lunes, 29 de junio de 2015

Himno a la maldad: un florilegio de locura bergogliana.

Nota preliminar de Sursum Corda

El autor y colaborador Alejandro Sosa envió este nuevo trabajo en el cual compila varias de las frases del actual Sumo Pontífice de la Iglesia Conciliar del Vaticano II: la Iglesia del Anticristo.

Debo admitir que en un principio había decidido no publicar aquí el artículo, en efecto ¿Qué pruebas necesitamos ya darnos cuenta de lo avanzado que está el poder del Anticristo en el Mundo? ¿Acaso es menester volver a leer y releer estas blasfemias? Seré sincero: cada vez que en una noticia veo que sale Bergoglio, volteo la página. No me interesa, no me sirve, ni siquiera como mal ejemplo. No obstante, hay algo del título que me llamó la atención: considerar que Bergoglio es un desquiciado. Yo no lo llamaría así. Ese es un error de muchos tradicionalistas. Bergoglio no es un loco que actúa por impulsos, no es un ignorante que no sabe lo que dice. Él sabe muy bien cual es la Verdad y sabe perfectamente que sus enseñanzas no están de acuerdo a la Verdad, que es Jesucristo Nuestro Señor. Él es consciente de que su magisterio se opone al Magisterio de la Iglesia, que su doctrina es nueva y que la misma no es conforme a la Doctrina que la Iglesia transmitió, y transmite en la ecclesia abscondita.

El Usurpador no es un loco, es otro anticristo, como lo fueron todos los usurpadores desde Roncalli-Juan XXIII-bis.




Himno a la maldad : las mentiras y blasfemias de un desquiciado.
                                 Miles Christi - 30/06/2015

La confesión de San Pedro

San Juan Crisóstomo: La confesión de Pedro (Mt 16, 13 ss.)


¿Qué hace, pues, Pedro, boca que es de los apóstoles? Él, siempre ardiente; él, director del coro de los apóstoles, aun cuando todos son interrogados, responde solo. Y es de notar que cuando el Señor preguntó por la opinión del vulgo, todos contestaron a su pregunta; pero cuando les pregunta la de ellos directamente, entonces es Pedro quien se adelanta y toma la mano y dice: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. ¿Qué le responde Cristo?: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque ni la carne ni la sangre te lo han revelado. Ahora bien, si Pedro no hubiera confesado a Jesús por Hijo natural de Dios y nacido del Padre mismo, su confesión no hubiera sido obra de una revelación. De haberle tenido por uno de tantos, sus palabras no hubieran merecido la bienaventuranza. La verdad es que antes de esto, los hombres que estaban en la barca, después de la tormenta de que fueron testigos, exclamaron: Verdaderamente es éste Hijo de Dios. Y, sin embargo, a pesar de su aseveración de verdaderamente, no fueron proclamados bienaventurados. Porque no confesaron una filiación divina, como la que aquí confiesa Pedro. Aquellos pescadores creían sin duda que Jesús, uno de tantos, era verdaderamente Hijo de Dios, escogido ciertamente entre todos, pero no de la misma sustancia o naturaleza de Dios Padre.

También Natanael había dicho: Maestro, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el rey de Israel. Y no sólo no se le proclama bienaventurado, sino que es reprendido por el Señor por haber hablado muy por bajo de la verdad. Lo cierto es que el Señor añadió: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores has de ver. ¿Por qué, pues, Pedro es proclamado bienaventurado? Porque le confesó Hijo natural de Dios. De ahí que en los otros casos nada semejante dijo el Señor, mas en éste nos hace ver también quién fue el que lo reveló. Tal vez pudiera pensar la gente que, siendo Pedro tan ardiente amador de Cristo, sus palabras nacían de amistad y adulación y de ganas que tenía de congraciarse con su maestro. Pues para que nadie pudiera pensar así, Jesús nos descubre quién fue el que habló antes al alma de Pedro, y nos demos así cuenta que, si Pedro fue quien habló, el Padre fue quien le dictó las palabras -palabras que ya no podemos mirar como opinión humana sino creerlas como dogma divino-. Mas ¿por qué no lo afirma el Señor mismo y dice: «Yo soy el Cristo», sino que lo va preparando por sus preguntas, llevando a sus discípulos a confesarlo? Porque así era entonces para Él más conveniente y necesario y de esta manera se atraía mejor a sus discípulos a la fe de aquella misma confesión por ellos hecha. ¿Veis cómo el Padre revela al Hijo, y el Hijo al Padre? Porque tampoco al Padre le conoce nadie -dice Él mismo-, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Luego no es posible conocer al Hijo sino por el Padre, ni conocer por otro al Padre sino por el Hijo. De suerte que aún por aquí se demuestra patentemente la igualdad y consustancialidad del Hijo con el Padre.

¿Qué le contesta, pues, Cristo? Tú eres Simón, hijo de Jonás. Tú te llamarás Ce fas. Como tú has proclamado a mi Padre -le dice-, así también yo pronuncio el nombre de quien te ha engendrado. Que era poco menos que decir: Como tú eres hijo de Jonás así lo soy yo de mi Padre. Porque, por lo demás, superfluo era llamarle hijo de Jonás. Mas como Pedro le había llamado Hijo de Dios, Él añade el nombre del padre de Pedro, para dar a entender que lo mismo que Pedro era hijo de Jonás, así era Él Hijo de Dios, es decir, de la misma sustancia de su Padre. Y yo te digo: Tú eres Piedra y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, es decir, sobre la fe de tu confesión. Por aquí hace ver ya que habían de ser muchos los que creerían, y así levanta el pensamiento de Pedro y le constituye pastor de su Iglesia. Y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y si contra ella no prevalecerán, mucho menos contra mí. No te turbes, pues, cuando luego oigas que he de ser entregado y crucificado. Y seguidamente le concede otro honor: Y yo te daré las llaves del reino de los cielos. ¿Qué quiere decir: Yo te daré las llaves? Como mi Padre te ha dado que me conocieras, yo te daré las llaves del reino de los cielos. Y no dijo: «Yo rogaré a mi Padre»; a pesar de ser tan grande la autoridad que demostraba, a pesar de la grandeza inefable del don. Pues con todo eso, Él dijo: Yo te daré. ¿Y qué le vas a dar, dime? Yo te daré las llaves del reino de los cielos: y cuanto tú desatares sobre la tierra, desatado quedará en los cielos. ¿Cómo, pues, no ha de ser cosa suya conceder sentarse a su derecha o a su izquierda, cuando ahora dice: Yo te daré? ¿Veis cómo Él mismo levanta a Pedro a más alta idea de Él y se revela a sí mismo y demuestra ser Hijo de Dios por estas dos promesas que aquí le hace? Porque cosas que atañen sólo al poder de Dios, como son perdonar los pecados, hacer inconmovible a su Iglesia aun en medio del embate de tantas olas y dar a un pobre pescador la firmeza de una roca aun en medio de la guerra de toda la tierra, eso es lo que aquí promete el Señor que le ha de dar a Pedro. Es lo que el Padre mismo decía hablando con Jeremías: Que le haría como una columna de bronce o como una muralla. Sólo que a Jeremías le hace tal para una sola nación, y a Pedro para la tierra entera. Aquí preguntaría yo con gusto a quienes se empeñan en rebajar la dignidad del Hijo: ¿Qué dones son mayores: los que dio el Padre o los que dio el Hijo a Pedro? El Padre le hizo a Pedro la gracia de revelarle al Hijo; pero el Hijo propagó por el mundo entero la revelación del Padre y la suya propia, y a un pobre mortal le puso en las manos la potestad de todo lo que hay en el cielo, pues le entregó sus llaves. Él, que extendió su Iglesia por todo lo descubierto de la tierra y la hizo más firme que el cielo mismo: Porque el cielo y la tierra pasarán, pero mi palabra no pasará. El que tales dones da, el que tales hazañas realizó, ¿cómo puede ser inferior? Y al hablar así, no pretendo dividir las obras del Padre y del Hijo: Porque todo fue hecho por Él, y sin Él nada fue hecho. No, lo que yo quiero es hacer callar la lengua desvergonzada de quienes a tales afirmaciones se desmandan.

lunes, 22 de junio de 2015

Fidelidad a la Santa Iglesia: ¿Es posible entender el Vaticano II a la luz de la tradición?

El siguiente texto fue publicado originalmente en el número IX de la revista Fidelidad a la Santa Iglesia. Cuyos artículos empezaremos a difundir aquí, en Sursum Corda.





OBSERVACIONES SOBRE LA HIPÓTESIS
DE UNA INTERPRETACIÓN TRADICIONAL
DEL VATICANO II

   No creo que sean demasiado numerosos los católicos que se han dado cuenta cabal de las terribles consecuencias que lleva consigo la ambigüedad doctrinal que ha invadido la Iglesia después y como consecuencia del Concilio Vaticano II. Por esto me parece que el estudio "Sobre la hipótesis de una interpretación tradicional del Vaticano II" es una contribución importante para aclarar las ideas de tantos católicos desorientados y desconcertados.
   Es evidente que la Iglesia romana se encuentra actualmente abocada a un callejón sin salida si quiere hacer concordar, no sólo los textos conciliares, sino también la mentalidad de la jerarquía posconciliar con el catolicismo tradicional.
   Se trata, como dice muy bien el estudio "Sobre la Hipótesis..." de dos religiones diferentes e irreconciliables: una basada en la estabilidad doctrinal, en el rigor y en la intransigencia frente al error y el pecado y la otra abierta al mundo moderno y que se presenta como una vía placentera de progreso para llegar a una fraternidad universal bajo el signo del hedonismo.
   Por esto, Pablo VI dijo muy acertadamente que el Concilio Vaticano II era tan importante y en algunos aspectos más importante que el de Nicea, pues es evidente que es más importante fundar una nueva religión que el precisar dogmas y condenar herejías.
   Desgraciadamente, evitar el choque y el enfrentamiento de estas dos religiones es imposible y es ilusorio el llegar a un compromiso pues siempre éste llevará necesariamente a la nueva religión que es más amable y más fácil. Una vez que se abre la puerta al relativismo doctrinal se pierde la ortodoxia y se abandona la firmeza de la fe.
   La única solución es, a nuestro juicio, la condena pura y simple de la totalidad del Concilio Vaticano II por ambiguo doctrinalmente y por haber sido desastrosas sus consecuencias pastorales. Esto es evidentemente muy difícil, humanamente imposible. Si esta ruptura con el Concilio es una iniciativa de grupos tradicionalistas más o menos numerosos lo probable es que estos grupos sean aplastados por la apisonadora del modernismo posconciliar. Sólo podrán subsistir aquellos grupos que se reclamen de la fe ortodoxa invariable y tengan la valentía de declararse fuera de la acción de esta apisonadora como ajena a su fe, sin caer por esto en manos de sectas más o menos carismáticas.
Julio Garrido (Madrid)


   Del Rvdo. Padre M. L. Guérard des Lauriers O.P. (Teólogo dominico)
25-7-79.
Ilmo, señor Alvaro Ramírez Arandigoyen
Casilla de Correo 4224, Correo Central
1000 Buenos Aires - República Argentina
   Querido señor:
   Recibo su envío fechado el 5 de junio de 1979. Yo le respondo inmediatamente.
   Lo que yo pienso, concerniente a la "interpretación tradicional" del Vaticano II, lo he explicado en el primer cuaderno de "CASSICIACUM" (18 Avenue Bellevue 06100, Nice).
   Yo admito todas las razones que Ud. da en su fascículo VIII abril-junio 1979.
   Es imposible que haya una interpretación tradicional de un "Concilo" en el cual la inspiración fundamental está en oposición a la Tradición.
   Yo voy incluso más lejos que Ud. Una interpretación tal, no solamente es imposible, ella es además un CONTRASENTIDO, UNA ABSURDIDAD.
   Porque, para interpretar un documento, en particular un Concilio, es necesario que ese Concilio exista en tanto que Concilio.
   El Vaticano II, en tanto que Concilio, es NADA. El Vaticano II no puede ser un "hecho de Iglesia". Ese pseudo-concilio sancionado y promulgado por Paulo VI, ha en efecto afirmado un error que es una herejía, el 7-12-1965; estando dadas las condiciones de la promulgación (Papa y Concilio reunidos) esta afirmación hubiera debido ser un acto infalible del Magisterio ordinario.
   De esto se sigue que el Vaticano II no es Iglesia; y que, al menos a partir del 7-12-1965, el Cardenal Montini, bien que ocupando la Sede Apostólica, ha cesado de gobernar realmente la Iglesia.
   He ahí, en pocas palabras lo que yo pienso sobre la pregunta que Ud. ha tenido a bien formularme. Ud. encontrará un análisis más profundo en el lugar arriba precisado.
   Le agradezco, querido señor, y le ruego tenga a bien recibir favorablemente la seguridad de mi religiosa devoción y de mi consideración más distinguida.
M. L. Guérard des Lauriers O. P.


DE UN SACERDOTE AMIGO
Olavarría, 25-VII-79.
   Atilio Carlos Neira
    Muy estimado en la Fe:
   Sí, he recibido normalmente los ejemplares del nº VIII de "Fidelidad a la Santa Iglesia". Y siempre muy agradecido.
   Podría terminar aquí mi contestación a la suya del 23 llegada recién. Pero sé muy bien que la misma tiene otros motivos más importantes-fundamentales; que precisamente son los que me llevaron a guardar silencio sobre el contenido del último n° VIII.
   ¿Qué pienso sobre el particular?
   En pocas líneas no puedo expresarme con la profundidad y claridad que el asunto se merece, ni tampoco la salud me acompaña. Tendría que escribir un libro que en resumidas cuentas diría: "No es posible una interpretación tradicional del maléfico y diabólico Vaticano II. Sería entrar en un juego prohibido por la decencia y la fidelidad a Jesucristo". "Huye del hombre hereje, después de haberle corregido una y dos veces, sabiendo que quien es de esta ralea, está pervertido y es delincuente. (El pueblo de Dios en marcha.) Se condena por su propia conciencia", Tito 3, 10-11.
   Todo aquel que no persevera en la doctrina de Cristo, sino que se aparta de ella, no tiene a Dios. El que persevera en ella, ése tiene al Padre y al Hijo (¿Parece que el Hijo no ha venido?). Si viene alguno a vosotros (aunque fuese el Papa, digo yo) y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, ni le saludéis. Por que quien le saluda comunica con sus acciones perversas (Juan 1, 8-11). Y en otro lugar: "ni toquéis sus vestiduras". Etc., etc., etc.
   Estoy convencido que ya nos encontramos en la apostasía universal oficializada, ése es el trasfondo de mi posición. "Lo que le detiene ahora" y "el que le detiene ahora, deténgalo..." es la sana doctrina —la de siempre— la única exclusiva y excluyente. "... poner su asiento en el templo de Dios mostrándose como si fuese Dios" (El Papa, cualquiera) —no es Jesucristo— es su vicario —y no puede cambiar la Verdad— que ni el mismo Jesucristo puede cambiar siendo Dios como es, igual al Padre e igual al Espíritu Santo. No puede Dios avalar la verdad mezclada con el error. Jamás arar "con burro y buey" (II Tesalonicenses 2, 3-17).
   Y se pretende hacer caer a la "Santa Tradición" en el juego prohibido. No tenemos nada que analizar el Vaticano II con el ojo de la "Santa Tradición". Ya está analizando desde el primer día. Se busca hacer perder tiempo y dividirnos. Comisiones que aportarán problemas, entonces se convoca para cada problema subcomisiones, y mientras tanto la nueva iglesia inventada con motivo del Vaticano II continuará impertérrita sin prisa y sin pausa.
   En Jesucristo nuestro Dueño, en el corazón de la Santísima Virgen siempre Virgen.
Miguel Ángel Castellá, Pbro.


