sábado, 30 de enero de 2016

Los hermanos de Jesús. Primera Parte

Los hermanos de Jesús ¿Cómo interpretar el término  ἀδελφοὶ?
Primera Parte


El tema de los hermanos de Jesús es uno de los más interesantes de la crítica bíblica. En el siguiente artículo, trataremos el tema de la mención de esos “hermanos” en el Nuevo Testamento. ¿Quiénes eran realmente? ¿A qué se refieren los manuscritos con la palabra “hermano”? ¿Se trata de hijos de un mismo padre, o puede significar además otra cosa?

Este artículo, por su longitud y temática se publicará en dos partes, y sirve como respuesta al comentario que dejó un anónimo en una entrada sobre la secta de los "Testigos de Jeohva"

Los vocablos en las lengua originales
Siempre que tratamos con la Biblia tenemos que remitirnos a las lenguas originales y a los manuscristos más antiguos. Ese fue el ejemplo que siguió San Jerónimo cuando tradujo las Sagradas Escrituras al latín en la versión conocida como “Vulgata Latina”.
Para el antiguo Testamento tenemos, como se señaló en oportunidades anteriores el hebreo, el arameo y algunos textos en griego. Del Nuevo Testamento, han sobrevivido únicamente textos en griego, pero sabemos que existía una versión hebrea del Evangelio de Mateo. Además, cualquier persona que conozca griego koiné, se dara cuenta que la gramática de los evangelios está lejos de ser de manual: es evidente que fueron escritos por personas que tenían al griego como una segunda lengua, y en el caso específico del Evangelio de San Mateo, que se trata de una traducción.
Si tomamos una versión en español de las Sagradas Escrituras, veremos que (dependiendo de la traducción) el vocablo “hermano” aparece por lo menos 383 veces en un total de 340 versículos.
En griego, el término hermano aparece por primera vez en el génesis, en el relato de Caín y Abel. El término es αδελφός, como podemos ver en Gen 4:2

καὶ προσέθηκεν τεκεῖν τὸν ἀδελφὸν αὐτοῦ τὸν Αβελ. καὶ ἐγένετο Αβελ ποιμὴν προβάτων, Καιν δὲ ἦν ἐργαζόμενος τὴν γῆν

¿Qué significa en griego αδελφός?
En el griego clásico la traducción literal es “hermano”, o también “hijo de alguno de los padres”. Por ejemplo, en  Mc 6:17-18 que Herdores Antipas y Filipo se dice que eran hermanos, y que el primero se había quedado con la esposa del segundo:

αὐτὸς γὰρ ὁ ῾Ηρῴδης ἀποστείλας ἐκράτησε τὸν ᾿Ιωάννην καὶ ἔδησεν αὐτὸν ἐν φυλακῇ διὰ ῾Ηρῳδιάδα τὴν γυναῖκα Φιλίππου τοῦ ἀδελφοῦ αὐτοῦ, ὅτι αὐτὴν ἐγάμησεν.
ἔλεγε γὰρ ὁ ᾿Ιωάννης τῷ ῾Ηρῴδῃ ὅτι οὐκ ἔξεστί σοι ἔχειν τὴν γυναῖκα τοῦ ἀδελφοῦ σου.

Según Flavio Josefo, eran hermanos únicamente por parte de padre, lo cual no sería el uso más ortodoxo del término, ya que en realidad, en griego se emplea para designar a aquellos que nacieron del mismo vientre.[1] En la Biblia el término griego no se refiere siempre al caso estricto de “hermanos”. Veamos, por ejemplo Génesis 13:8, que trata sobre la separación de Abraham y Lot:

εἶπεν δὲ Αβραμ τῷ Λωτ Μὴ ἔστω μάχη ἀνὰ μέσον ἐμοῦ καὶ σοῦ καὶ ἀνὰ μέσον τῶν ποιμένων μου καὶ ἀνὰ μέσον τῶν ποιμένων σου. ὅτι ἄνθρωποι ἀδελφοὶ ἡμεῖς ἐσμεν

Su traducción sería:

Y dijo Abram a Lot: «No haya riña entre mí y ti; y entre mis pastores y tus pastores; que hombres hermanos nosotros somos..

Ahora ¿Era Abraham hermano de Lot? Si vamos a Génesis 11:27 veremos que en realidad eran tío y sobrino. Ponemos texto directamente en español:

Y estas son las generaciones de Taré: Taré engendró a Abrám, y Nacor y Arán; y Arán engendró a Lot.

Lot no era hijo de Taré, padre de Abraham, sino de Arán, hermano de este. No obstante, el término con el que se refiere a Abraham y Lot es el de hermanos, o en griego ἀδελφοὶ.

¿Por qué se usa esta palabra en la traducción griega? Simple: en hebreo no existe un término para designar a los sobrinos, primos u otro tipo de parentesco que no sea el de padre, madre o hermano. Esto tiene relación con la configuración antropológica de las familias semitas. En hebreo, la palabra para designar, por lo tanto a cualesquier pariente que no sea padre-madre-hijo es siempre אח y no existe otro vocablo para ello. Veamos el texto de Génesis 13:8, en el que Abraham dice a Lot que son hermanos, pero esta vez en hebreo:

וַיֹּ֨אמֶר אַבְרָ֜ם אֶל־ל֗וֹט אַל־נָ֨א תְהִ֤י מְרִיבָה֙ בֵּינִ֣י וּבֵינֶ֔יךָ וּבֵ֥ין רֹעַ֖י וּבֵ֣ין רֹעֶ֑יךָ כִּֽי־אֲנָשִׁ֥ים אַחִ֖ים אֲנָֽחְנוּ

Su traducción más literal sería:


Y Abram dijo a Lot "Dejemos aqui, yo te ruego que no haya altercado entre mí y ti, entre mis pastores y tus pastores, porque nosotros [somos] hombres-hermanos.

Como pudimos observar, el término ἀδελφοὶ se emplea en la Biblia, no sólo para designar la relación entre dos personas que tienen en común por lo menos un progenitor, en contra del sentido estricto del griego clásico y koiné, que servía para los hijos de una misma madre. En la Biblia, ἀδελφοὶ  en griego, y en hebreo la palabra אח,  sirven para designar a cualesquier pariente que no sea padre, madre o hijo. Esto se debe a la configuración misma de las familias hebreas de la época de la Biblia, que no se tratab a de una familia nuclear, sino extendida. En la próxima entrega nos adentraremos a los casos específicos del Nuevo Testamento y veremos como los autores, recogieron esta forma lingüística. Para ello nuestro análisis tomará en cuenta el texto griego, la peshita y también, un interesante manuscrito hebreo medioeval que contiene el Evangelio de Mateo.




