miércoles, 7 de diciembre de 2016

Fe católica o fe barroca

La Fe Católica o la fe barroca



Muchas personas con buena voluntad, gustan llamarse a sí mismos "tradicionalistas". En el aspecto socio-religioso dentro del "catolicismo" podemos distinguir, cuando menos a tres grupos:


  • Aquellas personas que se oponen a las innovaciones y cambios recientes y que prefieren conciliar de alguna manera las doctrinas modernas que son predicadas y llevadas a la práctica por la Iglesia nacida del Concilio Vaticano II (a la que llamamos "Iglesia Conciliar").
  • Aquellos que rechazan al Concilio en todo o en partey han erigido un apostolado independiente de esas autoridades, aún cuando las reconocen formalmente.
  •  Aquellas personas que rechazan el Concilio Vaticano II, y reconocen que la Iglesia que emanó de dicha reunión conciliar no es la Iglesia de Cristo porque enseñó una doctrina y una fe nueva, y por lo tanto, desconcen a las autoridades de dicha Iglesia (en todos sus niveles).


Estos tres grupos tienen muchas cosas en común: apego a una retórica moral hacia las costumbres de la década de 1950, un rechazo general hacia las políticas estatales liberales (separación entre la Iglesia y el Estado), un fuerte nacionalismo y un apego a usos litúrgicos antiguos. Existe, entre estos tres grupos una disputa, no obstante, sobre quienes son los verdaderos tradicionalistas y que es la tradición, aún cuando todos comparten que la tradición es aquello que se transmitió desde antiguo.

Resulta interesante leer, verbigracia, a algunos de los exponentes de estas posturas y nos topamos que confunden el término traditio, del cual procede el vocablo tradición, con el griego ἀρχαϊκός. Debemos insistir en que se trata de ἀρχαϊκός y no de ἀρχαῖος. Mientras que traditio significa "transmitir", "entregar", el término ἀρχαϊκός sirve para designar aquello que es anticuado o que se encuentra en des-uso, que ya no se utiliza, que fue remplazado. Aquello que es ἀρχαϊκός es preferible por cuestiones estéticas, por un apego subjetivo y no es el producto de la aplicación de las potencias intelectivas del hombre. Dicho de otra manera, el ἀρχαϊκός vendría a significar una desconfianza de todo lo que es nuevo por el hecho de serlo en sí mismo. Hay una seguridad con lo antiguo, con lo que, se cree, existió desde siempre y por ese hecho debe ser preservado, y aquí está la clave, aún cuando no se conozca el porqué.

El término ἀρχαϊκός proviene del vocablo ἀρχαῖος, el cual vale para designar aquello que existe desde el origen, no aquello que ha sido transmitido, sino aquello que existía en un pasado remoto y que ha venido a ser, desde entonces, exactamente como es ahora.

Conviene entonces observar como estos términos se aplican o no a los "tradicionalistas".

Por empezar tenemos a aquellos que, diciéndose católicos, reconocen al Concilio Vaticano II como fruto del Espíritu Santo y admiten todas sus reformas, aunque intentan amalgamarlas con lo que ellos llaman ἀρχαῖος: la Misa Tridentina, la moral y las prácticas pías anteriores a la década de 1960. Uno de los más claros exponentes de esta noción de traditio fue el Papa de la Iglesia Conciliar del Vaticano II, Joseph Ratzinger/Benedicto XVI. Sus actuales exponentes son las congregaciones reconocidas por la misma Iglesia emanada del Concilio que tolera el bi-ritualismo: la Misa de Paulo VI con la Misa de San Pío V, o Misa Tridentina. El segundo grupo, en cambio, rechazan el Concilio o buena parte del mismo, pero reconcen a dichas autoridades como legítimas. Es el caso de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y del grupo que ahora encabeza Monseñor Richard Williamson. El tercero está compuesto por los sedevacantistas, que rechazan tanto al Concilio como a quienes lo han llevado adelante.