DE "SI SI - NO NO"
27 de julio de 1979.
   Ilimo, señor:
   La adhesión de "Si Si - No No" a la propuesta formulada en su carta del 16-5-79 es tan completa que en el número de septiembre de nuestra revista vendrá ofrecida a nuestros lectores la traducción en lengua italiana del artículo publicado en el número VIII de "FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA".
   Al agradecerle con todo sentimiento por la distinción que nos ha sido hecha, formulo los mejores augurios.
Francesco Putti



   De "El Enano del Tapanco" (Órgano católico de doctrina e informarción) (México, julio 1979, n°84, pág, 5/7: "Nuestra respuesta al Concilio Vaticano II", por Didimo).
   La prestigiada revista argentina "FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA", a cargo del talentoso escritor católico tradicionalista Sr. Alvaro D. Ramírez Arandigoyen, nos ha enviado una atenta carta pidiendo nuestra opinión sobre la posibilidad de lograrse una interpretación tradicional del Vaticano II.
   Al dar contestación a tan fina petición, queremos que nuestros lectores, conozcan también lo que nosotros pensamos en relación con este extraño Concilio...
   Los hechos anteriores nos llevan a las siguientes conclusiones:
   Primera. Que la convocación del Concilio Vaticano II fue del todo innecesaria, porque no existía ninguna causa suficientemente válida para llevar a cabo ese Concilio.
   Segunda. Que dadas las circunstancias en que se convocó dicho Concilio, pasando por alto, las vías legales, manteniendo el Papa Juan el secreto hasta el último momento, que tomó por sorpresa a los Cardenales y a la Curia Romana, es de suponerse que dicho Concilio, no fue inspirado por el Espíritu Santo, sino por los jerarcas marranos que ya formaban legión dentro del Vaticano, y quienes comprometieron al Papa Roncalli a convocar ese funesto Concilio, que ha servido para destruir la Santa Iglesia.
   Así pues, hemos visto que ese Concilio nació del sigilo, del dolo y del engaño, y siendo sus raíces venenosas, sus frutos han sido también dañinos, como lo estamos palpando desde hace quince años. Por tanto, juzgamos que no es posible una interpretación tradicional del Vaticano II.
   Un Concilio que ha prohijado las ambigüedades, los equívocos y las herejías tiene que desembocar en otra iglesia que no es la nuestra.
   Recordemos las palabras del famoso Dignatario Conciliar, Cardenal Suenens, cuando no pudo frenar su exclamación: "El Vaticano II es una revolución en la Iglesia, peor que la Revolución Francesa".
Nota de la Redacción.

   Este artículo contiene una extensa crónica sobre los detalles de la convocatoria del Vaticano II que hemos suprimido por razones de diagramación y espacio. No obstante las personas que lo deseen pueden requerir un ejemplar del mismo a la dirección de nuestra publicación, o directamente a "El Enano del Tapanco", Ap. Postal nº 47-164, México D.F.


"A JESÚS POR MARÍA"
México, D.F., a 31 de julio de 1979.
   Señor don
   Alvaro Ramírez Arandigoyen
   Casilla de Correo 4224, C.C.
   1000 Buenos Aires, Argentina

   Estimado señor Ramírez Arandigoyen:
   Apenado por mi tardanza doy contestación a su amable carta del 16 de mayo pasado con la cual recibí un ejemplar de su estupenda revista "VIII. FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA", que contiene un somero análisis tendiente a interpretar según la tradición, el Vaticano II.
   Debido a mi precaria salud, no pude profundizar debidamente el tema, por lo cual envié a dos de mis colaboradores que tienen más luces y sabiduría de Dios que este siervo suyo, un ejemplar de su revista con una copia fotostática de su carta, para que contestaran.
   Como el tiempo pasaba y no recibíamos contestación de Guadalajara, aquí se hizo un pequeño artículo que contesta su carta, y la conclusión es: "que no es posible una interpretación tradicional del Vaticano II", "El Enano del Tapanco", n° 84, de julio actual, págs. 5/7, que se anexa.
   Posteriormente nos llegó una contestación de Guadalajara de nuestro colaborador y amigo Tirso A. Carim, que en su esencia y fondo llega a la misma conclusión. Pienso que el señor Magallón que me hizo el favor de escribirle, no le envió la revista donde hacen ustedes "Sus breves consideraciones doctrinarias", porque no dice nada de su Revista.
   Le acompaño una copia fotostática de la referida carta para complementar nuestra contestación.
   Agradecemos cumplidamente su atención, y los saluda en los dulces corazones de Jesús y de María, su amigo y servidor en Cristo.
Carlos Franco Martínez  


Estimados hermanos en Cristo Jesús:
   Agradezco su atenta carta con fecha 4 de junio, misma que recibí alrededor del día 15; no obstante, por la fecha de la emisión de su carta, había iniciado como una respuesta. Espero que el contenido sea de utilidad en estos días de engaños sutiles con apariencias de bienintencionados; cosa que nos obliga a tamizar con ese filtro de la Santa Doctrina cuanto aparezca con visos de bien.
   Lo reconozco, soy pequeño y de pocas fuerzas para servir a Dios como quiero; mas por su Gracia soy miembro del Cuerpo Místico de Cristo y no de cualquier cuerpo. Cosa que no perdonan aquellos que abandonan el Testamento Santo porque no amaban al Testador, a JesuCristo Ntro. Señor.
   Hermanos, estad alertas, porque no nos ha puesto Dios para venganza, sino para hacernos adquirir la salud por Nuestro Señor JesuCristo, el cual murió por nosotros, a fin de que ora velando, ora durmiendo, vivamos juntamente con él (1 Tes. 5, 9-10). De Jesucristo, pues, hemos recibido el nombre, la gracia y el significado. ¿Hemos entonces de mancillar a la Gracia entregando a las tinieblas lo que por El recibimos, o caer en la "Hipótesis de una Interpretación Tradicional del Vaticano II"? Porque no otra cosa va oculta en tal propuesta vaticana, además de pretender el uncirnos al carro de su furiosa prevaricación y amancillamiento.
   Porque son ellos, los conciliares, los que unen desechos, quienes ven llegar el plazo que les fue determinado para culminar el espíritu nefasto del Vaticano II, por lo que quieren abarcar sobre nosotros un compromiso que no hemos hecho ni haremos jamás con la ayuda de Dios.
   Ellos son quienes prometieron, con veleidades propias de mujer, lo imposible y lo ajeno, ¿alguien, entonces, quiere ser reo de la justa venganza de Dios que se avecina? No queráis, pues, ser cómplices de las obras infructuosas de las tinieblas; antes bien reprendedlas; porque las cosas que hacen ellos en secreto, no permite el pudor ni aun decirlas (Efe. 5, 11-12).
   Por mi parte, yo no entrego mi membresía de cristiano, ni parte alguna tengo con Satanás. En cuanto a lo que por gracia he recibido, es para el honor y la gloria de mi Señor JesuCristo y Su Santísima Madre la Virgen María, Madre Nuestra también por Misericordia divina. Así lo prometo, así lo juro, así me ayude Dios.
Por Cristo y por María
                                                                                                                                       Tirso A. Carim


   México, a 23 de junio de 1979.
C.c.p. el Sr. Alvaro Ramírez Arandigoyen, director de la revista "FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA", Buenos Aires, Argentina. Para su conocimiento y con relación a su carta de 16 de mayo ppdo.
REPRODUCCIÓN DE UN ARTICULO
   Si bien la revista "Itinéraires" aún no ha querido responder a nuestra solicitud de opinión, consideramos de la mayor importancia reproducir para nuestros lectores la parte pertinente del artículo firmado por su director —Jean Madiran— publicado en el nº 63 del "Supplement-voltigeur", del 15 de diciembre de 1978, donde precisamente se sienta la posibilidad de una "interpretación tradicional del Vaticano". El artículo se titula "Para comprender lo que puede pasar", y nosotros lo consideramos importantísimo debido a la gran influencia intelectual que la revista "Itinéraires" parece tener en ciertos medios tradicionalistas europeos.
   Aplicar el concilio, Juan Pablo II lo dice como lo decían sus predecesores. Pero él habla de otro modo. A partir de su primer mensaje al mundo del 17 de octubre de 1978, ha declarado a propósito de la constitución conciliar "Lumen Gentium" (constitución sobre la Iglesia):
   "La adhesión a este texto conciliar, visto a la luz de la tradición e integrando las formulaciones dogmáticas elaboradas hace ya un siglo por el primer concilio Vaticano, será para todos nosotros, pastores y fieles, el secreto de una orientación segura...".
   Hemos leído bien: "visto a la luz de la tradición". Es una inversión de la perspectiva; una inversión que es una puesta en orden. Paulo VI quería imponer a Mons. Lefebvre el reconocer a las innovaciones pastorales del Vaticano II tanta autoridad y mayor importancia que las formulaciones dogmáticas del concilio de Nicea. Toda la Iglesia post-conciliar trabajó en revisar la tradición católica a la luz del Vaticano II. Si por fin se viene a restablecer el principio de que es preciso, por el contrario, interpretar el Vaticano II a la luz de la tradición católica, entonces ya no hay más oposición radical entre Mons. Lefebvre y la Santa Sede sobre el tema del concilio. No subsisten más que dificultades accidentales, pero con el medio para resolverlas: un mismo método, un mismo espíritu, una misma fe: una misma referencia a los criterios soberanos, a los verdaderos criterios que son la tradición y las fórmulas dogmáticas.
   Importa recordar que nuestra oposición al concilio no era en principio una oposición esencial y total. Ella no era ni siquiera una oposición. Varios pasajes de sus decretos nos parecían mediocres, inciertos, equívocos, hasta aún contradictorios: susceptibles por lo tanto de diversas interpretaciones. Es por ello que, desde el fin del concilio, nosotros habíamos declarado recibir las decisiones según su interpretación justa, la cual, decíamos, está fijada por y en conformidad con los precedentes concilios y con el conjunto de la enseñanza del Magisterio. Y es por eso que al punto el episcopado francés había condenado a la revista "Iti-néraires". Porque nosotros no hemos aceptado al concilio más que "visto a la luz de la tradición", el episcopado nos acusó de ser en ello hostiles a la "primavera" conciliar, de ser rebeldes al concilio. Condenación reveladora: el espíritu del concilio era reinterpretar la tradición vista a la luz del Vaticano II.
   Desde entonces, nuestra oposición devino esencial y total: oposición esencial, oposición total, no a la totalidad de los textos conciliares en sí mismos, sino a la totalidad y a la esencia del concilio tal como él era interpretado y aplicado por los que no habían hecho. Ellos lo interpretaban, ellos lo aplicaban como una revisión progresista de la tradición, de la fe, de la doctrina católica. Toda esta historia está contada en los tres primeros capítulos de nuestra obra: Reclamación al Santo Padre (Nuevas Ediciones Latinas). [...]
Jean Madiran

viernes, 19 de junio de 2015

San Agustín: No sabemos pedir lo que nos conviene

¿Cuántas veces hemos visto a tan buenos católicos estar al borde de la desesperación cuando contemplan la situación en la que la Santa Iglesia ha quedado, tras el llamado Concilio Vaticano II? ¿Cuántas veces escuchamos frases como “tenemos que hacer algo para salvar a la Iglesia”? ¿No hemos sido testigos recientes, de personas que, han llegado a plantear falsas soluciones, ante la crisis que vivimos desde la muerte de Pío XII? Y estas “soluciones” se quieren presentar a los fieles como una “respuesta a las oraciones”.
Es por ello que se presenta a continuación un fragmento de esta hermosa carta del Doctor de Hipona, para todos aquellos católicos que dicen “Dios no escucha ya nuestras oraciones”. 

Que Dios nos de la Gracia de permanecer en la Gracia.



Tomado de San Agustín , Carta 130, a Proba (14, 25-26: CSEL 44, 68-71).

Quizá me preguntes aún por qué razón dijo el Apóstol que no sabemos pedir lo que nos conviene, siendo así que podemos pensar que tanto el mismo Pablo como aquellos a quienes él se dirigía conocían la oración dominical.

Porque el Apóstol experimentó seguramente su incapacidad de orar como conviene, por eso quiso manifestarnos su ignorancia; en efecto, cuando, en medio de la sublimidad de sus revelaciones, le fue dado el aguijón de su carne, el ángel de Satanás que lo apaleaba, desconociendo la manera conveniente de orar, Pablo pidió tres veces al Señor que lo librara de esta aflicción. Y oyó la respuesta de Dios y el porqué no se realizaba ni era conveniente que se realizase lo que pedía un hombre tan santo: Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad.

Ciertamente, en aquellas tribulaciones que pueden ocasionarnos provecho o daño no sabemos cómo debemos orar; pues como dichas tribulaciones nos resultan duras y molestas y van contra nuestra débil naturaleza, todos coincidimos naturalmente en pedir que se alejen de nosotros. Pero, por el amor que nuestro Dios y Señor nos tiene, no debemos pensar que si no aparta de nosotros aquellos contratiempos es porque nos olvida; sino más bien por la paciente tolerancia de estos males, esperemos obtener bienes mayores, y así la fuerza se realiza en la debilidad. Esto, en efecto, fue escrito para que nadie se enorgullezca si, cuando pide con impaciencia, es escuchado en aquello que no le conviene, y para que nadie decaiga ni desespere de la misericordia divina si su oración no es escuchada en aquello que pidió y que, posiblemente, o bien le sería causa de un mal mayor o bien ocasión de que, engreído por la prosperidad, corriera el riesgo de perderse. En tales casos, ciertamente, no sabemos pedir lo que nos conviene.


Por tanto, si algo acontece en contra de lo que hemos pedido, tolerémoslo con paciencia y demos gracias a Dios por todo, sin dudar en lo más mínimo de que lo más conveniente para nosotros es lo que acaece según la voluntad de Dios y no según la nuestra. De ello nos dio ejemplo aquel divino Mediador, el cual dijo en su pasión: Padre, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz, pero, con perfecta abnegación de la voluntad humana que recibió al hacerse hombre, añadió inmediatamente: Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres. Por lo cual, entendemos perfectamente que por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

miércoles, 17 de junio de 2015

El Papa dudoso no es Papa

Escrito enviado por Christian, amigo y hermano en la fe católica.



Papa dubius: pro Papa nullo an pro certo habetur?[1]


¿Qué se debe pensar del famoso axioma “Papa dubius Papa nullus”? ¿Cómo se debe entender y aplicar? Antes que nada para poder responder a estas preguntas es preciso tener en cuenta las siguientes nociones y distinciones:

I. Ley: es definida por Santo Tomás como una “ordenación de la razón para el bien común promulgada por aquel que tiene el cuidado de la comunidad”[2].

II. Conciencia: Juicio del entendimiento práctico acerca de la moralidad del acto que vamos a realizar o hemos realizado ya, según los principios morales. Es la norma próxima para actuar así como la ley es la regla remota.

La conciencia puede ser:

a)      Cierta: es aquella por la cual la mente juzga firmemente sin temor a equivocarse que la acción es buena y lícita o mala e ilícita.

b)     Dudosa: estrictamente es aquella en la que la mente suspende el juicio, y en sentido lato, es la que afirma pero con temor a equivocarse (equiparable a la opinión).

Se divide en:

1)     Positiva y Negativa. Es positiva cuando hay una razón grave para asentir dejando, sin embargo, la posibilidad de error; mientras que es negativa cuando no hay razón para dudar o es muy leve. La duda positiva se refiere mas bien a la opinión que a la duda estrictamente tal.

2)     Especulativa y Práctica: La primera versa sobre la doctrina en sí misma o sobre la acción práctica, siempre y cuando no se trate de la acción que debo realizar aquí y ahora, por ejemplo si pregunto si es lícito pintar o cazar el domingo. La duda práctica se da cuando aquel que está por realizar una acción duda de su honestidad, por ejemplo si se pregunta a sí mismo en día domingo si puede cazar ese día.

3)     De Derecho y de Hecho: La primera es aquella que versa inmediatamente sobre la existencia de la ley o sobre su extensión a un caso determinado, por ejemplo si se duda si hay que ayunar todos los viernes. La segunda versa sobre hechos particulares de los que depende la aplicación de la ley, por ejemplo si se duda si es día jueves o viernes.[3]
III. Certeza.

