Jesús en materia de gracia y predestinación. El propio Francisco Suárez señala que la defensa de la libertad, frente al determinismo luterano, que desde un principio acometió la Compañía como tarea propia, tiene su origen en los preceptos que San Ignacio de Loyola ofreciera en sus Exercicios spirituales, especialmente en sus reglas «Para el sentido verdadero que en la Iglesia militante debemos tener». Así, dice la regla 15ª: «No debemos hablar mucho de la predestinación por vía de costumbre; mas si en alguna manera y algunas veces se hablare, así se hable que el pueblo menudo no venga en error alguno, como a veces suele diciendo: si tengo que ser salvo o condenado, ya está determinado, y por mi bien hacer o mal no puede ser ya otra cosa; y con esto entorpeciendo se descuidan en las obras que conducen a la salud y provecho espiritual de sus ánimas». Y de igual modo, San Ignacio, oponiéndose a la tesis luterana de la justificación por la fe, dice en su regla 16ª: «De la misma forma es de advertir que por mucho hablar de la fe y con mucha intensión, sin alguna distinción y declaración, no se dé ocasión al pueblo para que en el obrar sea torpe y perezoso, quier antes de la fe formada en caridad o quier después». Como podemos apreciar por las reglas de San Ignacio, discusiones teológicas que en nuestros días nos pueden parecer completamente bizantinas, como la referente al modo de conciliar la potencia infinita de Dios y su omnisciencia con la libertad humana, en el siglo XVI tenían una repercusión indudable en el plano práctico. Y como muestra baste señalar que el nuevo dogma que maquinó Lutero, unido al nacionalismo alemán y a las expectativas de independencia de los príncipes alemanes respecto de Roma, esperando convertirse en los nuevos beneficiarios de las rentas eclesiásticas, ocasionó la ruptura de la unidad católica de Europa, que tendría consecuencias determinantes en el plano político, económico, social y, por ende, intelectual.
Así pues, es cosa clarísima que cuando San Ignacio concibe sus reglas para la Iglesia militante, tiene en mente al enemigo protestante y su forma de hablar de la fe «con mucha intensión, sin alguna distinción y declaración». Por ello, el espíritu premolinista, con su defensa de la libertad humana frente al fatalismo protestante, puede decirse que fue patrimonio de la Compañía de Jesús desde sus comienzos. Y así ya en el concilio de Trento, encontramos a los jesuitas Diego Laínez y Alfonso Salmerón defendiendo ideas premolinistas. Y en 1567 el propio Domingo Báñez mantuvo en Alcalá su primera controversia pública oponiéndose a las ideas premolinistas que defendía el P. Deza, S. I. Pero fue en 1582 cuando el premolinismo entró en escena públicamente en un acto escolástico celebrado en las escuelas de Salamanca y presidido por el mercedario Francisco Zumel. En este acto el P. Prudencio Montemayor, S. I., defendería una idea que aparecerá en laConcordia de Molina y que Báñez censurará en su Apología.
El P. Montemayor defendería que el mérito al que Cristo se hizo acreedor por obedecer el precepto de morir en la cruz impuesto por el Padre, no se habría debido al simple hecho de obedecer este precepto, sino al hecho de que habría obedecido de mejor gana y más ardorosamente de lo que estaba obligado. A lo que Báñez respondería que la propia definición de libertad que ofrecen los molinistas les obliga a mantener la tesis mencionada, porque si, como sostienen los molinistas, agente libre es aquel que, puestos todos los requisitos para actuar, puede actuar y no actuar, o hacer una cosa lo mismo que la contraria, entonces, como Cristo no podía no obedecer el precepto divino de morir en la cruz, a diferencia de lo que debería ser posible según la definición molinista –que Cristo pudiese no obedecer–, el P. Montemayor y Molina en su Concordia se ven obligados a defender la tesis de que Cristo no obró meritoriamente por haber obedecido, sino por haber obedecido y haber obrado de mejor gana y más intensamente de lo que le obligaba el precepto, porque, de otro modo –como según la definición molinista de agente libre, debería verificarse que Cristo pudiese no obedecer el precepto, lo que, empero, era incomposible una vez decretado el precepto divino– se seguiría que Cristo no habría obedecido libremente el precepto y que, por ello, el acto de morir en la cruz no habría sido meritorio. Por tanto, los molinistas, para no verse obligados a reconocer, según la definición que ofrecen de agente libre, que Cristo no obró libremente el precepto, por ello atribuyen el mérito de su acción a algo que no se encontraba bajo el precepto, a saber, obedecer de mejor gana y más ardorosamente de lo que el Padre había preceptuado.
Como consecuencia de la defensa de esta tesis, Báñez denunció ante el Consejo de la Inquisición al P. Prudencio Montemayor y a fray Luis de León, quien en el mismo acto escolástico había salido en defensa del jesuita. Báñez los acusó del intento de introducir en las escuelas doctrinas temerarias y cercanas al pelagianismo. Y como resultado de esta denuncia, el Santo Oficio falló en contra del P. Montemayor, que fue obligado a abandonar la enseñanza de la teología, y de fray Luis de León, a quien se prohibió seguir defendiendo tal doctrina. De este modo, el premolinismo quedó prohibido en España.
Seis años después, en 1588, Luis de Molina publica en Lisboa su Concordia liberi arbitrii cum gratiae donis, divina praescientia, providentia, praedestinatione et reprobatione. Las ideas premolinistas toman ya forma sistemática en esta obra, cuya publicación intentaron impedir los dominicos, pero en vano, ya que la Inquisición portuguesa no había condenado el premolinismo, a diferencia de lo sucedido en España. La publicación de la Concordia supuso que el molinismo fuera ampliamente difundido y discutido. Pero los dominicos denunciaron la obra ante el Consejo de la Inquisición de España, alegando que contenía las mismas afirmaciones temerarias que ya se habían condenado en 1582. Por esta razón, los jesuitas, temiendo un nuevo fallo condenatorio, apelaron a Roma, ante el descontento de la Inquisición española y del propio Felipe II.
En 1594 Clemente VIII dispuso reservarse para sí la resolución de la causa al mismo tiempo que imponía silencio a los litigantes. No obstante, ante el descontento de Felipe II, Clemente VIII accedió a que las censuras de la Concordiase realizasen en España. La Apología de Domingo Báñez, que aquí presentamos, es la censura más importante de cuantas encargó hacer el Consejo de la Inquisición.
En 1598 se da acuse de recibo en Roma de todas las censuras y documentos relativos a la causa. Y ya a partir de este momento, dominicos y jesuitas trasladan todas sus discusiones a la sede pontificia. En un principio, Clemente VIII, que se mostraba reticente a la condena de la Concordia, trató que dominicos y jesuitas se pusiesen de acuerdo, para lo cual dispuso mantuviesen conversaciones privadas, pero estas sesiones fueron tan violentas que el propio Clemente VIII decidió dirigir personalmente los debates.
El 14 de febrero de 1602, comienzan en el Vaticano las congregaciones papales, de las que se celebrarían ochenta y nueve. Presidiendo una de estas sesiones, Clemente VIII sufrió un ataque que lo llevaría al sepulcro. Su sucesor en el solio pontificio, Paulo V, que mandó se reanudasen las disputas, finalmente, en 1607, dictaminó libertad para dominicos y jesuitas de defender su doctrina y prohibición absoluta de calificar de herejía a ninguna de ellas. Los jesuitas, exultantes ante el fallo, aclamaron a Molina victor y lo celebraron con festejos públicos, que incluyeron fuegos artificiales, músicas y corridas de toros.