[1] Segal, Charles, Tragedy and Civilization: an interpretation of Sophocles,1989, pp. 184.

viernes, 29 de enero de 2016

Misa Católica y Monasterio Franciscano en Carolina del Sur

Hace un tiempo entré en contacto con Monseñor Bruno Amicarelli OFM Conv., que mantiene un pequeño monasterio franciscano, que sirve para la formación de sacerdotes católicos, fieles a la Tradición y a la Doctrina católica de siempre. Se trata del Monasterio San Juan Bautista, de Franciscanos Conventuales.

Anexo al Convento, existe una capilla que ellos atienden de manera permanente, y funge como uno de los centros de Misa Católica en Carolina del Sur. Se trata de Holy Family Traditional Catholic Church, y su dirección es 



Horarios:
Misa Dominical:
Rosario y Confesiones 10:00-10:20 am
Santo Sacrificio de la Misa 10:30 am 

Misas en semana (de lunes a sábado): 9 a.m.
Primer viernes y sábado de cada mes: 9 a.m



Si usted desea más información sobre este centro de Misa, comuníquese por correo o teléfono.


Holy Family Traditional Catholic Church
Post Office Box 462
Summerville, SC 29484-0462

Rectory Phone: (843) 875-9368 Church Email: information @ holyfamilytraditionalcatholicchurch.com

Please note that this e-mail is for church-related business or inquiries only.



miércoles, 27 de enero de 2016

El doble precepto de la caridad

EL DOBLE PRECEPTO DE LA CARIDAD
De los tratados de S. Agustín sobre el evangelio de S. Juan


Vino el Señor mismo, como doctor en caridad, rebosante de ella, compendiando, como de él se predijo, la palabra sobre la tierra, y puso de manifiesto que tanto la ley como los profetas radican en los dos preceptos de la caridad.

Recordad conmigo, hermanos, aquellos dos preceptos. Pues, en efecto, tienen que seros en extremo familiares, y no sólo veniros a la memoria cuando ahora os los recordamos, sino que deben permanecer siempre grabados en vuestros corazones. Nunca olvidéis que hay que amar a Dios y al prójimo: a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser; y al prójimo como a sí mismo.
He aquí lo que hay que pensar y meditar, lo que hay que mantener vivo en el pensamiento y en la acción, lo que hay que llevar hasta el fin. El amor de Dios es el primero en la jerarquía del precepto, pero el amor del prójimo es el primero en el rango de la acción. Pues el que te impuso este amor en dos preceptos no había de proponer primero al prójimo y luego a Dios, sino al revés, a Dios primero y al prójimo después.

Pero tú, que todavía no ves a Dios, amando al prójimo haces méritos para verlo; con el amor al prójimo aclaras tu pupila para mirar a Dios, como sin lugar a dudas dice Juan: Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.

Que no es más que una manera de decirte: Ama a Dios. Y si me dices: «Señálame a quién he de amar», ¿qué otra cosa he de responderte sino lo que dice el mismo Juan: A Dios nadie lo ha visto jamás? Y para que no se te ocurra creerte totalmente ajeno a la visión de Dios: Dios -dice- es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios. Ama por tanto al prójimo, y trata de averiguar dentro de ti el origen de ese amor; en él verás, tal y como ahora te es posible, al mismo Dios.

Comienza, pues, por amar al prójimo. Parte tu pan con el hambriento, y hospeda a los pobres sin techo; viste al que ves desnudo, y no te cierres a tu propia carne.

¿Qué será lo que consigas si haces esto? Entonces romperá tu luz como la aurora. Tu luz, que es tu Dios, tuaurora, que vendrá hacia ti tras la noche de este mundo; pues Dios ni surge ni se pone, sino que siempre permanece.

Al amar a tu prójimo y cuidarte de él, vas haciendo tu camino. ¿Y hacia dónde caminas sino hacia el Señor Dios, el mismo a quien tenemos que amar con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser? Es verdad que no hemos llegado todavía hasta nuestro Señor, pero sí que tenemos con nosotros al prójimo. Ayuda, por tanto, a aquel con quien caminas, para que llegues hasta aquel con quien deseas quedarte para siempre.

Francisco: su concepción de la Iglesia

FRANCISCO: su concepción de la Iglesia, 
en contradicción con la divina Revelación
18/12/2015
por SÍ SÍ NO NO




El 10 de noviembre de 2015 Francisco pronunció una homilía en la cual expresó su concepción de la Iglesia, en contradicción con la que encontramos en la divina Revelación (Tradición y Sagradas Escrituras), en el Magisterio y en la doctrina común de los teólogos.

Expondré los dos puntos, teológicamente hablando, más rompedores de la homilía bergogliana y los contrastaré con las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, de los padres, del Magisterio y de los teólogos escolásticos.

La Iglesia preferida por Francisco

«Prefiero una Iglesia accidentada, herida, y sucia que salga a las calles, antes que Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de (por) aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada de ser el centro y que termina (termine) acorralada en un embrollo de obsesiones y disposiciones». (Evangeliumgaudium 49)

Examen de los términos

1°) “Iglesia Accidentada”: “accidentado” en el Diccionario de la Lengua Española significa: “que ha sido víctima de un accidente”, si se refiere a una persona, mientras que significa: “escabroso, abrupto” si se refiere a una cosa. No queda claro qué quiso decir realmente Bergoglio, pero el concepto, aunque confuso, no concuerda con la naturaleza de la Iglesia que es la sociedad sobrenatural, perfecta, fundada por Jesús y dotada de todos los medios para conducir las almas al cielo. Por lo tanto, Ella es Divina en cuanto al origen, a los medios (los sacramentos) y, finalmente, humana en cuanto a los miembros que la componen: fieles y pastores. Ahora, sólo los miembros y los hombres de Iglesia pueden ser “víctimas de un accidente” impedidos, vulnerados, llenos de asperezas y desnivelados; pero la Iglesia no, porque es Divina por la Divina Revelación y por la doctrina católica; no así por el modernismo según el cual la Iglesia (como la divinidad de Cristo) es una invención humana de los primeros cristianos, que puede y debe cambiar continuamente (cfr. Decreto Lamentabili, EnciclicaPascendi, 1.907; Motu proprio SacrorumAntistitum, 1910).

2°) “Iglesia Herida”: ídem. La Iglesia en sí es pura, “sin manchas ni arrugas”[1], no puede estar herida; los hombres están heridos por el pecado original, la Iglesia no.

3°) “Iglesia Sucia”: peor aún. Además, sucio, es un término equivocado, ya que puede significar sucio físicamente o sucio moralmente, es decir, pecador; pero la Iglesia es “santa” como recita el Credo y, teniendo como base el principio de no contradicción, si es santa, no puede ser pecadora.