Los teólogos nos dicen que si uno tiene una duda práctica con respecto a la moralidad del acto que va a realizar entonces debe resolverla antes de obrar; debe tenerse, por lo menos, una certeza práctica (es decir una certeza que excluya toda duda razonable y prudente) de la moralidad del acto, pues en caso contrario pecaría ya que “consentiría hipotéticamente en la violación de la ley” (Vermeersch) o, en otras palabras, admitiría la posibilidad de pecar al realizar esa acción y sin embargo la realizaría igual.
Los teólogos nos dicen, además, que la duda práctica puede ser resuelta de dos maneras: directa o indirectamente. La primera se da cuando se investigan las razones internas de la duda y se consultan libros o a los peritos en la materia resolviendo así la duda especulativa que supone toda duda práctica; mientras que la indirecta es aquella que sin resolver la duda especulativa, aplica algunos principios reflejos.

Ante una duda práctica los teólogos han ideado distintos sistemas que explican cómo se debe obrar en el caso concreto: si debe estarse a favor de la libertad, es decir a favor de la no obligatoriedad del acto, o a favor de la ley, es decir si hay que hacer lo que manda la ley:

a)      Tuciorismo[4] Absoluto: Es obligatorio seguir siempre la sentencia más segura, que es la que favorece la ley, a no ser que la sentencia favorable a la libertad sea completamente cierta.

b)     Tuciorismo mitigado: Hay que seguir siempre la sentencia favorable a la ley, a no ser que la que favorece a la libertad sea probabilísima.

c)      Probabiliorismo: Hay que seguir siempre la sentencia favorable a la ley, a no ser que la que favorece a la libertad sea más probable[5] que la otra. 

d)      Equiprobabilismo: Para seguir la opinión favorable a la libertad es preciso, al menos, que sea igualmente probable que la que favorece a la ley.

e)      Compensacionismo: Es lícito seguir la opinión menos probable (con tal que sea verdaderamente probable) si hay causa suficientemente proporcionada para exponerse al peligro de quebrantar la ley según las reglas del voluntario indirecto. De lo contrario es obligatorio seguir la opinión más probable.

f)       Probabilismo: Puede seguirse la opinión menos probable, con tal que sea verdaderamente probable.

g)      Laxismo: Puede seguirse cualquier opinión probable, aunque sea tenuemente probable.[6]

De estos sistemas la Iglesia condenó el tuciorismo absoluto (a) y el laxismo (g); en cuanto al tuciorismo mitigado (b) conduce lógicamente al tuciorismo absoluto (a); el probabiliorismo (c), antiguamente defendido por los Dominicos, sin embargo fue casi completamente abandonado luego de la aprobación por parte de la Iglesia de las obras y doctrina de San Alfonso. Las demás difieren, en la práctica, muy poco y la mayoría de los moralistas se inclinó por el probabilismo (f).


IV. Probabilismo.[7]

Es el sistema moral según el cual siempre que se trate de una ley pura o principalmente preceptiva y por lo tanto de la mera licitud de algún acto, es lícito seguir la opinión menos probable favoreciente la libertad, con tal que sea real y sólidamente probable, aunque la contraria sea igual o incluso más probable, favoreciente la ley humana o divina.

Extensión: Es completamente universal. Vale tanto para la ley natural como con la positiva, sea divina o humana; en duda tanto sobre la existencia como sobre su cesación o aplicación al caso concreto cuando se trata de la licitud o ilicitud de la acción.

Principio General: En las leyes moralmente preceptivas, sean divinas o humanas, cuando se trate de la licitud o ilicitud de una conducta y siempre que haya una duda invencible de hecho o de derecho, es lícito seguir la opinión vera y sólidamente probable[8] favoreciente la libertad, en lugar de otras que sean igual o más probable y que favorecen la ley.

Prueba:

Según el conocido adagio y principio universal reflejo “la ley dudosa no obliga”, o dicho más exactamente “la obligación objetivamente dudosa es una obligación subjetivamente nula”. Este principio debería ser aceptado por todos a fin de no caer en el tuciorismo. La razón es la siguiente: la ley contra cuya existencia milita una probabilidad vera y sólida, es objetivamente incierta. Pero la ley objetivamente incierta no obliga subjetivamente. Ergo la ley contra la cual milita una probabilidad vera y sólida no obliga subjetivamente.

Prueba de la Mayor: La probabilidad vera y sólida contra la existencia de la ley genera una duda prudente y vuelve a la ley incierta y por lo tanto no es apta para exigir la adhesión firme de la voluntad.
Prueba de la Menor: Para que una ley existente objetivamente y que obligue subjetivamente debe ser impuesta indeclinablemente; no inmediatamente y por sí misma sino que debe ser conocida por el intelecto y de esta forma obligar a la voluntad, lo cual enseña Santo Tomás: “nadie puede ser obligado por medio de un precepto a menos que sea conocido” y en otra parte “aquello que hace obligatorio el precepto es lo mismo que obliga a la conciencia. Pero la promulgación misma es necesaria para que la ley obligue”. (De Veritate q. 17 a. 3; Summa 1-2 q. 90 a. 4) Ergo.
En efecto, se dice que el hombre es moralmente libre mientras no se demuestre positivamente la limitación de la voluntad. La libertad es anterior a la obligación, ya que esta no es sino su restricción positiva.[9]
Así pues, el conocimiento incierto de una obligación moral, sea que la incertidumbre proceda de la ignorancia o de la duda, no obliga a algo determinado, proponiendo indeclinablemente una obligación moral, sino que, por el contrario, muestra al mismo tiempo la posibilidad de elegir lo opuesto como veramente probable al aparecer la ley como incierta, insuficientemente promulgada, ignorada invenciblemente y por lo tanto insuficientemente aplicada y manifestada.

Merkelbach:

92. Tesis III. En la duda especulativo-práctica, que no verse sobre la validez del acto o sobre una necesidad de medio sino sólo sobre la licitud objetiva de la acción y sobre una necesidad de precepto, puede adquirirse una consciencia indirectamente cierta sobre la licitud de la acción, cuando se trate de una duda positiva permaneciente después de diligente examen, en razón del principio reflejo: Ley incierta no puede imponer obligación.

Así lo enseñan comúnmente los teólogos después de San Alfonso cuya doctrina fue declarada segura por la Iglesia, en contra de los Tucioristas y de los Probabilioristas.

Prueba del primer principio: Ley dudosa o incierta no obliga. La ley es una regla y un vínculo que se impone a la voluntad. Pero la regla no puede dirigir de hecho ni el vínculo constreñir a la voluntad a menos que se aplique y se imponga. Pero se aplica e impone por medio de la razón ya que es una ordenación de razón y se aplica por el conocimiento cierto de la ley. Ergo, para que la ley obligue de hecho debe constar con certeza.

Prueba de la segunda menor (Pero se aplica e impone por medio de la razón ya que es una ordenación de razón y se aplica por el conocimiento cierto de la ley): La duda y la mera opinión no obliga al intelecto a algo determinado como así tampoco a la voluntad; esto sólo se logra por medio del conocimiento cierto. Cfr S. Tomás De Veritate 17, a 3.
En otras palabras: La ley incierta no puede, por su propia virtud, imponer directamente una obligación cierta: la obligación es el efecto de la ley y el efecto no puede ser mayor que la causa. Pero la obligación objetiva y especulativamente incierta es subjetiva y prácticamente nula, pues:

a)      La obligación es un vínculo moral por el cual se nos obliga absolutamente a hacer algo relacionado con nuestro último fin; pero un vínculo incierto no nos obliga ya que no nos obliga absolutamente a hacer algo.

b)     En esta situación el estado psicológico del dubitante es igual que si la ley no existiera ya que el hombre, en caso de duda, no se siente obligado, no tiene conciencia de algún ligamen u obligación.

c)      La condición para que la ley obligue subjetivamente es que se nos intime y nos sea conocida por medio de la promulgación, pero cuando la ley es incierta no nos es conocida sino que sólo conocemos su dudosa existencia. Cfr. I-II, q. 90, a. 4.[10]

93. Tesis IV: También puede adquirirse la conciencia cierta de la licitud de una acción cuando se trata de la cesación o cumplimiento de la ley, cuando persiste la duda después de un examen diligente, por medio del principio: La ley dudosa no obliga[11].

Prueba: A diferencia de la duda negativa, la duda positiva es seria y por lo tanto, si hay razones graves para creer que la ley ya no existe o que ya fue cumplida, entonces de hecho es incierta y dudosa en la práctica por lo menos con respecto al caso particular y por lo tanto, es cierto que ya no estoy obligado en el presente caso. Por lo cual se puede formar la conciencia cierta del mismo modo que en la tesis anterior.

Artículo I.[12]

La Conciencia con duda negativa.

84. Tesis: La duda negativa en cuanto es vana y está basada tan solo en un fundamento leve o en ninguno, no impide la certeza prudencial, sino que es ineficaz para producir una nueva obligación o para extinguirla, y por lo tanto no debe prestársele atención y debe ser tenida por nada y desechada. Lo cual se resume en el siguiente axioma: Melior est conditio possidentis. (Es mejor la condición del que posee).

 Prueba: Obraría imprudentemente aquel que por razones leves o nulas creyera estar obligado a realizar u omitir un acto. Por lo tanto hay que obrar como si la duda no hubiera surgido, lo cual puede expresarse en el axioma: “in dubio melior est conditio possidentis”, sea la ley o la libertad; es decir que debe estarse por aquella parte que antes de la duda (negativa) tenía la certeza práctica.
La ley y la libertad pueden considerarse como dos posesores del derecho: la ley posee la fuerza de obligar y la libertad la facultad de obrar a su gusto y de disponer de sí y de sus actos, lo cual implica un vero dominio. Posee en efecto lo que es primero. Por lo tanto cuando la ley o la obligación es (negativamente) dudosa entonces permanece la misma libertad que tenía el hombre anteriormente y por el contrario, si la ley o la obligación es cierta va a permanecer mientras la liberación desta ley u obligación sea completamente dudosa.[13]

85. Formación de la conciencia cierta en caso de duda negativa. La conciencia negativamente dudosa puede deponerse en razón del principio reflejo por el cual se forma  la conciencia indirectamente cierta, por ejemplo desta manera:
“Debe hacerse aquello que, una vez consideradas todas las cosas, aparezca ciertamente preceptuado. Aquello que de ninguna manera aparezca preceptuado, ciertamente no es necesario hacerlo.
Pero, esta acción de ninguna manera aparece como obligatoria, puesto que ninguna razón seria indica que debe hacerse; y por el contrario es obligatoria aquella que ninguna razón seria indica que la ley fue removida.
Ergo: puedo omitir esta acción aquí y ahora y aquella ciertamente debo realizarla.”

86. El axioma “melior est conditio possidentis” es el principio general, de forma tal que vale para resolver toda duda negativa, y por lo tanto a medida que se aplican las dudas de hecho o de derecho más se determina y se expresa en fórmulas cada vez más particulares. Estos son los principios subsidiarios por los cuales se discierne en mayor medida la posesión.

sábado, 6 de junio de 2015

Pristrina Liturgica: La incertidumbre de la ordenación conferida con una sola mano

Prólogo de Sursum Corda

Presentamos a continuación el estudio que ha publicado el blog hermano Pristrina Liturgica, en el cual se asienta un durísimo golpe a la hipótesis del padre Anthony Cekada de que la ordenación sacerdotal conferida con una sola mano es válida. Esto afecta específicamente al ministerio del diácono Daniel Dolan, quien desde hace años usurpa las funciones y honores de un obispo Católico Romano.
En diversos medios hispanos, la información de que Daniel Dolan jamás fue sacerdote (y por lo tanto no puede ser jamás un obispo válidamente ordenado) trató de ser censurada y reprimida, especialmente por aquellos sacerdotes ligados al trío Dolan-Cekada-Sanborn. Esto llegó al punto que, incluso, el presbítero argentino Lázaro Romero, pidió mi expulsión de sucesivos foros y grupos por hacer conocer estos datos.
Por primera vez, y en español, todos los católicos de lengua hispana cuentan con un estudio canónico, teológico e histórico, preparado por Pristrina Liturgica y traducido a la lengua de Cervantes por un  querido amigo, que demuestra de manera irrefutable que la ordenación conferida con una sola mano es total y absolutamente inválida, y que por lo tanto, Daniel Dolan no fue, ni es sacerdote ni obispo católico.
IMPORTANTE A TODOS LOS CRÍTICOS: Les rogamos leer el articulo antes de empezar a insultar.




LA INCERTIDUMBRE SOBRE LA ORDENACIÓN CONFERIDA CON UNA MANO

LA INCERTIDUMBRE SOBRE LA ORDENACIÓN CONFERIDA CON UNA MANO

Una Refutación/Impugnación de la Monografía de Anthony Cekada Titulada “The Validity of Ordination Conferred with One Hand”, basada en la Serie de Posts Publicados por Pistrina en 2013, Comenzando el 4 de Mayo:http://pistrinaliturgica.blogspot.com.ar/2013/05/save-rev-mr-nkamukes-orders.html

I. ¿Cuál es el origen del problema con la ordenación sacerdotal de Daniel Dolan?

El 21 de Septiembre de 1990 nueve sacerdotes estadounidenses escribieron[1] a Dolan una carta admonitoria. En ella concluían: “Puesto que su ordenación fue conferida con una mano, debemos sostener que es dudosa, a menos que se presenten pruebas que la ordenación con una mano es ciertamente válida”. Urgían a Dolan a “investigar diligentemente el problema” y a reportar sus conclusiones.

II. ¿Cuán cierta es esta afirmación de que Dolan fue ordenado por Monseñor Lefebvre con una mano? Se ha afirmado que al momento que se escribió la carta había muchos desacuerdos y rivalidades entre los sacerdotes estadounidenses que habían roto con la SSPX. Tal vez alguno simplemente lanzó un rumor como artimaña.

1. Los nueve sacerdotes, dos de los cuales son obispos hoy en día, deben haber estado moralmente ciertos de las alegaciones, pues de otra manera sus conciencias no les hubieran permitido firmar esa carta. Esta inferencia debe ser verdadera ya que un sacerdote ha afirmado que muchos clérigos estadounidenses en aquel tiempo estaban al tanto del informe de que Monseñor había conferido órdenes sacerdotales con una mano en 1976.

2. Informes de primera mano por parte de antiguos seminaristas en Écône y Winona relatan que era comúnmente sabido que las ordenaciones de 1976 fueron hechas con una mano. Por lo menos uno de ellos, que luego recibió las órdenes sacerdotales de manos de uno de estos ordinati, se sometió a la ordenación condicional como protección en contra de cualquier futura impugnación.

3. Un testigo presente en la ordenación de 1976 confirmó por escrito que la ordenación con una mano tuvo lugar, y confió su enojo con los clérigos más antiguos que estaban presentes en el santuario por no haber intervenido al momento en que ocurrió el defecto. Otra persona, que no estuvo presente en la ordenación de 1976, supo por parte de testigos presenciales que el Arzobispo “entró en pánico” después de la ceremonia pero que luego se tranquilizó luego que otra persona le “explicó” la validez de las órdenes conferidas con una mano. Una persona muy bien informada y conocedora del primigenio ambiente cultural en Écône cree que es probable que la declaración de validez no fue como resultado del estudio sino de una opiniónad-hoc con el fin de tranquilizar la ansiedad del Arzobispo.

4. Si Dolan sabía sin sombra de dudas que había sido ordenado con dos manos, entonces por derecho natural y en justicia natural tenía el deber moral de negar inmediata, vigorosa einequívocamente la afirmación de los nueve sacerdotes de que su “ordenación fue hecha con una mano”. Dolan replicó el 5 de octubre de 1990, y meramente afirmó que no notó “solamente una mano”. Luego afirmó que Cekada, “sentado en el órgano, a 20 pies de distancia”[2] no notó nada “relacionado con una mano”. Tal afirmación no es una negación categórica en la cual alguien pueda confiar. Antes que nada, su cabeza estaría inclinada hacia abajo, y es lo más probable que, siendo un ordenando, estaría preocupado con muchas otras cosas en ese momento. Además, Cekada, “siguiendo el texto y las rúbricas de la ceremonia en un cuadernillo latino-inglés”, fácilmente pudo haberse perdido la imposición por estar ocupado leyendo o pudo no haber podido ver claramente a tal distancia, habiendo tantas personas en el santuario. Además, probablemente estaba más preocupado con sus obligaciones como organista y así pudo no haber prestado demasiada atención al rito puesto que en aquellos días todos creían que todo lo que hacía el Arzobispo estaba bien. La respuesta de Dolan nos da otra indicación indirecta de no haber estado realmente convencido que el Arzobispo había usado las dos manos. Dolan afirmó que ni él ni Cekada tenían tiempo para preparar “una monografía de 30 páginas” y “gastar precioso tiempo produciendo estudios de investigación”. Sin embargo en el 2000, con la aparición de la monografía de Cekada de 28 páginas “The  Validity  of Ordination  Conferred with  One  Hand”, Dolan, de hecho, cumplió los requisitos de los nueve sacerdotes que le urgían “diligentemente a investigar el problema y a que nos haga saber cualquier descubrimiento que arroje luz sobre este tema”.