sábado, 27 de abril de 2013

Más sobre los obispos de la tradición y la jurisdicción

En el blog católico Miles Christi publicó un estudio muy interesante sobre un tema que hemos tratado,en varias oportunidades en Sursum Corda: la falta jurisdicción ordinaria que poseen los obispos de la Resistencia Católica. El autor del artículo decide dar un paso más en este debate, aclarando, que no sólo no poseen esa jurisdicción, sino que además, la misma no es necesaria.
Para ver el artículo original haga click aquí.




¿ES NECESARIO QUE EL REMANENTE DE LOS CATÓLICOS DEBA TENER OBISPOS GOBERNANTES O JURISDICCIONALES? 
-Nota aclaratoria: donde dice Benedicto XVI leer Francisco I-




Cuando Jesús nombró a los Apóstoles, les otorgó Autoridad para predicar el Evangelio y administrar los Sacramentos, NO TERRITORIOS PARA GOBERNAR

La respuesta a esta pregunta es NO. Durante la herejía arriana del siglo IV, sólo el 1-3% de las cátedras episcopales (es decir, las sedes de los obispos) fueron ocupadas por los católicos, el resto fueron usurpadas por los arrianos, como lo señala el eminente erudito patrístico, P. Jurgens.

P. William Jurgens: “En un momento de la historia de la Iglesia, sólo unos pocos años antes de la predicación de Gregorio [Nacianceno] (380 d.C.), posiblemente el número de obispos verdaderamente católicos en posesión de sus sedes, en comparación a la posesión de los arrianos, no era mayor de entre 1% y 3% del total. Si la doctrina hubiera sido determinada por la popularidad, hoy todos seríamos negadores de Cristo y contrarios al Espíritu”[1].

En el siglo IV, la herejía arriana se extendió tanto que los arrianos (que negaban la divinidad de Cristo) llegaron a ocupar casi todas las iglesias católicas y parecía ser la jerarquía legítima básicamente en todo lugar.

San Ambrosio (382 d.C.): “No hay para mí suficiente horas en el día como para recitar siquiera los nombres de todas las sectas de los herejes”[2]

Las cosas se pusieron tan mal que San Gregorio de Nisa se vio obligado a decir lo que bien podría decir el remanente o resto pequeño católico hoy en día.

San Gregorio de Nisa (380 d.C.), Contra los arrianos: “¿Dónde están los que nos insultan por nuestra pobreza y se enorgullecen de sus riquezas? ¿Esos que definen a la Iglesia por los números y desprecian al rebaño pequeño?”[3].

Este periodo de la historia de la Iglesia, por lo tanto, prueba un punto clave para nuestro tiempo: Si la misión indefectible de la Iglesia de enseñar, gobernar y santificar requiere un obispo gobernante (es decir, jurisdiccional) para que la Iglesia de Cristo esté presente y operante en una sede o diócesis particular, entonces se tendría que decir que la Iglesia de Cristo defeccionó en todos aquellos territorios donde no había un obispo gobernante durante la herejía arriana. Sin embargo, es un hecho que en el siglo IV ―donde los fieles mantuvieron la verdadera fe católica, incluso en aquellas sedes donde el obispo desertó al arrianismo―, el remanente católico fiel constituyó la verdadera Iglesia de Cristo; y por tanto, en ese remanente, existió la Iglesia católica y perduró en su misión de enseñar, gobernar y santificar sin ningún obispo gobernante. Esto demuestra que la indefectibilidad de la Iglesia de Cristo y su misión de enseñar, gobernar y santificar no requiere la presencia de un obispo jurisdiccional.

San Atanasio: “Los católicos que se mantienen fieles a la Tradición, aún si ellos son reducidos a un puñado, ellos son la verdadera Iglesia de Jesucristo”.

Se podría argumentar que siempre debe haber al menos un obispo jurisdiccional en alguna parte del mundo; pero incluso, si eso se pudiera comprobar, todo lo que significaría es que en alguna parte del mundo, hoy en día, existe al menos un obispo católico con jurisdicción plena que rechaza las herejías del Vaticano II y defiende el resto de la enseñanza católica. Pero dudamos que esto sea siquiera necesario, ya que la Iglesia continúa gobernando, enseñando y santificando por el depósito de la fe, su ley y tradición, incluso en aquellos lugares donde no hay obispo jurisdiccional que sea el maestro y gobernante oficial, como lo demuestra el período arriano.



San Atanasio fue desterrado de su diócesis en cinco ocasiones durante el arrianismo, y con todo SIGUIÓ CONSERVANDO Y PROPAGANDO LA FE CATÓLICA

También es importante señalar que la jerarquía de la Iglesia se puede definir de dos maneras: jurisdiccionalmente y eclesiásticamente. La jerarquía jurisdiccional (compuesta de aquellos que poseen oficios o cargos con jurisdicción ordinaria) podría posiblemente desertar de la Iglesia al caer en la herejía, como lo han hecho los obispos de Benedicto XVI. Pero en cuanto haya un sacerdote u obispo católico válido que posea la totalidad del depósito de la fe (incluso si esa persona no posee jurisdicción ordinaria), la jerarquía eclesiástica está representada y permanece intacta. Y aquel pequeño remanente de sacerdotes u obispos, a pesar de que no gobiernan ningún territorio ni tengan jurisdicción ordinaria, tendrían la jurisdicción que la Iglesia les concede automáticamente para operar por la salvación de las almas. Las consagraciones episcopales sin el consentimiento de un Papa (ya que no hay Papa) por dichos obispos, serían, por supuesto, lícitas en tal estado de necesidad.