4°) “Iglesia enferma porque está aferrada a sus propias seguridades”: según el modernismo, la certeza natural y sobrenatural no es alcanzable ni por la razón, ni por los dogmas. En efecto, la filosofía modernista es el kantismo agnóstico, que niega la capacidad de la razón pura o especulativa de conocer con certeza las esencias de la realidad natural. Teológicamente, el modernismo, es defensor de la evolución heterogénea de los dogmas, que serían expresiones humanas totalmente incapaces de comprender a la Divinidad, la cual es un producto natural de la necesidad del hombre, del sentimiento religioso y de la subconsciencia creadora. Por lo tanto, la certeza para los modernistas sería una patología y no algo positivo. De aquí al escepticismo y al relativismo radical, hay un paso.

5°) “Iglesia preocupada por ser el centro”: la Iglesia es la continuación de Cristo en la historia. Ahora, Cristo es “Rex et centrumomniumcordium” (Letanías del S. Cuore di Gesù) y “Cristo es el jefe del cuerpo, es decir, de la Iglesia” (Col., 1, 18) . «Quién no concibe a la Iglesia como madre no concibe a Dios como Padre» (León XIII, Satis cognitum). Cristo es el fin de toda criatura y así también lo es la Iglesia después de su ascensión al cielo. En efecto «fuera de la Iglesia no hay salvación» (IV Concilio Lateranense, DS 802) y por esto Ella debe ser nuestro centro, nuestro fin intermedio para ir al Cielo, nuestro fin último.

6°) “Iglesia acorralada en un embrollo de obsesiones y disposiciones”: las Leyes de la Iglesia y los Mandamientos de Dios que enseña, son una obsesión para Francisco, que busca desmantelarlos. Y aquí tenemos el motivo por el que se pueden dar los sacramentos también a los pecadores obstinados, que no quieren convertirse.
El verdadero concepto de Iglesia según la fe católica

«Cristo es el jefe del cuerpo, es decir, de la Iglesia» (Col., 18); «Cristo decidió edificar la Iglesia para volver duradera la obra de salvación de la Redención, en la cual, como en la casa de Dios, estuviesen contenidos todos los fieles» (Concilio Vaticano I, DS 3050). Jesús confirió a los 12 apóstoles, es decir a la Iglesia, el poder de «enlazar y desatar» (Mt., 18, 17), de celebrar la eucaristía (Lc., 22, 19), de perdonar los pecados (Jn., 20, 23), de bautizar (Mt., 28, 19). La Iglesia es la esposa de Cristo (Ef., 5, 25), que Él ha adquirido con su propia sangre (Ap., 20, 28).

Jesús equiparó a la Iglesia a una casa construida sobre las rocas, que le otorgan la estabilidad y la unidad (Mt., 12, 25).«Cristo ha amado a la Iglesia y se ha entregado por ella, para purificarla y santificarla (…) en tal modo, Él quiso forjar una Iglesia resplandeciente de gloria, sin manchas ni arrugas» (Ef., 5,26)

Todos estos versículos se contradicen con la a-teología modernista bergogliana, pero  pertenecen a la fe y San Pablo nos ha revelado: «Aunque nosotros mismos o un ángel del cielo os enseñara un Evangelio diferente de aquel que os hemos anunciado, sea anatema».(Gal., 1, 8).

El fin de la Iglesia según la Fe católica

Es de fe revelada y definida que el fin de la Iglesia es la continuación de la Redención de Cristo hasta el fin del mundo (Conc. Vat, I, DS 3050) y León XIII explica que, mientras Cristo nos ha redimido con su muerte en la Cruz, la Iglesia tiene la tarea de aplicar los méritos de la Redención de Cristo hasta el fin del mundo (Encíclica Satis cognitum, 1896).

Es por esta razón que Jesús dijo a los Apóstoles: «Id y amaestrad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».(Mt., 28, 18-20);
«Quien os escucha a vosotros, me escucha a Mí, quien os rechaza a vosotros, me rechaza a Mí» (Lc., X, 16); por lo tanto: «Una sola es la Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual ninguno puede salvarse» (IV Concilio Lateranense, DS 802). Por este motivo, la antorcha, es decir, la Iglesia, no puede estar escondida bajo la llovizna, como quisiera Francisco,  sino que debe ser colocada sobre el candelabro para iluminarnos a todos (Mt., 5, 15).

La razón recta y las certezas contra las dudas de Bergoglio

Aristóteles, aproximadamente 300 años antes de Cristo, escribía a propósito de aquellos que (como Bergoglio) niegan la evidencia: «Heráclito (Bergoglio) dice negar el principio de no contradicción, pero entonces ¿por qué va a Megara y no se queda tranquilo en casa pensando en caminar? ¿Y por qué no se tira en el pozo, pero se cuida de hacerlo, justo como si pensara que caer no es lo mismo que no caer?» (Metafísica, IV, 4, 1008 b). Por lo tanto: «El escéptico coherente debería cerrarse en el mutismo absoluto, porque hablar quiere decir tener y expresar certezas. En efecto Cratilo terminó callando y movía solamente el dedo» (Aristóteles, Metafísica, IV, 5, 1010 a). En resumen, también en tiempos de Bergoglio, vale siempre aquello que escribía Aristóteles en relación a los sofistas de su tiempo:«No se crea todo aquello que se dice» (Metafísica, IV, 3, 1005b). Efectivamente, el escéptico Pirrón (Bergoglio):  «Por coherencia, se esforzaba de no dar cuenta de los precipicios, pero, acorralado como un perro, se asustó,  distinguiendo bien un perro de un cordero» (Diógenes Lacercio, Cosecha de las viñas y de las doctrinas de los filósofos, IX, 2) Aristóteles concluía: «Es ridículo ir a buscar razones en contra de quien, rechazando el valor de la razón, no quiere razonar»(Aristóteles, Metafísica, IV, 4).

Francisco resuelve mal los problemas de la Iglesia

“En presencia de los males o problemas de la Iglesia es inútil buscar soluciones en conservadurismos y fundamentalismos, en la restauración de conductas y formas superadas que ni siquiera culturalmente tienen capacidad de ser significativas. La doctrina cristiana no es un sistema cerrado incapaz de generar preguntas, dudas, interrogantes, sino que es viva, sabe inquietar, sabe animar” (Homilía del 10 de noviembre de 2015).