Por medio de una negación fuerte, categórica y pública de su ordenación con una mano, Dolan hubiera desplazado la carga de la prueba a los nueve sacerdotes que elevaron la acusación en primer lugar. Además los nueve sacerdotes y no Dolan y su compañero, hubieran asumido subsecuentemente el riesgo de la no persuasión. Sin embargo, parece que Dolan eligió no desafiar agresivamente la afirmación de los nueve sacerdotes de que solamente fue ordenado con una mano. Al aceptar sus condiciones, parecería haberlas concedido. En su respuesta reconoció que otra persona le había dicho previamente que en las ordenaciones de 1976 había habido imposición de una mano. Tal vez ofreció una defensa tibia, privada porque sabía que alguien fiable había en realidad sido testigo de la imposición con una mano.

III. ¿Acaso no se retractaron después dos o tres de estos sacerdotes?

Si bien terceras personas han alegado retractaciones, nunca hemos vista una sola escrita. Además, nadie puede estar cierto precisamente de qué se retractaron. ¿Se retractaron de la afirmación de que la ordenación de Dolan fue “dudosa”, o que su “ordenación fue hecha con una mano”, o la imputación de que una de las autoridades citadas en la carta (a saber, Clarence McAuliffe, S.J.) aconsejó que tal caso “sea referido al Vaticano para ser juzgado”? Hay una gran diferencia entre cada uno de estos motivos de retractación. Como resultado, hasta que cada individuo muestre las razones en una afirmación jurada,rechazamos el valor de las retractaciones y continuamos creyendo que los nueve sacerdotes estaban/están moralmente ciertos que Dolan fue ordenado con una mano. Además, si alguno de los sacerdotes se retractó basado en la perversa traducción de Cekada de la enseñanza infalible de Pío XII (ver las cuestiones V-X), podría querer renunciar a su retractación y reafirmar su fe sobre la duda de la ordenación sacerdotal de Dolan. A su réplica de 1990 Dolan agregó como apéndice una RETRACTACION Y COMPROMISO para que los nueve sacerdotes firmaran. Hay que notar que todo lo que pidió fue que 1) retractaran las afirmaciones e insinuaciones “que la ordenación al sacerdocio del P. Dolan era (o debía considerarse) dudosa y/o inválida y 2) prometieran retractar las afirmaciones e insinuaciones, no hacer más afirmaciones impugnando la validez de Dolan e informar a la gente sobre la retractación. Es muy importante notar que Dolan no les pidió que retractaran la afirmación de que había sido ordenado con una sola mano.

IV. ¿De qué forma, pues, presentó Dolan la evidencia requerida de que la ordenación sacerdotal con una mano era “ciertamente válida”?

Según la réplica de Dolan datada en octubre de 1990 a uno de los firmantes de la carta, su compañero Anthony Cekada, “mientras estaba estudiando otros temas, encontró amplia evidencia de que la imposición de una mano es materia ciertamente válida”. Otro sacerdote recordaba que, algún tiempo después de la carta de 1990, los clérigos fueron informados que “Tony ha estudiado el problema, y no hay dudas que una mano es suficiente”. En el 2000 Cekada imprimió e hizo circular privadamente un panfleto que contenía su defensa de la ordenación sacerdotal conferida con una mano. Luego publicó su defensa en internet.

V. Hace ya más de diez años que Cekada imprimió su defensa de las ordenaciones con una mano ¿Por qué el alboroto ahora?

Es cierto que, por un tiempo, la mayoría del clero americano y extranjero aceptó sin criticar los “descubrimientos” de Cekada. Sin embargo, en el 2005 un obispo tradicionalista  (wandering bishop) sospechó que Cekada había traducido muy mal la definición de Pío XII sobre la materia del sacramento de las órdenes sacerdotales para el rito latino (que se encuentra en la constitución apostólica de 1947 Sacramentum Ordinis, que decretó la imposición de las manos para la validez de la ordenación). Un análisis posterior llevado a cabo por un latinista formado en la universidad confirmó que la traducción era errónea. El blog Pistrina Liturgica posteó la prueba de la mala traducción como un documento de referencia y ocasionalmente discutió el tema de la ordenación conferida con una mano. Por último, en mayo de 2013, como respuesta al desafío a refutar todos los argumentos de Cekada, Pistrina Liturgica comenzó una serie de posts durante nueve meses para probar que la defensa de Cekada ya no podía usarse para defender la validez de las órdenes conferidas con una mano. Este paper es un resumen de esa refutación.

VI. ¿Cuál es la falta más importante en la defensa de Cekada de la ordenación con una mano?

El peor error es la mala traducción que hizo Cekada (junto con algunos agregados ilícitos) de la enseñanza papal infalible de la Constitución Apostólica de 1947. De hecho su traducción esperversamente errónea. El texto en cuestión dice: “(declaramus, etc) Sacrorum Ordinum Diaconatus, Presbyteratus, et Episcopatus materiam eamque unam esse manuum impositionem, que Cekada tradujo erróneamente como: “La materia de las Sagradas Órdenes de Diaconado, Presbiterado y Episcopado es una y la misma, y esa en efecto es la imposición de manos”[3] (Énfasis de Cekada).

Ninguna traducción respetable concuerda con la versión de Cekada. Una traducción muy literal es: “(Declaramos… que…) la materia de las Sagradas Órdenes del Diaconado, Presbiterado y Episcopado, y la única materia (o incluso “la única y sola materia”, puesto que Pío XII está dejando en claro que la materia es única) es la imposición de las manos”. Esta traducción está corroborada por las siguientes traducciones publicadas en diversas lenguas:

• “… the matter of sacred orders of the diaconate, priesthood, and episcopate, and this alone, is the imposition of the hands”[4].

• “… the matter, and the only matter, of the Sacred Orders of the Diaconate, the Priesthood, and the Episcopacy is the imposition of hands”[5].

• “... the  only  matter  for  the  sacred  orders  of  the diaconate,  the  priesthood,  and  the bishopric is the imposition of hands”[6].

• “...  the matter of the holy orders of diaconate, priesthood, and episcopate, is the imposition of hands, and that alone”[7].

• “… la matière, et la seule, des ordres sacrés du diaconat, du presbytérat et de l’épiscopat est l’imposition des mains”[8].

• ”… [d]ie Materie der Heiligen Weihen des Diakonates, Presbyterates und Episkopates  -  und zwar die einzige - ist die Auflegung der Hände”[9].

•”... la materia única de las sagradas órdenes del diaconado, presbiterado y episcopado es la imposición de las manos”[10].

De hecho, la traducción de Cekada es completamente bizarra.Ninguna autoridad confiable tradujo jamás el latín de Pío XII como “es una y la misma”. En la constitución apostólicaeamque unam no significa y no puede significar “una y la misma” (y tampoco es un predicado).

VII. ¿Además del grave error de traducir “eamque unam” como “una y la misma”, qué otro error hay en la traducción de Cekada, en especial con su agregado de palabras injustificadas al texto del Papa?

En su errónea traducción, a saber: “La materia de las Sagradas Órdenes de Diaconado, Presbiterado y Episcopado es una y la misma, y esa en efecto es la imposición de manos”, 1) Cekada separó e invirtió el orden sintáctico y semántico de eamque yunam (a saber “una y la misma, y esa en efecto es la imposición de manos); 2) suplió un esse adicional en la afirmación indirecta donde no se justifica (a saber, “La materia… es una y la misma, y esa en efecto es la imposición de manos”), 3) gratuitamente agregó en efecto donde el latín no tiene partícula o adverbio expreso que justifiquen la inclusión de esa palabra. En consecuencia, el lector puede inferir el siguiente texto latino detrás de su traducción: …Sacrorum  Ordinum  Diaconatus,  Presbyteratus  et Episcopatus  materiam  esse  unam  {atque eamdem} eamque profecto esse manuum impositionem.

Definitivamente eso no es lo que Pío XII escribió, y ninguna apelación especial a la licencia del traductor puede justificarlo. Al cortar unam de eamque malentendió la sintaxis y la intención del autor; al suponer dos cláusulas dependientes enoratio obliqua cuando sólo hay una, malinterpretó el latín; al agregar en efecto, introdujo un énfasis que no estaba en el original y así lo leyó incorrectamente.

VIII. ¿Por qué es tan seria la perversa traducción de Cekada?

La enseñanza de Pío XII que “la materia única de las sagradas órdenes del Diaconado, Presbiterado y Episcopado es laimposición de las manos” es, según lo estima el P. Ludwig Ott, una enseñanza próxima de fe (sententia fidei proxima), i.e. una doctrina comúnmente considerada como revelada pero que no ha sido todavía propuesta explícitamente como una verdad revelada por el magisterio”[11]. La enseñanza contraria es considerada “sospechosa de herejía”. Como escribió el teólogo jesuita Clarence McAuliffe, “ningún Católico puede oponerse a esta conclusión” (a saber que “la materia del sacramento del Orden consiste únicamente en la imposición de las manos”)[12].

Hay que tener en cuenta que la mala traducción de Cekada malinterpreta gravemente la enseñanza papal. De hecho, Pío XII primero habla de las tres órdenes en general: dice que la materia es única y común a las tres, a saber, la imposición de las manos; es decir, no es doble, puesto que la entrega de los instrumentos no es necesaria para la validez; y luego determinaen particular cuál es la materia de cada una de las órdenes, y muy especialmente la del presbiterado, que era la que presentaba dudas.

Cekada, con su mala traducción, hace parecer como si el Papa se estuviera refiriendo en particular a cada una de las órdenes (diaconado, presbiterado, episcopado). Por medio de una traducción errónea, tendenciosa (basada en una mala interpretación), argumenta que así como la ordenación de los diáconos es válida con una mano, así también lo son las ordenaciones sacerdotales y episcopales conferidas con una mano – algo completamente diferente de la simple cuestión que el Papa estaba resolviendo, o sea, si la imposición de las manos es materia suficiente para la ordenación sacerdotal o si la entrega de los instrumentos también se debe incluir.

IX. ¿Qué impacto tiene la mala traducción de Cekada sobre su argumento tomado como un todo?

El efecto práctico de la peligrosamente inepta traducción “una y la misma” es la de anular todo argumento basado en ella. Hemos contado por lo menos siete referencias directas a la pésima mala traducción en defensa de las injustificadas conclusiones de Cekada. En efecto, el error de Cekada es tanatroz, tan ajeno al entendimiento Católico universal que ningún hombre prudente puede darle crédito a cualquier otra cosa que escriba en la monografía.

X. Los mejores diccionarios de latín dan muchos significados diversos a la palabra unus, -a, -um. A veces puede significar “uno (en número)”, “uno y único”, “uno y el mismo” incluso sin la forma enfatizante īdem. Con tantos diferentes sentidos de la palabra, Cekada puede afirmar que todas las otras traducciones están mal y que él tiene razón. ¿Hay alguna evidencia interna para probar que Cekada tradujo muy mal la enseñanza de Pío XII?

Sí la hay, y no es necesario invocar las traducciones de otras personas para establecer el significado correcto de “unam” en boca del Papa. El texto de la Sacramentum Ordinis es suficiente para probar que la traducción de Cekada está mal. Debido al rígido paralelismo de la enseñanza papal, es fácil determinar la definición que el Santo Padre buscaba. Sigue la frase latina en cuestión (línea 1) junto con la frase que le sigue inmediatamente (línea 2). Hemos coloreado las palabras para mostrar que las cláusulas son casi un reflejo entre sí:

materiam eamque unam esse manuum impositionem;
formam vero itemque unam esse verba applicationemhuius materiae determinantia.

Primero tengamos en cuenta cómo “tradujo” Cekada erróneamente la primera oración:

La materia…  es una y la mismay esa en efecto es la imposición de manos.
(Las palabras subrayadas no tienen correspondientes en el latín de Pío XII; fueron agregadas por Cekada. En otras palabras, es Cekada y no Pío XII el que habla por ellas).

Ahora bien, si la traducción de Cekada estuviera bien, entonces, teniendo en cuenta la persuasiva estructura paralela del original, si siguiéramos la traducción de Cekada, llegaríamos a la siguiente (y horrible) traducción de la cláusula 2:

Además, la forma es igualmente una y la mismay esa en efecto es las palabras que determinan la aplicación de esta materia.

Esto es un sinsentido en todos los niveles: idiomático, textual, teológico y doctrinal. En primer lugar, sería absurdo y unaimpiedad decir que la forma es una y la misma, cuando Pío XII enseña en el párrafo 5 de Sacramentum Ordinis que hay tres formas diferentes: una para la ordenación de los diáconos, otra para la de los sacerdotes y la última para la de los obispos. Por lo tanto, basados en argumentos meramente internos, la traducción de Cekada “una y la misma” es imposible.

XI. Cekada cita ejemplos donde a veces los teólogos usan el singular “imposición de la mano” y a veces el plural “imposición de manos” ¿Puede ser que eso quiera decir que no hay diferencia? ¿Los teólogos que escribieron sobre la constitución de 1947 dieron algún indicio que se requerían las dos manos para la validez de la ordenación sacerdotal?

En primer lugar, el argumento de Cekada basado en el uso indistinto de mano/manos entre los autores es irrelevante a la luz de la explícita indicación de la constitución Sacramentum Ordinis de Pío XII, que es el único texto que cuenta en la discusión. Además, algunos de los usos aparentemente indistintos del plural y del singular por parte de los autores pueden explicarse en términos lingüísticos.

Impositio manus no tiene que ser traducido “imposición deuna mano”, donde el artículo indefinido se entiende usualmente como individualizando al sustantivo. En lugar de leer manus como un singular, se lo puede leer como lo que Otto Jespersen llamaba el número genérico. Podemos, pues, traducir la frase por medio del artículo definido con fuerza general: “imposición de la mano”, que es algo bastante diferente de “imposición de una mano”. Esta frase es parecida a la inglesa “hand-imposition,” un uso característico donde dos substantivos pueden formar una amalgama. En este caso, la individualización del singular se vuelve semánticamente menos importante que la idea que representa. Como ejemplo podemos citar el triste lupus stabulis de Virgilio, “El (y no un) lobo (es) una cosa maligna para los rediles”, lo cual es una afirmación genérica sobre toda una clase y no sobre un individuo.

En cuanto al uso de los teólogos que escribieron sobre la constitución, no hace falta ir más allá del Jesuita Heinrich Lennerz quien, después de la publicación de la constitución apostólica  de Pío XII, escribió una monografía titulada De Sacramento Ordinis (“Sobre el Sacramento del Orden”). Cuando escribió sobre los defectos de la ordenación sacerdotal (p. 131 de la edición de 1953) específicamente identificó el plural manos (in impositione manuum); luego, al discutir los defectos de la ordenación diaconal, usó el singular mano (in impositione manus). Además, cuando afirmó categóricamente el rito esencial de la ordenación sacerdotal (p. 125), usó el plural: Sola impositio manuum cum invocatione Spiritus sancti est et semper erat ritus essentialis ordinationis sacramentalis (“la sola imposición de las manos con la invocación del Espíritu Santo es y siempre ha sido el rito esencial de la ordenación sacerdotal”).

Lennerz tuvo cuidado en contrastar, por un riguroso paralelismo, el plural impositio manuum, “manos”, para el sacerdocio (énfasis nuestro):

In ordinatione PresbyteriImpositio manuum unius episcopi, ritus antiquissimus, semper et ubique(núm. 212 de la edición de 1947),

Y el singular impositio manus, “mano”, para el diaconado:

In ordinatione diaconiImpositio manus solius episcopi: semper et ubique… (núm. 213, de la edición 1947).

Notar también su observación repetida de que los determinados gestos rituales fueron observados semper et ubique, “siempre y en todo lugar”.