El supremo interés por la supervivencia de la Iglesia legitima la consagración de obispos sin consentimiento del Papa (Consagración de obispos en la Fraternidad San Pío X, 1988)


Por lo tanto, no hay nada contrario a la indefectibilidad de la Iglesia cuando nosotros señalamos que Benedicto XVI y su grupo de obispos apóstatas (que reclaman ser gobernantes en la Iglesia de Cristo) no ocupan las cátedras episcopales de la Iglesia de Cristo debido al hecho que ellos: repudian el dogma Fuera de la Iglesia no hay salvación; rechazan la necesidad de la conversión a la Iglesia católica de los judíos y cismáticos orientales; abrazan y respetan las religiones no católicas del demonio; enseñan las herejías de la libertad de religión y de consciencia; mantienen comunión con las sectas protestantes heréticas; aceptan los documentos heréticos del Vaticano II y la Nueva misa, entre muchas otras cosas.

Así como fue durante la herejía arriana en el siglo IV, la Iglesia de Jesucristo existe hoy en día con el remanente de fieles católicos que guardan la fe católica tradicional, no con los obispos apóstatas que parecen ocupar las posiciones de autoridad.

P. William Jurgens: “En tiempos del emperador Valente (siglo IV), San Basilio fue prácticamente el único obispo ortodoxo en todo Oriente que tuvo éxito en conservar el cargo de su diócesis. (…) Si ello no tuviere otra importancia para el hombre moderno, un conocimiento de la historia del arrianismo debería mostrarle, por lo menos, que la Iglesia católica no toma en cuenta la popularidad y el número para determinar y conservar la doctrina: de otro modo, ya hubiéramos abandonado a Basilio, Hilario, Atanasio, Liberio y Osio y nos llamaríamos arrianos”[4].

Si la herejía arriana fue tan mala que aproximadamente 1% de los obispos jurisdiccionales permaneció católico y el 99% se hizo arriano, y la Gran Apostasía que precede la Segunda Venida de Cristo se prevé que será aún peor – la peor apostasía de todos los tiempos –, entonces nadie debería sorprenderse por el hecho que hoy en día casi no haya ni sacerdotes auténticamente católicos en el mundo y ni haya obispos católicos con plena jurisdicción (es decir, que gobiernan).


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NOTAS:

[1] Jurgens, The Faith of the Early Fathers [La Fe de los Padres Primitivos], ed. ing., Collegeville, MN: The Liturgical Press, 1970, vol. 2, p. 39.

[2] Jurgens, The Faith of the Early Fathers [La Fe de los Padres Primitivos], ed. ing., vol. 2, p. 158.

[3] Jurgens, The Faith of the Early Fathers [La Fe de los Padres Primitivos], ed. ing., vol. 2, p. 33.

[4] Jurgens, The Faith of the Early Fathers «La Fe de los Padres Primitivos», edición inglesa, vol. 2, p. 158.

Jesuitas, un largo problema

Un lector que firmó como "Observador" (que no es el mismo que en otras oportunidades ha firmado igual), criticó un comentario del Padre Mauricio de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia sobre la Compañía de Jesús. Según éste lector, hay una diferencia entre los jesuitas de hoy (modernistas) y los jesuitas anteriores del Vaticano II.
Ya en Sursum Corda hemos expresado que la Compañía de Jesús, desde sus orígenes ha sido una congregación problemática, ella fue la culpable de expandir una doctrina neo-pelagiana, el universalismo y haber manipulado las conciencias, obteniendo beneficios para su organización, antes que para la Iglesia Católica.

He decidido entonces publicar dos artículos, el primero sobre el universalismo y el segundo sobre el laxismo, precedente del modernismo.



Dios quiere que todos se salven ¿Que significa?


Recientemente estaba leyendo mucho material producido por teólogos de la Compañía de Jesús, no la actual modernista, sino la pre-conciliar, que también era modernista y antes de que se inventara el modernismo era laxista, algo de lo que jamás se desprendieron.
Si algo me ha sorprendido de los jesuitas es su constante insistencia en que todos los hombres pueden salvarse. En este blog hemos hablado ya del universalismo, es decir la creencia de que todos los hombres se salvarán. Esto los jesuitas de hoy lo dicen abiertamente, más los pre-conciliares habían elaborado un sistema muy cercano al semipelagianismo por el cual bastaba la voluntad del hombre para conseguir su salvación, siendo el gran arquitecto de ese sistema teológico el jesuita Molina que rechazaba la enseñanza católica de la predestinación y la gracia eficaz. Los jesuitas, herejes y calumniadores, cuando se les echaba en cara su error tan cercano a la herejía respondían con ataques y acusaban a quienes exponían la verdad de calvinistas. Así, por ejemplo llegaron al extremo de hacer poner en duda nombres tan notables como los del Cardenal de Noris, famoso agustino italiano del Siglo XVIII.
El principal de los argumentos de los jesuitas (pre y post-conciliares) es el versículo de I Timoteo 2:4 "Dios quiere que todos los hombres se salven".
Sin embargo, muy pocas veces vemos que incluso entre los tradicionalistas más inteligentes haya un análisis de este versículo apelando a la enseñanza del gran Doctor de la Gracia San Agustín de Hipona.

¿Que nos dice el Máximo Doctor de la Iglesia? Para él las palabras del Apóstol de los gentiles debe entenderse en el sentido de los elegidos, es decir de los predestinados. El principal argumento de San Agustín es la omnipotencia de Dios, es decir, Dios hace lo que él quiere y lo que él quiere debe cumplirse efectivamente. En efecto, en las Confesiones San Agustín, retomando a Platón señala que Dios está fuera de la Historia, es decir, al margen del tiempo, porque el tiempo fue creado por Dios y por lo tanto el devenir histórico no puede afectarlo, porque en caso contrario Dios no sería inmutable... los jesuitas con su teoría de la concausalidad niegan este dogma de fe.

Continuemos. Si Dios ha decidido que alguien debe salvarse, entonces esa persona no puede quebrar la voluntad de Dios, porque la misma existe efectivamente desde antes del nacimiento de esa persona y además porque lo que Dios quiere 
efectivamente se cumple. En caso contrario Dios no sería omnipotente. Para reforzar su argumento, San Agustín cita varios pasajes de las Sagradas Escrituras donde se muestra que los milagros no siempre convertían a todos, sino a unos pocos y además, en algunas oportunidades el Espíritu evitaba que los Apóstoles visitaran y predicaran en determinados lugares, y mucho más Nuestro Señor como ocurre en Mt XI donde Cristo predica contra las ciudades incrédulas. Eso demuestra, según el Doctor que el sentido de "Dios quiere que todos los hombres se salven" se refiere a aquellos que Dios quiso "guardar" y no a todos los hombres en absoluto. En efecto, aquellos que se salvan son guardados, preservados, ese es el sentido del "Don de perseverancia":