La gravedad de los males de la Iglesia

Desde hace más de 50 años trabaja en el seno de la Iglesia una crisis generalizada y sin precedentes definida por el mismo Pablo VI “de autodemolición”, porqué, guiada por miembros de la Iglesia, de los cuales Bergoglio es el epígono paroxístico que cierra la parábola descendiente iniciada por Juan Pablo XXIII. El mismo Pablo VI afirmó que: “Muchos fieles están turbados en su fe por un cúmulo de ambigüedades, de incertezas y de dudas que la afectan en su esencia. Tales son: el dogma trinitario y cristológico; el misterio de la Eucaristía y de la presencia real; la Iglesia como institución salvadora; el ministerio sacerdotal en medio del pueblo de Dios; el valor del rezo y de los sacramentos, las exigencias morales que tiene que tiene que ver con mismos, por ejemplo, la indisolubilidad del matrimonio o el respeto de la vida humana. Más bien se llega al punto de discutir, incluso, la autoridad divina de la Escritura, en nombre de una radical perdida del mito”[2].

La crisis en la Iglesia no podría ser más profunda. En efecto, ¿qué ha quedado intacto en el cristianismo? Si no hay certezas sobre el dogma trinitario, se manifiestan vaguedades y ambigüedades sobre la Persona de Cristo Jesús; si se está titubeante frente a la Santísima Eucaristía; si no se concibe la Iglesia como institución de salvación… ¿Qué queda del cristianismo?… ¿Qué queda de la Revelación cristiana?

Hay, entre los fieles, un movimiento convergente en la formación de una nueva “religiosidad”, que puede ser, solamente, una nueva falsa religión neo-modernista: de un lado, se generan incertezas sobre los misterios revelados; del otro lado, se confecciona una vida cristiana según los gustos del espíritu del siglo

La teología pastoral del Concilio Vaticano II ha tocado la sustancia misma de la Revelación. No se apunta a una exposición de la verdad revelada en términos tales que los hombres la comprendan fácilmente, sino que se intenta, por medio del lenguaje ambiguo y rebuscado, de presentar una nueva “religiosidad”, conforme a los gustos del hombre formado según las máximas del mundo. Así se difunde, por todos lados, la idea de que la Iglesia romana debe pasar por una mutación radical en su moral, en su liturgia, y también en su doctrina.

En los escritos y en las homilías de Francisco, se inculca la tesis de que la Iglesia tradicional, como existía hasta el Vaticano II, ya no está a la altura de los tiempos modernos. En consecuencia, debe transformarse totalmente. Y, una observación rápida sobre lo que sucede en ambientes católicos, lleva a la convicción de que, verdaderamente, después del Concilio, existe una nueva “religiosidad” neo-modernista, esencialmente distinta de aquella conocida antes de el mismo.
En efecto, se exalta como principio absoluto e intangible, la dignidad humana, a cuyos derechos se someten la verdad y al bien. Esta concepción inaugura la religión del hombre y hace olvidar la austeridad cristiana y la beatitud celeste.
En las costumbres, el mismo principio olvida la ascética cristina y la obligación de observar los 10 mandamientos y es absolutamente indulgente también con el placer sensual, desde el momento en que el hombre debe buscar su sabiduría sobre la tierra. En la vida conyugal y familiar, la religión del hombre antepone el placer al deber, justificando, bajo este título, los métodos anticonceptivos, disminuyendo la oposición al divorcio y revelándose favorable a dar los sacramentos a quien quiere vivir en el pecado mortal.

En la vida pública la religión del hombre rechaza la jerarquía y promueve el igualitarismo propio de la ideología marxista contraria a la enseñanza divina, natural y revelada, que declara la existencia de un orden jerárquico pedido por la naturaleza misma de la sociedad.

En la vida religiosa, el mismo principio, pregona un ecumenismo que, en beneficio del hombre, ponga de acuerdo a todas las religiones; proclama una “Iglesia” transformada en un instituto de asistencia social y vuelve ininteligible lo sacro, comprensible solamente en una sociedad jerárquica. Por esto, la preocupación excesiva por la promoción social, como si la Iglesia fuese solamente un gran organismo de asistencia. Siguiendo en la misma línea, la secularización del clero, del cual el celibato es considerado algo absurdo, así como también se considera extraño el modo de vida del sacerdote, íntimamente ligado a su carácter de persona consagrada de manera exclusiva al servicio del altar.

En la liturgia, se reduce al sacerdote a simple representante del pueblo y las mutaciones son tales y tantas que la Iglesia cesa de representar adecuadamente a los ojos del fiel la imagen de la Esposa del Cordero, Una, Santa, e Inmaculada.

Evidentemente, la dispersión moral y la disolución litúrgica no habrían podido coexistir con la inmutabilidad del dogma y, después de todo, estas transformaciones ya indicaban mutaciones en el modo de concebir las verdades reveladas.

La buena solución según la doctrina católica

El remedio a tanto mal es recurrir al valor de la Tradición, el cual es tal que: «Incluso las encíclicas y los otros documentos del Magisterio ordinario del Sumo Pontífice son infalibles, solamente, en las enseñanzas confirmadas por la Tradición, es decir por una continua enseñanza de la doctrina, desarrollada por diferentes papas y durante un considerable período de tiempo» (Pío IX, Encíclica Tuaslibenter, 1863). En consecuencia, el acto del Magisterio ordinario de un Papa que se oponga a la enseñanza magisterial de diferentes papas, promulgado por un considerable período de tiempo no puede ser aceptado

La Tradición, en conjunto con la Biblia, es una de las dos “fuentes” de la divina Revelación. Ella es también la “transmisión” (del latín tradere, transmitir) oral de todas las verdades reveladas por Cristo a los apóstoles (Tradición divina) o sugeridas a ellos por el Espíritu Santo (Tradición divino-apostólica, que se cierra con la muerte del apóstol Juan) y que llegaron a nosotros a través del Magisterio siempre vivo de la Iglesia, asistida por Dios hasta el fin del mundo.

La tradición, junto a las Sagradas Escrituras, es “canal contenedor y vehículo transmisor” de la Palabra divinamente revelada. El Magisterio eclesiástico es “el órgano” de la Tradición, mientras los “documentos” en los cuales se conservó, son los símbolos de fe, los escritos de los padres, la liturgia, la práctica de la Iglesia, los actos de los mártires y los monumentos arqueológicos, etc.

Las verdades o preceptos morales, disciplinarios y litúrgicos, que derivan directamente de Cristo o de los apóstoles, en cuanto promulgadores de la Revelación, son objeto de fe divina.

Los primeros discípulos de los apóstoles recibieron en forma directa e inmediata la Tradición por boca de los doce, mientras los posteriores la recibieron en forma indirecta y mediata a través de la enseñanza de los sucesores de Pedro (los papas) y de los apóstoles (los obispos) cum Petro et sub Petro.

