lunes, 31 de marzo de 2014

San Agustín, el Combate cristiano

Actualmente muchísimos católicos se sienten al borde de la desesperación por el avance del modernismo y la destrucción de todo lo que fue en un momento católico. ¿Cómo puede ocurrir esto? ¿Cómo es posible que vivamos esta crisis? ¿Es la última? ¿Dios nos abandonó? ¿Dónde está la Iglesia? ¿Cómo Dios permite estas cosas?
Quiero dejar el siguiente texto del mayor de los Padres y Doctores de la Santa Iglesia Católica: San Agustín. Están tomadas de "El combate cristiano", un texto de lectura muy recomendada, especialmente para estos tiempos.



Pero, así como estas almas, con voluntad capaz de dañar y entendimiento para pensar, están ordenadas por la ley divina, para que nadie padezca injustamente, del mismo modo, todas las cosas, animales y corporales, cada una según su género y orden, están sometidas a la ley de la divina Providencia y son gobernadas por ella. Por eso dice el Señor: ¿No se venden dos pájaros por un as, y no cae en tierra uno de ellos sin la voluntad de vuestro Padre?  Pues esto lo dijo para mostrar que la omnipotencia divina gobierna incluso lo que los hombres consideran muy vil. Así, atestigua la Verdad que Dios alimenta las aves del cielo, viste a los lirios del campo y tiene incluso contados los cabellos de nuestra cabeza. Pero como Dios cuida, por sí mismo, de las puras almas racionales, ya se trate de los grandes y óptimos ángeles, ya de los hombres, que le sirven con toda su voluntad, y lo demás lo gobierna por medio de ellos, con toda verdad se pudo decir también lo del Apóstol: ¿acaso se cuida Dios de los bueyes?  En las santas Escrituras, Dios enseña a los hombres cómo han de comportarse con los otros hombres y servir al mismo Dios. Ya saben ellos, por sí mismos, cómo tratar a sus animales, esto es, cómo cuidar su salud, dada la experiencia, la pericia y la razón natural, unas dotes que han recibido de los grandes tesoros de su Creador. Así pues, el que pueda, entienda cómo Dios su Creador gobierna a todas sus criaturas por medio de las almas santas, que son sus ministros en el cielo y en la tierra. Esas almas santas fueron hechas por Él y mantienen el primado de todas sus criaturas. El que pueda, pues, entender, entienda y entre en el gozo de su Señor.

Lo más conveniente hoy



domingo, 30 de marzo de 2014

Ayuno y abstinencia durante el tiempo cuaresmal

Tomado del boletín de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia.
Para recibir el boletín "Ave María", debe enviar un correo electrónico a nuestros queridos sacerdotes. Recuerde que se trata de una obra de amor a Dios y a su Santa Iglesia, por lo tanto, toda colaboración con nuestros sacerdotes será recompensada por Nuestro Señor Jesucristo.



Llamamos "ayuno" a la privación voluntaria de comida durante algún tiempo por motivo religioso, como acto de culto ante Dios.
En la Biblia el ayuno puede ser señal de penitencia, expiación de los pecados, oración intensa o voluntad firme de conseguir algo. Otras veces, como en los cuarenta días de Moisés en el monte o de Elías en el desierto o de Jesús antes de empezar su misión, subraya la preparación intensa para un acontecimiento importante.
El ayuno es símbolo y expresión de una renuncia a todo aquello que nos impide realizar en nosotros el proyecto de Dios.
Junto con el desierto y la oración, el ayuno parece ser una de las mediaciones privilegiadas de todo tiempo penitencial, de revisión de vida y de búsqueda sincera de Dios. Sin embargo, los profetas Joel e Isaías nos indican el verdadero sentido de esta antigua práctica penitencial:
"Vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos. Desgarren su corazón y no sus vestiduras, y vuelvan al Señor, su Dios". (Joel 2, 12-18)
"Este es el ayuno que yo amo, oráculo del Señor: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo..." (Isaías 58, 6-9)

Ayuno y Abstinencia
- El ayuno consiste en hacer una sola comida al día.
- La abstinencia consiste en no comer carne.
- Son días de abstinencia y ayuno: Miércoles de Ceniza y Viernes Santo.
- Son días de abstinencia de carne solamente sin ayuno, todos los viernes de cuaresma.
- La abstinencia obliga a partir de los 14 años.
- El ayuno de los 18 hasta los 59.
- Con estos sacrificios, se trata de que todo nuestro ser (espíritu, alma y cuerpo) participe en un acto donde reconozcan la necesidad de hacer obras con las que reparemos el daño ocasionado con nuestros pecados y para el bien de la Iglesia.

Abstenerse de juzgar a otros. Descubre a Cristo que vive en ellos.
Abstenerse de palabras hirientes. Llénate de frases sanadoras.
Abstenerse de descontento. Llénate de gratitud.
Abstenerse de enojos. Llénate de paciencia.
Abstenerse de pesimismo. Llénate de esperanza cristiana.
Abstenerse de preocupaciones. Llénate de confianza en Dios.
Abstenerse de quejarte. Llénate de aprecio por la maravilla que es la vida.
Abstenerse de las presiones. Llénate de una oración que no cesa.
Abstenerse de amargura Llénate de perdón.
Abstenerse de darte importancia a ti mismo. Llénate de compasión por los demás.
Abstenerse de ansiedad sobre tus cosas. Comprométete en la propagación del Reino.
Abstenerse de desaliento. Llénate del entusiasmo de la fe.
Abstenerse de pensamientos mundanos. Llénate de las verdades que fundamentan la santidad.
Abstenerse de todo lo que te separe de Jesús. Llénate de todo lo que te acerque a Él.

El ayuno junto con la oración y la caridad, ha sido desde muy antiguo una "práctica cuaresmal" como signo de la conversión interior a los valores fundamentales del evangelio de Cristo.
Cuaresma: Tiempo de preparación para la pascua del Señor mediante la oración, el ayuno y la entrega de nuestro prójimo; Tiempo de conversión para volver a Dios Padre misericordioso.

sábado, 29 de marzo de 2014

La Iglesia y su Divina Constitución, comentarios y reflexiones

Con mucho honor presento a los lectores de Sursum Corda el siguiente texto, enviado por dos grandes intelectuales católicos contemporáneos y de tierras argentinas. Estos autores reservados han preparado, además un texto en el que demuestran los errores de la Tesis del Padre Guerard des Lauriers y la falta de honestidad intelectual de aquellos que sostienen la invalidez (ahora "dudosa") de ciertas ordenes episcopales.
Sin más, buena lectura.

La Iglesia y su Divina Constitución. Autor Dom Grea. parte cuarta. Capitulo xxiv.Pag 307-309
Indefectibilidad de la Iglesia (particular) de Roma

Ahora bien, aunque entre todas las Iglesias ninguna tiene, por ley común, la seguridad de permanecer en su integridad hasta el fin del mundo, hay, sin embrago, una que sustrayéndose a esta ley posee por privilegio singular esta seguridad, que se le ha garantizado con una promesa.
Esta Iglesia es la santa Iglesia romana. Guardiana de la cátedra de san pedro, debe conservar la herencia del vicario de Jesucristo como un deposito sagrado del que es responsable ante el mundo entero hasta el fin de los siglos.
De esta manera el destino de esta santa Iglesia esta estrechamente ligado al de la Iglesia Universal; participa de las promesas hechas a esta y de su indefectible perpetuidad.
Más aun: precisamente por medio de ella se cumplen las promesas hechas a la Iglesia universal, y la firmeza de Pedro, es decir, la inquebrantable estabilidad de la Iglesia romana, que es la cátedra de Pedro, es su propia firmeza( 1).
En efecto, es evidentemente necesario que este cuerpo de la Iglesia Universal tenga un centro inmutable, en torno al cual gravite todo lo demás y del que todas las partes reciban una misma vida.
Mientras todos los pueblos que entran en este cuerpo pueden un día salir de el y cesar de pertenecer por su infidelidad, mientras las Iglesias particulares pueden nacer y morir, es preciso que haya un punto inmutable, un principio de vida e identidad en este cuerpo cuyos elementos son móviles y por su primer origen participan de la inconstancia de las cosas humanas.
La Iglesia romana es el centro necesario; de ella reciben todas las demás; con su comunión, la comunión de la Iglesia Universal; por la Iglesia romana pertenecen a la Iglesia universal, y esta es la razón por la que se puede decir que la Iglesia Universal subsiste en la Iglesia romana.
Por este singular y admirable privilegio, la Iglesia romana viene a ser en todo semejante a la Iglesia Universal. Al igual que esta, está dotada de eterna juventud; las decadencias no pueden abatirla; el Espíritu Santo la guarda con celosa solicitud; la cátedra de san Pedro hace irradiar sobre ella el vigor de la fe, única que vivifica, cura y reforma a todas las Iglesias del mundo, se purifica y se reforma así misma.
De esta manera da al mundo la esplendida prueba de la asistencia omnipotente de Dios en ella. En efecto, la Iglesia romana presenta el hecho único y contrario a todas las leyes de la historia y de las cosas humanas, verdadero milagro en el orden moral, de una institución que halla en sí misma la fuerza para restablecerse, que vuelve a erguirse cuando parece doblegarse, que por una energía intima recobra el vigor de su primer origen y hace que revivan todos los principios de su constitución primitiva.
Pero si ello es así, salta a la vista que la Iglesia romana, llamada con razón madre y maestra de todas las otras, ha de ofrecer a nuestros ojos a todo lo largo de este estudio el tipo principal de las Iglesias particulares y que en ella habremos de buscar los principios y las leyes constitutivas que rijan a las demás.