"Esta es la predestinación de los santos, - nada más, a saber, el conocimiento previo y la preparación de los dones de Dios, por el que se entrega con toda seguridad, sean quienes sean, que se entregan . Pero ¿dónde están el resto dejado por el justo juicio divino, excepto en la masa de la ruina, donde los tirios y sidonios quedaron? que, por otra parte, hubiera podido creer si habían visto maravillosos milagros de Cristo. Pero como no se les dio para pensar, de creer los medios también se les negó. [...] Pero, ¿Lo que dijo el Señor de los tirios y sidonios no puede acaso ser entendida de otra manera: que nadie, sin embargo viene a Cristo a menos que se le ha dado, y que es dado a aquellos que se escogió en él antes de la fundación el mundo, confiesa sin lugar a dudas el que oye la palabra divina. [...] "Para ti", dijo, «es dado saber el misterio del reino de los cielos, pero a ellos no les es dado.'' (El don de la perseverancia 35)



Dios, si quisiera podría salvar efectivamente a todos los hombres, podría convertir a todos con solo desearlo desaparecería el pecado, la herejía, la apostasía y todos iríamos a Cristo. Todos si él lo deseara. Pero Dios no quiere eso... porque ha decidido salvar a unos para mostrar su misericordia, mientras que a otros, como enseñó San Agustín, los deja perder para mostrar su justicia.
Y nadie puede objetar la acción de Dios, porque nadie puede ser más justo ni más misericordioso que el Señor.


***


Laximos actualizado: confesiones por e-mail algo más


Revisando el Blog amigo Caballero de la Inmaculada encontré la noticia de que el Presidente de la Conferencia Espicopal colombiana el "Obispo" Juan Vicente Córdoba (por la edad, posiblemente ni sacerdote verdadero sea) dijo:


“No se puede ir a misa por Internet y tampoco hacer confesiones online a menos
que la persona esté en la selva o esté enferma”

Naturalmente que esto es escandaloso, como el nuestro querido Jorge de la Compasión lo hace. Sin embargo cuando comprobamos que el “Obispo” pertenece a la Compañía de Jesús no podemos sino esbozar un “¿Te sorprende?” . Muy al contrario de lo que cuentan los manuales, los Jesuitas no han sido a lo largo de su historia defensores de la Fe Católica. Lejos y muy ecepcionales fueron los casos del Santo Fundador, San Ignacio de Loyola y algún que otro padre de la orden. Ya desde sus inicios la orden mantuvo posiciones cercanas al semipelagianismo, como bien fue denunciado por el Padre Domingo Bañez OP y la increible controversia de los Auxilios de la gracia, en la que los jesuitas atacaron la doctrina católica de la Gracia y la Predestinacion, inventando un sistema de claro sabor herético.
La orden estuvo corrupta desde temprano y eso condujo a que el Papa Alejandro VII e Inocencio XI condenaran 110 proposiciones que constituían el sistema llamado “laxismo” y que exponían varios representativos sacerdotes jesuitas con aprobación de sus superiores. Los principales autores fueron Aegidius Estrix SJ y Stephen Bauny SJ. Entre las increíbles herejías y errores doctrinales y morales que caracterizan a este sistema, bien propio de la “Compañía de Jesús” estaba el principio de salvación fuera de la Iglesia, sin necesidad de mantener la fe, la posibilidad de apostatar por una causa razonable, la salvación desconociendo la trinidad, por lo que herejes, cismáticos y apostatas pueden salvarse:


No parece necesaria con necesidad de medio sino la fe en un solo Dios, pero no
la fe explícita en el Remunerador (dz 1172)


Veamos algunos ejemplos sobre lo que dicen acerca de la gula y los pecados carnales


Comer y beber hasta hartarse, por el solo placer, no es pecado, con tal de que
no dañe a la salud; porque lícitamente puede el apetito natural go-zar de sus
actos (Dz 1158)


El acto del matrimonio, practicado por el
solo placer, carece absoluta-mente de toda culpa y de defecto venial (Dz
1159)


Sobre la caridad al prójimo, mantuvieron y
enseñaron:

No estamos obligados a amar al prójimo por acto interno
y formal (Dz 1160)

Apenas se halla entre los seculares, aun entre
reyes, nada superfluo a su estado. Y así apenas si nadie está obligado a la
limosna, cuando sólo está obligado de lo superfluo a su estado (Dz
1161)

Si se hace con la debida moderación, puede uno sin pecado
mortal entristecerse de la vida de alguien y alegrarse de su muerte natural,
pedirla y desearla con afecto ineficaz, no ciertamente por desagrado de la
persona, sino por algún emolumento temporal (Dz 1162)

Es lícito
procurar el aborto antes de la animación del feto, por temor de que la muchacha,
sorprendida grávida, sea muerta o infamada. (Dz 1184)

Es probable
que no peca mortalmente el que imputa un crimen falso a otro para defender su
derecho y su honor. Y si esto no es probable, ape-nas habrá opinión probable en
teología. (Dz 1194)



¿Cómo no va a sostener este moderno jesuita (fiel discípulo de lo peor de esa orden corrompida tan pronto por el Demonio) semejantes aberraciones sobre la posible confesión por correo electrónico, cuando sus padres en la moral mantuvieron que “Es probable que basta la atrición natural, con tal de que sea honesta” (Dz 1207)? ¿No sostuvieron además, entre otras tantas barbaridades lo siguiente?:


Es lícito absolver a los que se han confesado sólo a medias, por razón de una
gran concurrencia de penitentes, como puede suceder, verbigracia, en el día de
una gran festividad o indulgencia (Dz 1209)

Estas aberraciones, propias de la secta jesuita no son, pues poca cosa al lado de lo que mantuvieron sobre la recepción del Cuerpo de Nuestro Señor:

La confesión y comunión frecuente, aun en aquellos que viven de modo
pagano, es señal de predestinación (Dz 1206)


Entonces, querido Jorge, queridos amigos... pensemos quienes pertenecen a esta orden y que ilustres representantes en épocas modernas nos dieron... ¿Von Balthassar les suena?

lunes, 22 de abril de 2013

Feliz cumpleaños a Sursum Corda


Sursum Corda se ha convertido tras cinco años en algo mucho más importante de lo que yo imaginé cuando en 2008 saqué la presentación del Blog. Con mas de 200.000 visitas es uno de los blogs mas activos y que funciona de manera independiente de cualquier tipo de contribución monetaria. Eso me ha permitido, a lo largo de éstos años continuar con una línea “editorial” independiente de la que puedo decir que me siento muy contento.

Quiero agradecer a todos los lectores de Sursum Corda que desde el 22 de abril de 2008 visitan éste humilde espacio destinado a la defensa de la Tradición, la Fe y la Razón.

A todos muchas gracias...
¡Sursum Corda!

viernes, 19 de abril de 2013

El "nirvana" de la nueva y falsa Iglesia Conciliar


Agradezco el siguiente texto remitido por José Luis Ortiz-del-Valle Valdivieso para ser publicado en Sursum Corda. Las imágenes fueron agregadas por el editor.

