lunes, 4 de enero de 2016

El neo-paganismo

Hace unos pocos años se publicó aquí en Sursum Corda la noticia de que en la Iglesia Anglicana estaban buscando conformar una “Iglesia Pagana”, con la cual se mantendría intercomunión.
En muchas ocasiones, dijimos en Sursum Corda que el anglicanismo fue el laboratorio utilizado por el Adversario, con el fin de destruir la Iglesia Católica. La destrucción de la liturgia, del sacerdocio, de la noción misma del sacerdocio y no sólo del orden sacerdotal, y la creación de una eclesiología binaria, con una High Church ritualista y conservadora en convivencia con una Low Church evangelista. Todo esto, vacío de cualesquier doctrina.

Pues si hace dos años estábamos ante la presencia de la creación de una “Iglesia Pagana” en el movimiento anglicano, hoy nos encontramos con los primeros intentos de parte de los medios oficiales y académicos de la Iglesia Conciliar del Vaticano II, de iniciar el diálogo con el paganismo a fin de hacerlo coherente ante los fieles. De esta manera, ante el avance del neo-paganismo, el portal INFORies publicó la reseña del libro “España, entre cristianismo y paganismo”, cuyo autor es el (neo)teólogo Eloy Buenos de la Fuente.

Naturalmente, el boletín INFORies elogia el libro de Eloy Buenos de la Fuente al que denomina “un diagnóstico muy lúcido de la situación”. Decidí hacerme entonces del libro “España, entre cristianismo y paganismo”, y una vez leído y comprendido el sistema que expone este (neo)teólogo de la Iglesia Conciliar del Vaticano II,  he decidido reproducir aquí la reseña y dejar una serie de comentarios, los cuales están en destacado.



No es exagerado considerar la efervescencia del paganismo como un signo de los tiempos, según explica en el portal Aleteia Luis Santamaría, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES). Reproducimos su artículo a continuación.
Con frecuencia los medios de comunicación nos cuentan noticias que cada vez sorprenden menos sobre la presencia y acción de los cultos neopaganos en diversos países occidentales. Algunos pueden pensar que se trata de fenómenos anecdóticos y en ocasiones hasta estrafalarios, cuya importancia es magnificada por los altavoces mediáticos.
Pero el fenómeno va más allá de episodios sueltos, celebraciones de solsticios y reivindicaciones de grupos muy minoritarios. El neopaganismo es bien aceptado y mirado con simpatía porque hay un clima pagano muy generalizado tanto en España como en el resto de Europa. Por eso conviene rescatar un libro que hace más de una década alertó de este desafío y lo analizó de forma brillante desde la perspectiva de la fe cristiana y de la teología pastoral, y que no ha sido suficientemente utilizado ni valorado.
Se trata de España, entre cristianismo y paganismo, escrito por Eloy Bueno de la Fuente (catedrático en la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos) y publicado en 2002. Intentaré sintetizar aquí, con citas de la obra, lo fundamental del pensamiento del autor en cuanto a la realidad del paganismo en la actualidad. Si en el momento de su publicación fue un diagnóstico muy lúcido de la situación, sigue siéndolo hoy, lo que prueba su acierto.

¿A qué nos referimos con “pagano”?
Dice Eloy Bueno que el término “pagano” no puede utilizarse de forma peyorativa ni condenatoria. Un pagano es, para un cristiano, “hermano nuestro e hijo de Dios”, aunque, como es natural en la comprensión cristiana, esté llamado a acoger la revelación de Dios en Cristo y su salvación. El autor habla de un “tipo de hombre pagano que se está modelando”. Y dice que “este paganismo debe ser reconocido como tal y designado con ese nombre”.

Nota de Sursum Corda: En realidad, paa un cristiano, un pagano de nacimiento no es sino otro infiel, no es un hermano. Los infieles sólo merecen un tipo de acción de nuetsra parte: el intento de evangelizarlos y llevarlos al Señor, ya que de otra manera, se condenarán. Como cristianos, no estamos llamados a “reconocerlos” sino a convertirlos.