1)Pio ix,encíclica Inter multiplices(21 de marzo de 1853): “…Esta cátedra del bienaventurado príncipe de los apóstoles, sabiendo muy bien que la religión misma no podrá jamás caer ni flaquear mientras este en pie esta cátedra fundada sobre la piedra, de la que no triunfan nunca las puertas del infierno y en la que esta entera y perfecta “la solidez de la religión cristiana”(Jean De Constant)”;en L´Église(EP) n° 217.Id.,

Encíclica Amantissimus(8 de abril de 1862): “ De hecho esta cátedra de Pedro ha sido siempre reconocida y proclamada como la única, la primera por los dones recibidos, brillando por toda la tierra en el primer rango, raíz y madre del único sacerdocio(SAN CIPRIANO),que es para las otras Iglesias no solamente la cabeza, sino la madre y maestra(Pelagio II),centro de la religión, fuente de la integridad y de la perfecta estabilidad del cristianismo(JEAN DE CONSTANT)”,ibid.n° 236.

PIO XII, alocución de 2 de junio de 1944: “La Madre Iglesia Católica romana, mantenida fiel a la constitución recibida de su divino fundador, y que todavía hoy se mantiene, inquebrantable, sobre la solidez de la piedra sobre la que edifico la voluntad de este, posee en el primado de Pedro y de los legítimos sucesores la seguridad, garantizada por las promesas divinas, de conservar y de transmitir en su integridad y pureza, a través de los siglos y de milenios hasta el fin de los tiempos, toda la suma verdad y de gracia contenida en la misión redentora de Cristo”;ibid.,n° 1124.Id.,

Alocución de 30 de enero de 1949..Si algún día-lo decimos por pura hipótesis-la Roma material viniera a derrumbarse; si algún día esta basílica vaticana, símbolo de la única, invencible y victoriosa Iglesia Católica, viniera a sepultar bajo sus ruinas sus tesoros históricos y las tumbas sagradas que encierra, ni aun entonces se vería por ello la Iglesia derruida ni agrietada; la promesa de Cristo a Pedro seria siempre verdadera, el papado duraría siempre, como también la Iglesia, una e indestructible, fundada sobre el papa que entonces viviera”;ibid.,n°1248.Cf.Charles Journet,Église du verbe Incarné,Desclée de Brouwer,1955,p.555-558

Con esto Raul se prueba que la Iglesia particular de Roma,es decir el clero romano debe existir hasta el fin de los tiempos. No podemos saber donde esta…pero que debe estar debe estar y es evidente que este clero no apostató sino que es fiel a la Iglesia de siempre y no acepto a los falsos pastores. Con esto no caemos en el consenso universal de la tesis de Billot, ya que si existe el clero romano fiel como debe existir no es consenso universal, y este clero tiene jurisdicción la cual no puede finalizar nunca TODOS LOS DIAS por promesa de cristo y por ende tenes electores validos a un papado.La tesis [Tesis de Casiciaucm] no respeta esto y suspende la jurisdicción con esto contradice a Nuestro Señor, contradice la doctrina común de la indefectibilidad en la fe de la Iglesia particular y contradice la doctrina de notas positivas y negativas que te puse en el otro artículo encontrando una nota negativa en el modernismo y no aplicando el principio teológico de al no tener esta nota negativa ninguna de las otras funciona como positiva siendo indicativa de la vera eclesia… sumado a que inventa que la materia pueda transmitir un principio de jurisdicción por si misma carente de forma,lo cual es inaudito y tengo material al respecto si te interesa

Pax .

María y la Iglesia

San Agustín, La Santa Virginidad, Cap. VI


Solo esa única mujer es madre y virgen a la vez no solo espiritual, sino también físicamente. Espiritualmente no es madre de nuestra cabeza, el Salvador en persona, de quien más bien nació ella, porque a todos los que creen en él, entre quienes está también ella, se les llama con razón hijos del esposo ; pero sí es madre de los miembros de Cristo, nosotros mismos, porque con su caridad cooperó a que naciesen en la Iglesia los fieles que son los miembros de aquella cabeza. Físicamente, en cambio, es madre de la cabeza misma. Convenía, pues, que nuestra cabeza, por un extraordinario milagro, naciese de una mujer físicamente virgen, para significar que sus miembros habían de nacer espiritualmente de la Iglesia virgen. Así pues, solo María fue espiritual y físicamente madre y virgen: madre de Cristo y virgen de Cristo. En cambio, la Iglesia es, en cuanto al espíritu, plenamente madre de Cristo, plenamente virgen de Cristo en los santos que han de poseer el reino de Dios. En cuanto al cuerpo, sin embargo, no lo es en su totalidad, sino que en unos es virgen de Cristo y en otros es madre, pero no de Cristo. Y, puesto que cumplen la voluntad del Padre, en cuanto al espíritu son también madres de Cristo las mujeres bautizadas, tanto las casadas como las vírgenes consagradas a Dios, en virtud de sus santas costumbres, de la caridad que brota de un corazón puro, de una conciencia recta y de una fe no fingida 11. En cambio, las que en la vida conyugal dan a luz físicamente, no dan a luz a Cristo, sino a Adán. Y como conocen qué es lo que han alumbrado, se apresuran a convertir en miembros de Cristo a sus hijos, haciéndoles partícipes de los sacramentos.

jueves, 27 de marzo de 2014

San Juan Damasceno

SAN JUAN DAMASCENO

(675 – 749)


VIDA


Hijo de un cristiano de Damasco, Sergio, que desempeñaba el cargo de logoteta general o recaudador de impuestos, bajo el califato de Abdul-Meleq, Juan, que había heredado de su abuelo el sobrenombre árabe de Mansur, secedió primeramente a su padre en su función de tesorero pagador.por poco tiempo: a ejemplo de Mateo el publicano, hacia la edad de 30 años, “prefirió los oprobios de Cristo a los tesoros de la Arabia”.

En compañia de un monje siciliano, Cosme, que según ciertos testimonios fue su primer maestro, Juan estró en la “laura” de San Sabás, el monasterio-fortaleza que todavía domina la quebrada del Cedrón, cerca de Jerusalén. Fue ordenado sacerdote por Juan lV, patriarca de Jerusalén, de quien el Damasceno mismo se dice discípulo y amigo (Carta sobre el Trisagion). Su profesión de fe, escrita en esta ocasión, es una acción de gracias por la educación que recibió y la vocación con que fue favorecido. “Me habéis alimentado, oh Cristo, Dios mío, en un lugar fértil, y me habéis abrevado con las aguas de la sana doctrina, por la mano de vuestros pastores. . . Ahora me habéis llamado, Señor, mediante la voz de vuesto Pontífice, al servicio de vuestros discípulos” (Expossición y declaración de la fe).

Predicador tanto como escritor, se le dio a San Juan Damasceno el título de Crisorroas, estero en que se apalea el oro, a causa de la triple riqueza esparcida en sus obras: la de la santidad, la del pensamiento y la del estilo.
Penetrado de un profundo amor a Jesucristo, el Santo Doctor mostró igualmente una tierna devoción por la Virgen María; y luego se hizo célebre en la defensa del culto de las imágenes sagradas.

Inhumado en la laura de San Sabás, su cuerpo fue llevado a Constantinopla. Aunque su muerte figura en el martirologio Romano el 6 de mayo, su fiesta fue fijada para el 27 de marzo por el Pontífice León Xlll, quien el l9 de agosto de l890 proclamó a Juan Damasceno Doctor de la Iglesia, y extendió su culto a la cristiandad entera.

OBRAS


Exclusivamente teólogo, Juan Damasceno abordó todas las ramas de esta ciencia: y, el primero en la Historia, elaboró una síntesis del dogma católico, refutando a la vez las herejías que lo habían atacado en diversos puntos.

“Fuente del Conocimiento”, una de las últimas en cuanto a fecha, es la obra más importante del Santo Doctor. En el prefacio el autor declara no ser sino un eco: de hecho es el eco de los grandes teólogos que lo han precedido, y su originalidad consiste en armonizar todas sus voces.
Después de una Introducción a la vez filosófica e histórica, la obra se divide en tres partes:

12.  “Dialécta”.—Serie de definiciones filosóficas tomadas de los antiguos, ora filósofos como Aristóteles y Porfirio, ora padres de la Iglesia.

2.      “Libro de las herejías”.—Lista de l08 herejías que hasta entonces había surgido: 80 según el Panarion de San Epifanio, y las demás según Teodoreto, Leoncio de Bizancio, San Sofronio; y luego un examen más personal del Islam, del Iconoclasmo y de los Aposquitas.
3.      “Exposición de la fe ortodoxa”.—Partre fundamental de la obra, dividida por el autor mismo en cien capítulos, originalmente repartida enla Edad Media en cuatro libros, sin duda para la comunidad del estudio. El plan general sigue los artículos del Símbolo de Nicea. En los Padres Griegos en donde el Damasceno abreva su información: en Dionisio Areopagita en cuanto a los atributos de Dios; en Gregorio de Nazianzo en cuanto a la cuestión trinitaria; en Leoncio de Bizancio y Máximo el Confesor en materia cristológica; y luego, en muchos pasajes, en los grandes Doctores Orientales: Atanasio, Basilio, Gregorio de Nisa, Juan Crisóstomo, Cirilo de Alejandría, Cirilo de Jerusalén.

“Introducción elemental a los dogmas” es un tratadito filosófico, cronológicamente anterior a la “Fuente del Conocimiento” y que preludia ya la “Dialéctica”.
“Tratado de la segura doctrina”, profesión de la Fe Católica, compuesta por Juan Damasceno a petición de un cierto Elías, obispo maronita, convertido de la herejía monotelita.
“De la Santísima Trinidad”, resumen, en forma de diálogo, de la teología sobre Dios, la Trinidad y la Encarnación.
“Exposición y declaración de la Fe”, conjunto de verdades fundamentales del catolicismo y oración ardiente pronunciada por Juan Damasceno el día de su Ordenación sacerdotal.