Muchas gracias.

Hemos evidenciado desde hace cincuenta años, las sucesivas fases de la autodemolición de la Iglesia, encargo primordial del demonio, hecho expresamente a través de tantos católicos pervertidos en su fe y de muchos otros enemigos infiltrados en Ella estratégicamente.
¿Y cómo ha sido esto?
Sabemos muy bien que ellos han venido cambiando día a día, durante esos cincuenta años, todos los valores esenciales y formales de nuestra Santa Religión, así: el Santo Sacrificio de la Misa abolido casi por completo; los textos litúrgicos ambiguos o francamente anticatólicos; las principales verdades de la fe oscurecidas o cambiadas a tal punto que ya no son las de siempre, es decir las católicas; las profusas componendas y fornicaciones de los jerarcas con los príncipes de este mundo y con los líderes de los paganos; la implantación de la “iglesia del hombre” a cambio de la Iglesia de Dios; el destierro de la fe y la doctrina cristianas de todos los pueblos otrora cristianos; la persecución y aniquilamiento sistemático (cruel o sutilmente) de todo reducto que se oponga a la autodemolición de la Iglesia valiéndose de la falsa autoridad;  la abominación de la desolación en el lugar santo; la manifiesta repugnancia de los principios católicos por parte de los jerarcas; en fin, todos los cambios y novedades necesarias para ese único y último propósito de que desaparezca de la faz terrena todo vestigio de cristianismo y específicamente que la Esposa de Nuestro Señor Jesucristo sea arrasada por completo.
¿Qué nos faltaba ver en nuestros días? Que desaparezca el único vestigio que podía quedar de la Iglesia, que el único símbolo en pie de su majestad fuera derrumbado, que la suprema autoridad desde la que se impulsaron todos los cambios autodemoledores se rebajara y no de cualquier forma, sino de la forma más vil que el mismo demonio ha deseado siempre: que ese cargo sea despreciado públicamente por su mismo titular: Bergoglio, jesuita renegado, judío y masón. ¿Qué más faltaba? Son abundantísimas las pruebas de que este personaje nunca ha querido ser católico, sacerdote, obispo y, mucho menos, Papa. Pero ahora no quiere ser ni siquiera Papa de la nueva y falsa iglesia conciliar, sino coordinador de todas las falsas religiones. Este el golpe maestro y final del demonio para que crea en su triunfo y ponga a casi toda la humanidad por un tiempo a sus pies, por medio de ese nefasto coordinador.
Así como Nuestro Señor Jesucristo fundó y ha patrocinado durante veinte siglos la única y verdadera Iglesia para nuestra salvación, su mono, que es el demonio, ha fundado la suya (la nueva y falsa iglesia conciliar), patrocinándola junto con todos su secuaces para nuestra condenación y ésta no podía llegar a otro fin que a su propio “nirvana”, entendido éste como la aniquilación misma de esa religión falsa o adulterada, porque ninguna institución que no sea de origen divino tiene vocación de permanencia. Es la ley divina que se cumple inexorablemente.
Se perfila, entonces, la batalla final entre el Único Ser que es por sí mismo, por el que todos los demás somos y, el demonio, que representa la nada, el aniquilamiento, ese “nirvana” al que está llegando la nueva y falsa iglesia conciliar y a ella pegados todos los demás enemigos de Dios.
Sí, para nosotros que somos cuerpo de la Santa Iglesia Católica es el “viernes Santo” de la Amadísima Esposa de Nuestro Señor Jesucristo, reducida a pequeñas comunidades como en sus primeros años. Así es, nosotros no tenemos ya hoy poder alguno frente a esos designios y acontecimientos. Pero no olvidemos que según la promesa de Nuestro Señor Jesucristo: “las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella” y que Nuestra Santísima Madre la Siempre Virgen María, nos dijo: “al fin, mi Inmaculado Corazón triunfará”.
Por la misericordia infinita de Dios, conservaremos la Fe, alentándonos unos a otros como los primeros cristianos, aprovechándonos cuanto podamos de los sacramentos y de la oración, haciendo como aconseja San Francisco de Sales: “No busquéis las consolaciones de Dios sino al Dios de las consolaciones”. No olvidemos que nuestros enemigos reales son los de siempre: mundo, demonio y carne (como lo enseñó magistralmente el Padre Gaspar Astete, ese sí auténtico jesuita y antítesis de todo lo que es Bergoglio).

“Y si algún contagio nuevo se esfuerza en envenenar, no ya una pequeña parte de la Iglesia, sino toda la Iglesia entera a la vez, incluso, entonces su gran cuidado será apegarse a la antigüedad, que evidentemente no puede ser ya seducida por ninguna mentirosa novedad.” (San Vicente de Lerins, Doctor de la Iglesia).

José Luis Ortiz-del-Valle Valdivieso
Santa Fe de Bogotá, jueves Santo de 2013 AD.

jueves, 18 de abril de 2013

Telepapa

El siguiente texto me lo envió el amigo Marcelo. 



"Telepapa"
14 de abril de 2013

Juan Manuel de Prada. Para el ABC.

La exposición mediática del Papa es un fenómeno que puede parecernos 'normal', y que de hecho lo es, en esta fase de la Historia; pero es un fenómeno tan aparatoso que, inevitablemente, afecta la vida de los católicos, si no en lo sustantivo de su fe, al menos en la forma de vivirla. Durante siglos, un católico podía morirse muy tranquilamente sin saber siquiera quién era el Papa de Roma; o sabiéndolo solo de forma muy brumosa, ignorando si era gordo o flaco, alto o bajo, taciturno o dicharachero, finísimo teólogo o rustiquísimo pastor. Durante siglos, a un católico le bastaba con saber que en Roma había un hombre que era vicario de Cristo en la Tierra; y que ese hombre, cuya sucesión estaba asegurada, custodiaba el depósito de la fe que él profesaba, heredada de sus antepasados. Durante siglos, un católico vivía su fe en la oración, en la frecuentación de los sacramentos y en la celebración comunitaria; y las únicas enseñanzas que recibía eran las que el cura de su aldea lanzaba desde el púlpito y las que le transmitían sus mayores, al calor del hogar. Así ocurrió desde la fundación de la Iglesia hasta hace unos pocos siglos; y aquella fue la edad de oro de la Cristiandad.
 