El teólogo detalla las coordenadas socioculturales que hacen hablar de un nuevo paradigma pagano: el nuevo ritmo del tiempo (el concepto de fiesta, la importancia de la noche, el consumo y el culto al cuerpo), una moral espontánea sin pecado ni responsabilidad, una experiencia religiosa de márgenes fluidos (sectas, Nueva Era, nacionalismos y deporte, esoterismo, la naturaleza y la reivindicación del politeísmo), la nueva mitología de celebraciones rituales (con la preponderancia de solsticios y carnavales, por ejemplo) y la recuperación de elementos precristianos (ya sean culturales, festivos, musicales, arquitectónicos, lingüísticos, etc.).

Nota de Sursum Corda: Efectivamente, este neo-paganismo es la consecuencia una cultura alejada de Dios, de una cultura que se impuso a lo largo de los años. La Iglesia Conciliar del Vaticano II no es incompatible con estas nuevas formas de falsas-religiones. ¿Por qué? Porque simplemente la Iglesia Montiniana del Anticristo nace del hombre y no de Dios, al nacer del hombre busca la manera de adaptar el cristianismo a un sistema de creencias humanista y agradable al hombre: nueva moral, nueva ética (sin Dios), nuevos rituales, nuevas doctrinas, nuevo derecho, etc. Esta Iglesia Conciliar Anti-Crística es, por consiguiente, compatible con todas las expresiones religiosas del hombre, porque ella misma, al nacer del hombre no se concibe como fruto de la Revelación, sino de la experiencia religiosa y evolutiva del hombre racional. Así, realizará un esfuerzo para comprender y aunar estas experiencias religiosas por medio del ecumenismo, del respeto y la aceptación de todas estas “experiencias religiosas”, las ya existentes y las que existirán.
El laboratorio de todo esto fue la Iglesia Anglicana, tal como expusimos ya en un artículo de Sursum Corda.

El paganismo es “la religiosidad de los estadios más arcaicos de la evolución del ser humano y de los estratos más profundos de la psicología humana”. Y su definición sería la siguiente: “la religión del hombre natural, del hombre que vive según la lógica de la espontaneidad natural”. Por ello, subraya, “el gran adversario del cristianismo ha sido siempre (y lo seguirá siendo) el paganismo. El cristianismo tendrá que identificarse precisamente frente a lo pagano, no frente a lo profano”.

Nota de Sursum Corda: Reiteramos las palabras anteriores. Lo que es interesante es la comprensión de la religión como el fruto de la experiencia de cada hombre frente a una divinidad incognocible y quizás inexistente. ¿Cómo se identificará este neo-cristianismo-antropocentrico frente a “lo pagano”? ¿lo hará de la misma manera que el Vaticano II propone la relación del cristianismo ante las falsas religiones como el Islam?

¿Cuál es la situación actual? Para el autor, “lo novedoso consiste en la pujanza con la que en la actualidad los valores paganos se van imponiendo y la convicción con la que pretende sustituir o reemplazar la visión cristiana de la vida”. Ya en 1964 Jean Daniélou advertía: “el problema de mañana no es el problema del ateísmo, es el de un nuevo paganismo que se está buscando a sí mismo… El paganismo de mañana es la problemática religiosa del hombre moderno. Es a esta problemática a la que la Iglesia debe responder”. Lo veremos a continuación.

Nota de Sursum Corda: En realidad no hay tal cosa como “los valores paganos”, ya que el paganismo no es en sí mismo una religión. EL paganismo es el nombre con el que se denominó a las creencias heterogeneas, muchas veces primitivas, que imperaban entre los pueblos rústicos y bárbaros, las creencias del campo o de los campesinos, de allí paganus. Con mayor precisión debería llamarse por el nombre académico de “politeísmo”. Tampoco este paganismo que vemos florecer hoy en algunos grupos europeos y americanos (especialmente los apologéticos del indigenismo) es igual a las antiguas creecias odínicas u olímpicas. Se trata de nuevas formas, de reinterpretaciones propias del movimiento Nueva Era.