Ésta es la función del Magisterio: mediar y actualizar la enseñanza divina, pero siempre basándose en la Tradición recibida. No se trata, por lo tanto, de hacer revivir una nueva fe, sino de traspasar y hacer recibir o revivir continua y nuevamente, hasta el fin del mundo, la única y misma fe predicada por Cristo y por los apóstoles.

La función del Magisterio no propone novedad alguna, sino que sólo reafirma de una forma nueva y profunda las mismas verdades contenidas en la Escritura y en la Tradición.

En este “depósito de la fe” está totalmente ausente toda sombra de contradicción entre verdades antiguas y nuevas: el desarrollo debe suceder «en el mismo sentido y con el mismo significado» (San Vicente de Lerins, Commonitorium, XXIII; Vaticano I, Denz. 1800). No hay Tradición, no subsiste la verdad católica allá donde se encuentre contradicción, contrariedad o concurrencia entre nova et vetera.

La Tradición oral no excluye que llegue el momento en que sea puesta por escrito sin “divina inspiración”, en cuanto con el paso del tiempo la transmisión a voz viene fijada en documentos escritos o epígrafes; por ejemplo, la validez del Bautismo de los neonatos es Tradición, pues que es palabra de Dios no escrita bajo divina inspiración, pero está contenida en los libros de casi todos los antiguos escritores eclesiásticos.
Sin embargo, lo escrito sólo es subsidiario de la Tradición oral. Por lo tanto, pueden haber Tradiciones o enseñanzas divino-apostólicas de las cuales nada haya sido escrito. Será la voz de la Iglesia o el Magisterio viviente en la persona del papa que garantizarán que tales verdades son de origen divino o divino-apostólica.

La existencia de la tradición se encuentra revelada en la Biblia: «Id entonces y enseñad a todas las gentes (…) enseñándoles a observar todo aquello que os he mandado» (Mt., 28, 19-20). Jesús no ha escrito nada, los apóstoles primero predicaron y sólo después de los años, algunos discípulos han establecido por escrito la parte esencial de la enseñanza oral de Cristo.

Con el III siglo (Papia, †130; S. Clemente Romano, †101; S. Ireneo de Lyon, †202 y Tertuliano, †222) los padres eclesiásticos empezaron a discernir claramente las Sagradas Escrituras y Tradición como dos fuentes distintas de la Revelación, dando una cierta preferencia a la Tradición. En el IV-V siglo con los capadocios en Oriente (S. Basilio, †379, S. Gregorio Nacianceno, †390 y Niseno, †394) y S. Agustín (†430) en Occidente se profundiza el significado de Tradición, especialmente en relación a sus órganos de transmisión (papas, concilios, padres eclesiásticos). San Vicente de Lerins ha formulado la regla más notable y común para definir la verdadera Tradición divino-apostólica: «Quod ubique, quodsemper, quod ab amnibuscreditumest» (Commonitorium, II) (Aquello que en todas partes, siempre y por todos ha sido creído).

Como se ve, sea en la Escritura como en los padres, el concepto de verdadera Tradición está siempre conectado a la asistencia de Dios, ya que, sin la ayuda del Espíritu de Verdad, la pureza de la enseñanza oral no podría conservarse sin mezclarse con los errores.

Además, el concepto de Tradición, es inseparable del Magisterio que, más allá de no ser la Tradición misma, es el órgano por el cual ella viene traspasada.

Entre Magisterio y Tradición hay una cierta distinción pero no una separación, es decir, la Iglesia es como un maestro que tiene un Libro de texto oficial (Escrituras y Tradición) y explica el significado a los descendientes. La parte esencial que desarrolla el Magisterio es dar “todos los días hasta el fin del mundo” la recta interpretación subjetivo/formal de la Tradición, habiendo garantido ayer la veracidad del contenido pasivo o objetivo/material.

El Magisterio custodia, explica e interpreta la Palabra de Dios escrita o oral (Verbum Dei scriptum veltraditum). Por lo tanto, Magisterio y Tradición, no son idénticos. El Magisterio no es fuente de Revelación, Escritura y Tradición sí. Por eso, el Magisterio presupone las dos fuentes de la Revelación, las custodia y las explica; por lo tanto, en sentido estricto, no coincide con la Tradición. Sin embargo, si se considera el Magisterio en sus documentos u objetivamente, entonces se puede decir que en ellos sí reencuentra una fuente o lugar de la Revelación[3].

Conclusión
«Causa del aturdimiento que sufren los fieles, angustiados porque ya no están más seguros de aquello que deben creer y de cómo deben actuar, es el abandono de la Tradición. Por lo tanto, el antídoto a una crisis así profunda de lenguaje, de pensamiento, y de acción, lo encontramos solamente en la fidelidad a la Tradición. Una tarea tan noble sólo se puede absorber a través de la fidelidad a la tradición ininterrumpida que (…) reconecta (el nuestro cristianismo) a la fe de los Apóstoles»[4] (Carta pastoral de mons. De Castro Mayer Actualización y Tradición, 11 de abril de 1.971).

Contra los “males” a los cuales la falsa “actualización”, iniciada por Roncalli, expone la integralidad de la fe y la pureza de las costumbres cristianas, es necesario ser fieles a la Tradición para mantener la fe íntegra «…sin la cual no se puede gustar a Dios» (Heb., 11, 6) y la moral divina natural y positiva ya que «…sin las obras, la fe está muerta» (Sant., 2, 26)

sìsì no no

[Traducción de Fernando Suárez]

sábado, 23 de enero de 2016

Comentario sobre la carta de San Judas

Carta de San Judas
Enviado por un sacerdote católico de rito oriental.



Se ha cuestionado si "Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Santiago" que escribió la carta de San Judas es el "Judas, el hermano de Santiago"(Lc 6:16, Hechos 1:13), uno de los doce apóstoles ", no el Iscariote" (Jn14:22). En la Tradición de la Iglesia, los dos por lo general han sido identificados como la misma persona.

La carta de San Judas es una epístola general que el autor "se vio obligado a escribir a los que son llamados," apelando a ellos "para contender por la fe que ha sido una vez dada a los santos" (1-3) .
Para la admisión se ha ganado en secreto por algunos que hace tiempo fueron designados para la condenación, hombres impíos, que convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje y niegan a nuestro único Soberano y Señor Jesucristo (4).

Estos "burladores", algunos de los cuales los fieles pueden ser capaces de salvar "por arrebatándolos del fuego" (23), son los que "mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores"(8). Ellos son los que siguen sus "pasiones impías ... [y] establecer divisiones, la gente del mundo que carecen del Espíritu" (18-19) que han entrado en la Iglesia, mandamientos de san Juadas de los que son fieles para resistir los impíos.