Polemista tan esclarecido como vehemente, San Juan Damasceno ataca todos los errores de su tiempo:
“Contra los Nestorianos”, dos tratados que demuestran por la Escritura y el Símbolo de Nicea la divinidad de Cristo y la unidad de su Persona.

“Contra los Jacobitas”, dos tratados igualmente para subrayar la contradicción de los “acéfalos” y “monofisitas”, que aunque reconociendo en Cristo la unión sin confusión de la Divinidad y la Humanidad, se negaban sin embargo a afirmar en El dos naturalezas distintas. También a ellos les reprocha el conceder a la filosofía pagana una demasiado grande autoridad, hasta querer hacer de Aristóteles un decimo-tercer apóstol (Cont. Jacob, X).

“De las dos voluntades y de las dos operaciones en Cristo, y de otras propiedades en que aparecen las dos naturalezas en una sola hipótasis”, dirigida contra la herejía monotelita e inspirada en San Máximo.
“Discusión de Juan el Ortodoxo con los maniqueos”: dos diálogos de importancia desigual en los que los argumentos de una alta metafísica sobre la presciencia divina y la predestinación refutan el viejo maniqueísmo y su forma más reciente, el paulicianismo.

“Diálogo entre un cristiano y un sarraceno”: controversia con los musulmanes que prepara lo que San Juan Damasceno desenvuelve con mayor amplitud en el “Libro de las herejías”.
“Los dragones y las hadas”: refutación de supersticiones populares y explicación de ciertos fenómenos naturales, especialmente del rayo.

“Discursos apologéticos contra los que rechazan las sagradas imágenes”. Tres discursos sobre el mismo tema, pero proporcionando el segundo nuevos esclarecimientos al primero, y el tercero nuevos desarrollos al segundo. Prueba de que el Santo Doctor había tomado a pecho esta cuestión. De hecho su nombre ha quedado ligado a la historia de la lucha contra el iconoclasmo.

“Los paralelos sagrados” (originalmente “los textos sagrados). Es una especie de antología escrituraria y patrística de sentencias morales aplicables en la vida cristiana, base de lasmás sólidas de un tratado de ascética y de mística. Un primer libro habla de Dios, de sus Atributos, de la Santísima Trinidad; el segundo trata del hombre y de la vida humana; el tercero pone en paralelo las virtudes y los vicios. Un cuadro, compuesto por autor mismo, permite reunir rápidamente los pensamientos que se refieren al mismo tema.

“Los ocho espíritus del mal”: opúsculo destinado a los monjes para indicarles los principales vicios que deben combatir: la gula, la lujuria, la avaricia, la tristeza, la cólera, la pereza, la vanagloria y el orgullo.
“las virtudes y los vicios del alma y del cuerpo”: breve análisis psicológico de los estados y de las variaciones de la vida humana.
“los ayunos sagrados”: Carta dirigida a un monje para tratar de dirimir un conflicto suscitado en el monasterio a propósito de la duración y del rigor de la cuaresma.

En exégesis, el Damasceno no dejó sino un comentario a las Epístolas de San Pablo: comentario que está tomado en gran parte de autores anteriores: San Juan Crisóstomo, San Cirilo de Alejandría, Teodoreto.
Trece discursos son modelos de la elocuencia de Juan Damasceno: algunas Homilías sobre episodios evangélicos, un sermón para la Natividad y tres para la dormición de la Santísima Virgen; un panegírico de San Juan Crisóstomo y otro de Santa Barba. Siempre llenas de doctrina, sus predicaciones son notables por la originalidad de la forma y la perfección de los términos.

En fin, San Juan Damasceno es el autor de diversas poesías litúrgicas compuestas para las grandes fiestas: Navidad, Epifanía, Pascua, Ascensión, Pentecostés, Anunciación, Dormición de la Santísima Virgen, oración eucaristía, oficio de funerales. Estos himnos se cantan todavía en la Iglesia giega.

Con razón se considera a San Juan Damasceno como autor de la primera “Suma Teológica”. No porque esta Suma sea completa; pero la abundancia de las citas tomadas de Padres y el ordenamiento personal que de ellas hace constituye una síntesis impresionante de los problemas estudiados por la teología.

Las fuentes de la Revelación son los libros divinamente inspirados y la tradición no escrita.
Toda la Escritura, Antiguo y Nuevo Testamentos, es inspirada por Dios: “Moisés, los profetas, los Evangelistas y los Apóstoles por el Espíritu Santo han hablado” (De la Fe Ortodoxa lV, l7). En cuanto al Antiguo Testamento, Juan Damasceno cita pura y simplemente la lista establecida por San Epifanio, lista incompleta por consiguiente. A propósito de los libros deuterocanónicos, hace esta reflexión: “libros excelentes, pero que no se toman en cuenta porque no estaban dentro del Arca”.

Después viene la enumeración de los libros del Nuevo Testamento: “Los Apóstoles han transmitido muchas cosas que no han sido escritas” (id, lV, l2). El Damasceno le concede a la tradición una autoridad igual a la de la Escritura: aun parece poner a los Padres y a los Doctores en el mismo rango que a los Profetas y los Apóstoles. Sin embargo, establece una distinción: al “coro de los Padres”, y por lo tanto al magisterio de la Iglesia tomado en su conjunto es al que debe atribuirse la inspiración, no cada Padre en particular, porque “una golondrina no hace verano” (Sobre las imágenes, l, 25). En la divina revelación hay una progresión: en particular las fórmas doctrinales se precisan poco a poco, y “anatematizamos a los que no quieren aceptar los términos nuevos” (De las imágenes, lll, 2). La Fe no es sino la adhesión a la enseñanza divina, “un asentimiento sin búsqueda indiscreta y curiosa” (De la Fe Ortodoxa, lV, l0, ll).

La Iglesia es Una, Santa, Católica y Apóstolica. Es una Madre, bellísima y sin defecto. Reunida en concilio ecuménico “es infalible, y sus decisiones vienen de Dios” (Declaración de la Fe, l2; De las herejías, 6).
“No aceptaremos que se enseñe una fe nueva. Porque de Sión es de donde saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra del Señor, según el oráculo del Espíritu Santo. . . Si vemos que se obstinan en opiniones perversas ---no lo permita el Señor--- entonces procederemos a la excomunión” (Sobre las imágenes, l).

La Iglesia es distinta e independiente del Estado. “A los concilios y no a los emperadores les pertenece el decidir sobre las cosas eclesiásticas. No es a los emperadores a quienes se concedió el poder de ligar y desligar, sino a los apóstoles y a sus sucesores, pastores y doctores. A los emperadores les pertenece la acertada gestión de los negocios públicos, pero a los pastores y a los doctores les pertenece el gobernar la Igleisa. Yo no permito que los decretos imperiales gobiernen a la Iglesia: ella tiene su ley en las tradiciones de los Padres, escritas y no escritas” (De las imágenes, l-lll).

La Iglesia es una sociedad jerárquica. Si los fieles están sometidos a los pastores, herederos de los apóstoles, es porque éstos no son sino los intermediarios por los cuales Cristo, Pontífice Supremo, ejerce su sacerdocio y su autoridad (Carta a Cosmas).

La Iglesia es una sociedad monárquica, condición del mantenimiento de su unidad en el orden y la paz. La poliarquía es fuente de divisiones, de rivalidades y muy pronto lo es de anarquía. Pedro es el Jefe de la Nueva Alianza, como Moisés lo era de la Antigua. Es él quien tiene las llaves del reino de los cielos(Homilia sobre la Transfiguración, 2-6).

El Papa es “el buen pastor del rebaño de Cristo que representa su Supremo sacerdocio”, el Patriarca de Jerusalén mismo no es sino una de las ovejas confiadas al sucesor de Pedro (Sobre la Transfiguración,l6).
La existencia de Dios se prueba con argumentos racionales: I) La contingencia de las creaturas: lo que no existe por sí mismo supone una causa; 2) la conservación y el gobierno del mundo; 3) el orden que reina en el universo (De la Fe Ortodoxa l, 3).

El Dios creador y dueño de todas las cosas es único. Puesto que es perfecto no tiene igual; puesto que es inmenso, no deja lugar a ninguno otro: tal unidad la proclama la armonía del universo; y la pluralidad de las creaturas mismas exige la unidad del Creador (Diálogo contra los Maniqueos).

Investigando la etimología del término griego Theos”, que designa a Dios, San Juan Damasceno encuentra cuatro diferentes que según él corresponden a diversos atributos: l) Dios es el que es, y por lo tanto el autor y el ordenador de todas las cosas; 2) Dios es el que circula sin cesar, presente en todas partes a la vez; 3) Dios es el que ve, testigo de todos los acontecimientos; 4) Dios es el que quema, fuego que consume el mal, o ardiente flama de amor (De la Fe Ortodoxa l, 9).

Invisible e inconocible para quien no sea El mismo, Dios, esencialmente y comunicativo, no quiere sin embargo dejarse ignorar totalmente de los hombres. Se les manifiesta de doble manera: por la creación y el gobierno del universo, y luego por la revelación positiva (De la Fe Ortodoxa l, I).

El hombre que mejor le conviene a Dios es El que Es, que expresó El mismo ante Moisés: el Ser, el Ser en toda su plenitud. Dionisio lo llama “el Bueno”; pero esto es equivalente, por no ser nunca la bondad sino la expansión y la manifestación del ser perfecto (De la Fe Ortodoxa I, 9).