Más allá de la secularización y del ateísmo
La tesis central del libro la resume así el autor al comienzo: “la descristianización de la sociedad española y el debilitamiento del tejido eclesial no se deben simplemente al proceso moderno de secularización, sino que va acompañado de la irrupción de un paganismo que se afirma y se propone como alternativa al cristianismo”. Por ello “el paganismo emergente debe ser considerado como auténtica religión, en la que muchos contemporáneos celebran y ritualizan el ritmo y las experiencias de su vida. El paganismo ni es irreligioso ni es ateo ni excluye la experiencia de lo divino o de lo sagrado”.

Nota de Sursum Corda: Esa tesis central carece de cualesquier evidencia. Precisamente, el debilitamiento de la Fe Católica es lo que permite la irrupción y el surgimiento de nuevas formas de espiritualidad antropocéntrica como los cultos ovnis o el neo-paganismo. El neo-paganismo no puede ser jamás considerado una religión, porque carece de las características de una religión: no tiene un sacerdocio unificado, no tiene un corpus de textos sagrados, no tiene una liturgia definida ni sistematizada, carece de un sacerdocio definido, etc. Antes bien, la definición que se da aquí del paganismo intenta presentarlo como otra religión para entrar en diálogo ecuménico.

Nos encontramos en un momento de encrucijada. Lo que pueden parecer a muchos simples hechos anecdóticos, según el autor “son síntomas de una realidad más amplia y profunda”. Y precisamente “son las generaciones más jóvenes las que más fácilmente se dejan seducir por la alternativa pagana”, como se puede constatar sin mucho esfuerzo. “Y si el Dios cristiano abandona Europa ¿qué otra cosa queda que el encuentro con el paganismo?”, se pregunta. Y por eso subraya: “la ausencia de Dios en Europa deja un espacio vacío en el que no habrá una mera ausencia”.

Nota de Sursum Corda: La realidad es que la ausencia de Dios ha llevado a la decadencia de Europa y de todo el mundo. EL surgimiento de estos movimientos es la prueba de que tan bajo puede caer el hombre cuando decide seguir sus leyes y renegar de Dios.

Eloy Bueno habla de “efervescencia del paganismo”. En su análisis explica que “el protagonista que hace su irrupción como alternativa al cristianismo es por tanto la religión pagana. Todavía se encuentra en efervescencia; aún no ha mostrado su verdadero contenido, aún no ha estallado en toda su intensidad, pero se encuentra ya presente de modo activo y eficaz. Más aún: es una auténtica fascinación para una gran parte de la población que vive en el vacío cristiano”.

Nota de Sursum Corda: Sin comentarios.

Los nuevos dogmas del paganismo
El rasgo fundamental es que el paganismo ensalza “la fuerza de lo sagrado, que todo lo envuelve y lo penetra”. Además, se trata de una religión de la naturaleza, entendida ésta como algo eterno, no creado. Tampoco hay encarnación ni resurrección, los dogmas fundamentales de la fe cristiana. Es una celebración de la vida, en la que todo forma parte de lo mismo, y así “la celebración pagana puede concebirse y plantearse como una auténtica danza cósmica en la que todos y cada uno de los seres son actores”. El ser humano debe entenderse como naturaleza y como vida, y por ello “la única revelación posible es el desenvolvimiento de las dimensiones profundas de la naturaleza”. La moral se basa en el respeto y no se aceptan normas externas.

El endiosamiento de la creación no es una novedad, sino un rasgo común de los sistemas de creencias primitivos. Lo que sorprende es que todo eso se elevado al nivel de religión. ¿Dónde queda la revelación? ¿Dónde queda la irrupción de Dios en el mundo por medio de la encarnación? Si todo es sagrado ¿Puede haber una religión? ¿No se basa precisamente la religión en una distinción entre lo sagrado y lo profano? ¿Qué divinidad es esa que lo penetra todo y está en todo? ¿Todo es Dios? ¿O Dios es en todo? Qué celebración de la vida es aquella que se expone aquí? En realidad, Eloy Bueno de la Fuente no está diciendo nada.