Pero vosotros, amados, construir sobre vuestra santa fe; orar en el Espíritu Santo; conservaos en el amor de Dios; esperar a que la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. ... (21).
De especial interés en la carta, que a veces se lee en la Iglesia, es la mención de los arcángel Miguel (9), así como los ángeles malos "que no guardaron su propia posición sino que abandonaron su morada adecuada (con Dios) y que tienen ha mantenido por Él en prisiones eternas en tinieblas para el juicio del gran día "(6). En términos generales, hay un tono apocalíptico definitivo a la carta de San Judas.

viernes, 22 de enero de 2016

Patetismo

Luego de que por años la señora Olga Moreno y otros "tradicionalistas" de argentina, como el obispo Morello y el presbítero Lázaro Romero se burlaran a más no poder de las "cruzadas de rosario" organizadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, llega la noticia de que ¡También organizaron una ellos!

El rezo del rosario es algo siempre muy bueno y hermoso, por lo que un lector poría preguntarnos el porqué del título. Simple: el afán de imitar a los lefebvristas de los que se salieron, a los que envidian y a los que quieren emular no tiene límites. Si rezar el rosario es tan bueno y tan edificante, tan querido por Nuestro Señor y la Santa Virgen (recordemos que es una devoción pía, pero una revelación privada... ojo con eso) ¿Por qué se criticó a los católicos que participaban en las "cruzadas" de la Fraternidad? ¿Por qué Romero, Morello y la misma Olga Moreno se burlaron de esos católicos que con fervor completaban las tablillas que la Fraternidad repartía para contabilizar las oraciones de sus fieles?

Recemos el rosario, sí, pero siempre. No hay rosarios que valgan más o menos que otros. y que nuestra oración sea honesta y siempre pidamos a Nuestro Señor Jesucristo que tenga misericordia de nosotros y perdone nuestros pecados... ¡Y que venga pronto!

lunes, 11 de enero de 2016

Renovación de Capilla de Vedia

Novedades de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia




La noticia es vieja, pero me gusta poder realizar un comentario y una revisión. Nuestros amigos de la
Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia han actualizado su blog, dándole un nuevo, más cuidado y prolijo aspecto.
La nueva versión del blog está dividido en tres partes. En la cabecera tenemos el emblema de la Sociedad y sendas fotografías de las dos sedes, la de Vedia y la de Tampa. Sigue a eso un fragmento del discurso esjatológico de Nuestro Señor Jesucristo... y lo que es más importante: todo es bilingüe, todo está en español e inglés y en la misma página. Creo que se trata de uno de los mejores aciertos en la administración del blog de la Sociedad el haber puesto información en ambos idiomas. Esto se debe a que el blog contiene una gran cantidad de visitas de los Estados Unidos y otras partes del mundo y siempre tienen pedidos de más información en inglés.

Vayamos ahora a las columnas. En la primer columna contamos, de manera estática, con información importante: la localización de los centros de Misa Católica administrados por la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia y una muy interesante reflexión sobre el sedevacantismo, que transcribo a continuación:

Sobre el Sedevacantismo se ha dicho lo que se ha querido, muchos han opinado sobre esta posición teológica y canónica católica sin conocer en profundidad sus verdaderos orígenes y desarrollo, sus verdaderos protagonistas --eclesiásticos de la mayor relevancia jerárquica como intelectual--, sus verdaderos y graves fundamentos dogmáticos, su imperiosa razón de defender a los católicos de la grave apostasía y cisma en el que ahora viven y malviven. Paradógica y curiosamente sus máximos enemigos y retractores han sido aquellos que se dicen "defensores de la tradición católica", estos son los falsos tradicionalistas, todos ellos ex miembros de la FSSPX a la cual hoy día calumnian y difaman con un diabólico resentimiento; dirigidos por una élite infiltrada con psudosteólogos que inventaron laberínticas "tesis" rabínicas-dominicas-jesuíticas, y de una gran malicia al servicio del complot judeo-masónico, y secundados por la complicidad y servilismo de una mayoría de incautos que movidos siempre por la ingenuidad de una cómoda negligencia se alimentan de las "teologías" y de los "teólogos" del facebook o de los blog de la internet. Frente a todos estos paracaidístas devenidos en estos últimos meses al "sedevacantismo" los hay de muchos colores, entre ellos contamos a los desilucionados por el coqueteo de Jorge Bergoglio con los Protestantes, Judíos y Musulmanes, como si Ratzinger, Wojtila y Montini no lo hubiesen hecho antes, estos nuevos "sedevacantistas" creen que solo Bergoglio es hereje formal y material y por lo tanto no es papa, pero los muy incautos "ignorantes en la cuestión" aceptan la misa nueva y los sacramentos dados con el nuevo ritual inválido e ilegítimo de Paulo VI. Los Católicos fieles creemos firmemente que el último Papa de la Iglesia Católica Apostólica Romana fue S.S Pío XII y que de allí por defecto y consecuencia de la Grana Apostasía ha cesado la institución del cónclave y cualquier iniciativa al respecto, solo será una delirante intentona.

Tambien el visitante cuenta con un enlace a la renovada página de Facebook de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia, dónde, haciendo click en "Me gusta" puede recibir todas las novedades y publicaciones del blog.

Más abajo tenemos las direcciones para colaborar con el sostenimiento del apostolado de estos sacerdotes. El emblema de Monseñor Luis Armando Argueta Rosal nos remite a un interesante artículo sobre el linaje de Monseñor Thuc, algo sobre lo que suelen preguntar mucho los lectores recién llegados a la resistencia católica contra la Iglesia Conciliar del Anticristo.

En esta sección encontraremos además textos pontificios muy importantes, como la Bula Cum Ex Apostolatus Officio, la Declaración de Sede Vacante de Monseñor Thuc, enlaces a blogs y páginas católicas de sana doctrina y, naturalmente, el índice cronológico de las publicaciones.

En el cuerpo del blog tenemos, como siempre, las entradas todas ellas en español e inglés, con hermosas imágenes y muy buenas fotografías.

Como es costumbre, los animamos a visitar periódicamente el blog de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia.

¡Buena lectura!

domingo, 10 de enero de 2016

La validez de las ordenes sagradas (Segunda Parte)

Arttículo II
 Del sujeto del sacramento del orden

121. "Solamente el hombre recibe válidamente la sagrada Ordenación" (CIC 968,1). De donde:

1. LA MUJER ES INCAPAZ DEL SACRAMENTO DEL ORDEN. Lo cual parece que es doctrina de fe católica respecto al episcopado y al presbiterado, y cierta respecto al diaconado. Y ciertamente así se desprende de S. IRENEO, S. EPIFANIO, S. AGUSTIN, el cual tiene como herejes a las pepuzianos, a los marconianos o marcosianas y a los coliridianos.