Sin embargo el Padre Lennerz no es el único teólogo de la era que 1) insistió que las manos eran necesarias para la confección del sacerdocio y 2) distinguió cuidadosamente el rito sacerdotal del diaconal. Consideremos esta cita de Zalba, tomada de su edición de 1958 (énfasis nuestro):

1233. 2. Materia Ordinum quae certo suntsacramenta, est impositio manuum ministri super caput ordinandi vel consecrandi...  (lit.) La materia de las órdenes que ciertamente son sacramentos es laimposición de las manos del ministro sobre la cabeza del que va a ser ordenado o consagrado...

Impositio manuum ministriid est, secundum rubricas, unius dexterae in diaconatu, utriusque autem in presbyteratu et Pontificatu. (lit.) La imposición de las manos del ministro, esto es, según las rúbricas, de la mano derecha en el diaconado pero de las dos (manos) en el presbiterado y episcopado.

De esto se vé claro que el argumento de Cekada equivale nada más que a una observación sin importancia del uso idiosincrásico de escritores individuales. No hay dudas que existe una imposición para el diaconado y otra para el presbiterado y episcopado.

XII. ¿La liturgia es específica con respecto al uso de mano/manos?

Las rúbricas del Pontifical Romano (Pontificale Romanum, De Ordinatione Presbyteri), el libro litúrgico oficial de la Iglesia que contiene el rito de ordenación, manda al obispo imponerlas dos manos sobre la cabeza de cada uno de los candidatos al sacerdocio.

XIII. ¿Qué hay de la anécdota de Cekada sobre la “decisión” del Santo Oficio que supuestamente dictamina la validez de la ordenación con una mano?

Visto de cerca, el argumento más débil a favor de la validez de la ordenación conferida con una mano es lo que Cekada malinterpreta como una “decisión” del Santo Oficio. La palabra “decisión” connota un juicio o más precisamente una conclusión 1) basada en una cuidadosa consideración de todos los argumentos y 2) dada solemnemente por un cuerpo competente después de consultas con expertos en la materia. Además, esperaríamos que una decisión del Santo Oficiofuera dada en forma escrita.

No existe tal documento. Lo que Cekada intenta pasar como una “decisión” es en realidad un testimonio de segunda mano(hearsay). Estos son los simples hechos. Un teólogo (Regatillo) difunde una anécdota de un obispo al que no identifica, sobre 1) una consulta en algún lugar en el Santo Oficio con respecto a la ordenación sacerdotal con una mano y 2) la recepción de una respuesta que afirmaba la validez de las órdenes conferidas de esa manera. El teólogo no escuchó personalmente la respuesta. Simplemente reportó que este obispo obtuvo unarespuesta[13]. Regatillo no usó la palabra “decisión”.

Una manifestación no identificada de un Obispo de haber recibido una respuesta presumiblemente oral por parte deuna fuente anónima en el Santo Oficio definitivamente no es una decisión formal del Santo Oficio. Notar que más allá del relato narrado escasamente, Regatillo no suministró detalles concretos: no hay nombre del obispo, fecha de la visita al Santo Oficio, descripción de las circunstancias que rodearon el encuentro, nombre o título del/de los oficial/es que dieron la respuesta, fecha de la ordenación defectuosa, etc. Todo lo que tenemos es un relato minimalista. No estamos diciendo que Regatillo o que este Obispo mintieron. Como está, la anécdota es una pieza de información que pertenece al estudio del problema de la ordenación sacerdotal con una mano. De todas formas, de ninguna manera puede ser elevada a la dignidad de una decisión del Santo Oficio, con toda la fuerza coercitiva que tiene tal pronunciamiento.

Ciertamente, es posible que la réplica pueda haber venido de parte de uno de los oficiales menores de la Congregación, uno que puede haber estado hablando off the record a un individuo privado.


Tal vez ni siquiera había tenido un informe para ofrecer una opinión sobre el tema, sino que aventuró una de manera informal, a la ligera, en aquella ocasión. Nunca lo sabremos. Pero una cosa es cierta: sin detalles y conocimiento concretos, colaterales, sobre la identidad del declarante como así también del funcionario que respondió la consulta, no podemos estimar el valor del la réplica: ciertamente no es irrelevante, pero tampoco lo confirma.

En todo caso, el reporte es de segunda mano y por lo tanto debe ser considerado como un testimonio de oídas (hearsay), lo cual es inherentemente débil. No podemos formar un juicio sobre la competencia, confianza, veracidad o precisión de las partes directamente involucradas. Para el crédulo, la exigua anécdota puede ser persuasiva, pero para pensadores más profundos sin intenciones ocultas o intereses particulares, el reporte fracasa en remover la duda positiva de un hombre prudente. La enseñanza de Pío XII es simplemente muy específica: la imposición de las manos es la materia de la ordenación sacerdotal.

Con el tiempo, una Iglesia restaurada, puede confirmar o no la verdad de la respuesta dada al obispo anónimo de Regatillo (quienquiera haya sido). Sólo entonces vamos a saber con certeza que la ordenación sacerdotal conferida con una mano es válida o no. Pero ese tiempo, si es que alguna vez viene, puede estar muy lejano. Mientras tanto, para salvaguardar la integridad del sacramento de las órdenes sacerdotales aquí y ahora, debemos descartar completamente el valor probatorio groseramente inflado que Cekada le asigna a esta narración de segunda mano, el cual caracteriza erróneamente como una “decisión del Santo Oficio”. Una generosa valoración es que la historia merece ser tenida en cuenta, pero su utilidad disminuye debido a la ausencia de documentación oficial, confirmatoria. Además, incluso si suponemos, sólo como hipótesis, que el obispo anónimo recibió tal réplica de alguien con autoridad en el Santo Oficio, es posible que la “respuesta” haya sido dada antes de la publicación del Sacramentum Ordinis; por lo tanto, puede haber sido válida antes de la promulgación de la constitución apostólica pero no después.

XIV. Cekada cita varios teólogos muy conocidos en defensa de la validez de las ordenaciones con una mano. ¿No debemos presuponer siempre que los teólogos reconocidos están en lo cierto?

Los teólogos, sin importar cuán eminentes sean, pueden estar equivocados, especialmente en temas disputados que la Iglesia no ha resuelto. No hay mejor ejemplo para ésto que la materia y forma de las órdenes sagradas; en efecto, todas las dudas que rodeaban las órdenes sagradas motivaron a Pío XII a promulgar su enseñanza definitiva. Un ejemplo concreto mostrará claramente nuestro punto.
El Manual of Dogmatic Theology de Pohle-Preuss es una autoridad muy respetada y completa en materia de dogmas. En la cuarta edición del año 1924 encontramos esta discusión sobre la materia de las órdenes sacerdotales (énfasis nuestro):

… el rito de ordenación para el sacerdocio parece contener nada menos que tres imposiciones diferentes. Primero, el obispo extiende, en silencio, ambas manos sobre la cabeza del ordenando. Lo mismo es hecho por todos los sacerdotes presentes. Luego el obispo y los sacerdotes extienden juntos su mano derecha… esta parte de la ceremonia es conocida como lamanuum extensio o χειροτονία… Después de la Comunión, el obispo impone sus manos sobre el candidato por tercera vez… Esta es la propia impositio manuum o χειροθεσία. La cuestión que surge es ¿cuál de estos tres ritos, con sus respectivas oraciones, es sacramental? La primera extensión de las manos no puede ser esencial, porque es llevada a cabo en silencio… La tercera y última impositio parece igualmente no ser esencial, porque el candidato ya ha ejercido el poder sacerdotal al co-consagrar el pan y el vino… De aquí…la conclusión inevitable es que la materia del Sacramento consiste en la segunda imposición – lamanuum extensio o χειροτονία, concebida como una continuación del contacto físico encarnado en la primera[14].

Sin embargo, veintitrés años después, Pío XII enseñó infaliblemente en el párrafo 5 de Sacramentum Ordinis(énfasis nuestro):

In Ordinatione Presbytertali materia est Episcopi prima manuum impositio quae silentio fit, non autemeiusdem impositionis per manus dexterae extensionem continuatio, nec  ultima… (lit.) En la ordenación sacerdotal, la materia es la primera imposición de las manos del obispo, que es hecha en silencio, pero no la continuación de la misma imposición de la mano derecha, ni la última…

Como se puede ver, a pesar del buen razonamiento, Pohle-Preuss estaba completamente equivocado en el tema de la materia de las órdenes sacerdotales. (Por lo tanto, Pohle-Preuss también se equivocó con respecto a la forma). Fue preciso un decreto infalible de la suprema autoridad doctrinal de la Iglesia para terminar de una vez y para siempre con el tema.

Pohle-Preuss, y muchos otros teólogos, erraron sin falta. Al escribir antes de 1947, no pudieron conocer la mente de la Iglesia. De todas formas, los teólogos, incluso los más conocidos, pueden cometer errores inexcusables que atacan su credibilidad. Tal es la situación problemática que tenemos con De Jorio, uno de los teólogos que Cekada cita en su monografía. Escribiendo en defensa de la ordenación sacerdotal con una mano en 1958- 11 años después de la promulgación de Sacramentum Ordinis- De Jorio increíblemente afirmó “unius manus dexterae extensio habetur continuatio impositionis manuum”, (lit.) la extensión de la mano derecha se tiene como una continuación de la imposición de las manos (caso 341, vol. 2, pag. 287, 2°). Ahora bien, eso es exactamente lo contrario de lo que enseñó Pío XII. El Papa, como puede leerse en la cita inmediatamente dada arriba, excluyó absolutamente de la materia del sacramento la extensión de la mano derecha. Por lo tanto, los teólogos pueden equivocarse tantos en sus opiniones como en los hechos que afirman. Los católicos siempre deben sopesar las afirmaciones de los teólogos, recordando siempre que:

Las opiniones teológicas son pareceres libres sobre aspectos de doctrina concerniente la fe y la moral, que no están ni claramente afirmados en la Revelación ni han sido decididos por el Magisterio de la Iglesia. Su valor depende de las razones aducidas en su favor (asociación con la doctrina de la Revelación, la actitud de la Iglesia, etc.)[15].

Por definición, en una opinión, la mente asiente pero siempre con temor a equivocarse. De aquí que al dar una opinión sobre un tema discutido, un teólogo bien formado sabe que puede estar equivocado. El fiel también debe ser consciente de esta posibilidad.

XV. ¿Es posible que la enseñanza del Papa no esté claramente escrita y por lo tanto que esté sujeta a diferentes interpretaciones?

Absolutamente no. Escribiendo por separado en 1948, dos comentadores franceses de la constitución, A. Michel y A. Delchard[16], independientemente alabaron la aguda precisión verbal y la claridad de las declaraciones de Sacramentum Ordinis. En ninguna parte esta exactitud lingüística es más evidente que cuando Pío XII deja bien en claro que la extensiónde la mano derecha (que sucede ininterrumpidamente la primera imposición de manos) no es en modo alguno la materia. La materia de la ordenación sacerdotal, como lo enseñó clara e inequívocamente Pío XII y como se puede leer más arriba, “es la primera imposición de las manos del obispo, que se hace en silencio”.

La intención de Pío XII era terminar con todas las dudas en el futuro con respecto a las órdenes, y de ahí su remarcable rigor lingüístico y jurisprudencial a través de la constitución. La precisión del documento resiste y derrota todo esfuerzo de leer en él lo que claramente nunca afirmó. El Papa enseñó que la materia del sacerdocio es la primera imposición de las manos hecha en silencio, localizando precisamente así dónde se encuentra la materia en el rito. Explícitamente excluyó de la materia de las órdenes sacerdotales la subsiguiente extensión de la mano derecha que sigue a la primera imposición, como así también la última imposición de manos a la cual se le agregan las palabras: “Recibe el Espíritu Santo, a quienes perdonéis los pecados, etc”. Además, por cada orden, distinguió y diferenció la materia (imposición de manos [plural] para sacerdotes y obispos, imposición de la mano [singular] para los diáconos) y especificó las palabras exactas de la forma. El texto es muy claro; no puede haber otra interpretación.

XVI. ¿Acaso no favorece el argumento de Cekada el uso de una mano en el rito de la confirmación?

Las referencias de Cekada a la confirmación son notablementesin ningún valor porque: 1) como sacramento, la confirmación es numéricamente diferente de las órdenes y 2) los teólogos han estado divididos sobre lo que constituye la materia esencial.[17]

XVII. Además de su perversa traducción ¿hay algún otro error serio en la comprensión de Cekada delSacramentum Ordinis?

Cekada no sólo no entendió el latín de Pío XII sino que tampoco entendió el contexto histórico y jurídico de la constitución apostólica Sacramentum Ordinis. Si bien es cierto, como dice Billot, que la discusión antes de la publicación de la constitución era más teóricamente académica que otra cosa en cuanto que la Iglesia siempre optó por la vía más segura, sin embargo es fácil constatar, para quien haya leído cualquier tratado teológico sobre el Sacramento del Orden anterior a la constitución de Pío XII, que la discusión entre los teólogos era doble:

1) Primero y principal estaba la discusión si la tradición de los instrumentos pertenecía o no a la esencia del sacramento, con lo cual había tres opiniones:

a) La imposición de las manos era suficiente.
b) La tradición de los instrumentos era suficiente.
c) Ambos eran necesarios.

2) En segundo lugar estaba la duda de, supuesta la necesidad de la imposición de las manos, cuál de todas era esencial. En el diaconado y el episcopado hay una sóla imposición, con lo cual no había problemas, pero en el caso del sacerdocio había tres opiniones:

a) La primera imposición era suficiente.
b) La primera imposición seguida de la extensión de la mano.
c) Opción “b” más la última imposición.

Con respecto a esta última opción era común la enseñanza de los teólogos de que no formaba parte de la materia ya que tenía lugar después de la consagración de la Hostia y del Cáliz.

Así estaba la discusión hasta la promulgación del Sacramentum Ordinis. Ahora bien, Pío XII en 1947 resolvió ambas dudas, y es ésto lo que aparentemente Cekada no entendió.

Esto es lo que en realidad escribió Pío XII en el párrafo 4 de su constitución (énfasis nuestros):

Siendo esto así, después de invocar la lumbre divina, con nuestra suprema potestad apostólica y a ciencia cierta, declaramos y, en cuanto preciso sea, decretamos y disponemos: Que la materia única de las sagradas órdenes del diaconado, presbiterado y episcopado es la imposición de las manos, y la forma, igualmente única, son las palabras que determinan la aplicación de esta materia, por las que unívocamente se significan los efectos sacramentales – es decir, la potestad de orden y la gracia del Espíritu Santo - y que por la Iglesia son recibidas y usadas como tales. De aquí se sigue que declaremos, como, para cerrar el camino a toda controversia y ansiedad de conciencia, con nuestra autoridad apostólica realmente declaramos y, si alguna vez legítimamente se hubiere dispuesto otra cosa, estatuimos que, por lo menos en adelante, la entrega de los instrumentos no es necesaria para la validez de las sagradas órdenes de diaconado, presbiterado y episcopado.[18]

Es decir, por el contexto se ve claramente que está diferenciando la imposición de manos de la tradición de los instrumentos, lo cual es evidente por el párrafo 5 del Sacramentum Ordinis que dice (énfasis nuestros):

En cuanto a la materia y forma en la colación de cada una de las órdenes, por nuestra misma suprema autoridad apostólica decretamos y constituimos lo que sigue: En la ordenación diaconal, la materia es la imposición de manos del obispo que en el rito de esta ordenación sólo ocurre una sola vez… En la ordenación presbiteral, la materia es la primera imposición de manos del obispo que se hace en silencio, pero no la continuación de la misma imposición por medio de la extensión de la mano derecha, ni la última…Finalmente, en la ordenación o consagración episcopal, la materia es la imposición de las manos que se hace por el Obispo consagrante…”.[19]

En una palabra, primero el Papa habla de las tres órdenes en general, y dice que la materia es única y común a las tres, a saber, la imposición de las manos, es decir, no es doble ya que la tradición de los instrumentos no es necesaria para la validez; y luego determina en particular cuál es la materia de cada una de las órdenes y muy en particular del presbiterado, que era la única que presentaba dudas.

