miércoles, 30 de septiembre de 2015

Los registros akashicos

Nueva Era: los Registros Akáshicos
Tomado de InfoRies


¿Qué es esta superstición o pseudociencia que parecer haberse puesto de moda? Responde a esta cuestión Miguel Pastorino, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), en el portal católico Aleteia. Reproducimos su artículo a continuación.

En el océano de las nuevas pseudoterapias New Age, todos los días se ofrecen nuevas formas de adivinación o curación, de superación espiritual o de conocimientos “superiores”. No son pocos los que, al escuchar una palabra de origen sánscrito, hebreo o griego, imaginan que lo que le ofrecen es una sabiduría milenaria olvidada durante siglos.

Cuando escuchamos a personas que afirman que asisten a “lectura de registros akáshicos” y que quién lo realiza es un psicólogo, la confusión se hace mayor. ¿Qué son estos registros? ¿Una nueva moda en psicología? ¿Superstición? ¿Pseudociencia? ¿Adivinación con nuevo nombre? Creemos que en realidad, como todo lo promovido por la Nueva Era, tiene un poco de todo.

Una doctrina esotérica

Los defensores de los “registros akáshicos” predican que existen desde la creación del mundo y que fueron conocidos por las grandes civilizaciones de la antigüedad. Muchos “videntes” y pretendidos expertos en el tema, entienden que estos registros existen desde la creación del universo y que fueron creados por Dios. Según sus defensores, es como una base de datos del mundo mineral, vegetal, animal y humano, incluso de fenómenos paranormales. Para ellos es un conocimiento trascendental de todas las cosas y de la vida misma.

Los teósofos definen los registros akáshicos como una especie de memoria colectiva, de todo lo que ha acontecido desde el comienzo del tiempo. En el éter estarían almacenados todos los conocimientos del universo, y los seguidores de la Nueva Era creen y difunden esta creencia. Para ellos los “registros akáshicos” son una “memoria universal de la existencia, un espacio multidimensional dónde se archivan todas las experiencias del alma, incluyendo todos los conocimientos y las experiencias de las vidas pasadas, la vida presente y las potencialidades futuras. Este sistema energético contiene todas las potencialidades que el alma posee para su evolución en esta vida y su verdadera razón de ser, el sentido de la existencia. Existe para el plano individual, planetario y universal con diferentes frecuencias vibratorias”.

Según la teosofía solo unos pocos pueden acceder a los registros akáshicos, y para ello se necesitan dones especiales, entre los que se incluye a chamanes, mediums espiritistas o videntes. Cada uno accedería por diversos caminos, en sueño o en viajes astrales, pero siempre “saliendo del propio cuerpo”.

La verdad detrás de la fantasía

Los “registros akáshicos” no tienen un origen tan antiguo como se suele afirmar, sino que son un invento moderno. Ni siquiera existe la expresión en sánscrito, que es la lengua sagrada del hinduísmo, de donde dicen que proviene. La expresión akasha sí existe, viene del sánscrito, y alude a una realidad que fue traducida como “éter”, como una especie de fluido intangible, inmaterial y sutil, que penetraba el universo y era vehículo del sonido y de la vida.

Pero el neologismo “akáshico” es un invento de la teósofa británica Annie Bésant (1847-1933), discípula de Madame H. P. Blavatsky y referente mundial del esoterismo y la Sociedad Teosófica. La primer noticia que tenemos de la expresión aparece en un libro de Annie Besant escrito en 1897, llamado La sabiduría antigua. Antes de eso no hay nada. Un invento que tiene poco más de 100 años y no miles.

En sus escritos Besant defendió que los antiguos maestros creían que existían estos registros en una realidad incorpórea, desconocida para la mayoría de la humanidad. Entre estos maestros incluyó a las grandes civilizaciones conocidas en su tiempo: druidas, caldeos, egipcios, griegos, hebreos, hindúes, mayas, árabes, persas, chinos, tibetanos y cristianos. Aunque claro está, que jamás aportó ninguna prueba histórica de ello, porque fue un invento suyo. Ninguna de esas civilizaciones se enteró de tales registros.

¿Quién respaldó y difundió estas creencias?

Charles W. Leadbeater (1854-1934) cuenta sus experiencias personales analizando los registros del éter en la sede de la Sociedad Teosófica en la India (1910). Allí contó la historia de la Atlántida, de otras supuestas civilizaciones desaparecidas e hizo algunas predicciones para el siglo XXVII. Luego de los escritos de Leadbeater, una larga lista de teósofos y esoteristas de Europa y Estados Unidos declararon que también podían acceder a los registros akáshicos, y comenzaron a publicar sus descubrimientos. Entre ellos se encuentran líderes de distintas sectas gnósticas y esotéricas, como Rudolf Steiner (fundador de la antroposofía), Max Heindel (fundador de los Rosacruces), Edgar Cayce, Samael Aun Weor (fundador de la Gnosis moderna), los ocultistas Manly P. Hall y Dion Fortune, entre otros.