Los pepuzianos pertenecían a cierta secta de los montanistas (llamados así por la ciudad de Pepuza en Frigia) entre los cuales «las mujeres son obispos, presbíteros y son elegidas para los otros grados, de forma que no se guarde ninguna diferencia de sexo. Pues en Cristo Jesús no hay hombre ni mujer (Gal 3,28)». Se llamaban también artotiritas, porque en el sacrificio empleaban queso (αρτος, τυρόν) juntamente con el pan; o también catafrigas por la región donde vivían.

Marco Magno, del cual habla S. IRENEO, había sacado de quicio a ciertas mujeres a las cuales recomendaba ofrecer el sacrificio.

Los coliridianos formaban cierta secta en Armenia; sus mujeres solían celebrar el sacrificio en honor de la bienaventurada Virgen María.

El fundamento de nuestro aserto se encuentra en S. Pablo: «Las mujeres caIlen en las asambleas. No les es permitido hablar. Muestren antes bien su misión, como también la Ley lo dice. Si quieren instruirse en algún punto, pregúntenlo en casa a sus maridos. Porque no es decoroso que las mujeres hablen en la asamblea (1 Cor 14,34-35); de modo semejante en 1 Tim 2,11s: La mujer viva en sosiego, escuche con atenta sumisión. Empero no le permito a la mujer enseñar ni ejercer autoridad sobre el marido; sino vivir sosegada en el hogar...» Ahora bien, si no le es permitido a la mujer en la Iglesia por derecho divino (pues S. Pablo habla como Apóstol en nombre de Jesucristo) ni siquiera preguntar para aprender, y además quiere el Apóstol que en todas las cosas sea sumisa, mucho menos se le puede permitir a la mujer el que ofrezca el sacrificio, lo cual lleva consigo presidir, enseñar, etc. Esto lo manifiesta también toda la tradición católica, la cual ha tenido como herejes a los que sostenían lo contrario, según hemos dicho.

Pues ya se ha indicado anteriormente (n. 56s) que el diaconizado no fue un orden sagrado, sino a lo sumo algún sacramental; del mismo modo que la bendición de la abadesa. Pues éstas no tienen ninguna potestad de Orden, sino que su cargo se reduce al gobierno del monasterio.

122. A no ser que esté bautizado ningún hombre puede recibir Válidamente las sagradas órdenes.

Esta cuestión está ahora fuera de toda duda; pues consta que el bautismo es la puerta de la Iglesia o de la vida espiritual (D 639) fundamento de la vida religiosa, puerta de los sacramentos...; sin embargo en otro tiempo había sido una cuestión fuertemente discutida.

El fundamento es sencillamente la voluntad de Jesucristo, el cual ha confiado los sacramentos a la Iglesia y por tanto a no ser mediante el primer sacramento, por el cual uno se hace miembro de la Iglesia, nadie puede acercarse a los otros sacramentos. Ahora bien de esta voluntad de Jesucristo consta por la doctrina misma de la Iglesia.

El Concilio I de Nicea en el cn. 19, al tratar de los paulinistas que bautizaban inválidamente, en cuanto que usaban una fórmula totalmente inválida, dice: «Acerca de los paulinistas que se convierten a la Iglesia Católica se ha dado una definición con el objeto de que se bauticen en cualquier caso. Ahora bien si algunos de éstos en tiempo pasado pertenecieron al clero, si ciertamente se han mostrado puros e irreprensibles, sean ordenados, una vez bautizados, por el obispo de la Iglesia católica» (D 56). Luego el Concilio supone que la primea ordenación había sido inválida y nula, en otro caso no mandaría que se volvieran a ordenar. Ahora bien la nulidad de la primera ordenación provenía del hecho de que ellos no habían sido válidamente bautizados.

Esta ley del Concilio de Nicea, se ha extendido a los casos generales, según aparece en el Penitencial de Teodoro (hacia el año 690): «Si algún presbítero ordenado descubre que él no está bautizado, sea bautizado y se le ordene de nuevo».

Inocencio III propuso a los doctores que se tratara en teoría delante de él el terca acerca de la ordenación de un hombre no bautizado, y manifiesta que hubo gran variedad de sentencias, El argumento de los que llegaban la validez de la ordenación era el siguiente: Puesto que el bautismo es el fundamento de los otros sacramentos, nadie puede construir un edificio sin cimiento, y por tanto sin el bautismo los otros sacramentos, incluso las ordenaciones, no son válidos. Ahora bien a esto respondían los adversarios principalmente por cuatro motivos que era válida la ordenación de aquel que no hubiera recibido el bautismo: 1. El fundamento, esto el llegar a ser miembro de Jesucristo, se obtiene no sólo por el sacramento de la fe, sino también por la fe del sacramento; esto es, es suficiente el bautismo de deseo. 2. El sacramento del bautismo fue instituido después del sacramento del Orden; luego no parece que deba precederle necesariamente. 3. Los no bautizados pueden recibir el sacramento del matrimonio y el de la Eucaristía; luego no es tan general el que el bautismo sea el fundamento de los otros sacramentos. 4. Hay inconvenientes muy serios si se requiere el bautismo para las órdenes; pues puede suceder que alguien juzgue que él está bautizado y de hecho no lo esté, si después es elegido obispo, hará todas las ordenaciones no válidas; y si alguno de los ordenados es ordenado obispo por éste anterior, de modo semejante serán nulas las ordenaciones realizadas por éste; y así sucesivamente, etc.

A causa de estas dificultades o motivos, parece que Inocencio se inclinaba a la sentencia que admitía la validez de la ordenación del no bautizado; sin embargo en la práctica quedándose con la sentencia más segura, mandó que fuera bautizado el presbítero no bautizado y que después, fuera ordenado., «porque no se entiende como repetido, lo que se duda que se haya realizado»; sin embargo llama a este caso «dudoso». Los motivos de los adversarios los resolvieron extraordinariamente los escolásticos posteriores, y por ello ya nadie duda acerca de esto. Pues en cuanto a 1), el bautismo de deseo no hace a nadie miembro de Cristo sino incoactivamente, de donde el que ha recibido este bautismo propiamente todavía no pertenece a la Iglesia. En cuanto a 2) no debe mirarse al orden de la institución de los sacramentos sino a las preferencias de causalidad, por decirlo así, esto es a aquello por lo que fueron instituidos. Y no consta además con certeza, que el bautismo no hubiera sido instituido antes de la muerte de Jesucristo. En cuanto al punto 3) en el sacramento del matrimonio se da un contrato natural y un sacramento; aquel que de buena fe, juzgando que él está bautizado quiere contraer el matrimonio como sacramento, lo contrae ciertamente en cuanto que es contrato natural, mas no en cuanto es sacramento (a no ser que por la otra parte bautizada, el matrimonio en cuanto tal deba llamarse sacramento, como se verá en el tratado del Matrimonio). En cuanto a la Eucaristía, aquel que no estando bautizado comulga, recibe ciertamente el sacramento de un modo material, pero no de un modo formal. En cuanto al punto 4) acerca de aquellos inconvenientes muy serios decía S. Tomás: «Si este tal es promovido al sacerdocio (al no estar bautizado) no es sacerdote, ni puede actuar, ni absolver en el orden penitencial; de donde según los cánones debe ser bautizado .y de nuevo ser ordenado,..: y si es promovido también obispo, aquellos a los que ordena, no están ordenados, sin embargo puede' creerse piadosamente, que en cuanto a los últimos efectos de los sacramentos, el sumo sacerdote supliría el defecto, y que no permitiría que esto estuviera tan oculto, que pudiera acarrear un peligro a la Iglesia».