En cambio Cekada entiende el citado párrafo 4 como referido en particular a cada una de las órdenes (diaconado, presbiterado, episcopado) cuando dice:

En su Constitución Sacramentum Ordinis, Pío XII, habiendo invocado explícitamente su suprema Autoridad Apostólica, declaró y decretó:

La materia de las sagradas órdenes de Diaconado, Presbiterado y Episcopado es una y la misma, y esa en efecto es la imposición de las manos.

Y luego con su errónea y tendenciosa traducción intenta probar que, así como la ordenación de los diáconos es válida con una mano, también sucede lo mismo con la ordenación sacerdotal y con la episcopal. Pero notemos bien que Pío XII en el párrafo 4 lo único que está discutiendo es si la imposición de las manos es suficiente o si también debe agregarse la tradición de instrumentos. En su comentario a la constitución, el Jesuita Hürth deja ésto muy en claro (énfasis nuestros):

Después de haber terminado la sección preparatoria, la constitución apostólica (párrafo 4) pasa a la sección determinativa, en donde se determina comprehensivamente, primero, lo que se requiere para la validez de las tres órdenes del diaconado, presbiterado y episcopado, (y) qué no se requiere; luego, en el mismo contexto(ibídem) (la determinación) se hace con respecto a cada una de las órdenes tomadas una por una.[20]

O en otras palabras, el párrafo 4 especifica en general lo que se requiere para la validez (imposición de manos) y lo que no se requiere (tradición de instrumentos), y luego el siguiente parágrafo especifica en particular qué materia y qué forma se requiere para cada una de las órdenes.

En los puntos siguientes Hürth aclara aún más su pensamiento (negritas nuestras):

Lo que “se declara” (sobre el particular “[lo que] se provee”) es en parte positivo y en parte negativo. La parte positiva versa sobre la necesidad y suficiencia de sólo la imposición de las manos, como materia para una válida ordenación diaconal, sacerdotal y episcopal, y también la necesidad y suficiencia de las palabras como forma, etc.”[21]

A la parte positiva se le agrega inmediatamente la negativa, a saber, la declaración y provisión de lo que no se requiere (párrafo 4). Esta parte negativa es una conclusión simple y necesaria de la parte positiva precedente; así, pues, comienza con las palabras “de aquí se sigue”. Y en realidad, si la única materia que se requiere para la validez es la imposición de las manos, ninguna otra puede ser necesaria  para la validez. La parte negativa se refiere principalmente a la “entrega de los instrumentos”, que, como notamos más arriba, muchos teólogos de gran autoridad, tanto antes como después del Concilio de Florencia, decían que era la materia del sacramento, por lo menos también necesaria para la validez[22].

(Entre paréntesis, el latín de la frase de Hürth “laúnica materia” es “unica materia”, lo cual constituye otra prueba que la frase de Pío XII materiam eamque unam no significa “la materia es una y la misma” como traduce mal Cekada, sino “la única materia.”)

Luego pasa a hablar de las órdenes en particular y comenta:

A la parte general sobre las tres órdenes del diaconado, presbiterado y episcopado se le agrega la parte especial sobre cada una de las órdenes, tomadas una por una (párrafo 5), y allí se examina pues, cuál de los ritos es necesario para la esencia y validez de cada una de las órdenes[23].

Es evidente, pues, que Cekada no sólo no sabe latín y falsea las palabras del Papa sino que tampoco entiende de qué está hablando el Sacramentum Ordinis.

XVIII. ¿Hay otros errores indignos de un erudito como incorrectas transcripciones y otras malas traducciones que muestran los problemas de Cekada con el latín?

Hay numerosos errores de esta clase, pero no vamos a agobiar al lector con erratas tipográficas como las descuidadas transcripciones en la nota al pie número 37 (inposta porinposita) o en la número 62 (huc et illus por huc et illuc) o en la 41 (que expusimos tediosamente en detalle hacia el fin del post del 1 de junio de 2013 en Pistrina Liturgica). Además no vamos a hacer esta sección demasiado larga incorporando otras discusiones de sus errores, tales como los señalamos en el post del 4 de agosto de 2013. Más bien nos vamos a centrar en un ejemplo que se encuentra en la nota al pie número 10 de Cekada (hemos enfatizado con negritas cuatro palabras para documentar sus problemas con el latín):

Theol. Mor. Summa 3:666. “Nam in diaconatu unicamanus Episcopi imponitur; in presbyteratu ambae imponuntur, et haec impositionem deindecontinuatur per extensionem solius dexterae. Et cum in Constitutione Pii XII designetur tamquam unica materia essentialis, triplici ordini communis,impositionem manuum... (las cursivas son de Cekada.)

Así es como lo traduce Cekada en el apéndice de la monografía:

Para conferir el diaconado, se impone una mano del obispo; en el sacerdocio se imponen ambas y esta imposición se continúa por la extensión de la mano derecha sola. Y puesto que en la Constitución de Pío XII la única materia esencial común a las tres órdenes sagradas se designa en la imposición de las manos…[24]

Comenzamos con los dos errores más pequeños: Cekada no traduce ni deinde (“luego, a partir de ahí, a continuación”) nitamquam (“como”). Estas palabras no son partículas intraducibles sino partes esenciales del discurso para entender el curso del razonamiento del teólogo. Tal vez el primer caso representa un descuido, pero la segunda omisión puede haber surgido de su inhabilidad para interpretar el texto transcripto erróneamente, como vamos a explicar en el párrafo siguiente.

Los dos casos de la palabra impositionem (acusativo femenino singular) están mal. Cualquiera que tenga un conocimiento básico de latín puede ver a primera vista que la palabra en ambos casos debe ser impositio (nominativo femenino singular). Un vistazo del manejo que Cekada hizo del segundo caso es instructivo, pues sugiere que no reconoció suerrónea transcripción. Sabía que tenía que encontrar un nominativo singular para el verbo designetur, pero en su errónea transcripción el único animal de esa especie era (unica)materia (essentialis), que luego trata como sujeto del verbo en cuestión y convenientemente deja de lado tamquam (“como”). El problema es que tamquam hace a materia un complemento predicado, y por lo tanto (unicamateria (essentialis) no puede ser el sujeto. El sujeto debe estar en otra parte.

A esta altura, una persona razonable, preparada, hubiera sospechado que transcribió mal y por lo menos hubiera chequeado el texto original; una persona genuinamente educada se hubiera dado cuenta inmediatamente que el sujeto debe ser impositio (manuum), y podría haber enmendado el texto sin tener que recurrir al original. Lo que de hecho Cekada parece hacer es intentar “salvar” el acusativo erróneoimpositionem agregando palabras (al igual que hizo con el texto de Pío XII), en este caso la preposición “en”. Cekada no tiene nada que hacer junto a los documentos teológicos en latín, y nunca se le debe prestar atención cuando habla o escribe.

XIX. ¿Qué hay del argumento de Cekada sobre las ordenaciones papales y el Concilio de Cartago?

La sección IV de la monografía de Cekada, “Consagraciones Papales y Ordenaciones” es un solemne testimonio de la falta de educación avanzada del autor. Cekada comienza apelando a la “práctica en los libros romanos usados paraordenaciones sacerdotales conferidas por el Papa” (énfasis de Cekada). Como fuente de estos libros “romanos” cita una compilación llevada a cabo por el benedictino francés Edmond Martène (como de costumbre Cekada no coloca el acento en el nombre).

El principal problema con el así llamado argumento “romano” se encuentra en la desagradable verdad de que “losOrdines de Martène… representan usos antiguos de la Iglesia en las Galias”.[25] La finalidad de Martène era redescubrir, a través de los Ordines, “la auténtica liturgia romana antigua y seguir sus adaptaciones y transformaciones, especialmente en las Galias”.[26] Una somera inspección de los datos de Martène revela  que varios de los Ordines  que imprimió venían de lugares como Noyon, Jumiège, Compiègne, Soisson, Besançon, Le Bec, Cambrai, Pamier, and Mainz. Algunos documentos derivaban de fuentes inglesas. Los estudiosos han notado desde hace tiempo que los Ordines “romanos”, aunque pretenden describir cómo se llevaban a cabo en Roma las funciones litúrgicas, están lejos de ser homogéneos y contienen interpolaciones, omisiones, glosas, correcciones, y materialesno-Romanos. Pero, al leer a Cekada, uno creería que éstos eran los mismísimos textos que usaban los Romanos Pontífices.

Peor que este subterfugio verbal es la afirmación de Cekada que:

Dos tercios de los libros romanos, pues, usados en varios lugares, por un período de varios cientos de años, prescriben que se imponga una mano para la ordenación sacerdotal. (Énfasis de Cekada.)

¿Pero qué pasaría si el origen de este texto “romano” fuera secundario? Cualquiera con una pizca de conocimiento de crítica textual descartaría la observación vergonzosamente ingenua de Cekada. El consejo del renombrado crítico textual del Nuevo Testamento Bruce Metzger es digno de tener en cuenta, incluso en este contexto: “La abundancia de testigos cuenta numéricamente como nada considerando el origen secundario del tipo textual (“text type”) como un todo”.

Sin un análisis del origen de los documentos y de la interrelación genealógica entre los manuscritos, nadie puede sacar conclusión alguna sobre cuán fielmente atestiguan losOrdines de Martène la praxis romana. Además, es bastante posible que estos Ordines puedan haber derivado sus regulaciones canónicas sobre la ordenación sacerdotal de una fuente no-romana (por ejemplo los Statuta Ecclesiae Antiqua, compilada en las Galias alrededor del año 500 y que circuló como (pseudo-) Cartago IV[27]). Pero sin información precisa, prácticamente todo es pura especulación. Supuesta la presentación de Cekada, como máximo, lo que uno puede decir sobre los Ordines de Martène es esto:

Durante varios siglos, en algunas regiones más allá de los Alpes, probablemente las ordenaciones sacerdotales pueden haber sido conferidas con una mano, bajo la suposiciónque la ordenación sacerdotal con una mano era la práctica romana.

No hay nada en la exposición de Cekada sobre las ordenaciones sacerdotales del Papa que justifique la afirmación de que la imposición con una mano para las órdenes sacerdotales era la práctica actual de los Papas en Roma. Además, debemos albergar la posibilidad que algunos compiladores transalpinos puedan haber introducido, sin querer, una práctica que nunca se usó en Roma.

De todas formas la información necesaria para llegar a una conclusión sobre la práctica papal no se encontrará en Martène, pues murió cerca de un siglo antes de los grandes avances metodológicos ocurridos en la ciencia y arte de la crítica textual. En cuanto Cekada no reprodujo una discusión coherente sobre los manuscritos ejemplares para defender su afirmación, los católicos tradicionalistas pueden ignorarlibremente toda esta sección IV de la monografía de Cekada, pues, si la fuente es no-romana y/o el texto está corrupto(ver la nota 28), la sección no contribuye en nada a la discusión.

XX. ¿Qué hay del argumento basado en la práctica de la confección de las órdenes con una mano en los ritos Orientales, que la Iglesia considera válidos?

Les recordamos a todos que Pío XII en su constitución apostólica de 1947 (el único texto que cuenta en este tema), determinó jurídicamente para el rito Romano la materia y forma requerida para la validez de la ordenación en el futuro. La práctica anterior, dentro y fuera del rito romano como así también otra práctica de otro rito en vigencia no son de ningún valor. Como dice una de las fuentes de Cekada, Constitutio haec vim retroactivam non habet (“esta constitución no tiene fuerza retroactiva”).[28]

Por lo tanto, a nuestro modo de ver este tema es muy sencillo: después del 28 de abril de 1948, la única materia válida para la ordenación sacerdotal en el rito romano es la imposición de las (dos) manos del obispo. No importa nada más, por así decirlo[29]. Todas las referencias distractivas sobre los ritos Bizantinos, Coptos, o Maronitas no son relevantes. Para ser sin dudas sacerdote del rito romano después de la promulgación de Sacramentum Ordinis, es necesario recibir la imposición de las (dos) manos del obispo. A la luz de la definición explícita que se encuentra en la constitución apostólica de Pío XII, la ordenación sacerdotal conferida con una mano solamente puede ser vista como un defecto en elrito romano de ordenación.

Cekada y sus seguidores están fuera de foco cuando argumentan que considerar dudosa la ordenación sacerdotal con una mano “implicaría una diferencia sustancial en las Órdenes Sagradas de Oriente y Occidente”. Cuando uno habla sobre la validez de la ordenación conferida con una mano en un rito Oriental, suponiendo que lo sea, es perfectamente posible que un sacramento tenga una materia en el rito Oriental y otra en el Latino. Entre los proponentes de esta proposición está el Jesuita Hürth cuando expresamente dice eso al comentar sobre la validez del “contacto moral”: escribe que, en el caso que no haya habido contacto físico de las manos sobre la cabeza del ordinando en una ordenación de rito Oriental, se debe consultar a Roma para determinar si la ordenación es válida o no.

No debemos olvidar que Pío XII definió el sentido de la palabrasustancia dada por Trento, y que no identificó la substancia sacramental con la materia y la forma. Además, la noción de la institución genérica de algunos sacramentos (entre los cuales está el del orden) es una explicación teológica perfectamente válida. Siempre podremos volver sobre este argumento para sostener la duda sobre la validez de la  ordenación con una mano.

Incluso si se probara que en Occidente fue válida la confección del orden sacerdotal con una mano, siempre queda laposibilidad que la Iglesia pueda tener el poder de cambiar lamateria de los sacramentos (institución genérica), y que de hecho, Pío XII haya establecido ésto en Sacramentum Ordinisal especificar la imposición de (ambas) manos.

La debilidad de la defensa de la ordenación sacerdotal con una mano efectuada por Cekada al apelar a los ritos Orientales se vuelve más evidente cuando consideramos los seculares debates sobre si la traditio instrumentorum formaba parte de la materia del sacramento del Orden. (Una de las principales razones detrás de la promulgación de Sacramentum Ordinisfue la resolución de esa cuestión). Ahora bien, la traditio nunca existió en los ritos Orientales, por lo tanto todo el tema de latraditio como materia del sacramento en el rito Latino hubiera sido completa y absurdamente inútil si para tomar una decisión fuera necesaria la identidad entre el rito Oriental y el Latino.

Viendo que hay diferencias entre los ritos, es engañoso comparar dos cosas completamente distintas. En consecuencia, no hay manera alguna de defender la certeza de la ordenación sacerdotal con una mano apelando a la práctica del rito Oriental.

XXI. ¿Podría precisarse un poco más sobre la institución genérica de los sacramentos?

Vamos a escribir la respuesta de un libro escrito en inglés y fácilmente conseguible, Principles of Sacramental Theology(The Newman Press, 1956) de Bernard Leeming.

El término latino para “institución genérica” es institutio in genere (institución en forma general), y se opone a institutio in specie (en forma específica). Según explica el P. Leeming, comenzando en pag. 414, según la teoría de la institutio in genere,

Cristo determinó el significado del sacramento, pero dejó a los Apóstoles o a la Iglesia el poder de determinar los elementos en los cuales se puede encarnar este significado…. En las Órdenes, Cristo determinó el oficio y la gracia para cumplirlo, pero dejó a la Iglesia determinar qué rito particular expresaría el significado del otorgamiento de ese poder.

Por lo tanto, concluye el P. Leeming, “el mismo significado” puede expresarse en ritos “que difieren en la forma material.” De aquí que es posible tener una materia en Occidente y otra en Oriente. El P. Leeming nos dice que entre los autores que defienden la teoría de la institución genérica se encuentran Soto, Lugo, Billuart, Billot, Tanquerey, Lennerz y Doronzo.

Como recordatorio, no afirmamos que se pudo haber cambiado la substancia de los sacramentos bajo la teoría de la institución genérica. El cambio habría ocurrido en el rito. Lo que sostenemos es que, después de Sacramentum Ordinis, es claro que se requieren dos manos como materia para que la ordenación sacerdotal sea válida en el rito Latino. Una mano, pues, debe ser, por definición, un defecto. Puesto que en la devastadora crisis en la Iglesia Occidental no podemos saber simenos de dos va a ser suficiente, el defecto debe remediarse por medio de la ordenación condicional. Los riesgos son muy grandes como para tolerar la menor duda.