Y, por supuesto, se proclama el politeísmo, ya que “lo divino se manifiesta de modos múltiples” y así la experiencia de creer se convierte en algo creativo y enormemente flexible, en clave relativista y de tolerancia suma: “ningún pagano moderno afirmará que su camino es el único modo de revelación de la divinidad… el pagano admite que todas las divinidades son expresiones simbólicas y concreciones provisionales de la misma Vida que vincula a todos los hombres y que hace posibles todas las religiones”.

En realidad lo que afirma es el cénit del indiferentismo modernista y el cumplimiento, en la mente de estas pobres personas, de las palabras del Tentador “Seréis como dioses”.

Una presencia cultural aplastante
El resultado concreto de estas doctrinas en la existencia de las personas es sumamente oscuro: el hombre pagano se convierte en “un ser trágico abandonado en la Vida”. Así concluye Eloy Bueno el análisis de la narrativa española actual, en cuyas novelas más representativas encuentra “personajes que han abandonado el ámbito vital del cristianismo y de la Iglesia”. Así, va repasando diversos rasgos: una soledad universal, la carencia de identidad, el escape de la frivolidad, lo fatal del destino, el sexo en lugar del amor, la muerte del yo, etc.

Nota de Sursum Corda: una interpretación de corte existencialista para un problema que en realidad se aprecia en la Escritura. En realidad es mucho más sencillo, cuanod el hombre niega a Dios y decide vivir bajo su propia ley, renuncia a la semejanza que tiene con el creador y se vuelve como una bestia.

Precisamente, al intentar dialogar y entender a los cultores neo-paganos, todo esto se vuelve irrelevante. Según

En el paganismo, “el hombre sin identidad queda convertido en un ser anónimo, sin rostro y sin nombre… todos los seres humanos son intercambiables. Aquí encontramos el punto más descarnado e insensible de ese paganismo del que venimos hablando. No sólo Dios deja de existir o queda convertido en una fuerza impersonal; el hombre mismo es tan sólo un instrumento”.

Nota de Sursum Corda: Precisamente es el gran triunfo del Demonio, del Enemigo de la Salvación de los Hombres.

En algunas propuestas morales de las llamadas “éticas sin religión” encontramos precisamente una aspiración a recuperar el paganismo precristiano, en una especie de rebelión prometeica sobre todo contra el Dios cristiano y que llevaría a una mayor confianza en la bondad natural del hombre. En el fondo, se ensalza la vida humana y se ve a Dios como un adversario, un enemigo de la felicidad del hombre. Y es significativo que, según el análisis de Eloy Bueno, a pesar de la pluralidad de lo pagano, “la actitud anticristiana es el lazo que con más eficacia vincula a todas estas formas de paganismo”.

La alternativa: el dios Dionisio o Cristo
Eloy Bueno termina su obra describiendo el paganismo que considera más consciente y confesante: el dionisíaco, el que reivindica al antiguo dios Dionisio (Diônysos), y “donde se pueden percibir las formas de una religión universal”. El politeísmo de la cultura actual es, para el autor, “una pluralidad de dioses, de los cuales Dionisio es sin duda el principal, porque es el más prometedor”. Y este paganismo rechaza automáticamente a Jesús, el Dios crucificado.

Todo esto hay que entenderlo en la contraposición que hizo Nietzsche entre Dionisio y Cristo. Se le pone al hombre actual ante la encrucijada: o Dionisio o Cristo, o el placer de la vida o la negación de la vida. Tras proclamar la muerte de Dios (y la muerte de cualquier otro principio que quiera ponerse en su lugar como algo absoluto), el hombre cae en el nihilismo, en una existencia sin principios, más allá del bien y del mal. Por ello se establece “la religión nueva de Dionisio”, un modo nuevo de religión: “el hombre puede reencontrarse con la energía de la vida mediante el olvido de sí, mediante el delirio de la fiesta, la danza frenética, el éxtasis de la borrachera, el exceso de las sensaciones”.