Antes de alcanzar esta fase mediática de la Historia hubo otra fase intermedia, en la que la difusión de la imprenta permitió a un católico curioso conocer los pronunciamientos de los papas en cuestiones de fe y moral, a través de sus encíclicas; y también, si acaso, las dificultades que el papado atravesaba, en medio del concierto político internacional. Para entonces, un católico conocía la efigie del Papa, gracias a las estampitas; y, si era lector ávido de periódicos y revistas, podía hacerse una idea somera de las líneas maestras de su pontificado. Pero una inmensa mayoría de católicos seguía ignorante de tales particulares; y seguía viviendo su fe al modo tradicional: en comunión con sus paisanos y atendiendo las enseñanzas del cura de su aldea, que tal vez fuera un santo o tal vez un hombre de moral relajada y hasta disoluta; cuestión que el católico de a pie se le antojaba más bien baladí, pues le bastaba con saber que, santo o libertino, ese cura, mientras oficiaba la misa, era 'otro Cristo'. Era una época en que las instituciones estaban por encima de las personas que las encarnaban.
 
Pero llegó esta fase mediática de la Historia, y todo se descabaló. El Papa, de repente, se convirtió en una figura omnipresente; y el católico de a pie empezó a conocer intimidades peregrinas sobre el Papa: empezó a saber si el Papa padecía gota o calvicie; empezó a saber si le gustaba el fútbol o el ajedrez; empezó a saber si era austero o magnificente en el vestir; si calzaba zapatos de tafilete o cordobán; si gustaba de probarse el sombrero de mariachi o el tricornio que le obsequiaban los fieles que recibía en audiencia, o declinaba tan dudoso honor. Y se le dijo que, conociendo tales intimidades peregrinas, el católico podría amar más acendradamente al Papa, que de este modo se tornaría más «humano», más «cercano» y «accesible». Afirmación por completo grotesca, pues el Papa no tiene otra misión en la tierra que ser vicario de Cristo en la tierra; y, para aproximarse a Cristo, para hacerlo más «humano», «cercano» y «accesible», el mismo Cristo ya nos dejó la receta: «Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; peregrino fui y me acogisteis», etcétera. No es conociendo intimidades peregrinas del Papa como el católico se acerca a Cristo, sino padeciendo con los 'pequeñuelos' en los que Cristo se copia.
 
Cabe preguntarse si, por el contrario, esa omnipresencia mediática del Papa no contribuye a que la fe del católico se distraiga o enfríe. Cabe preguntarse si el seguimiento mediático del Papa no tan solo en sus pronunciamientos sobre cuestiones que afectan a la fe y a la moral, sino en las más diversas chorradas cotidianas no genera una suerte de 'papolatría', en todo ajena a la tradición católica y más bien limítrofe al fenómeno fan que provocan cantantes, futbolistas o actores. Cabe preguntarse también si esa exposición mediática tan abusiva del Papa no genera una distorsión en la transmisión de la fe. Pues si Cristo hubiese deseado que la fe se transmitiera 'a lo grande', habría inventado de una tacada el megáfono, la radiofonía, las antenas repetidoras, la línea ADSL, la TDT y las redes sociales de Internet; y, habiendo podido hacerlo, prefirió que la fe se transmitiera en el calor del trato humano, a través de pequeñas comunidades que fueron ampliándose mediante el testimonio personal e intransferible corazón a corazón de sus seguidores.

Sobre la dimisión de Ratzinger

El siguiente texto nos fue enviado por Prensa Nacional Alternativa. Para poder ingresar al sitio web de esta agencia de noticias, sólo debe entrar a ésta dirección: 





Para entender este acontecimiento, preciso es ubicarlo bajo dos premisas fundamentales.

   1. En Ciudad de los Césares Nº 7, Santiago, Chile, mayo-junio de 1989, distinguió don Carlos Disandro, (en su nota Bicentenario equívoco) entre un giro epocal, como la Revolución Francesa conmemorada ese año, y la revolución totalitaria semántica, más nítida en la posterior Revolución Rusa de 1917 y en la “revolución clerical del Vaticano II”, propia de la iglesia romana a partir de los años ’60.

   Cada uno de esos giros, con sus inevitables antecedentes, se encamina hacia la revolución totalitaria, pero ésta exige, por sobre todo ello, la eliminación y reinterpretación completa de cualquier semántica religioso-política tradicional subsistente, para instalar sobre sus ruinas un ciclo tan absolutamente nuevo como el del texto bíblico: la creación de nuevo cielo y nueva tierra, culminante en una nueva humanidad con nuevo o nuevos dioses, sometidos ya todos, —cosmos, hombre, Dios— al arbitrio irrestricto de sus neo-creadores, sustitutos de Yahveh. Pero de quienes conducen la revolución totalitaria semántica (servida por el Vaticano y todas sus magistraturas hace ya más de medio siglo), de ellos depende el gobierno mundial que mediante contrapuestos conflictos sacude hoy todas las regiones del mundo y todas las actividades y dimensiones del hombre, mediante los dialécticos embates de la globalización o global-invasión. La renuncia en cuestión no puede ponerse entonces, so pretexto de chismes más o menos escandalosos o de conjeturas devotas o ridículas, al margen de una pulsión mundialista destinada a ajustar la destrucción de las naciones: sus historias, tradición, lenguas, pueblos, culturas. Y a la consolidación sinárquica del gobierno planetario ya en operaciones, que cuando sea pública e inequívocamente ostensible dará coronación a la revolución semántica aludida. Fuera de este marco, comúnmente descuidado por el “tradicionalismo” católico, el renunciamiento es ininteligible, sean cuales sean las profecías, los recaudos piadosos o informativos que al respecto se invoquen.

   2. Desde el punto de vista estrictamente religioso, la entrega eclesiástica a la revolución semántica fue y es posible en virtud de la apostasía que suprime el vínculo entre Iglesia universal, transhistórica, transcósmica y su manifestación histórica, comunidad jerárquica que, aparentando prolongarla, se convierte al apostatar en farsa sustitutiva. Según la tradición doctrinal culminante en la Bula Cum ex Apostolatus officio de Paulo IV (1559), quienes promuevan o acepten la promoción de herejías hostiles a la Fe, como las del Vaticano II y sus secuelas, cualquiera sea la magistratura o dignidad que eclesiásticamente ejerzan, quedan ipso facto depuestos de ellas y ya no pueden volver a asumirlas ni siquiera en el caso de que públicamente se retracten de la apostasía en que incurrieron. Siendo éste el caso de Ratzinger y las jerarquías eclesiásticas que lo promovieron y acompañan, es obvio que según la doctrina de la Bula él no es ni fue pontífice como tampoco cardenales, obispos, párrocos, ninguno de los que lo eligió, acató o reconoció. En suma, que Ratzinger no renunció a nada y que los supuestamente autorizados a elegir un nuevo pontífice perdieron para siempre cualquier facultad para hacerlo.