XXII. Después que Dolan fue consagrado Obispo, ¿tiene todo ésto alguna importancia? ¿Acaso el episcopado no confiere la plenitud del sacerdocio?

En justicia, admitimos que hay dos opiniones en esta cuestión. Para abreviar, damos aquí dos opiniones teológicas que ilustran las diversas posturas. En defensa de nuestro parecer que Dolan debe ser re-ordenado y re-consagrado, el Dominico Royo Marín escribe (negritas nuestras)[30]:

Si hay duda fundada y prudente sobre si faltó o no algoesencial, debe repetirse sub  conditione (“bajo condición”) la ordenación, aunque se hubiera recibido ya una orden superior, al menos si se trata de las tres órdenes que son ciertamente sacramento e imprimen carácter. Y así debe repetirse sub conditione la ordenación dudosa de diácono aunque se haya recibido ya el sacerdocio; y con mayor motivo debe repetirse la del presbiterado aunque se haya recibido ya la consagración episcopal, por cuanto es muy dudosa la validez de la consagración episcopal en uno que no sea previamente sacerdote. En este caso habría que repetir sub conditione las dos ordenaciones: la de sacerdote y la de obispo.

Sin embargo, el Jesuita español Ferreres, citando al pie de página a Gasparri, nos dice que algunas autoridades no ven problema alguno con las ordenaciones per saltum (“salteada”)[31]:

… otros pretenden con bastante probabilidad que la ordenación episcopal confiere el sacerdocio pleno e independientemente de la ordenación de presbítero, y, por tanto, para su validez no se requiere en el sujeto ni el presbiterado ni las órdenes inferiores.

Como se puede apreciar, verdaderos teólogos han estado divididos sobre el tema si se puede saltear al episcopado sin una ordenación sacerdotal válida en el medio. Nuestra posición es que los católicos siempre deben elegir el lado más seguro, y esa es la postura general (“default position”) de la Iglesia.

Primero veamos lo que escribió Marcelino Zalba S.J. en 1958:

Está discutido… si (el episcopado) contiene el sacerdocio en grado eminente, de forma que si uno pasara del diaconado al episcopado su consagración sería válida aunque gravemente ilícita, así como sería válida la ordenación de diácono efectuada conforme a las ceremonias sobre un acólito no promovido al subdiaconado. La opinión negativa, que otrora fue la más común, hoy en día ya no es sostenida por ciertas personas de gran renombre (con cita a Lennerz al pie de página).[32]

Mientras esto pueda parecer un poderoso argumento a favor de los defensores de Dolan, debemos llamar la atención de todos sobre la importantísima fraseestá discutido. Argumentamos que ante un tema discutido en teología, el único recurso posible es la vía más segura. Nadie es tan importante como para inducir a cualquier católico a arriesgar un peligro espiritual sólamente con el fin de evitar dañar los sentimientos de Dolan (o Cekada).

Sin embargo, Zalba no tuvo la última palabra sobre el salto. Tan tarde como 1960, el editor de la 32° edición de la Summa Theologiae Moralis de Noldin todavía pudo imprimir lo siguiente:

Está discutido si el episcopado es un orden distinto del presbiterado o una especie de extensión y complemento del mismo sacerdocio. Sin embargo, se afirma más comúnmente que cuando el sacerdocio no ha sido conferido, el episcopado no se puede conferir válidamente.[33]


Si existen dudas, debido a un defecto, si ha sido conferido el sacerdocio, y sabemos de cierto que la ordenación sacerdotal con una mano es por lo menos defectiva a la luz de la enseñanza infalible de Sacramentum Ordinis, lo único que resta por hacer es seguir la práctica sagrada y más segura del Santo Oficio en caso de dudas: ordenación y consagración condicional.


Para saber si la ordenación sacerdotal con una mano es un defecto esencial o no se deberá esperar hasta que la Iglesia decida la cuestión, algo que tal vez no suceda por un largo tiempo. Mientras tanto, una mirada profundamente diligente para la salvación de las almas requiere que las órdenes conferidas con una mano sean consideradas, por seguridad, un defecto esencial. Aquí debemos hacer caso a la opinión del dominico español Antonio Royo Marín:

Si hay duda fundada y prudente sobre si faltó o no  algo esencial,  debe  repetirse sub  conditione la ordenación,  aunque  se  hubiera  recibido  ya  una orden superior...[34]

Sabemos por el estudio de Lennerz que la Iglesia, en casos similares a los de Dolan, ha actuado históricamente del lado más seguro:

La práctica de las Congregaciones Romanas al reparar los defectos de la ordenación sacerdotal llevadas a cabo antes de la Constitución Sacramentum Ordinis es que la ordenación sea repetida condicionalmente, si los defectos ocurren o en la imposición de las manos (al comienzo de la ordenación), o en la entrega de los instrumentos; se supone, pues, que tales defectos anulan la ordenación. (Negritas nuestras.)[35]

XXIII. ¿Hay otros ejemplos de re-ordenaciones llevadas a cabo por seguridad?

Sí. Existe un famoso ejemplo donde, a pesar de la decisión de Pío VI en una controversia sobre la necesidad del contacto físico en la imposición de las manos para el episcopado, el Santo Oficio mantuvo su política de re-consagración condicional.


En su comentario de Sacramentum Ordinis, el P. Hürth escribió que el Santo Oficio “siembre ha elegido la vía segura para decidir casos particulares” (in decidendis casibus particularibus, semper viam tutam elegit [p. 34]). Después de resumir los sucesos relacionados con la decisión del Papa de aceptar la opinión de la mayoría de una comisión de teólogos que decidieron que, en el caso particular que tenían ante sí, el contacto físico no fue necesario para la validez, el P. Hürth agregó la siguiente observación:

Notatu dignum est: S. Officium... non obstante decisione Pii  VI controversiam de necessitate tactus physici non habuisse solutam, ideoque, ob securitatem et ad arcendas funestas sequelas ordinationis forte invalidae, continuasse consuetam suam praxim, statuendo in casu dubii insolubilis: ad cautelam reordinetur ex integro sub condicione cum tactu physico. (lit.): Se debe notar que el Santo Oficio… a pesar de la decisión de Pío VI, no consideró resuelta la controversia de la necesidad del contacto físico y por lo tanto, por seguridad, y para evitar las funestas consecuencias de una ordenación posiblemente inválida, continuó con su práctica acostumbrada, estableciendo en caso de duda insoluble: como precaución sea completamente reordenado bajo condición con contacto físico.

Para enfatizar, citemos de nuevo la observación del P. Hürth: a pesar de una decisión Papal en un caso particular, el Santo Oficio decidió seguir la vía segura en casos donde no se podía resolver la duda. Como lo hemos dicho una y otra vez, los casos de ordenación con una mano conferidos después de la publicación del Sacramentum Ordinis de 1947 no se pueden resolver hasta que se pronuncie la Iglesia restaurada. Ni un Papa válido ni el Santo Oficio se han dirigido oficial y formalmente sobre este tema. Lo único que tenemos en qué apoyarnos con certeza es la clara enseñanza de Sacramentum Ordinis, donde Pío XII enseñó explícitamente que la primera imposición de las manos del obispo constituye la materia del sacramento del orden sacerdotal en el rito latino. Todo lo cual nos lleva a esta conclusión fundamental:

Si el Santo Oficio decidió estar seguro incluso ante una decisión papal en un caso particular, entonces los tradicionalistas se deben aferrar aún mucho más tenazmente a la opción seguraante una enseñanza papal “próxima de fe” dirigida en general a toda la Iglesia latina.

 En ausencia de toda decisión autorizada, auténtica, en contrario de parte del magisterio, la postura segura es adherir a la letra clara y unívoca del legislador: la imposición de lasmanos es la materia del sacramento del orden sacerdotal en el rito latino. Por lo tanto, puesto que el tema de la validez de la ordenación sacerdotal con una mano en el rito latino es, hoy por hoy, insoluble, la única vía segura para salir de este lío es la re-ordenación condicional.

XXIV. Cekada afirma que los oponentes de la ordenación con una mano que apelan al principio de la pars-tutior “no hacen más que repetir como loros una frase”. Insiste que “no existe la opción más segura”. Por lo tanto, al no existir la opción más segura, ¿cómo es que Dolan está obligado a seguirla?

Veamos lo que Cekada dice sobre el famoso axioma in dubio pars tutior eligenda est (“en caso de duda, se debe elegir lo más seguro”). Insiste que el axioma “solamente se aplica cuando hay que elegir entre una acción moralmente segura y otra no-segura” (énfasis de Cekada). Sin embargo, Noldin (p. 220,236 [β]) nos enseña que el axioma se aplica “cuando se trata de la validez de los sacramentos (ubi agitur de valore sacramenti)." En efecto, “cuando… se trata de un tema sobre el cual depende la validez de los sacramentos, se debe elegir el medio seguro (ubi... agitur de re, a qua valor sacramenti dependet, eligendum est medium certum)."

En otras palabras, cuando está en juego la validez de los sacramentos debemos seguir la vía más segura, lo cual es lo que nosotros y muchos otros hemos estado diciendo todo el tiempo. Y puesto que no sabemos con seguridad si la ordenación sacerdotal con una mano es un defecto invalidante o no, ésta es la ocasión correcta para optar por el lado más seguro. Los sacramentos son demasiado importantes como para correr el menor riesgo (si bien sospechamos que el defecto de la ordenación con una mano no es menor, sobre todo teniendo en cuenta la práctica documentada del Santo Oficio de re-consagrar en situaciones parecidas [ver el párrafo XXIII más arriba]).

No nos debemos equivocar: cuando se trata de la validez de los sacramentos, estamos obligados a seguir la vía más segura cuando hay dudas. Como hemos demostrado, y contrariamente a lo que escribió Cekada, HAY duda suficiente sobre la ordenación con una mano que nos obliga a adherirnos a la vía más segura. Suponer ciegamente que Dolan está ordenado sacerdote y consagrado obispo válidamente, simplemente no es una vía segura. De hecho, es moralmente inseguro, dado que hay un riesgo alto de perder la vida eterna sin sacramentos válidos.

El teólogo Regatillo ofreció un consejo similar, ¡a pesar de considerar válidas las ordenaciones con una mano! Notemos esta observación:

Los otros canonistas que he consultado, al igual que yo, creemos que una ordenación conferida de esa manera (a saber, con una mano) es válida; y dejaríamos al ordenado de esa manera que ejerciera las órdenes en paz. Sin embargo, mientras tanto recomendaríamos (o“aconsejaríamos” o “urgiríamos” o “sugeriríamos”, etc.) que se consulte al Santo Oficio para saber si se debe suplir algo en este caso.[36]

Tan cierto como estaba Regatillo sobre la validez de la ordenación con una mano, prudentemente aconsejó un modo de obrar más seguromientras tanto consultar con Roma para ver si había que hacer algo con respecto al defecto en el caso particular. El comportamiento romano de precaución en tales materias es siempre el de elegir la vía más segura, sin importar nada. En el caso de Dolan y de todos aquellos que ha ordenado sea como sacerdote o como diácono, la vía más segura es la re-ordenación condicional (y re-consagración, cuando corresponda).

A pesar de la precaución de Regatillo, Cekada insiste en que sabemos que la ordenación con una mano es segura basado en sus argumentos de la práctica papal y de los Ritos Orientales. Sin embargo, como se ha visto, hemos refutado/impugnado estos argumentos: la pregunta XX (y la nota 28) desacredita su postura sobre la práctica papal, y la cuestión XX su afirmación sobre los Ritos Orientales.

XXV. ¿Podrían presentar un argumento para que usen los laicos a fin de persuadir a Dolan a que busque la re-ordenación y la re-consagración para remediar su defectuosa ordenación?

Sí, podemos. Si la ordenación sacerdotal de Dolan del año 1976 con una mano, denunciada por nueve sacerdotes, no confirió el sacramento, entonces no es sacerdote y seguramente tampoco obispo, pues es bastante posible que la consagración episcopal de Dolan no le aseguró la posesión del sacerdocio. En vista de lo que dicen teólogos como A. Vermeersch, S.J., uno debe ser sacerdote antes de recibir el episcopado:

El episcopado… es un sacramento tan distinto del simple presbiterado que no sólo los sacerdotes inferiores carecen del poder conferido por la consagración episcopal, sino también, por lo menos según varios [autores], que el episcopado no contiene el simple sacerdocio, [laguna en la versión original impresa] habiendo salteado la ordenación sacerdotal, sería conferida inválidamente…” (Énfasis del original).[37]

Dolan debe considerar las necesidades de los laicos y actuar para remediar sus inquietudes repitiendo tanto su ordenación sacerdotal como su consagración episcopal. Notemos la opinión de Henry Davis, S.J., sobre esta materia (negritas nuestras):

… cada vez que persiste una duda prudente basada en razones probables sobre la validez de un Sacramento, el mismo puede ser repetido (c. 732.2), y se debe observar que cuando está en juego el bien de los demás o concierne la ansiedad espiritual del que lo recibe, la repetición se puede conceder más fácilmente. La repetición del Sacramento se debe hacer cuando se duda sobre su validez – o más bien, cuando su validez no sea moralmente cierta - en los casos cuando el Sacramento es necesario, sea absolutamente y por su propia naturaleza, como el bautismo, o relativamente y con respecto al bien de los demás, como en la Ordenación, absolución, Extremaunción. Por lo tanto es obligatorio repetir cuando existen dudas sobre la validez del Bautismo, Orden, absolución de los moribundos, Extremaunción de los inconscientes, y consagración de las hostias.[38]

Si los católicos están realmente obligados a hacer todo lo necesario para asegurarse el acceso a los verdaderos sacramentos, entonces Dolan está obligado a asegurar que no existe la menor duda sobre los sacramentos que él administra. Hasta ahora no parece haber hecho nada para remediar el defecto, así que es tiempo que los laicos exijan una acción. Deben decirle a Dolan que está obligado a remediar el defecto de sus órdenes por el bien de las almas. Los fieles deben mostrarle que la monografía de Cekada sobre las órdenes con una mano está plagada de errores y que no tiene ningún valor. Además, la prudencia Católica prescribe que, por el bien de los demás, incluso si graves malas traducciones, defectuosa erudición, erróneas transcripciones, y vergonzosos pedidos especiales no hubieran desacreditado el artículo de Cekada, Dolan debió haber buscado reordenarse antes de su consagración hace dos décadas, simplemente para estar completamente seguro. Es el modo católico de actuar.

Sin apelar a la ahora desacreditada monografía, Dolan ya no puede estar moralmente cierto de la validez de su sacerdocio y episcopado. Los fieles deben tener una confianzaincondicional en la validez de los sacramentos que reciben de sus manos, incluso si él mismo no tiene problemas con la integridad de sus propias órdenes. Dolan tiene el deber de remediar el defecto porque el riesgo de estar equivocado en este tema que toca el sacramento del orden, tiene muchasconsecuencias nefastas.

XXVI. Pero si es un principio de la teología sacramental que “la forma determina la materia” en los sacramentos, ¿no tiene razón Cekada al decir que quienes “cuestionan la validez de una ordenación conferida con una mano vuelven este principio contra sí mismo: La materia (una o dos manos) termina determinando lo que significa la forma”?

Primero, clarifiquemos el principio, pues si se lee sólo el texto de Cekada, se puede tener la impresión que el obispo puede usar una o dos manos, o incluso el codo, o su dedo mayor, o su dedo gordo derecho para designar al que recibe la bendición. La palabra determina, en el contexto Escolástico, no significa, como a veces sucede, “resolver o decidir por medio de la elección de alternativas o posibilidades”. No existe una elección de la materia de un sacramento puesto que no podemos cambiar las definiciones de la Iglesia (aunque, si se piensa bien, Cekada intentó hacer precisamente eso con su perversa traducción de la constitución apostólica de Pío XII [ver más arriba las cuestiones VI - X). Como término técnico en la filosofía Escolástica, determina significa “causar una perfección determinada”. Así en la frase “la forma determina la materia”, la palabra determina significa “actualiza”.