Se anuncian secesivamente los atributos divinos: la incorporeidad, la simplicidad, la inmensidad. Y luego la operación de Dios, Causa universal no sólo de la existencia sino de toda actividad de las creaturas, a la manera del rayo de sol que comunica su luz y su calor sin perder nada de ellas y permanece independiente de las cosas que vivifica (De la Fe Ortodoxa, l, l0-l2).

La ciencia de Dios es universal. Puesto que es causa de todo, le están presentes los acontecimientos,aun los frutos, como al arquitecto el plan del edificio antes de construirlo (De la Fe Ortodoxa, l, 9). ¿Cómo se concilia esta presciencia divina con la libre elección de actos posibles para algunas creaturas? Recordando primeramente que la razón humana no podría tener la pretensión de explicar lo que la excede, San Juan Damasceno “posee los dos cabos de la cadena”, como diría Bossuet: “Dios es causa de todo el ser, y por lo tanto de todo el bien que existe en las creaturas, pero en el caso del acto libre la iniciativa de la falta no es imputable sino a la creatura. El es el autor de los vasos de honor y de los vasos de ignominia; pero que uno sea digno de honra y el otro de desprecio, depende de cada quien” (Contra los Maniqueos, 77-79; De la Fe Ortodoxa, ll, 93).
Dios es todopoderoso: puede todo lo que quiere, pero no quiere todo lo que puede. Así, podría aniquilar al mundo y crear otro; pero no quiere tal cosa (De la Fe Ortodoxa, l, l4).

La Trinidad es un misterio. Las comparaciones y analogías que se emplean para explicarlo no podrían dar una idea exacta de ella (De la Fe Ortodoxa, lll, 26). Sin embargo, la revelación de este misterio refuta a la vez las teorías judía y pagana: no hay sino un solo Dios, y no muchos; y sin embargo, ese Dios no es un solitario, puesto que comprende Tres Personas (De la Fe Ortodoxa lll, 26). Como Dios es espíritu ¿no conviene que exprese El un Verbo, y que este Verbo tenga su soplo? (De la Fe Ortodoxa, l, 6-7).

“La persona, en Dios, es el modelo sin comienzo de cada substancia eterna” (Dialect. 66). Las Tres personas son realmente distintas aunque inseparables. Se compenetran mutuamente, pero sin mezcla ni confusión (De la Fe Ortodoxa l, 8-l4). Cada una de las Tres Personas se identifica con la esencia divina que no podría ser dividida: por lo tanto cada una es un Dios perfecto y cuanto pertenece a la naturaleza divina como tal ----atributos, ciencia voluntad, operación----, es común a las tres Personas (De la Fe Ortodoxa, l, 8).

Los nombres de las tres divinas Personas son: Padre, Hijo y Espíritu santo. Sus propiedades respectivas son: en cuanto al Padre, la innacibilidad y la paternidad; en cuanto al Hijo, la filiación; en cuanto al Espíritu Santo, la procesión. “Sabemos que hay una adiferencia entre la generación y la procesión pero ignoraamos totalmente en qué consiste esa diferencia (De la Fe Ortodoxa, l, l3). Partiendo del Padre, el moviemiento de la vida divina se prosiguen hacia la diada, hasta la triada” (Himnos, Trisagio). El Espíritu está unido al Padre por el Hijo; es la imagen del Hijo, como el Hijo es la imagen del Padre (De la Fe Ortodoxa, 6). “El Espíritu Santo es el soplo de la boca del Hijo” (Homilía sobre la Transfiguración). “El Padre es la fuente, el Hijo es el río, el Espíritu Santo es el mar; y esas tres cosas ---la fuente, el río y el mar--- son una sola naturaleza. El Padre es la raíz, el Hijo es la rama, el Espíritu Santo es el fruto: y en los tres la misma vida. El Padre es el sol, el Hijo es el rayo, el Espíritu Santo es el brillo” (Epístola sobre las herejías).

Dios es el Creador, Dios crea pensando; su pensamiento pone la obra, que el Verbo completa y que el Espíritu Santo acaba. . . Por su voluntad lo ha traído todo a la existencia. Así es que la cración no es eterna: lo que sale de la nada tiene un comienzo. Y el motivo que ha llevado a Dios a crear es su bondad: ha querido hacer participar a otros seres en su Ser y en su Bien (De la Fe Católica, l, 8; ll, 2).

Dios creó primeramente a los ángeles, espíritus puros; luego la naturaleza material; y en fin al hombre, compuesto de espíritu y materia. Acabada la creación desde entonces, las creaturas avolucionan y se desenvuelven conforme a las leyes que les han sido impuestas desde su origen (Discusión de un cristiano con un sarraceno).

Los ángeles son espíritus, y por lo tanto incorpóreos, inteligentes y libres, inmortales. No son inmutables, pudiendo modoficar su estado al ejercer su libertad: sin embargo, la elección que hacen es irrevocable, por razón de su naturaleza totalmente espiritual. Por lo cual, ángeles buenos y ángeles malos están para siempre fijos en la condición que deliberadamente escogieron. Perpetuamente en movimiento, no están en todas partes a la vez, cosa que es el exsclusivo privilegio de Dios, sino donde obran momentáneamente. Difieren entre sí según el grado de iluminación que reciben de Dios, y los más elevados iluminan a los de un rango inferios. En pos del Areopagita, Juan Damasceno clasifica a los ángeles en tres órdenes, cada uno de los cuales comprende tres categorías, o sea en total nueve coros (De la Fe Ortodoxa, l, l3; ll, 3).

Los ángeles buenos, elevados al estado sobrenatural, están en el Cielo, donde contemplan y adoran a Dios, pero son también sus subalternos en el gobierno del mundo (De la Fe Ortodoxa, ll, 3).
Los ángeles malos, cuyo número es incalculable, se volvieron tales, e irremediablemente, por su revuelta contra Dios. “Lo que es la muerte para los hombres, la caída lo es para los ángeles”. “Su castigo no es sino el fuego del deseo del mal, y la quemadura de un deseo jamás saciado”. Por su naturaleza pueden conjeturar y predecir el porvenir; pero son trapaceros y tratan de engañar. También pueden sugerir a los hombres el mal y el error; son ellos los primeros responsables de las herejías. Sin embargo, no pueden violentar nuestra voluntad (De la Fe Ortodoxa, ll, 4-36).

Gracias a su compleja naturaleza, el hombre, compuesto de espíritu t materia, es un “microcosmos”, un resumen del mundo (De la Fe Ortodoxa, ll, l2). Mientras que el cuerpo está hecho de los cuatro elementos, el alma es incorpórea, racional, inteligente y libre; anima un cuerpo orgánico y perecedero, pero ella es inmortal. Por ella es por los que el hombre está hecho a la imagen de Dios (De las dos voluntades, l5-l8).

En el estado del primer hombre al salir de las manos de Dio, el Damasceno cuida de distinguir la naturaleza humana en su integridad; luego los dones propiamente sobrenaturales, o la participación en la vida divina por la gracia; en fin, los privilegios preternaturales, como la impasibilidad y la inmortalidad. Los gón en la vida divina por la gracia; en fin, los privilegios preternaturales, como la impasibilidad y la inmortalidad. Los gérmenes de la virtud los deposita el Creador en el alma humana, pero para hacerlos crecer y fructificar necesita el hombre sin cesar del socorro divino. La Gracia era constante en Adán, no sólo para mantenerlo en práctica del bien, sino para procurarle por añadidura el bienestar completo, la exención de todo sufrimiento y de toda concupiscencia: en pos de muchos padres griegos, el Damasceno llega hasta decir que si Adán no hubiese pecado, habría ssido dispensado del conturbador acto de la generación carnal, pues Dios habría encontrado otro medio de multiplicar a los hombres (De la Fe Ortodoxa, ll, 30).

Opinión evidentemente insostenible, dictada por un exceso de pudibundez y que tiene el error de estar en contradicción formal con el texto bíblico: fue antes del pecado cuando, habiendo creado Dios al hombre y a la mujer, les prescribió el “Creced y multiplicaos”, cosa que en el estado de justicia original debía hacerse sin ningún movimiento pasional desordenado.

Interpretando en un sentido alegórico los elementos y los episodios del Paraíso Terrenal, San Juan Damasceno afirma claramente sin embargo el pecado de naturaleza que afecta desde entonces a todas las generaciones humanas en seguida de la trangresión de Adán: “Así como en virtud de nuestro nacimiento de Adán nosotros le hemos sido asimilados, heredando de él la corrupción y la maldición, así también naciendo de Jesucristo le estamos asimilados, y de El heredamos la incorruptibilidad, la bendición y la gloria” (De la Fe Ortodoxa, lV, l3).

Aparte de la pérdida de los privilegios sobrenaturales, la naturaleza humana está profundamente herida en su espíritu y en su voluntad por la “aversión de Dios y la conversión a las creaturas” que caracteriza al pecado original: tanto que conservando su libre albedrío, no podría ella levantarse por sí misma (Homilía sobre la Higuera secada).

“La Providencia es la voluntad de Dios dirigiendo a todos los seres hacia un fin conveniente”. Por lo mismo todo designio de la Providencia es excelente y no se propone sino el bien (De la Fe Ortodoxa, ll, 2, 9).
Cuando se trata de actos libres, según San Juan Damasceno, indudablemente que Dios los prevé, pero no los predestina. Su iniciativa se las deja a las creaturas, y El mismo adapta su plan providencial a esas contingencias: “La Providencia de Dios respecto del hombre tiene por guía su presciencia” (Contra los Maniqueos 78). Todo hombre tiene el poder de hacer el bien; y con tal objeto Dios le ofrece su gracia. Pero la gracia no es ni contractiva ni eficaz por sí misma: el hombre puede aceptarla o rechazarla. Después de haber sugerido a la voluntad el hacer el bien, Dios todavía ayuda a realizarlo, de tal suerte que toda obra buena es de Dios al mismo tiempo que del hombre. Dios no abandona ni siquiera a los que rechazan su gracia: “Durante la vida presente, una Providencia incansable solicita continuamente a los pecadores a la conversión y a la penitencia” (Contra los Maniqueos, 75). Los designios de la Providencia son a veces desconcertantes; pero ¿cómo podría tener la chata razón humana la pretensión de juzgar a Dios? Y el Señor no nos ha revelado todo su plan, sino solamente lo que juzga que es útil hacernos conocer (De la Fe Ortodoxa, ll, 29; Contra los Maniqueos, 74-77).