   Pero en la sedimentación de la apostasía vaticana no fueron los embates transgresores los más eficaces, sino el principio “tradicional” de la obediencia. Por eso en la iglesia apóstata, sirviente de la revolución semántica integral, el supuesto tradicionalismo seguirá teniendo su papel. Hay así “tradicionalistas” que aceptan a Ratzinger como papa legítimo pero no algunas de sus decisiones (como los “lefebvristas”). Y otros (como los de la revista Sodalitium y ciertos monseñores) que lo consideran pontífice en potencia o “materialiter”, especie de semi-papa que arrepentido y sometido a ciertos cambios podría convertirse en papa verdadero. Unos y otros alegan variados desatinos para desconocer vigencia a la Bula y su doctrina y oponerse a ella. Y aunque de estos sectores suelen salir precisiones acerca de si el “papa” o determinados obispos son pedófilos, judíos, mafiosos o modernistas, o de si exhiben más loables devoción y conducta, según la Bula, por intachables, virtuosos o santos que fueran, mejor para ellos, no por eso dejarían de estar depuestos y sus actos tan nulos como las próximas decisiones del Cónclave en ciernes y las de la falsa o las falsas autoridades que allí y posteriormente se elijan.

Sólo atendiendo a la delicada relación entre las dos premisas aquí apenas diseñadas, podrán aventarse las confusiones para sostener la Segunda Guerra de la Independencia Americana y el combate de la Fe con el alertamiento y la entrega necesarios mientras las sombras se oscurecen.



Arnaldo C. Rossi

Buenos Aires, 26 de febrero de 2013


miércoles, 17 de abril de 2013

La Iglesia Universal del Reino de Dios cambia de nombre


Texto tomado del Boletín INFO-RIES 278.
El Paseo de Santa María de la Cabeza –dentro del barrio de Atocha– tiene algo peculiar. Hay una iglesia, distinta, que llama la atención. Su nombre es Familia Unida. Tiene su propio canal de televisión en TDT. El pastor hace conexiones por Skype a través de una pantalla gigante y se cobran los diezmos con tarjeta. Así comienza la periodista Iara M. Búa su reportaje sobre la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD) en el medio digital Madrilánea. Lo reproducimos a continuación.
Acudir a una de las reuniones de Familia Unida, un grupo de cristianos evangélicos (así se consideran), resulta una experiencia interesante. El templo es un moderno inmueble. Sus paredes externas son negras y en colores llamativos se puede ver su eslogan, al lado de su símbolo de distinción: un corazón que lleva dentro una cruz. Al entrar hay dos pisos. En el primero un enorme hall iluminado con luces blancas de neón. Al fondo, una sala de reunión en forma de dúplex.
El primer piso es el más grande. Está formado por dos bloques de filas de butacas de madera y asientos rojos, separadas por un pasillo. Las filas están inclinadas, como si fueran el patio de butacas de una sala de cine. Desembocan en una tarima de baldosas grises de mármol. Sobre la tarima hay un atril con micrófono emplazado en el rincón derecho, detrás hay un proyector de grandes proporciones que cuando se despliega tapa una cruz de color oscuro. Y en el rincón izquierdo un músico, vestido de traje chaqueta, toca una melodía en un piano negro.
Los fieles empiezan a llegar. La mayoría de ellos son extranjeros. Hay muchos latinoamericanos y negros. También jóvenes. Saludan al pastor que es un brasileño blanco, parecen amigos que se han criado juntos. El clérigo habla español a la perfección pero conserva su acento. Su nombre es Walber Barboza y tiene 37 años.
Walber no sube a su atril, sino que se sitúa de pie debajo, a la altura de los fieles. Pese a ser el pastor, viste con un traje gris y camisa, no lleva hábito. Coge un micrófono y dice: «Venid todos aquí al centro, a mi alrededor». Los creyentes le rodean. El pastor comienza su reunión. Familia Unida es una iglesia que cree en los Evangelios, pero durante la hora de lectura de la palabra, Walber Barboza casi no los lee. Solo en una ocasión recita un versículo de II Crónicas, un libro bíblico del Antiguo Testamento y un texto del Apóstol San Pablo.
Diezmo que se cobra con tarjeta
«Vamos a abrir una nueva iglesia en Cuatro Caminos (Madrid) que ha costado 287.000 euros. Hemos abierto un nuevo centro en Sevilla que nos ha costado 533.000 euros. Necesitamos vuestra aportación», el pastor invita a los más de cincuenta fieles reunidos a que hagan su aportación económica, a que dejen su diezmo. La mayoría de ellos depositan monedas y billetes en cestas de mimbre que jóvenes ayudantes, mujeres y hombres, sostienen. Los hombres están vestidos con camisetas corporativas. Las mujeres llevan el pelo recogido, ropa elegante.
Algunas de ellas sostienen máquinas para cobrar con tarjeta. La ceremonia continúa. Pasados unos minutos Walber vuelve a hacer un llamamiento para recaudar dinero. Dice que el 8 de marzo es el Día de la Mujer y van a realizar una reunión con mujeres maltratadas. Invita a los fieles a que donen 10 euros para regalarles un libro y «sacarlas del sufrimiento». «El libro lo dejamos separado y se lo damos cuando ellas vengan. Si quieres y puedes hacer ese patrocinio, por favor hazlo», «sólo los portes han costado 150 euros», matiza el pastor. Tres seguidores se levantan para dar su aportación.
Momentos después el religioso accede a realizar una entrevista. Sube al segundo piso de la iglesia. Está lleno de habitaciones con escritorios y sillas. Parecen oficinas. Entra en una de ellas. Se muestra amable y responde a todas las preguntas.
—¿Cómo va a ayudar un libro a una mujer maltratada?
—Un libro es un regalo que le hacemos. Pero las mujeres necesitan apoyo psicológico, para eso tenemos una estructura y un proyecto mundial que se llama Rahab destinado a las mujeres maltratadas y víctimas de abuso sexual.
—¿En qué invierten el diezmo?
–Invertimos el 100% en la obra. Damos asistencia a los parados, tenemos una ONG que atiende a madres con hijos y problemas de drogas, tenemos bolsa de empleo, tenemos asociación con la Cruz Roja española y con el Banco de Alimentos de Madrid que nos apoyan.
—¿Cuál es su formación?
–Recibimos educación constante en nuestro Instituto Bíblico de la propia Iglesia. Tuve formación enAtlantic Estados Unidos y en Lisboa. Aprendemos módulos, primero el básico y luego profundizamos. Llevo diez años en la obra.
—Dicen que son evangélicos pero sólo han leído un texto de II Crónicas y del Apóstol Pablo. El resto han sido consejos que usted ha dado.
–Sólo orientamos con un versículo por día para no generar mucha duda. Tratamos de orientar de una forma práctica para que la persona sepa cómo orientar su fe en la vida.
Utilizan las nuevas tecnologías a la perfección
Familia Unida es un grupo que proviene de la IURD, nacida en Brasil. Cuenta con más de seis millones de fieles en todo el mundo, es de carácter neopentecostal –creen en la experiencia del Espíritu Santo– y maneja altas cantidades de dinero, según analizan los especialistas en historia de las religiones JosebaLouzao y el catedrático Francisco Díez de Velasco. El fundador de la iglesia, Edir Macedo, ha sido clasificado como uno de los cinco pastores más ricos brasileños por la revista Forbes.
El grupo tiene asesoría jurídica propia, 12 templos repartidos por toda la ciudad de Madrid, un programa de televisión que se emite a diario a las doce de la noche en InterTV, así como un periódico promocional que se llama Yo era así. Utiliza las nuevas tecnologías a la perfección y sus rituales son llamativos, se asemejan a un show televisivo.
El grupo religioso está inscrito en el Registro de Entidades religiosas del Ministerio de Justicia. Su nombre es el de Comunidad Cristiana del Espíritu Santo, según informa su abogado. Familia Unida, como aparece en su actual página web, es solo un eslogan. Han tenido otros eslóganes, como Pare de Sufrir. Son cristianos evangélicos, pero no están registrados en la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE).
Jorge Fernández, responsable de comunicación y prensa de la FEREDE afirma que el grupo Familia Unida es una entidad conocida en todo el mundo, a pesar de que «van cambiado de nombre periódicamente. En algunos sitios y en algunas épocas se han conocido como Comunidad Cristiana del Espíritu Santo, en otras Iglesia Universal del Reino de Dios que es un nombre más oficial, también Pare de Sufrir, que era el que usaban en España hace poco. Y ahora aparecen con el nombre Familia Unida».
Fernández cuenta que un amplio sector de la Iglesia Evangélica «por no decir mayoritario», no lo considera como un movimiento evangélico auténtico porque «utilizan una serie de símbolos, objetos fetichistas a los que les dan un carácter mágico». Fernández se muestra rotundo cuando dice: «lo mágico se aleja del Evangelio». Especifica que la FEREDE no tiene un gran conocimiento de sus prácticas «más allá que el que ven por televisión y las críticas de otros religiosos».
«Dios Papa Noel»
En un momento en el que grupo está reunido el pastor baja un proyector gigante. Cuelga encima de la tarima. El pastor conecta por Skype con una fiel. Ella comparte su testimonio con el resto de los creyentes. Dice que ingresó en Familia Unida por sus creencias, pero que trabaja gestionando contratos en una empresa. Al poco tiempo de entrar en la iglesia consiguió «reaccionar» y hacer contratos por valor de 72.000 euros para su compañía
El grupo se basa en la teoría de la prosperidad. Una teología que establece que si «eres fiel a Dios te va a ir bien en la vida, vas a ser próspero, vas a estar saludable», recibir ciertas bendiciones materiales si se cumple con requisitos de la iglesia. Si no se es fiel se acercará al «Mligno», dice el experto JosebaLouzao. Especifica que a un español le puede parecer extraño la espectacularidad y prácticas del grupo, como la del dar el diezmo, pero que es «propio de su teología». Y además en sus reuniones no se obliga a los seguidores a donar dinero. FEREDE critica esta teoría porque esta imagen de «Dios Papa Noel» va en contra del Evangelio, informa Jorge Fernández.
Ante estas declaraciones el pastor Walber Barboza afirma que ellos no fueron los que inventaron a Papa Noel. Algunas voces, como la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), los han calificado como secta. Pero lo cierto es que toda su actividad es legal. Y cualquiera puede asistir a sus reuniones. El pastor dice que «secta es algo secreto. Nosotros tenemos las puertas abiertas para el que quiera entrar».