Puro invento teosófico

Es interesante descubrir que las tradiciones religiosas más implicadas -según los teósofos- son el budismo y el hinduismo. Paradójicamente ni budistas ni hinduistas aceptan estos registros, ya que no existe ninguna mención en sus textos sagrados. Como tantas cosas creídas de las religiones orientales que no son ciertas, fueron invenciones de la Sociedad Teosófica.

Obviamente a pesar del lenguaje pseudocientífico que utilizan hoy sus defensores, no tienen ninguna validez científica y es pura fantasía esotérica. En todos los libros sobre el tema, hay interminables citas de libros sagrados y de autores espirituales, incluso inexistentes, como “maestros ascendidos”, que no tienen ningún fundamento real.

Entre las pseudoterapias y la Nueva Era

En la actualidad varios psicoterapeutas que no tienen problema en mezclar sus técnicas psicológicas con pseudoterapias new age, han incorporado la “lectura de registros akáshicos” dentro de la sesión psicoterapéutica. Con acciones de este tipo, el psicólogo se vuelve aquí una especie de chamán que inicia a sus pacientes en universos paralelos y viajes por otras dimensiones.

Sus promotores defienden que no hay ninguna pregunta que no encuentre respuesta en los Registros Akáshicos. “La maravilla de los Registros no reside únicamente en ser la fuente de una inmensa cantidad de información, sino en su potencial para sanarnos, para activar nuestra Maestría Personal y el ADN, en otras palabras vivir la vida que estamos llamados a vivir”. Algunos prometen la “sanación akáshica” mediante la cual, en contacto con los registros uno puede cambiar toda su vida, sus actitudes y sanar enfermedades.

En incontables artículos y cursos sobre el tema, uno puede observar la interminable lista de afirmaciones sin fundamento histórico o científico al respecto de tales registros, porque es simplemente una creencia supersticiosa, con lenguaje pseudocientífico, que al igual que la Nueva Era, es capaz de unir de modo increíble el budismo, el espiritismo, el inconsciente colectivo de Jung, las profecías mayas, la física moderna, la magia, la Biblia y el psicoanálisis.

El pensamiento mágico en nuestros días encuentra un terreno fértil, donde cualquiera es sembrador y se cosecha cualquier clase de fantasía, como si fuera el último hallazgo científico. En cada crisis cultural de la historia ha resurgido el pensamiento mágico con mucha fuerza y visibilidad. Como escribía Bergson en 1932: “Rechazada por la ciencia, la tendencia a la magia subsiste y espera que llegue su hora”.

martes, 29 de septiembre de 2015

Reflexión sobre la legislación matrimonial

Cuando era niño el presbítero de la parroquia modernista se desvivía diciendo que el único matrimonio que valía para la Iglesia era el celebrado e
n la Iglesia y que el "matrimonio civil" no tenía ningún valor. En efecto, el "matrimonio civil" es un contrato.

Cuando dejé la Iglesia Conciliar, escuché y leí muchísimo sobre el verdadero matrimonio y la diferencia de naturaleza con el "matrimonio civil". Aprendí la doctrina católica sobre el matrimonio cristiano, sus características, su esencia de sacramento. Desde entonces, rechacé el "matrimonio civil" como una mentira, como una ficción, como un insulto a los Católicos y a la Iglesia fundada por Cristo. Por eso, las leyes que el estado dicte en materia de matrimonio no tienen ningún valor para mi, porque yo soy católico y no reconozco al estado legislando sobre mi fe.

Me sorprende entonces como los tradicionalistas se horrorizan por la nueva legislación en materia de "matrimonio civil" y me pregunto ¿A nosotros, los católicos, qué nos importa? ¿Acaso ahora el "matrimonio civil" tiene para nosotros valor? ¿O es que algunos tradicionalistas mentían y mienten cuando se trata de reconocer la legislación estatal en algo que escapa a sus funciones, como es un sacramento? ¿O es que acaso estos tradicionalistas nunca entendieron que el matrimonio es un sacramento? Si yo considero que el estado puede legislar válidamente sobre el matrimonio, entonces tengo que aceptar que pueda legislar sobre los demás sacramentos... y eso es un absurdo.

¿Qué nos importa a nosotros lo que un estado infiel, dirigido por infieles, herejes y apóstatas pueda decir sobre algo que ni cree ni entiende? ¡Qué ellos hagan sus leyes para sus hermanos en el error! ¡Qué dicten sentencias para sus hermanos e hijos en la incredulidad!

Nosotros tenemos una ley superior, una ley que no puede cambiar: la Ley del Evangelio.

martes, 8 de septiembre de 2015

Natividad de la Santísima Theotokos


Sermón de San Juan Damasceno
Padre Glorioso de la Iglesia


Ya que estaba determinado que la Virgen Madre de Dios nacería de Ana, la naturaleza no se atrevió a adelantarse al germen de la gracia, sino que esperó a dar su fruto hasta que la gracia hubo dado el suyo. Convenía, en efecto, que naciese como primogénita aquella de la que había de nacer el primogénito de toda la creación, en el cual todo se mantiene.

¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana! Toda la creación os está obligada, ya que por vosotros ofreció al Creador el más excelente de todos los dones, a saber, aquella madre casta, la única digna del Creador.

Alégrate, Ana, la estéril, que no dabas luz, rompe a cantar de júbilo, la que no tenías dolores. Salta de gozo, Joaquín, porque de tu hija un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y será llamado: «Angel del gran designio» de la salvación universal, «Dios guerrero». Este niño es Dios.

¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana, totalmente inmaculados! Sois conocidos por el fruto de vuestro vientre, tal como dice el Señor: Por sus frutos los conoceréis. Vosotros os esforzasteis en vivir siempre de una manera agradable a Dios y digna de aquella que tuvo en vosotros su origen. Con vuestra conducta casta y santa, ofrecisteis al mundo la joya de la virginidad, aquella que había de permanecer virgen antes del parto, en el parto y después del parto; aquella que, de un modo único y excepcional, cultivaría siempre la virginidad en su mente, en su alma y en su cuerpo.

¡Oh castísimos esposos Joaquín y Ana! Vosotros, guardando la castidad prescrita por la ley natural, conseguisteis, por la gracia de Dios, un fruto superior a la ley natural, ya que engendrasteis para el mundo a la que fue madre de Dios sin conocer varón. Vosotros, comportándoos en vuestras relaciones humanas de un modo piadoso y santo, engendrasteis una hija superior a los ángeles, que es ahora la reina de los ángeles. ¡Oh bellísima niña, sumamente amable! ¡Oh hija de Adán y madre de Dios!

¡Bienaventuradas las entrañas y el vientre de los qm saliste! ¡Bienaventurados los brazos que te llevaron, lo; labios que tuvieron el privilegio de besarte castamente, e; decir, únicamente los de tus padres, para que siempre y er todo guardaras intacta tu virginidad!

Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad Alzad fuerte la voz, alzadla, no temáis.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Estudio sobre la Bula Cum Ex Apostolatus Officio

Cum ex apostolatus officio: 
entre las consideraciones históricas y los jueces suplentes del Valle de Josafat


A modo de introducción

La extraordinaria situación que vive la Iglesia Católica ha llevado a una situación histórica sin precedentes, por su magnitud y alcance en la Iglesia Católica Romana: la Primera Sede se encuentra usurpada por enemigosde la Fe Católica.[1] Esta situación caótica se repite en todas las diócesis y aquellos que permanecen fieles a la doctrina cristiana, han terminado en su mayoría siguiendo a autoproclamados teólogos, canonistas, obispos y hasta videntes, etc.

Ha surgido entonces una nueva “Iglesia Diciente”, cuyo origen no se encuentra en la autoridad jurisdiccional, sino precisamente, en la ausencia de dicha autoridad.[2] Estos que se han proclamado a sí mismos, no hacen sino reclamar un lugar que, por derecho no les corresponde, usurpan un poder y una jurisdicción que va más allá de aquel otorgado por la Iglesia en este estado de excepción y que se denomina epikeya. El concepto, expuesto  por Aristóteles, fue desarrollado posteriormente por Santo Tomás de Aquino en la Summa Theologiæ[3]:

Los legisladores legislan según lo que sucede en la mayoría de los casos, pero observar punto por punto la ley en todos los casos va contra la equidad y contra el bien común, que es lo que persigue la ley. Así, por ejemplo, la ley ordena que se devuelvan los depósitos, pero esto es normalmente lo justo ; pero puede a veces ser nocivo: pensemos en un loco que depositó su espada y la reclama en su estado de demencia, o si uno exige lo que depositó para atacar a la patria. Por lo tanto, en estas y similares circunstancias sería pernicioso cumplir la ley a rajatabla; lo bueno es, dejando a un lado la letra de la ley, seguir lo que pide la justicia y el bien común. Y a esto se ordena la epikeya, que entre nosotros se llama «equidad». Por lo tanto, es evidente que la epikeya es virtud.

Es interesante notar que este principio, cuyo objetivo es procurar la equidad priorizando la salvación de las almas como primer bien y objetivo de la Iglesia Católica,[4] se esgrime para todo lo contrario: la usurpación de poderes propios de una autoridad jurisdiccional, la excomunión, el dictamen sobre materias disputadas e incluso, pasar por encima de lo que la Iglesia jamás hizo, enviando a diestra y siniestra al infierno a los fieles católicos. Si estos autores y predicadores se limitaran a su propio entorno, no serían más peligrosos que para sí mismos. No obstante, ante la falta de una autoridad jurisdiccional visible, cada cual hace lo que le parece bien a sus ojos[5].