Se trata del dios de la alegría, el dios de la fiesta, el dios del disfrute sin fin. Y es la alternativa que se ofrece al cristianismo, de forma directa, tal como descubre Eloy Bueno en un elenco de novelas contemporáneas. Frente a veinte siglos de imposición de la fe cristiana, que habría sacralizado el dolor y habría difundido la aceptación del sufrimiento como voluntad de Dios, esta nueva religión ensalza al hombre para que viva feliz, más allá de los tabúes, y reduciendo todo a naturaleza y sexo.

Nota de Sursum Corda: Volvemos a lo que señalamos en más de una oportunidad: el hombre moderno ha decidido alejarse de Dios, y aceptar la oferta del Demonio de ser como dioses. En ello el hombre se hunde y al principio, parece que no se da cuenta de su miserable estado. Dios dio la orden de gobernar la tierra y someterla, pero el hombre, siguiendo su propia ley decide endiosarla, decide endiosar todo lo que puede: la naturaleza, el sexo, el dinero, el poder... el hombre dejado a su propia libertad sin Dios, no es sino un ser para la muerte.

¿Cuál debe ser la respuesta de la Iglesia?

La Iglesia debe ser consciente del contexto en el que vive y de las personas a las que quiere anunciar el evangelio, sin quedarse en planteamientos teóricos. Según explica Eloy Bueno, “al hablar de paganismo estamos hablando de uno de los signos de nuestro tiempo que debe ser discernido para que cada cristiano y cada comunidad eclesial se sitúen en estado de misión: el testimonio cristiano no va ya dirigido a una sociedad que se descristianiza, sino que ha de levantarse en medio de un contexto que va palpitando al ritmo de la savia pagana”.

Nota de Sursum Corda: El signo de nuestro tiempo es en realidad el aparente triunfo de Satanás, la preparación para el surgimiento del Anticristo. Estamos en la época de la Gran Apostasía (II Tes 2:3). Los cristianos debemos hacer, precisamente lo contrario a lo que propone este (neo)teologo, tenemos que dirigir nuestro testimonio y nuetsra misión contra esta sociedad secularizada y descristianizada, debemos ser testigos del Evangelio, en nuestra predica, en nuestra vida.

¿Qué desafío pastoral presenta todo esto? ¿Qué puede hacer la Iglesia? Según el autor, “la fe cristiana debe redescubrir permanentemente su originalidad” y subrayar el centro de su anuncio, dejando lo accesorio y lo histórico. Además, la Iglesia deberá hacer autocrítica aprendiendo de la crítica pagana y viendo la parte de responsabilidad que tenga en esta efervescencia neopagana.

Nota de Sursum Corda: Es decir, renunciar a todo, culparse de lo que ocurre... lo mismo de siempre a los ojos de los modernistas. La Iglesia Conciliar poco podrá hacer frente al neo-paganismo, porque ella tiene su mismo origen.


Y, sobre todo, “la Iglesia en su conjunto debe ante todo reapropiarse la doctrina de la salvación genuinamente cristiana, pues sólo desde ahí podrá plantear su propia alternativa a los lados más oscuros del paganismo actual”. Hay que aprender de la historia del cristianismo, sobre todo de lo que pasó entre los siglos II y IV, cuando la Iglesia tuvo que salir adelante en un ambiente pagano adverso. Siguiendo la analogía, “si el cristianismo no es lo obvio ni algo que hay que dar por supuesto, la fe cristiana debe ser vivida como una provocación, como una alternativa”.

Nota de Sursum Corda: En realidad, los fieles Católicos debemos asumir nuestra realidad y predicar, cumplir con el encargo del Señor de llevar el Evangelio a todos los hombres. Todo lo demás, todo intento de comprensión o de diálogo, de experimentación o lo que se quiera, no es sino, una manera más de traicionar a Jesucristo, verdadero hombre y Verdadero Dios.


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