No obstante, cuando nos adentramos en la mentalidad "tradicionalista" descubrimos que ellos en realidad no se apegan a aquello que fue transmitido desde antiguo, aquello que hemos recibido desde la época de los Apóstoles, sino, lamentablemente, a lo que ellos imaginan es ἀρχαῖος. Si ellos siguieran realmente lo ἀρχαῖος, no podrían admitir ni tolerar la Misa Tridentina, ya que:

  • La misma fue codificada y reformada primero por el Concilio de Trento.
  • A los pocos años de ser promulgada comenzó a sufrir una serie de reformas que llegó hasta la época de Pío XII.
  • La moral de mitad del Siglo XX es relajada comparada con la de los primeros cristianos.
  • El bautismo de los primeros cristianos era por inmersión, algo que los católicos de rito latino ya no conservan.
  • Las Misas primitivas se hacían en latín en Roma, porque era la lengua franca y vernácula. De hecho hay códices que muestran que el latín usado era muy diferente al que emplearon Virgilio o el mismo San Agustín.
  • En las Misas primitivas, los fieles comulgaban bajo las dos especies, se celebraba de cara al pueblo en muchas ocasiones y no había un ritual uniforme, salvo la fórmula de consagración, que aún presentó variantes en Roma hasta la Reforma Gregoriana.

El tradicionalismo, por lo tanto, ha levantado su  su programa y su lucha, no por la fe católica practicada por los cristianos desde lo ἀρχαῖος, sino en los usos y prácticas barrocas que fueron sucesivamente modificadas hasta poco antes del Siglo XX. Estos tradicionalistas, por lo tanto, han puesto el acento, no en la tradición en sí misma sino en lo que para ellos la tradición representa: la Misa Latina, las mantillas, las puntillas, las colas de las capas. Se trata, la más de las veces, de un culto meramente exotérico, es decir, externo, superficial, no profundizado, sin conocimiento de lo que el rito significa, de lo que el rito mismo representa. Han confundido la expresión de la fe, con la fe misma. Se abandonaron a la estética barroca. Barroco proviene del portugués barrôco, que designa a aquellas perlas deformadas y feas. Una fe barroca es una fe deformada, una fe que ha perdido la forma, que se ha des-centrado de Cristo. Y como es una fe descentrada, como es una fe basada en el rito, es una fe débil, maleable. Convincente para las mentes débiles, buena para los hambrientos, pero en realidad, se trata de una dieta carcinógera, de una dieta falsa que debilita al alma al punto que los fieles no pueden reconocerla, y por lo tanto, se apegan a los líderes "tradicionalistas".

¿Ignoran estos tradicionalistas que durante todo el Concilio Vaticano II se celebró la Misa Tridentina? ¿Ignoran estos tradicionalistas que aquellos obispos y cardenales que tanto citan en sus sermones y ponen como ejemplo, se formaron en seminarios que seguían las normas tridentinas? ¿Ignoran estos tradicionalistas que los mismos obispos y sacerdotes que con tanta devoción predicaban los domingos la Fe de Cristo y que tan puntillosamente vigilaban la separación de los sexos en las Misas, fueron los mismos que condujeron a los fieles a la apostasía en masa con Paulo VI a la cabeza?

La tradición en realidad no es el uso externo, sino algo interno, algo que va por dentro del hombre. Es aquello que efectivamente se transmitió de generación en generación y por lo cual, los cristianos preferían morir en el Circo Romano. Era aquella fe que profesaban en el bautismo, muchas veces poco antes del martirio.

Recordemos aquella regla “lex credendi, lex orandi”, la ley de la fe, es la ley de la oración. No al revés. Nuestro Señor Jesucristo no desaprobó las tradiciones de los fariseos, sino su tradicionalismo. No dijo a las multitudes que lo seguían que desoyeran lo que los escribas y fariseos decían, sino que no se guiaran de sus actos. Por eso los llamó hipócritas, por eso Juan el Bautista los llamó "raza de vívoras". Ese tradicionalismo farisíaco era ignorante de la Verdad, de aquella Verdad que vino al Mundo, de aquella Luz que los hombres no quisieron ver. Cristo mismo puso a Nicodemo en evidencia de la ignorancia de éste.