Existe un sinnúmero de casos, muchos de los cuales han sido tratados aquí en Sursum Corda. Las Misas una cum, nos ocupó un largo debate con el señor Patricio Shaw, el presbítero Despósito y el Padre Lázaro Romero, quienes reconocieron no tener conocimiento sobre liturgias no latinas o historia de la liturgia. El otro debate fue sobre el tema del baptismo de deseo y de sangre, con los señores Dimond, Jorge Eduardo Clavellina Peñaloza y sus discípulos. Finalmente sería imposible no hacer referencia a la cuestión conclavista, es decir, la postura de aquellos católicos que creen que es lícito y necesario proceder a una elección papal a fin de suplir la vacante de la Sede de San Pedro. Éste último debate lo hemos tenido principalmente con la Fundación San Vicente Ferrer, Julio Aonzo, Homero Johas y otros sustentadores de tal tesis que, como hemos insistido (basándonos en argumentos teológicos e históricos, y no en sentimientos o pareceres), deriva en el conciliarismo.

Mientras escribo este artículo, deseo traer a los lectores el escrito de Leonardo para este blog:

Formar parte de la tradición católica, es decir, creer en forma íntegra la enseñanza de la fe tal y como ha sido por siglos transmitida por la Iglesia; asistir a la celebración de los sacramentos en la forma en que ésta ha sido realizada por siglos en la Iglesia; y, en fin, ver con más o menos claridad la naturaleza del modernismo, en cuanto error contrario a la fe y condenado por los papas anteriores al concilio Vaticano segundo; debería ser, a todas luces, motivo de eterna y rendida gratitud de nuestra parte para con Dios misericordioso que se ha dignado favorecernos con tan altos dones. Por otra parte, además de la gratitud continua hacia la divina misericordia, debería haber en nosotros un deseo constante por difundir ese bien que hemos recibido, hacia nuestros prójimos, buscando siempre y en todo momento, como lo hizo siempre la Iglesia, el bien de las almas y la salvación del mayor número posible. En pocas palabras, deberíamos tener una actitud de apostolado para con aquellos que, a diferencia de nosotros, no gozan aún del beneficio de la plena catolicidad. Pero resulta que, lejos de esta actitud fraterna de apostolado, muchos en la tradición han caído en el error de convertir su supuesto "apostolado" en una incesante andanada de condenas lapidarias para con todo aquel que no pertenece al movimiento tradicionalista o que recién llega a él.[6]

El culmen se encuentra en que, muchas veces, estos jueces suplentes del Valle de Josafat son personas que, como indicamos anteriormente, hacen gala de una importante ignorancia en teología, filosofía, Sagradas Escrituras e historia de la Iglesia. A estos, les he dado el título de “falsostradicionalistas”, los cuales se encuentran muchas veces bajo un espíritu de resentimiento,amargura y arrogancia.

Esta confusión de términos, esta clara soberbia y vanidad intelectual, los ha llevado a predicar y pontificar cosas increíbles, las cuales, caen cuando analizamos estos mismos casos a la luz de la historia. 

En lugar de preguntarse cómo la Iglesia respondió ante ciertas situaciones a lo largo de los tiempos, ellos han decidido emitir juicios temerarios y condenarnos a todos los que no opinamos con ellos. El presente estudio se centrará en una interesante y anti-histórica interpretación de la BulaCum Ex Apostolatus Officio[7], del Papa Paulo IV. Se trata, sin dudas, de un documento fundamental, el cual nos ofrece una explicación teológica y dogmática de porqué razones los ocupantes de la Santa Sede, desde Montini/Paulo VI, y muy probablemente desde Roncalli/Juan XXIII-bis, no son Papas Católicos, sino los sumos pontífices de otra religión, una religión humanista, la Iglesia del Anticristo.

El presente estudio, se divide en tres partes. En la primera de ella se analiza el texto de la Bula Cum Ex Apostolatus Officio y como la misma forma parte de una tradición legislativa que no terminó con el Código Pío Benedictino. 

La segunda parte analiza el contexto de la redacción de la Bula del Papa Paulo IV. ¿Qué motivó a un Romano Pontífice promulgar un texto tan explícito? ¿Qué buscaba particularmente en aquella época? ¿Era un peligro real y posible el que un hereje llegara a usurpar la Santa Sede? 

En tercer lugar, analizaremos situaciones históricas dónde la Bula tendría una clara aplicación y sin embargo, no se ejecutó la misma. Finalmente, expondremos las conclusiones y unas consideraciones generales.

Dada la extensión de la presente investigación, hemos decidido publicar esta monografía por partes y a lo largo de varios días. Como siempre, se agradecerá todo comentario.


La bula de Paulo IV

La bula en cuestión se hizo conocida en el mundo hispanohablante gracias al trabajo del Dr. Carlos Disandro, algo que muchos sedevacantistas, especialmente los provenientes de la FSSPX desconocen o quieren desconocer. El texto, como señalamos en varios artículos, da una explicación teológica de por qué un hereje no puede ser Papa, no obstante, adelantamos, no da una solución jurídica al hecho ni una solución posible. De allí se deduce la gran cantidad de bibliografía producida por teólogos y canonistas al respecto.