El mal no es un ser particular, ni la obra de un principio malo. No es sino una privación del bien, privación que proviene de la imperfección de las creaturas; y elmal moral mismo no es sino una defección de la voluntad libre (Contra los Maniqueos, 96; De la Fe Ortodoxa, lV, l9-2l). De ninguna manera es Dios responsible del mal, sino de manera negativa, el el sentido de que no lo impide, anque no lo prohibe.

En la humanidad, el mal físico se desprende del mal moral: es el pecadoel que ha merecido el castigo. Castigo que por otra parte no es sino parcial y momentáneo, debiendo servir para la salvación del pecador las pruebas y los sufrimientos de esta vida (De la Fe Ortodoxa, ll, 29; lV, l9; Contra los Maniqueos, 79-82).

Si Dios, por otra parte, permite el mal y crea seres capaces de pecar, se debe a que El mismo es capaz de sacar el bien del mal; y el pecador, en definitiva, sirve para hacer brillar la bondad divina en la misericordia.
¿El temor del mal posible tendría que impedir al Creador el producir el bien manifiesto que es la existencia de una creatura racional y libre? (Contra los Maniqueos, 32-34, 69).

En previsión de los méritos o de la culpabilidad de cada quien ----dice todavía el Damasceno---- Dios pronuncia su decreto de predestinación que designa respectivamente a los elegidos y a los réprobos. La bondad de Dios no falla; porque a la vez procura a los justos los medios de hacer el bien y no abandona a los malos sino después de haber hecho lo necesario para tocarlos, y cuando ellos mismos se muestran obstinadamenteirreductibles (Contra los Maniqueos, 74). “Así es que esforcémonos por hacer el bien y llegar ser buenos, a fin de que seamos del número de los que han sido conocidos de antemano como buenos y predestinados a la vida eterna” (De la Fe Ortodoxa, lV, l9, 79).

“Debemos saber que la virtud es dada por Dios a la naturaleza humana y que El mismo es el principio y la causa de todo bien. Sin su ayuda nos es imposible querer o hacer el bien. Pero de nosotros depende tanto el permanecer en la virtud y seguir a Dios que a esto nos solicita, el alejarnos de la virtud y seguir al diablo que nos provoca, sin hacernos sin embargo violencia” (De la Fe Ortodoxa, ll, 30; De las dos voluntades, l9).

“Dios da a la ley de nuestro espíritu la fuerza para luchar contra la ley de nuestros miembros. Esa fuerza la obtenemos por la oración pero es todavía el Espíritu Santo el que nos enseña a orar. Sin la paciencia de la oración, que en nosotros son obras de la Gracia, nos es imposible cumplir los Mandamientos del Señor”(De la Fe Ortodoxa, lV, 22). Tanto es así que en nuestra parte en la obra buena no impide que haya que referirla toda entera a Dios (De los ocho espíritus de perversión).

Si la Fe sin la obras es una fe muerta, las obras sin la Fe son también obras muertas (Elogio de San Juan Crisóstomo, 5; Comentario sobre la epístola a los Filipenses, lV, 8; Homilía sobre la Higuera que fue secada, 6).

San Juan Damasceno es sobre todo el teólogo de la Encarnación.
El motivo profundo de la venida del Verbo de Dios al mundo no es sino la restauración de la naturaleza humana degradada por el pecado. Motivo y medio sublimes que han hecho brillar a la vez el poder, la sabiduría, la justicia y la bondad del creador (De la Fe Ortodoxa, lll, l-2; lV, 4).

¿Por qué, las Tres Personas de la Santísima Trinidad, es el Hijo el que se encarnó y no el Padre o el Espíritu Santo? Porque es a El a quien corresponde la propiedad hipostática de filiación. Convenía que quien era Hijo del Padre Celestial fuese igualmente hijo de la Virgen (De la Santísima Trinidad, l).

A fin de establecer los dogmas de la Trinidad y de la Encarnación, el Santo Doctor comienza por precisar los conceptos de naturaleza y de persona que permiten justificar las destinciones misteriosas enseñadas por la Revelación en la noción del verdadero Dios y en la del Verbo encarnado. Gozándose en las sutilezas metafísicas, no teme llamar “unión hipostática” a la unión en el hombre de dos elementos diferentes, el alma espiritual y el cuerpo material, de los que ninguno por sí solo puede pretender constituir la naturaleza humana, pero que subsisten en una única persona o hipóstasis. Luego traspone esta noción a la Unión hipostática propiamente dicha en la que la Unica Persona del Verbo divino hace subsistir a Cristo. Y subraya entonces los caracteres esenciales de la unión hipostática: l) unidad de la hipóstasis; 2) persistencia de las dos naturalezas unidas, conservando cada una sus propiedades sin cambio ni confusión; 3) indestructibilidad de tal unión, gracias a la unidad de la Persona (Dialéctica, l6; De la Fe Ortodoxa, lll, 3).

“Al consentirlo la Virgen, el Espíritu Santo descendió sobre Ella para purificarla, hacerla capaz de recibir al Verbo y de ser su Madre. La Virtud y la Sabiduría subsistente del Altísimo, esto es, el Hijo de Dios consubstancial al Padre, la cubrió con la sombra, y de su substancia purísima se formó una carne animada por una alma racional, y esto por vía de creación inmediata, y por la operación del Espíritu Santo. La forma del cuerpo así creada no se constituyó por crecimientos progresivos: sino que ese cuerpo adquirió de golpe su configuración perfecta. El Verbo de Dios mismo sirvió de hipóstasis a la carne; porque esta no es una carne previamente subsistente que al Verbo se haya unido; sino que en el momento en que la carne fue creada y animada por un alma racional, fue la carne del Verbo de Dios. Por lo cual tenemos, no un hombre deificado, sino un Dios encarnado. El que ya era por naturaleza Dios perfecto vino a ser igualmente por naturaleza hombre perfecto. No sufrió El cambio en su naturaleza; tampoco se presentó como un fantasma humano; sino que a la carne que tomó de la Virgen se le unió según la hipóstasis, sin confusión ni separación. Tampoco se hizo una nueva naturaleza compuesta de las dos anteriores, la divina y la humana” (De la Fe Ortodoxa, lll, 2; l2; Contra los Jacobitas, 79-85; Contra los Nestorianos, 43).

La unión hipostática es por sí misma indestructible; no ha sido interrumpida ni durante la muerte de Cristo(Homilía para el sábado santo, 20).
A los herejes que le preguntaban si en definitiva es creada o increada la Persona de Cristo el Damasceno les resume la cuestión de esta manera: “La única hipóstasis del Verbo es increada, en razón de su divinidad, y creada en razón de su humanidad; porque debemos evitar dos escollos: o dividir la única Persona de Cristo o negar la distinción de sus dos naturalezas” (De la Fe Ortodoxa, lV, 5).

Puesto que Cristo es verdaderamente Dios, la virgen María, su Madre, es verdaderamente Madre de Dios, porque la generación se refiere a la persona y no a la naturaleza; la hipóstasis es lo engendrado (De la Fe Ortodoxa, lll, l2; lV, 7).

Puesto que la unión hipostática respeta la integridad de las dos naturalezas unidas, cada una de ellas conserva por lo tanto intactas sus propiedades, facultades y operaciones.apoyándose en la misma distinción entre Persona y naturaleza, combate el Demasceno a los “monotelitas”, partidarios de una sola voluntad en Cristo. La energía, dice él, se desprende de la naturaleza; por razón de su naturaleza es por lo que cada ser está dotado de energía que conviene a la naturaleza humana. Puesto que Cristo posee una naturaleza humana completa, obra en virtud de la voluntad humana, aunque ésta concuerde con la energía propia de la naturaleza divina, voluntad libre igualmente, en la única Persona del Verbo (De las dos Voluntades 26-27).----“Cristo no realizaba las acciones humanas de una manera solamente humana, porque no era un puro hombre. Igualmente no se entregaba a operaciones divinas como Dios tan solo, porque no era solamente Dios. . . La divinidad hacía milagros, pero la humanidad era su instrumento. La humanidad sufría, pero laa divinidad hacía redentores esos sufrimientos. Esta era la operación “teándrica” de que había hablado San Dionisio (De las voluntades, 42, 43).

También en razón de la unión hipostática la ciencia humana de Cristo fue entera desde el primer instante de su conceoción, esclareciendo la luz del Verbo la inteligencia humana acerca de todo lo que ésta debía conocer. Lo que se llama progreso, dado el caso, no concierne sino a la manifestación de un saber adquirido desde siempre (De la Fe Ortodoxa, ll, 28; lll, l4, 2l-22). Aún más, el almachumana de Cristo gozaba permanentemente de la visión beatífica (Homilía sobre la transfiguración, l2; De la Fe Ortodoxa, lV, l8).