domingo, 7 de abril de 2013

No, yo no pertenezco a esa "Iglesia"



NO, YO NO PERTENEZCO A ESA “IGLESIA”.
Autor: José Luis Ortiz-del-Valle Valdivieso


No, yo no pertenezco a una “iglesia” en la que su cabeza principal llamado “Benedicto XVI”, sus obispos, sacerdotes, demás clero y seguidores:

* Rinden culto y honra a dioses falsos
* Creen que la Misa es igual a la cena protestante o a cualquier otro rito pagano
* Sostienen y propagan errores (herejías) condenados durante casi veinte siglos
* No creen en el Reinado social e individual de Nuestro Señor Jesucristo
* No creen en todo lo que ha sido dictado en casi veinte siglos de Magisterio y de doctrina decantada por los Doctores de la Iglesia
* Creen que todas las religiones son igualmente buenas y llevan al Dios único y verdadero
* Creen que la Iglesia de Dios se puede entroncar con la “iglesia del hombre”
* Pretenden consolidar la revolución valiéndose de la falsa obediencia
* Quieren demoler por completo la obra de Nuestro Señor Jesucristo
* Callan de todas las formas posibles a quienes se les atraviesan en sus planes
* Engañan de todas las formas posibles a los reductos de la resistencia contra ellos

No, yo no puedo pertenecer a esa “iglesia”, esa que se hace llamar “moderna”, “conciliar”, “progresista”, etc., porque yo pertenezco a la Santa Iglesia Católica. Dios sabe que lo digo con todo mi entendimiento, con todo mi corazón y con toda mi alma, pero siendo el más indigno de los mortales, siendo solo un pobre pecador.
Tanto la razón como la caridad me impulsan, entonces, a decir que el llamado “Benedicto XVI”, sus mandos inferiores y todos los que lo siguen no pertenecen a la Santa Iglesia Católica a la que yo pertenezco, en la que espero morir y en la que, si la Misericordia Divina me auxilia, espero salvarme junto con muchos. Además, es apenas obvio que los de la “iglesia” de “Benedicto XVI” no quieren pertenecer a la Santa Iglesia de Dios, porque eso les repugna.
Deberemos dar cuentas a Dios de todo lo que de Él recibimos y qué diríamos si no señaláramos dónde está la falsa iglesia y dónde la Santa Iglesia Católica. En realidad es muy sencillo, sólo hay que invertir todos los postulados que enuncia, propaga y practica la falsa iglesia para darse cuenta dónde está la Santa Iglesia de Dios.
Por eso, también, no debemos preocuparnos si el llamado “Benedicto XVI” y todos sus mandos inferiores son legítimas autoridades, porque todos ellos pertenecen hoy a esa falsa iglesia y no a la Santa Iglesia de Dios. Ellos no tienen poder ni autoridad alguna dentro de la Santa Iglesia Católica.
De lo que nunca debemos dejar de preocuparnos es de nuestra propia salvación y de la todos aquellos por los que nos pedirá cuentas Dios.


José Luis Ortiz-del-Valle Valdivieso
Bogotá, 24 de noviembre de 2012