El documento tiene su historia particular. Fue promulgado por el Papa Paulo IV el 15 de febrero de 1559. El texto es muy importante por dos cuestiones: la primera de ella es dogmática, y la segunda es jurídico-histórica. Respecto a lo primero, la bula especifica que un hereje manifiesto no puede ser elegido Sumo Pontífice de la Iglesia Católica; respecto a lo segundo, que no es una innovación jurídica, sino la conclusión lógica de una tradición legislativa. Este principio fue expresado por Fr. Stanislaus Woywod como una regla hermenéutica para el derecho canónico:

In reference to the former canon law, the code states that, as a rule, the old discipline is retained, though there are some modification of the old law”.[8]

El κάρυον de la hermenéutica histórica del derecho canónico lo podemos ver en la siguiente fórmula:

Después de madura deliberación con los Cardenales de la Santa Iglesia Romana, hermanos nuestros, con el consejo y el unánime asentimiento de todos ellos, con Nuestra Autoridad Apostólica, aprobamos y renovamos todas y cada una de las sentencias, censuras y castigos de excomunión, suspensión, interdicción y privación, u otras, de cualquier modo adoptadas y promulgadas contra los herejes y cismáticos, por los Pontífices Romanos, nuestros Predecesores, o en nombre de ellos, incluso las disposiciones informales, o de los Sacros Concilios admitidos por la Iglesia, o decretos y estatutos de los Santos Padres, o Cánones Sagrados, o por Constituciones y Resoluciones Apostólicas. [9]

La expresión “aprobamos y renovamos” implica que no se trata de una innovación. No se trata de un nuevo dogma o una nueva disposición, sino que recoge una tradición, que emana desde los primeros siglos de la Iglesia. Establece, además que si en algún momento la legislación canónica implicó indulgencia o laxismo para con los herejes públicos y manifiestos, se restituya la disciplina antigua:

 Y queremos y decretamos que dichas sentencias, censuras y castigos, SEAN OBSERVADAS  PERPETUAMENTE Y SEAN RESTITUIDAS A SU PRÍSTINA VIGENCIA si estuvieran en desuso, y deben permanecer con todo su vigor.

Estableciendo, para el futuro que si alguno se llegara a apartar de la Fe Católica, reciben la prohibición de ejercer el cargo que detentan, o mejor dicho que usurpan.

Y queremos y decretamos que todos aquellos que hasta ahora hubiesen sido encontrados, o hubiesen confesado, o fuesen convictos de haberse desviado de la Fe Católica, o de haber incurrido en alguna herejía o cisma, o de haberlos suscitado o cometido; o bien LOS QUE EN EL FUTURO SE APARTAREN DE LA FE  (lo que Dios se digne impedir según su clemencia y su bondad para con todos), o incurrieran  en herejía, o cisma, o los suscitaren o cometieran; o bien los que hubieren de ser sorprendidos de haber caído, incurrido, suscitado o cometido, o lo confiesen, o lo admitan, de cualquier grado, condición y preminencia, incluso Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, o de CUALQUIER AUTORIDAD O DIGNIDAD cualquier otra dignidad eclesiástica superior; o bien Cardenales, o Legados perpetuos o temporales de la Sede Apostólica, con cualquier destino; o los que sobresalgan por cualquier autoridad o dignidad temporal, de conde, barón, marqués, duque, rey, emperador, en fin queremos y decretamos que cualquiera de ellos incurra en las antedichas sentencias, censuras y castigos.[10]

Por lo tanto, la bula no está innovando, al contrario, restituye y restablece la ley antigua. ¿Qué sostiene esa ley antigua? Que los herejes no pueden acceder a los cargos eclesiásticos, sin importar que tan elevados sean estos:

Agregamos que si en algún tiempo aconteciese que un Obispo, incluso en función de Arzobispo, o de Patriarca, o Primado; o un Cardenal, incluso en función de Legado, o electo PONTÍFICE ROMANO que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía. o incurrido en cisma, o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto; y de ningún modo puede considerarse  que tal asunción haya adquirido validez, por aceptación del cargo y por su consagración, o por la subsiguiente posesión o cuasi posesión de gobierno y administración, o por la misma entronización o adoración del Pontífice Romano, o por la obediencia que todos le hayan prestado, cualquiera sea el tiempo transcurrido después de los supuestos antedichos.

Por lo tanto, es de fe que los herejes no pueden ocupar ni lícita ni válidamente dichos cargos. Tal ocupación no es sino una usurpación y por lo tanto, los fieles católicos están libres de cualesquier obediencia a estas autoridades desviadas en la fe.