En la teología Católica, los términos materia y forma están tomados analógicamente de la teoría hilemórfica de Aristóteles donde, para usar la lúcida expresión de John O’Neil, “la forma sustancial actualiza la materia prima, y así produce una sustancia que tiene una existencia determinada, una actividad natural, y una esencia inteligible”[39]. La diferencia entre la doctrina de los principios de la naturaleza de Aristóteles y la aplicación de su terminología a la teología es que la unión entre la forma y la materia del sacramento es moral y no física. En una unión moral de materia y forma, la forma correcta no puede actualizar nada que no haya sido definido como materia válida para un sacramento específico. Hoy por hoy, todo lo que sabemos con certeza es que la materia del orden sacerdotal es la imposición de las manos.

Vamos ahora a la cuestión central: No existe razón alguna para darle ninguna credibilidad a la afirmación de Cekada en la sección III de que “cuestionar la validez de una ordenación conferida con una mano vuelve este principio contra sí mismo: La Materia (una o dos manos) termina determinando lo que significa la forma”. El Papa Pío XII definió infaliblemente 1) la forma específica y 2) la materia específica que resultaría en la ordenación al sacerdocio. Después de 1947, no puede haber ninguna duda al respecto. La materia del presbiterado NO es una opción entre “una o dos manos” como dice Cekada, porque el Papa declaró que la única materia es la primera imposición de las manos del obispo, hecha en silencio, y no la continuación de la extensión de la mano derecha. Y las palabras esenciales que determinan, o actualizan, la imposición de las manos del obispo son: Da, quaesumus, omnipotens Pater... insinuet.

Por lo tanto la cuestión ha sido resuelta y ninguna acrobacia verbal, mala traducción o pedido especial puede cambiarlo. Al cuestionar la validez de la ordenación sacerdotal con una mano, nadie está volviendo ningún “principio contra sí mismo” afirmando absurdamente que el elemento indeterminado determina el elemento determinante. La verdad es que los católicos que albergan dudas sobre la validez de las ordenaciones con una mano están adhiriendo fielmente a la más que clara autoridad suprema docente de la Iglesia.

Sin embargo Cekada tuvo razón en una cosa: usó la palabracuestionar. Como siempre lo hemos dicho, no afirmamos que la ordenación con una mano sea inválida, por la simple razón que la Iglesia no ha resuelto el tema. Sin embargo, a la luz de laexplícita enseñanza de Pío XII, la ordenación con una manoes cuestionable. ¿Es válida o no? ¡Quién sabe! Pero hasta que tengamos una decisión autoritativa de la Iglesia, debemos invocar el principio soberano de la teología sacramental: in dubio pars tutior eligenda est – en caso de duda, debemos elegir la opción más segura. Recordemos: históricamente la Iglesia siempre ha elegido la vía más segura con respecto a la administración de los sacramentos.

XXVII. En concreto ¿qué deben hacer los fieles?

Existen dudas positivas sobre el orden sacerdotal y episcopal de Dolan. Lo cual quiere decir que los fieles no pueden asentir ni a su validez ni a su invalidez por razones igualmente serias en ambos casos. Mientras permanezca la duda positiva, los fieles deben tomar la vía más segura y considerar las órdenes de Dolan como nulas e inválidas, es decir, deben asumir que no es ni sacerdote ni obispo. Abandonen las capillas Dolanistasinmediatamente y hagan re-confirmar a sus hijos (y a uds. mismos si fuera el caso) por un obispo válido. Además, pregunten a algún sacerdote competente fuera del culto si es preciso hacer una confesión general si han estado recibiendo la absolución de Dolan o de alguno de los 14 hombres que ha ordenado como sacerdotes (y también de todo aquel que fue ordenado sacerdote por otro obispo pero que recibió el diaconado de Dolan). Si planean seguir en la casa principal del culto o en algunas de sus capillas satélites, háganle saber a Dolan que si no quiere poner a los fieles antes que a él, entonces retirarán todo soporte financiero, material y moral.






[1] Los Padres Zapp, Kelly, Skierka, Jenkins, Sanborn, Mroczka, Ahern, Greenwell y Bamberger.

[2] Nota del Trad.: unos 6 metros.

[3] “The matter of the Sacred Orders of Diaconate, Priesthood, and Episcopacy is one and the same, and that indeed is the imposition of hands".

[4] Roy J. Deferrari in DenzingerThe Sources of Catholic Dogma, p. 360, #4. También se encuentra en onetruecatholicfaith.com.
N.B. Para mayor facilidad de lectura hemos adoptado un estilo informal, minimalista para las notas al pie de página.

[5] “Canon Law Digest” de 1954. Cfr. papalencyclicals.net.

[6] Clarence McAuliffe, S.J., Sacramental Theology, p. 360.

[7] Jesuits of St. Mary’s College, The Church Teaches, p. 333.

[8] Symboles et Définitions de la Foi Catholique, ed. Joseph Hoffman, Les Éditions du Cerf.

[9] Denzinger-Hünermann, 43° edition, 2010, Herder, Freiburg im Breisgau, No. 3859, p. 1002.

[10] Denzinger, traducción de Ruiz Bueno, 1963.

[11] Fundamentals of Catholic Dogma, p. 454.

[12] Sacramental Theology, p. 359.

[13] El texto latino, tal como lo publicó Cekada, dice: "eique responsum fuit validam fuisse ordinationem presbyteralem in qua Episcopus unicam manum imposuit" que él traduce así: “Su respuesta fue que una ordenación sacerdotal en la cual el obispo impuso una mano era válida…” (Énfasis de Cekada). En esta traducción, el sustantivo “respuesta” ciertamente suena muy oficial y concedemos que en latín existe un sustantivo responsum que denota una réplica oficial (como por ejemplo cuando leemos en el Denzinger, Resp(onsum). Commissionis de re Biblica (“Réplica de la Comisión Bíblica”).

Admitimos, además, que como traducción útil al inglés llano con finesinformales, la versión de Cekada es aceptable, si bien no es completamente precisa, pues la construcción latina subyacente es elpasivo impersonal (con fuit en lugar de est, una sustitución común). Literalmente, … eique responsum fuit… significa “y le fue respondido…” o incluso más literalmente, “… y una respuesta a (o para) él tuvo lugar…”. La diferencia semántica es sutil pero no insignificante: la voz pasiva, además de evitar nombrar un agente, enfatiza la acción como un todo y resalta la noción de que una acción fue producida o efectuada. En otras palabras, tenemos ante nosotros una actividad, no un resultado (es decir una resolución formal o semi-formal), como nos quiere hacer creer la palabra “respuesta”. Una traducción más precisa, aunque aún así idiomática, hubiera sido: “… y le respondieron (o le dijeron como réplica)…”.

No vamos a decir que esta traducción es tan engañosa como la perversamente errónea traducción de Cekada de la enseñanza Papal deSacramentum Ordinis. Preferimos pensar que, debido a su insoportable déficit educacional, simplemente no pudo entender el Latín (como lo sugiere fuertemente su traducción: “Su (pronombre posesivo neutro en el original inglés) respuesta fue que…”. Énfasis nuestro).

[14] The Sacraments, vol. IV (libro seis, vol. XI en Loreto Publications, 2014, reimpresión), pag. 69-70.

[15] Ludwig Ott, Fundamentals of Catholic Dogma (TAN Books), p. 9.

[16] rore-sanctifica.org/biblio-num-06.html

[17] Fundamentals of Catholic Dogma (Tan Books), pp. 363-365, tiene una discusión breve, fácil de entender, de estos temas en inglés.

[18] Nota del trad.: Para las citas de la constitución ver Dz. 2301 (cfr.https://docs.google.com/file/d/0B9XFGc_BZfpPZ3RMT1NNdnB6Tk0/edit?pli=1).

Quae cum ita sint, divino lumine invocato, suprema Nostra Apostolica Auctoritate et certa scientia declaramus et, quatenus opus sit, decernimus et disponimus : Sacrorum Ordinum Diaconatus, Presbyteratus et Episcopatus materiam eamque unam esse manuum impositionem; formam vero itemque unam esse verba applicationem huius materiae determinantia, quibus univoce significantur effectus sacramentales, — scilicet potestas Ordinis et gratia Spiritus Sancti — , quaeque ab Ecclesia qua talia accipiuntur et usurpantur. Hinc consequitur ut declaremus, sicut revera ad omnem controversiam auferendam et ad conscientiarum anxietatibus viam praecludendam Apostolica Nostra Auctoritate declaramus, et, si unquam aliter legitime dispositum fuerit, statuimus instrumentorum traditionem saltem in posterum non esse necessariam ad Sacrorum Diaconatus, Presbyteratus et Episcopatus Ordinum validitatem.

[19] De materia autem et forma in uniuscuiusque Ordinis collatione, eadem suprema Nostra Apostolica Auctoritate, quae sequuntur decernimus et constituimus: In Ordinatione Diaconali materia est Episcopi manus impositio quae in ritu istius Ordinationis una occurrit… In Ordinatione Presbyterali materia est Episcopi prima manuum impositio quae silentio fit, non autem eiusdem impositionis per manus dexterae extensionem continuatio, nec ultima… Denique in Ordinatione seu Consecratione Episcopali materia est manuum impositio quae ab Episcopo consecratore fit.

[20] Parte preparatoria sic absoluta, Constitutio Apostolica (Const. n. 4) transit ad partem dispositivam, in qua primo collective pro omnibus tribus ordinibus, Diaconatus, Presbyteratus, Episcopatus statuitur, quid ad valorem requiratur, quid non requiratur; deinde ididem (léase ibidem) fit relate ad singulos hos ordines, singillatim sumptos.

[21] Id quod “declaratur", (respective insuper “disponitur”), ex parte est positivum, ex parte negativum. Pars positiva respicit necessitatem et suficientiam solius manuum  impositionis, tamquam materiae, ad validam Ordinationemdiaconalem, presbyteralem, episcopalem, necnon necessitatem et sufficientiam verborum, tamquam formae, etc.

[22] Parti positivae statim adnectitur pars negativa, scl. declaratio et dispositio, quidnam non requiratur (Const. n. 4). Haec pars negativa est simplex et necessaria conclusio ex antecedenti parte positiva; ideo incipit verbis: “hinc consequitur”. Et revera, si unica materia, quae ad valorem requiratur, est impositio manuum, nulla alia materia ad valorem necessaria esse potest. Pars negativa in primis respicit “traditionem instrumentorum”, quam, ut supra notatum est, multi theologi primae notae ante et post Concilium Florentinum dixerunt materiam sacramenti, ad valorem saltem etiam necessariam.

[23] Parti generali de tribus Diaconatus, Presbyteratus, et Episcopatus Ordinibus adiungitur pars specialis de singulis Ordinibus, singillatim sumptis (Const. n. 5), et quaeritur, quinam ex ritibus occurrentibus ad essentiam et valorem singulorum ordinum sint necessarii.

[24] “For in conferring the diaconate, one hand of the bishop is imposed; in the priesthood, both are imposed and this imposition is continued by the extension of the right hand alone. And since in Pius XII’s Constitution the only essential matter common to all three holy orders is designated at the imposition of hands…”

[25] Hugh Williams en su edición de 1899 de De Excidio Britanniae por Gildas, p. 232 (Google Books).

[26] Eric Palazzo, A History of Liturgical Books From the Beginning to the Thirteenth Century, p. 181 (Liturgical Press, 1998).

[27] Es interesante notar que el texto de los Statuta impreso en 1951 por Michel Andrieu es diferente al de Martène. Martène publicó (p. 22, parr. XI, edición de 1763) lo siguiente como el rito descrito por el “Concilio IV de Cartago”:

Presbyter cum ordinatur, episcopo eum benedicente, etmanum super caput ejus tenente, etiam omnes presbyteri, qui praesentes sunt, manus suas juxta manum episcopi super caput illius teneant. [Énfasis nuestros. N.B. hemos alterado el signo & por et, y cambiamos las s largas  en varias palabras.] (lit.) Cuando se ordena un sacerdote, mientras el obispo lo bendice y sostiene (su) mano sobre su (del ordenando) cabeza, que todos los sacerdotes presentes también sostengan sobre la cabeza de ese hombre (el ordenando) sus propias manos junto a la mano del obispo. [Énfasis nuestros.]

Si uno consulta las notas al pie de Cekada a los Ordines que cita en defensa de la ordenación con una mano (nn. 41-48), se podrá ver la similitud de lenguaje: de hecho los diversos textos son virtualmente idénticos al que acabamos de citar. Como confirmación de su argumento en favor de la ordenación con una mano, Cekada cita después (en la sección de los ritos derivados de Roma) del libro de Paul Bradshaw una traducción del ritual de los Statuta, un texto que el mismo Cekada admite que es galicano.

Sin embargo, la recensión moderna, erudita de los Statuta impresa en M. Andrieu Les Ordines Romani du Haut Moyen Age (III, p. 617, Spicilegium Sacrum Lovaniense) lee lo siguiente:

Presbyter cum ordinatur, episcopo eum benedicente, et manussuper caput ejus tenente, etiam omnes presbyteri, qui praesentes sunt, manus suas juxta manus episcopi super caput illius teneant. [Énfasis nuestros.] (lit.) Cuando se ordena un sacerdote, mientras el obispo lo bendice y sostiene (sus)manos sobre su (del ordenando) cabeza, que todos los sacerdotes presentes también sostengan sobre la cabeza de ese hombre (el ordenando) sus propias manos junto a las manosdel obispo. [Énfasis nuestros.]

Una pequeña letra hace una gran diferencia. Notar también que otra versión de los Statuta, basado en manuscritos italianos- impresos por primera vez por los hermanos Ballerini en 1757 y luego por Migne y por el patrologista Dom German Morin (con algunas variantes), cuyo texto reprodujo Andrieu en 1951- testimonia el plural MANOS.

[28] Ius Sacramentarium (2° Edición, Sal Terrae, 1949), p. 469.

[29] Nota del trad. Juego de palabras intraducible al español, donde utilizan la palabra matters (importa), que es igual que matter(materia).

[30] Teología Moral para Seglares, II (BAC, 1961), p. 494, c.

[31] Derecho Sacramental (Eugenio Subirana, 1932),  348 (1) p. 184.

[32] Theologiae Moralis Compendium, II (BAC, 1958), p. 704.Disputatur... num [episcopatus] presbyteratum eminenter contineat; ita ut si quis per saltum a diaconatu transiret ad episcopatum, eius consecratio esset valida etsi graviter illicita; sicut valida esset ordinatio in diaconum rite peracta super acolythum non promotum ad subdiaconi gradum. Sententia negativa, quae olim fuerat communior, nunc a quibusdam magni nominis non jam sustinetur.

[33] Summa Theologiae Moralis (32° edición, Felician Rauch, 1960), p. 390, 454,1. Utrum episcopatus sit ordo a presbyteratu distinctus, an extensio quaedam et complementum ipsius sacerdotii, disputatur. Illud tamen communius affirmatur episcopatum, nondum collato sacerdotio, valide conferri non posse.

[34] Teología Moral para Seglares, II (BAC, 1961), p. 494, c.

[35] De Sacramento Ordinis (Pontificia Universitas Gregoriana), p. 131. Praxis Congreg. Romanarum  in reparandis defectibus ordinationis presbyterorum ante Constitutionem «Sacramentum Ordinis» factae est, ut sub conditione ordinatio iteretur, si defectus erant vel in impositione manuum (in initio ordinationis), vel in traditione instrumentorum; supponitur ergo tales defectus posse ordinationem reddere invalidam.

[36] Theologiae Moralis Summa III (1954), p. 495. … Alii canonistae, quos consuli, et ego validam putamus ordinationem sic collatam; et sic ordinatum relinqueremus ut ordinem in pace exerceret. At  interea suaderemus ut consulatur S. Officium: an aliquid sit supplendum in casu.

[37] Theologia Moralis, III, (Università Gregoriana, 3rd Edition), p.554, 619. Episcopatus...  est sacramentum a simplici presbyteratu ita distinctum ut non tantum inferiores sacerdotes careant potestate collata per consecrationem episcopalem, sed etiam, saltem secundum plures, ut episcopatus simplicem presbyteratum non contineat, [laguna de 8 caracteres en la versión impresa] praetermissa ordinatione sacerdotali, invalide conferretur... (énfasis del autor.)

[38] Moral and Pastoral Theology, tercer volumen, (Sheed and Ward, 1943), p. 25.

[39] H.J. Koren, C.S.Sp., Readings in the Philosophy of Nature, p. 183 (Newman Press, 1965).