La tradición es aquello que se nos ha transmitido, es la Fe Católica, integra, completa, sin mancha ni obscurecimiento alguno. Pueden haber algunas diferencias de opinión acerca de cuestiones derivadas de ella, ora litúrgicas (los distintos ritos como el Latino, el Bizantino, el Maronita), ora intelectuales (las diferencias entre los molinistas y los tomistas acerca de los auxilios de la Gracia), mas todos decimos “Amen” a las palabras de Nuestro Señor “Yo soy la Verdad”, y la verdad es perenne, no cambia, no puede cambiar.

¿La Tradición Católica es para nosotros sinónimo de Misa en Latín? Si es así, el mote tradicionalistas cae como anillo al dedo y el que así se siente puede asistir sin ningún problema a una misa “celebrada” por un “sacerdote” de la FSSP. Pero si para nosotros la Tradición Católica es la fidelidad a la Fe que Cristo nos transmitió, y que sus Apóstoles guardaron, y que la Iglesia (Una, Santa, Católica y Apostólica) ha mantenido por dos milenios, entonces comprendemos el verdadero significado de la Tradición.

No somos “tradicionalistas”. Debemos rechazar esa denominación. Ser tradicionalista es ser consevador, es gustar de lo arcaico por el hecho de que es viejo. Es el fetiche del anticuario, el celo del guarda del museo.

Nosotros no somos, ni siquiera “católicos tradicionales”.

Somos católicos.

Nuestra fe es la fe del Credo, no creemos en una Iglesia Tradicionalista, sino en Una Iglesia, la cual es Santa, Católica y Apostólica, fuera de la cual no hay salvación ni perdón de los pecados.

8 comentarios:

  1. te podes ir a reputa madre que te parió. decís cualquier boludez para justificar tu sedevacantismo. lo mismo decian los boludos modernistas, que ellos eran los que volvían a las tradiciones evangélicas y con ese cuento destruyeron le Iglesia

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  2. Raul, considero que deberías agregar algunas salvedades al texto. Primero, si bien es cierto que en la liturgias más antiguas se comulgaba bajo las dos especies, tambien es cierto que no era habitual la comunión y las exigencias de la misma hacían que solo fuese habitual para el celebrante y su diácono. También es cierto que mucha gente se denomina ttadicionalista por el vaciamiento de significado que sufrió el término católico a secas. Es como denominarse ortodoxo, lo somos todos los católicos, pero se abusa para denominar el cisma oriental.

    En cuanto al latín (y el griego koine), no creo que muchos crean en una virtud cabalística del idioma. Lo cierto es que ayuda a preservar el mensaje -la tradición-, y rn su forma litúrgica, ha sido estudiado y expurgado de otros posible significados a lo largo de siglos. Cambiar de lengua, y muy especialmente al dialecto contemporáneo, es dar margen para el error voluntario e involuntario.

    Kw

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    1. Totalmente de acuerdo. Lo que quería enfatizar es que la Misa no es la razón de nuestro combate, como dicen los lefebvristas y filo-lefebvristas, sino la expresión litúrgica de nuestra fe.

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  3. Raul Miguel,
    Está explicado que no puede asimilarse la verdadera tradición y la Fe a un rito litúrgico, y a costumbres que han variado con el tiempo mucho antes del Vaticano II.
    Falta explicar en que se diferencia la Fe transmitida por los Apostoles desde los inicios respecto de las innovaciones y contemporáneas y de la jerarquía que las promueve
    Espero que lo expliques

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    1. Querido hermano, muchas gracias por el comentario. Es lo que tratamos de hacer siempre en este blog, tanto los colaboradores como quien te escribe, en su rol de administrador.

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  4. El artículo está muy bueno Raúl. Creo que nos fijamos tanto en la Misa Tridentina que terminamos olvidandonos que es la fe lo que tenemos que enarbolar. Quizas como dijiste por ahi ese era el plan de Pablo VI para Lefebvre, una resistencia controlada por la logia vaticana

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  5. Me pregunto, la eucaristía la hacen de una especie? Si es así, desde mi punto de vista es medio invalida, o no? Bendiciones

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    1. El Concilio de Trento responde tu pregunta, que de "graciosa" tiene poco.
      De por cierto, aquí se subió el Concilio completo para que lo lean y estudien todos aquellos que deseen.

      En Cristo,
      R

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