Tal asunción no será tenida por legítima en ninguna de sus partes, y no será posible considerar que se ha otorgado o se otorga alguna facultad de administrar en las cosas temporales o espirituales a los que son promovidos, en tales circunstancias, a la dignidad de obispo, arzobispo, patriarca o primado, o a los que han asumido la función de Cardenales, o de Pontífice Romano, sino que por el contrario todos y cada uno de los pronunciamientos, hechos, actos y resoluciones y sus consecuentes efectos carecen de fuerza, y no otorgan ninguna validez, y ningún derecho a nadie.

Durante mucho tiempo, yo sostuve, siguiendo a autores tradicionalistas como el P. Anthony Cekada, Mons., Sanborn e incluso el Rev. Dolan, que la Bula Cum Ex no tenía vigor jurídico porque había sido abrogada por el Código Pío-Benedictino.[11] Vale decir que yo mismo llegué a escribir defendiendo la tesis, pero sólo como una opinión teológica [http://sursumcordablog.blogspot.com.ar/2014/04/apuntes-contra-la-tesis-de-casiciacum_2.html], y nunca como un dogma de fe.[12] Posteriormente, gracias a la lectura de varios artículos, y libros llegué a la conclusión contraria: la Bula Cum Ex apostolatus no fue derogada por el Código Pío Benedictino, sino que, al contrario, la misma es una de las fuentes del mismo, tal como se puede apreciar en la siguiente página, escaneada y puesta en línea por Foro Católico[13] y que hace referencia al cánon 188 §4, cuyo texto resaltamos:

CAN. 188.
Ob tacitam renuntiationem ab ipso iure admissam quaelibet officia vacant ipso facto et sine ulla declaratione, si clericus:
1.° Professionem religiosam emiserit, salvo, circa beneficia, praescripto can. 584;
2.° Intra tempus utile iure statutum vel, deficiente iure, ab Ordinario determinatum, de officio provisus illud adire neglexerit;
3.° Aliud officium ecclesiasticum cum priore incompatibile acceptaverit et eiusdem pacificam possessionem obtinuerit;
 4.° A fide catholica publice defecerit;
5.° Matrimonium, etiam civile tantum, ut aiunt, contraxerit;
6.° Contra praescriptum can.141, § 1 militiae saeculari nomen sponte dederit;
7.° Habitum ecclesiasticum propria auctoritate sine iusta causa deposuerit, nec illum, ab Ordinario monitus, intra mensem a monitione recepta resumpserit;
8.° Residentiam, qua tenetur, illegitime deseruerit et receptae Ordinarii monitioni, legitimo impedimento non detentus, intra congruum tempus ab Ordinario praefinitum, nec paruerit nec responderit.

Si nos fijamos en la larga nota al pie, veremos la gran cantidad de referencias históricas, de las cuales la Bula Cum Ex Apostolatus no es una excepción. Entre los textos citados aparecen:

  1. ·         La constitución de Sixto V Cum sacrosanctam.
  2. ·     La constitución de Inocencio XIII Apostolici ministerio
  3. ·         Las constituciones de Benedicto XIII In supremo, Apostolicae Ecclesiae y Pastoralis offici.
  4. ·         También la epístola de Bendicto XIV Ex Quo. 

Todos estos documentos insisten: un hereje no pude poseer cargos eclesiásticos porque el mismo sale por su propia voluntad y decisión de la Iglesia Católica al defeccionar de la fe. También estos textos son claros en que no se está creando una nueva legislación, sino que apelan a la tradición antigua.
Según la famosa cita de San Vicente de Lerins el consentimiento universal y la antigüedad de de una doctrina son la garantía de que la misma es conforme a la fe: “quod ubique, quod semper, quod ómnibus”.

Algunos antecedentes importantes

Textos antiguos, como la Didajé hacen mención a una disciplina que excluía a los herejes de la Iglesia y de la posesión de cargos:

Si alguien viniese de fuera para enseñaros todo esto [la doctrina cristiana], recibidle. Pero si resultare ser un doctor extraviado, que os dé otras enseñanzas para destruir vuestra fe, no le oigáis.[14]

A todo el que fuere a vosotros en nombre del Señor, recibidle, y probadle después para conocerle, puesto que debéis tener suficiente criterio para conocer a los que son de la derecha y los que pertenecen a la izquierda.

Es muy interesante señalar que la Didaché se limita a pedir a los cristianos que no obedezcan, ni sigan, ni escuchen a los herejes. En ninguna parte establece medidas canónicas para desplazarlos de su cargo. Por su parte, el II Concilio de Constantinopla (V Concilio Ecuménico) declaró que todo aquel que no adhiriera a los dogmas de los Concilios Ecuménicos era ajeno a la Iglesia de Dios:

Confesamos mantener y predicar la fe dada desde el principio por el grande Dios y Salvador nuestro Jesucristo a sus Santos Apóstoles y por éstos predicada en el mundo entero; también los Santos Padres y, sobre todo, aquellos que se reunieron en los cuatro santos concilios la confesaron, explicaron y transmitieron a las santas Iglesias. A estos Padres seguimos y recibimos por todo y en todo... Y todo lo que no concuerda con lo que fue definido como fe recta por los dichos cuatro concilios, lo juzgamos ajeno a la piedad, y lo condenamos y anatematizamos.[15]