Aunque tomó la naturaleza humana “excepto el pecado”, Cristo conoció sin embargo las debilidades y sufrimientos que son la consecuencia del pecado: fatiga, hambre y sed, mordeduras de los elementos, etc. . .; y luego las pasiones del alma: angustia, temor, tristeza (De la Fe Ortodoxa, lll, 20-28). Como no tenía pecado, exento de la deuda común, Cristo pudo hacerse nuestro Redentor: “Hemos sido liberados el día en que el Hijo de Dios, verdadero Dios, sufrió en la carne que había tomado y pagó por nosotros un rescate adecuado y admirable, su propia sangre, que aplacó al Padre”. Al atacar al inocente, el demonio y la muerte perdieron sus derechos sobre los culpables (De la Fe Ortodoxa, lll, l8, 27; Himilía para el Sábado santo, 25, 36).

La Virgen María es presentada por San Juan Damasceno como el “adversario de la rebelión original”, “el ornamento de la especie humana” y “la gloria de toda la creación” (Homilía sobre la Natividad, 7, 8;Sobre la Dormición, 2). Ella fue inmaculada en su concepción, y conservó intacta su virginidad al convertirse en Madre de Cristo y Madre de Dios (De la Fe Ortodoxa, lV, l4). Asociada a la obra redentora de su Divino Hijo, lo siguió hasta el Calvario, donde su corazón fue tranpasado por la espada. Luego, después de haberle sobrevivido pocos años, pasó ella por la muerte y por la tumba a fin de parecérsele también en esto; pero, como El, no conoció Ella la corrupción. Resucitada al tercer día después de su dormición, fue elevada al cielo, donde está sentada al lado de Cristo, por encima de los ángeles, y prosigue supapel de corredentora por su meditación universal de toda gracia (Homilía ll, sobre la Dormición, 4-8-l2).

Ardiente defensor del culto de los Santos, de sus reliquias y de sus imágenes, San Juan Damasceno funda esta veneración y la limita a la vez, explicando que lo que honramos en los Santos son en suma los dones de Dios que han hecho de ellos los hijos del Padre celestial, los amigos y los hermanos de Cristo, los templos del Espíritu Santo. Muy lejos consiguientemente, de usurparle algo a Dios, este culto le rinde un nuevo homenaje a su poder y a su bondad (De las Imágenes, lll, l0, 33; De la Fe Ortodoxa, lV, l5). Evidentemente, el querer representar a Dios, puro Espíritu, invisible e incircunscrito, sería “el colmo de la demencia y de la impiedad”. Pero aunque la Ley proscribe los ídolos, o falsos dioses, autoriza otras representaciones, las de los ángeles por ejemplo. Por lo demás, en la Ley Nueva, el Verbo de Dios, tomando una naturaleza humana, ¿no nos autoriza implícitamente a hacer de ella representaciones visibles? Si los iconoclastas tenían razón, ¿quería decir por lo tanto que la Iglesia se había equivocado hasta entonces?. . . ¿Cómo no comprenden que el culto no se dirige a la imagen misma como objeto material, sino a la persona representada, y que la imagen permite solamente evocar de manera más sensible?

El culto de adoración se le reserva a Dios, Creador y Dueño supremo de todas las cosas; pero las creaturas merecen respeto y veneración en la proporción misma en que están próximas a El (Del Culto de los Santos), o bien en la medida en que contribuyen ellas a acercarnos a El (de aquí el culto de las imágenes y de los símbolos) (De las Imágenes, l, 2l; lll, 27-40).

La doctrina sacramental de San Juan Damasceno se limita casi exclusivamente al Bautismo y a la Eucaristía.
Figurando por las purificaciones de la Antigua Ley, en particular por la Circuncisión, el bautismo de la Nueva Ley nos hace efectivamente hijos de Dios. Por estar el hombre compuesto de cuerpo y alma necesita una doble purificación, operada por el agua y por el Espíritu Santo. La invocación de las Tres Divinas Personas, “la epiclesis”, es indispensable, porque es la Trinidad quien da y conserva al hombre su ser sobrenatural. La triple inmersión representa los tres días de la muerte de Cristo. Requiere muy sincero arrepentimiento de los pecados; y la Gracia que confiere es proporcionada a las disposiciones del sujeto. Pero su eficacia es independiente de la dignidad del ministro (De la Fe Ortodoxa, lV, 9-l0). El “carácter” impreso por el Bautismo al mismo tiempo que por la Confirmación que parece serle inseparable, está muy claramente indicado: “Estamos unidos a Cristo por la Fe, por la obediencia y por la marca que se agrega a la Fe y que es una asimilación a Cristocon una participación en el Espíritu Santo” (Id. Vl, 30).

La Eucaristía es el don supremo del amor divino, y el alimento apropiado de los hijos de Dios. No hay la menor duda de que contiene el Cuerpo de Cristo, el mismo que nació de la Virgen. La transubstanciación, cambio total del pan y del vino en el cuerpo y en la sangre de Cristo, es lo que asegura esa presencia desde el momento en que el sacerdote pronuncia las palabras de la consagración: “la carne de Dios viene del trigo; su sangre viene del vino en virtud del cambio operado por las epiclesis” (Homilía sobre el Sábado santo, 35).

La Eucaristía es también un sacrificio, “la hostia pura e incruenta ofrecida en todo lugar el Señor”, anunciada por el Profeta Malaquías. Se llama “participación” porque gracias a ella participamos en la divinidad; o “comunión”, porque nos pone efectivamente en comunión con Jesucristo y con nuestros hermanos que constituyen el Cuerpo Místico de Cristo (De la Fe Ortodoxa, lV, l8).

Tratando de las postrimerías, San Juan Damasceno llama a la muerte induvidual “consumación universal y final”. Porque, en efecto, la muerte es seguida de inmediato por un juicio particular irrevocable que fija al alma para siempre en el estado en que está se encuentra en el momento en que sale el cuerpo. “El alma del Justo es inundada con la luz de la Santísima Trinidad en compañia de los santos ángeles, mientras que el alma del pecador desciende a las oscuras prisiones del infierno, para sufrir allí el castigo merecido, y esto por la eternidad” (De la Fe Ortodoxa, ll, 2-4; Homilía, l, sobre la Dormición, ll-l2; Contra los Maniqueos; 37; Panegírico de Sta. Barba, l8).

El fuego del infierno y el gusano roedor que se deben entender en un sentido metafórico, cuando se trata de los tormentos de los demonios y de las almas separadas, designan sin embargo torturas corporales después de la resurrección y del juicio final (Contra los Maniqueos, 36-75; De la Fe Ortodoxa, lV, 27).

La recomendación de orar por los muertos y la composición de himnos que imploren por ellos el reposo eterno son reconocimientos harto explícitos de la existencia del purgatorio (De las Herejías 75; de los Ayunos sagrados, 4).
La Resurrección, “segunda erección de lo que estaba caído”, o reconstitución de los hombres tocados por la muerte, no es imposible para la omnipotencia de Dios; conviene para el triunfo de su Providencia y de su Justicia; está expresamente anunciada por la Escritura, en particular por l, Cor. 15.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Misas una cum, precisiones canónicas

Hace muy poco se hizo famoso en algunos medios el Padre Nicolás Despósito por decir que una sola Misa tridentina Una cum era peor, a los ojos de Dios que todos los abortos del mundo. El sitio web amigo, Pristina Liturgica ahondó sobre el tema y agregó unas cuantas cosas sobre estos rigoristas, a quienes ya nos hemos referido, aquí en Sursum Corda como rigoristas a conveniencia. En defensa de las palabras del Padre Despósito, salió una gran cantidad de personas, vinculadas al sedevacantismo, a insistir en que asistir a esas Misas constituía un pecado, un escándalo y que ellas mismas eran por sí mismas, pecaminosas, cismáticas, escandalosas y sacrílegas. El caso más extremo fue el del Dr. Patricio Shaw, quien en su breve artículo "¿Misas una cum? Por qué no asistir" escribe, entre otras cosas:

Desafortunadamente hay sedevacantistas que aprueban o toleran las misas dichas a una (una cum) con “papas” que no son papas ni son nuestros. Desatienden que la oblación es una afirmación, aunque compleja y larga.[...]Aquellos ingenuos (¿o deshonestos?) defensores de las misas “una cum” intentan consolarse afirmando que sólo se trata de “una mención”, es decir de una expresión de un concepto, que es la primera operación del intelecto. Desafortunadamente yerran en su optimismo y neutralidad. El “Te igitur” es un juicio verdadero, una segunda operación del intelecto que dice: “Nosotros pedimos esto y pedimos algo en lo cual Francisco es nuestro papa”. El juicio no es una simple combinación de conceptos almacenados en la mente sino una afirmación categórica de que tal es el estado de las cosas —también las pretensiones jerárquicas y normativas del jefe de la Masacre Espiritual Anticatólica más grande de la historia. Esta afirmación implica también la voluntad libre y la responsabilidad moral de quién la hace. Será moralmente bueno, malo o indiferente hacerla, según lo sea la disposición de cosas que reciben el “sí” o “no” del alma que afirma. De allí resultará una acción verbal, mental y moral viva, o bien debida, o bien indebida. Dar vida a una acción anticatólica en el medio de la acción que debería ser la más santa del mundo por renovar el Sacrificio del Calvario, es un sacrilegio horrible, peor que todos los abortos de la historia sumados.

Sin exponer un sólo argumento de teología sacramental, el señor Patricio Shaw, alimentado por aquellos que le hicieron creer que era el apologista de los últimos tiempos, cae en la misma barbaridad e ignorancia que el Padre Despósito. En teología sacramental se aplica la teología sacramental, no las inferencias, los deseos o las fantasías de los autores particulares. En todo caso, el Dr. Shaw debería recurrir a los tratados de teología sacramental o por lo menos, exponer dónde en el Derecho Canónico se establece lo que él quiere hacernos creer. Lamentablemente, el impacto de su pluma parece grande, especialmente a la difusión de sus artículos en el sitio Católicos Alerta, en la que se apoya, paradójicamente la tesis filo-lefebvrista propuesta por el Padre Guerard Des Lauriers, que no deja de ser una tesis (no un dogma de fe) y que además, quienes hoy la propagan la han variado bastante, tema este que quisiera desarrollar en el futuro.