Finalmente, el Concilio establecía, no sólo el anatema, sino la pérdida inmediata, por la adhesión a la herejía, de cualesquier cargo eclesiástico:

Así, pues, habiendo de este modo confesado lo que hemos recibido de la Divina Escritura y de la enseñanza de los Santos Padres y de lo definido acerca de la sola y misma fe por los cuatro antedichos santos Concilios; pronunciada también por nosotros condenación contra los herejes y su impiedad, así como contra los que han vindicado o vindican los tres dichos capítulos, y que han permanecido o permanecen en su propio error; si alguno intentare transmitir o enseñar o escribir contra lo que por nosotros ha sido piadosamente dispuesto, si es obispo o constituído en la clerecía, ese tal, por obrar contra los obispos y la constitución de la Iglesia, será despojado del episcopado o de la clerecía; si es monje o laico, será anatematizado.

La razón es la misma: el hereje no forma parte de la Iglesia, se vuelve un enemigo de la Iglesia y pierde, por su propia culpa la comunión con el Cuerpo Místico de Cristo. No se trata de una mera disposición canónica, sino de una cuestión de fe. Por lo tanto, cuando la bula Cum Ex Apostolatus Officio determina que los herejes no pueden ocupar cargos eclesiásticos, sino que los pierden ipso facto y que toda promoción de un hereje a un cargo o título eclesiástico es nulo per se, no se está proponiendo ninguna novedad, sino que se recurre a la tradición, según la cual, los herejes y cismáticos no forman parte de la Iglesia, y por lo tanto, no pueden ejercer ningún gobierno sobre ella.

Ahora ¿Cuál es la historia de la Bula Cum Ex Apostolatus?



El peligro de un protestante en el Trono de San Pedro


La Bula se dio en un contexto muy particular: la sospecha de que el Cardenal Giovanni Morone fuera un protestante encubierto y que él pudiera acceder al Papado. De hecho, como bien sabía el Papa Paulo IV, este cardenal era uno de los favoritos a sucederle en el próximo cónclave. Fue por ello, que el Romano Pontífice ordenó que se lo encarcelara en Sant’Angelo y fuera sometido a proceso inquisitorial junto con otros prelados, integrando el tribunal Michele Ghislieri (posteriormente Papa San Pío V), el cardenal Scipione Rebiba, el cardenal Giovanni Reuman Suau, y el cardenal Alessandro Farnese.

El proceso no llegó a una conclusión definitiva, pero se sospechaba que el cardenal Morone coincidía (e incluso había acordado) con varios puntos de la Confesión de Augsburgo luterana. Viendo el resultado, el Papa Paulo IV decidió entonces promulgar la bula que impediría acceder a cualesquier sospechoso de herejía, por lo que tan sólo la sospecha sería suficiente para impedir el acceso o promoción del Cardenal Morone al Pontificado.

En un interesante libro intitulado “La guerra de los jansenistas por el Trono de San Pedro” (1831), un anónimo español que firmaba como "un hijo de la Iglesia",  señala que el Cardenal Noris también se vio impedido a acceder al Papado por la sospecha de haber adherido a la herejía jansenista. En los hechos, el contenido dogmático de la bula, a saber, que un hereje no puede ocupar el Pontificado, era algo omnipresente en los teólogos y tratadistas. San Roberto Bellarmino, Cayetano y el mismo Noris trataron sobre el tema. Difieren, no obstante, en cómo se solucionaría el problema y a quien tocaría declarar hereje al usurpador. Eso es materia disputada, pero no el hecho dogmático y fundamental: un hereje no puede ser Papa.


Continuará...




[1] La bibliografía es demasiado larga. Remitimos al que quizás fue el primer estudio del problema: Saenz Arriaga, Joaquín, Sede Vacante, Paulo VI no es papa legítimo, Mexico, Asociados Ciudad de México, S/D.
[2] El IV Concilio de Letran condena especialmente a la herejía valdenense que sostenía que cualesquier fiel puede predicar o enseñar sin ninguna autorización por parte de la Jerarquía Católica. Ver DZ 434: “Quia vero 'nonnulli sub specie pietatis, virtutem eius (iuxta quod ait Apostolus) abnegantes (cf. 2Tm 3,5), auctoritatem sibi vindicant praedicandi, cum idem Apostolus dicat: 'Quomodo ... praedicabunt, nisi mittantur?' (Rm 10,15), omnes, qui prohibiti vel non missi, praeter auctoritatem ab Apostolica Sede vel catholico episcopo loci susceptam, publice vel privatim praedicationis officium usurpare praesumpserint excommunicationis vinculo innodentur : et nisi quantocius resipuerint, alia competenti poena plectantur.
[3] Summa Theologiæ II, 2, Art 1, q 120.
[4] Amat de Padua Melato, Macario, Observaciones pacificas sobre la potestad eclesiástica, Volumen III, Barcelona, Imprenta de Tecla Pla Viuda, 1822, p., 354
[5] Cfr. Jue XVII, 7. Esto no implica que apoyemos el conclavismo.
[6] Rodriguez, Leonardo, "Anathema sit", en http://sursumcordablog.blogspot.com.ar/2014/03/anathema-sit.html
[7] El texto en latín está publicado en Sursum Corda para que, cualquier lector competente pueda corroborarlo: http://sursumcordablog.blogspot.com.ar/2009/08/bula-cum-ex-apostolatus-officio-en.html. El texto en español presentado al que hacemos referencia a lo largo de este ensayo fue traducido por el Dr. Carlos Disandro. Existe una segunda traducción del R.P Carlos Ceriani, que he podido revisar. No obstante la intencionalidad del sacerdote argentino, no veo que su traducción aporte realmente nueva luz o una interpretación mejor a la del conocido filólogo.
[8] Woywod, Stanislaus, A practical commentary on the Code of Canon Law, New York, Wagner, 1952, Canon 6.
[9] Papa Paulo IV, Bula Cum Ex Apostolatus Officio, 1559, §2.
[10] Papa Paulo IV, Bula Cum Ex Apostolatus Officio, 1559, §2.
[11] Sanborn, Dolan, “Explicación de la tesis de S.E.R. Mons. Guérard des Lauriers”. Traducción del P. Lázaro Romero en la Revista Integrismo. No tengo el número en el que salió el artículo publicado, pero una versión en pdf puede conseguirse en el sitio Católicos Alerta: http://www.catolicosalerta.com.ar/papas-concilio/tesis-cassiciacum.html. En una comunicación personal expresé al P. Lázaro Romero que esta bula ponía en aprietos a la Tesis de Cassiciacum, me respondió que la misma había perdido todo valor jurídico al no ser incluida en el Código de Derecho Canónico de 1917. Esta creencia es unánime entre los sustentadores de la tesis de Monseñor Guérard Des Lauriers.
[12] Véase mi artículo titulado “Mi posición teológica” del día 17 de marzo de 2013. Posteriormente insistí al respecto en “Marginalia a mi posición teológica”, del 3 de abril del mismo año. De este último artículo me atrevo a transcribir: “ Palabras a tener en cuenta: «Yo adhiero... Lo hago porque creo [ST: "Yo"]... No considero [ST: "Yo"]». Es mi opinión, mi postura. No la considero un dogma de fe, al contrario, me parece una locura considerar que una opinión teológica, discutible y no solucionada por el Magisterio podamos elevarla a tal categoría. En la teología hay decenas de cuestiones teológicas no resueltas, como la controversia entre los jesuitas y los dominicos sobre los auxilios de la gracia.” No obstante, estoy persuadido que a la luz de mis investigaciones y textos posteriores, debería hacer nuevas a e importantes aclaraciones, como por ejemplo, que ahora rechazo la famosa “Tesis”.
[13] Ver “Derecho Canónico de 1917 confirmó la bula “Cum ex apostolatus” que excluye a todo hereje de llegar al papado”, en Foro Católico, 20 de febrero de 2014: https://forocatolico.wordpress.com/2014/02/20/vigente-cum-ex-apostolatus/
[14] Didajé, II, XI
[15] II Conc. Constantinopla. “Sobre la tradición eclesiástica” §1.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Artículo sobre la Bula Cum Ex Apostolatus

Los lectores de Sursum Corda recordarán que hace un tiempo realicé una presentación en la que prometía publicar un estudio completo sobre la Bula Cum Ex Apostotalus Officio del Papa Paulo IV. Dicho documento se fue aplazando por varias cuestiones (laborales, de índole académica-profesional, necesidad de subir otros artículos al blog, etc). No obstante, continué estudiando la bula y la bibliografía que sobre ella trata. Para mi sorpresa hube  de incluir el tema de la Bula Cum Ex Apostolatus Officio en mi tesis de post-grado. La misma es una investigación sobre la cultura teológica en el Río de la Plata en el periodo colonial. Por consejo de varios académicos amigos, y las directivas de algunos profesores, no puedo subir el capítulo hasta la presentación de la Tesis, que, Dios mediante, ocurrirá a fin de este año.

El texto que a continuación se presentará a partir de mañana, por entregas (dada la extensión del mismo) está puesto a disposición de todos los lectores que deseen colaborar o contribuir con el mismo. Todas las críticas y comentarios serán bienvenidos. Se ruega, no obstante, paciencia con las respuestas, ya que no es mi intención desviarme del tema central del artículo para contestar todo lo que se quiera observar al artículo.

También quisiera ser claro en algo: en lo posible, las críticas deben ser con educación y respeto. Se ruega a quienes tienen por costumbre el ataque por el ataque en sí mismo, que fundamenten sus dichos.


Sine ira et studio…