Centrémonos ahora en las Misas "una cum". Quisiera abordar el problema desde el Derecho Canónico, para saber si, como dicen sus detractores se trata de un sacrilegio y los fieles católicos están impedidos de asistir y comulgar en ellas. Veremos que, si seguimos la letra de la ley (y no la retórica de los particulares) la situación es muy diferente a como la desean pintar. El texto que sigue líneas abajo lo publiqué como comentario en un debate que he mantenido con Roberto López-Geissman en el foro Católicos Tradicionalistas de Argentina.


A diferencia del presbítero Despósito o de Patricio Shaw, el señor López-Geissman admite que las misas celebradas por la FSSPX no son sacrílegas.  Bajo esa acusación (infundada y propia de quien ignora lo más básico de la teología sacramental) han derrochado ríos de tinta. Si el derecho canónico nos permite recibir en caso de necesidad los sacramentos, aún de un hereje o un cismático.

Primero, se debe demostrar objetivamente que los sacerdotes (válidos) que celebran las Misas Una Cum no son miembros de la Iglesia Católica.

¿Son cismáticos? El Derecho Canónico establece:

Post receptum baptismum si quis, nomen retinens christianum, pertinaciter aliquam ex veritatibus fide divina et catholica credendis denegat aut de ea dubitat, haereticus; si a fide christiana totaliter recedit, apostata; si denique subesse renuit Summo Pontifici aut cum membris Ecclesiae ei subiectis communicare recusat, schismaticus est.

Pregunto ¿Los sacerdotes dela FSSPX niegan la sujeción al romano pontífice porque sí? ¿O es que consideran que al estar conmtaminado de modernismo y herejía, a los actuales ocupantes de la Silla Apostólica no se los puede obedecer y por lo tanto, hasta que haya una autoridad competente (el futuro Papa o Concilio al que apelaba Monseñor Lefebvre) se le considera Papa, pero se le niega la obediencia? ¿Rechaza la FSSPX la comunión a los otros fieles? ¿Niega el estatus sacerdotal de aquellos que fueron ordenados en la Iglesia Católica Romana, como es el caso de los sacerdotes sedevacantistas?

Y peor, los que asisten a las Misas Una Cum ¿Se vuelven cismáticos? ¿Por qué? ¿En qué momento esos fieles negaron la comunión con el Romano Pontífice? ¿En qué momento rechazaron la comunión con los miembros del Cuerpo Místico de Cristo? Y sobre todo se debe demostrar que eso se hizo pertinazmente, es decir, de mala fe y con el deseo de hacerlo.

Ahora bien, los fieles que asisten a las misas que, según Despósito irritan más a Dios que todos los abortos de la Historia ¿Quedan excomulgados o adhieren a la herejía del sacerdote?
¡No!

Primero, tienen el derecho de recibir los sacramentos en cualquier capilla católica:

Canon 853: Quilibet baptizatus qui iure non prohibetur, admitti potest et debet ad sacram communionem.

Todo bautizado no prohibido por la ley puede y debe ser admitido a la sagrada Comunión.

Sólo los que sean públicamente indignos pueden ser alejados de la comunión:

Canon 855 §1: Arcendi sunt ab Eucharistia publice indigni, quales sunt excommunicati, interdicti manifestoque infames, nisi de eorum poenitentia et emendatione constet et publico scandalo prius satisfecerint.

¿Por qué razones los fieles que asisten a las misas de la FSSPX se convierten en excomulgados o notoriamente infames? ¿Qué delitos han cometido? Hablamos de derecho canónico, no de rabinismos y especulaciones elucubradas en la mente de algún "tradicinalista" trasnochado. EL Código de Derecho Canónico de 1917 establece 44 delitos que acarrean la excomunión ¿Cuál de esos delitos comete el fiel que asistió a una Misa Una cum? ¿Cual de los cuatro delitos que acarrean interdicto cometen esos fieles?

Además, los detractores de las Misas Una Cum (hablo de los que hicieron de esto su apostolado, inventando teorías extrañas, innovando en contra de la teología sacramental y canónica) deberían saber que en el Derecho Canónico de 1917 se establece que SIEMPRE SE DEBE SEGUIR LA INTERPRETACIÓN MÁS BENIGNA:

CANON 2219 §1: In poenis benignior est interpretatio facienda.

¿Hacen esto los anti-"misas una cum"? Claro que no.

¿Es cierto que el fiel se hace partícipe del delito del sacerdote que oficia la Misa y que menciona a Bergoglio? DE NINGUNA MANERA:

Non licet poenam de persona ad personam vel de casu ad casum producere, quamvis par adsit ratio, imo gravior, salvo tamen praescripto can. 2231

Y además, un fiel católico puede y tiene el derecho de recibir, en caso de necesidad los sacramentos aún de un sacerdote hereje o cismático:

Canon 2261 §2: Fideles, salvo praescripto § 3, possunt ex qualibet iusta causa ab excommunicato Sacramenta et Sacramentalia petere, maxime si alii ministri desint, et tunc excommunicatus requisitus potest eadem ministrare neque ulla tenetur obligatione causam a requirente percontandi.

Ahora, son lícitas las Misas celebradas Una Cum:

Dice Roberto López-Geissman H::

«La cuestion es sobre la licitud. Si tenemos por cierto que el sistema religioso adherido a Vaticano II y sus reformas posteriores no catolicas, no es legitimo, no profesa integra la fe, entonces cual es el escandalo que nos atrevamos a mostrarnos sin comunion con quienes lo mantienen vivo y legitiman como si fuera catolico? »

Bien, ¿Qué es un escándalo? La teología moral lo define como las palabras hechos que son intrínsicamente malos, que tienen la apariencia de mal o que hacen pecar a otro.
Yo pregunto ¿Cuál es el delito contra la Ley de la Iglesia, si vimos que la Iglesia permite, incluso la asistencias a las misas previstas en el Canon 2261 §2? Si se trata de un pecado público ¿Qué ley se está violando? ¿Cuál es el pecado? Hablamos de cosas tangibles, no de especulaciones que varían de cada intérprete según su capricho.

Dice Roberto López-Geissman H::

«las implicaciones de la misa una cum, son eclesiologicas, de comunion eclesiastica: quien asiste y participa en ellas tacitamente asiente la fe conciliarista, legitima el nuevo orden religioso, afirma estar unido con la jerarquia oficial, y la declara catolica: "en comunion con tu siervo el Papa...tu obispo... y los demas ortodoxos cultivadores de la fe catolica". Repito, las consideraciones que he hecho valen para un sede coherente. Los no sedes, obvio que al pensar distinto, se rigen por otros caminos.»

Lamentablemente no, por todo lo indicado arriba. Y en todo caso, si es un pecado asistir a ellas, o si la asistencia a las mismas implica la excomunión o la adhesión a la herejía, corresponde al acusador indicar DE MANERA OBJETIVA COMO, CUANDO Y DÓNDE.
Insisto, el Canon 2261 permite incluso asistir a las misas celebradas por un excomulgado, en caso de necesidad:

Canon 2261 §2: Fideles, salvo praescripto § 3, possunt ex qualibet iusta causa ab excommunicato Sacramenta et Sacramentalia petere, maxime si alii ministri desint, et tunc excommunicatus requisitus potest eadem ministrare neque ulla tenetur obligatione causam a requirente percontandi.

martes, 25 de marzo de 2014

La anunciación a la Santísima Virgen María

La Anunciación a la Madre de Dios
Por el Licenciado J. Ruiz Munilla

La fiesta de la Anunciación es una de las primeras fiestas cristianas, que era celebrada ya en el siglo IV. Hay inclusive una pintura de la Anunciación, en las catacumbas de Priscila en la ciudad de Roma, que data del siglo II. El Concilio de Toledo en el año 656 la menciona, y el Concilio de Trullo en 692 dice que la Anunciación se celebraba durante la Gran Cuaresma.

El nombre griego, eslavo y árabe de la fiesta puede ser traducido como “las buenas noticias”. Esto, por supuesto, se refiere a la Encarnación del Hijo de Dios y a la salvación que Él trae. El relato de la Anunciación se encuentra en el Evangelio de San Lucas (1:26-38) que leemos en la Liturgia de hoy. El tropario describe a la fiesta como el “comienzo de nuestra salvación y la revelación del misterio eterno”, porque en este día el Hijo de Dios se hace el Hijo del Hombre.

Hay dos componentes principales en la Anunciación: el mensaje en sí mismo, y la respuesta de la Virgen. El mensaje de la fiesta es el cumplimiento de la promesa de Dios de enviar un Redentor (Gen 3:15): “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: él te aplastará la cabeza, y tu le morderás el talón”. Los Padres de la Iglesia entienden “tu linaje” como refiriéndose a Cristo. Los profetas dan a entender la venida del Redentor, pero el Arcángel Gabriel proclama ahora que la promesa está a punto de cumplirse.

Este texto bíblico, de hecho, se hace eco en la Liturgia de San Basilio: “Pues, al modelar al hombre tomando polvo de la tierra, y al honrarlo con Tu imagen, lo pusiste, oh Dios, en el Paraíso de dicha, prometiéndole una vida inmortal y el gozo de los bienes eternos si observaba Tus mandamientos. Pero cuando, seducido por la serpiente, Te desobedeció a Ti, el Dios verdadero que lo habías creado, y fue sometido a la muerte por sus propias transgresiones, lo expulsaste, oh Dios, en Tu justa sentencia, del Paraíso a este mundo, y lo devolviste a la tierra de la que fue tomado, preparándole ya la salvación por la regeneración en la persona misma de Tu Cristo”.

El Arcángel fue mandado por Dios a Nazaret en Galilea. En ese lugar le hablo a la virgen sin mancha quien estaba desposada con San José, “­Salve, muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios. Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESUS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios el trono de David su padre: Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin”.

A diferencia de Eva, que fue engañada fácilmente por la serpiente, la Virgen no acepta inmediatamente el mensaje del ángel. En su humildad, no creía ser merecedora de estas palabras. El hecho de que ella le pidiera una explicación pone de manifiesto su sobriedad y prudencia. Ella cree en las palabras del ángel, pero no puede entender la forma en que se puede cumplir esto, porque el Ángel habla de algo que está más allá de la naturaleza.

Entonces María dijo al ángel: “¿Cómo será esto? porque no conozco varón” (Lucas 1:34).

“Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Y he aquí, Isabel tu parienta, también ella ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes á ella que es llamada la estéril: Porque ninguna cosa es imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase á mí conforme á tu palabra. Y el ángel partió de ella” (Lucas 1:35-38).

En su Sermón 23 en el día de la Anunciación, San Filarete de Moscú dice audazmente que “la palabra de la criatura trajo al creador al mundo”. El explica que salvación no es meramente un hecho de la voluntad de Dios, pero que a la vez incluye el libre albedrio de la Virgen. Ella pudo haber declinado, pero ella acepto la voluntad de Dios y escogió cooperar sin quejarse ni preguntar algo más.

El icono de la fiesta muestra al Arcángel con un bastón en su mano izquierda, lo que indica su papel de mensajero. A veces, sus alas están hacia arriba, como para mostrar su rápido descenso desde el cielo. Su mano derecha se estira hacia la Santísima Virgen en señal de entrega del mensaje.

La Virgen se representa de pie o sentada, por lo general con un ovillo de hilo o sosteniendo un pergamino en la mano izquierda. Su mano derecha se levanta para indicar su sorpresa ante el mensaje que está escuchando. Su cabeza está inclinada, mostrando su consentimiento y obediencia. El descenso del Espíritu Santo en ella es representado por un rayo de luz que sale de una pequeña esfera en la parte superior del icono, que simboliza el cielo. En un famoso icono del Sinaí, una paloma blanca se muestra en el rayo de luz.

Existen varios iconos famosos de la Anunciación. Uno se encuentra en el Kremlin en Moscú en la iglesia de la Anunciación. Este icono apareció en conexión con el rescate de un prisionero por la Madre de Dios en el reino de Iván el terrible. Otro se encuentra en la Catedral de la Dormicion en Moscú (8 de julio). Se encontraba originalmente en Ustiug, y fue el icono del cual San Procopio el loco (8 de julio) oro en frente para salvar a la ciudad de la destrucción en el 1290. Unos de los iconos más venerados en Grecia es el icono Tinos de la Anunciación (30 de enero).

La Anunciación cae siempre durante la Cuaresma, pero siempre se celebra con gran alegría. La Liturgia de San Basilio o de San Juan Crisóstomo se celebra, incluso si cae en los días de semana de la Cuaresma. Este es uno de los dos días de la Gran Cuaresma en el que se relaja el ayuno y el pescado está permitido (Domingo de Ramos es el otro día).

viernes, 21 de marzo de 2014

Anathema sit

Anathema sit
Por Leonardo Rodriguez, para Sursum Corda.



Hoy en la mañana he vuelto a meditar sobre aquel famoso pasaje del Evangelio de San Juan, me  refiere el capítulo ocho, en que el evangelista nos cuenta el episodio de la mujer adúltera. Sobre pocos pasajes del evangelio se ha escrito tanto, en todas las épocas, como sobre este hermoso encuentro entre la adúltera y el salvador. Asimismo, pocos pasajes de la escritura reflejan con tanta fuerza y de forma tan gráfica la misericordia y el amor infinito de Dios.

¿Por qué traigo a colación esta narración evangélica? Porque veo, lastimosamente, entre los llamados tradicionalistas, una actitud muy semejante a la de aquellos estrictos cumplidores de la ley que estuvieron a punto de apedrear a la pecadora, si no hubiera sido por la oportuna y amorosa intervención de Cristo.

Formar parte de la tradición católica, es decir, creer en forma íntegra la enseñanza de la fe tal y como ha sido por siglos transmitida por la Iglesia; asistir a la celebración de los sacramentos en la forma en que ésta ha sido realizada por siglos en la Iglesia; y, en fin, ver con más o menos claridad la naturaleza del modernismo, en cuanto error contrario a la fe y condenado por los papas anteriores al concilio Vaticano segundo; debería ser, a todas luces, motivo de eterna y rendida gratitud de nuestra parte para con Dios misericordioso que se ha dignado favorecernos con tan altos dones. Por otra parte, además de la gratitud continua hacia la divina misericordia, debería haber en nosotros un deseo constante por difundir ese bien que hemos recibido, hacia nuestros prójimos, buscando siempre y en todo momento, como lo hizo siempre la Iglesia, el bien de las almas y la salvación del mayor número posible. En pocas palabras, deberíamos tener una actitud de apostolado para con aquellos que, a diferencia de nosotros, no gozan aún del beneficio de la plena catolicidad. Pero resulta que, lejos de esta actitud fraterna de apostolado, muchos en la tradición han caído en el error de convertir su supuesto "apostolado" en una incesante andanada de condenas lapidarias para con todo aquel que no pertenece al movimiento tradicionalista o que recién llega a él.

Detrás de esta actitud, evidentemente farisea, se oculta muchas veces una secreta soberbia, un secreto sentirnos mejores que los demás, que desemboca en esa constante condena condena de todo y de todos. Quisiera que se entendiera correctamente lo que trato de decir: no estoy diciendo que no hayan errores condenables; no estoy diciendo que no se deba corregir al que yerra; no estoy diciendo que no debamos estar atentos a los errores en materia de fe o moral. Lo que estoy diciendo es que nuestro apostolado no debe consistir única y exclusivamente en condenar incansablemente a nuestro prójimo, sin mostrar el más mínimo interés por persuadirlo con caridad de su error a fin de que se convierta y viva.

Se comprende que la atmósfera de debate, polémica, ataque e incomprensión continua que ha vivido el catolicismo los últimos 500 años, haya creado al interior del catolicismo una tendencia marcada a la actitud defensiva constante. Esta actitud responde a necesidades concretas derivadas de la sociedad surgida de la apostasía global de las naciones, sin esta actitud militante y combativa la Iglesia hubiera, sin duda, sufrido aún más de lo que sus enemigos le hicieron padecer. Por lo tanto, se trata de una actitud absolutamente justificada e incluso necesaria; sin embargo, jamás se concluyó por lo anterior que el corazón del apostolado católico tuviera que consistir en tal actitud en exclusiva.
Precisamente lo que se constata en ciertos ambientes tradicionalistas es la reducción del apostolado a la actitud condenatoria. Pudiera decirse que, a fuerza de reducir su fe a una inmóvil conservación de lo recibido, poco a poco, para muchos, su fe se ha convertido en una especie de culto “esotérico”, es decir, una especie de iglesia privada, de puertas cerradas, donde nada entra o sale. Y cada encuentro con los que viven en las "tinieblas exteriores" es torpe, agresivo, falto de caridad y de luz.

Da pena observar, leer o escuchar el "apostolado" de ciertos católicos tradicionalistas. Al observarlos uno creería estar delante de uno de esos "puros" de los que nos hablan los libros de historia medieval. En aquella época, pulularon por Europa decenas de grupúsculos de falsos creyentes que, movidos por una soberbia visceral, vivían su vida condenando a los demás y creyéndose los únicos cristianos verdaderos, enviado por Dios para corregir a los pecadores. Naturalmente estos grupos fueron condenados por la iglesia, y con justicia, puesto que deformaban de manera grave el mensaje cristiano. Y viendo que tal actitud sobrevive hoy día, pareciera que formara parte de la corrupción específica del creyente, es decir, tal actitud farisaica ha acompañado, acompaña y acompañará el caminar de la Iglesia hasta el fin de los días. Siempre habrá creyentes con un fuerte deseo de que lluevan rayos y centellas sobre las ciudades pecadoras, y estarán siempre dispuestos a lanzar piedras sobre la mujer adúltera.
Cristo pagó muy caro por las almas, de ahí el inmenso amor de la Iglesia por su salvación. Es triste pensar que la actitud agria de muchos "tradicionalistas" es, muchas veces, causa de que las personas en vez de acercarse se alejen de la fe; pésimos apologistas convencidos de que su rapidez al condenar a diestra y siniestra, es el mejor de los apostolados posibles.

Si nosotros mismos, tradicionalistas de años, aún tenemos mucho por corregir y cambiar en nosotros mismos, para aspirar a aquella perfección a la que estamos llamados, ¿cómo es posible que pretendamos medir con una vara tan estricta a nuestro prójimo recién llegado a la familia de la tradición o a nuestro prójimo que aún no llega a ella?

Lejos de nosotros el apostolado agrio de algunos, tengamos siempre entrañas de misericordia para con el recién llegado, amor vivo y actuante para con el que aún no desembarca en el puesto seguro de la tradición y en todo momento caridad hacia nuestros hermanos, en espera de que Dios nuestro señor, usará de igual caridad y misericordia con nosotros, el día en que debamos rendir cuentas ante él del uso que le dimos a los dones gratuitos que nos otorgó sin merecerlos.

Leonardo Rodríguez