123. 3. Todo hombre bautizado es capaz de recibir las órdenes, sin atender a la edad que tiene.

Muy pocos teólogos han negado que los niños antes del uso de la razón puedan ser sujeto capaz de recibir las Ordenes sagradas. Se citan DURANDO, TOURNELY y HABERT. Se apoyan en la necesidad de intención, la cual, o bien propia, o bien interpretativa, se requiere en la recepción, de los sacramentos. Ahora bien los niños son incapaces de intención propia; y el sacramento del Orden, en cuanto sacramento libre y que lleva una carga no. puede ser recibido por intención interpretativa, como el bautismo.

Sin embargo la doctrina de la Iglesia es contraria. En efecto INOCENCIO III al responder a cierta consulta sobre qué había que hacer acerca de un hombre que había recibido en la infancia (antes de los años de la discreción) las órdenes menores y el subdiaconado; respondió que éste ciertamente debía recibir el orden del diaconado, que en cambio las otras órdenes ya habían sido recibidas.

BENEDICTO XIV al hablar acerca de la costumbre entre los coptos de ordenar a los niños en todas las órdenes menores y en el diaconado (ellos tienen el subdiaconado como orden menor), no niega la validez de las ordenaciones, pero una vez supuesta ésta, da distintas instrucciones y decreta acerca de la ley del celibato de ellos.

La razón la da S. Tomás: «Todos aquellos sacramentos, que requieren un acto del que recibe el sacramento, no competen a éstos (a los niños), como la Penitencia, el Matrimonio y otros similares. Mas puesto que las potestades infusas son anteriores a los actos, como también las naturales, aunque las adquiridas sean posteriores, quitado lo posterior, no se quita lo anterior; por ellos todos los sacramentos, en los cuales no se requiere el acto del que lo recibe por necesidad del sacramento, sino que se da por poder divino alguna potestad espiritual, pueden recibirlos los niños».

124. Si los niños que no tienen todavía uso de razón son capaces de la ordenación, también los que carecen de juicio podrán recibir las órdenes sagradas. Sin embargo, si se trata de dementes adultos, puesto que respecto a ellos se requiere la intención para recibir los sacramentos, si éstos, antes de caer en la locura, no querían de ningún modo ser ordenados, tampoco pueden recibir válidamente una vez que han caído en la demencia las órdenes sagradas.

Sto. Tomás, tanto respecto a los niños como respecto a los dementes, hacía una excepción en relación al episcopado: «Mas en cuanto al episcopado, donde también se recibe la potestad respecto al cuerpo místico, se requiere el acto del que recibe la cura pastoral de las almas; y por ello es también de necesidad de la consagración episcopal, el que tenga uso do razón». No obstante esta excepción no as necesaria, ya que el sacramento del Orden no consiste en un acto, sino en una potestad espiritual, la cual potestad puede darse, aunque en un determinado momento esta potestad no pueda actuarse,

125. 4. Para la ordenación lícita el Código de Derecho Canónico exige ciertos requisitos.

Los principales requisitos, que se decretan en el CIC, para que la ordenación sea lícita, son los siguientes: el que recibe el Orden debe estar en estado de gracia; pues se trata de un sacramento de vivos; y cuanto mayor sea la disposición en santidad, tanto más plena será la comunicación del Espíritu Santo. Se requiere también que esté confirmado (ca.974,1,1); que tenga costumbres que estén en consonancia con el orden que va a recibir; que tenga edad canónica, la cual para el subdiaconado no puede bajar de los veintiún años, para el diaconado se deben tener veintidós arios, y para el presbiterado hay que haber cumplido los veinticuatro años; para la tonsura no se determina edad, pero se requiere que el tonsurando haya empezado a cursar teología (cn.975-976,1). Se exige la debida ciencia, la cual se da por supuesto respecto al súbdiaconado en aquel que, a juicio de sus profesores, se encuentre decorosamente en tercer curso de teología; en el diaconado, si se encuentra en cuarto curso; y en el presbiterado si por lo menos ha cursado la mitad del mismo cuarto afín de teología (cn.976,2). Ahora bien este curso teológico no está permitido el que se realice en privado, sino que debe llevarse a cabo en los centros instituidos para ello según un método determinado de estudios (cn.976,3); el cual método de estudios lo determinó PIO XI en la Constitución Apostólica Deus scientiarum Dominus, del 24 de mayo de 1931.

Y no puede nadie ser ordenado lícitamente en algún grado si antes no ha recibido el grado anterior, y se requieren para las órdenes mayores el haber recibido antes las órdenes menores (cn.974,1,5 y 977). Ahora bien esta gradación no sólo se ha de observar en las órdenes mismas, sino también en ciertos intervalos que deben observarse entre las diversas órdenes (por lo menos entre las órdenes mayores). Los intervalos entre la primera tonsura y el ostiariado, o entre cada una de las órdenes menores, se confían al prudente juicio del obispo; entre el acolitado y el subdiaconado debe pasar por lo menos un año entero; entre las últimas órdenes es suficiente un espacio de tres meses. Sin embargo, si la necesidad y la utilidad de la Iglesia demandara otra cosa, se deja la causa a juicio del obispo (cn.978,2).

Por último, además de otros requisitos contenidos en el CIC, para la ordenación lícita es necesario que aquel, que se acerca a las órdenes, no tenga ninguna irregularidad ni impedimento (cn.968,1). Esta disciplina eclesiástica ya se observó en la antigüedad cristiana, puesto que San Pablo impuso ciertas normas a Tito por las cuales debía regirse al consagrar obispos y al ordenar presbíteros: El objeto porque te dejé en Creta es para que acabases de poner en orden lo que quedó deficiente, e instituyeses en cada ciudad presbíteros, conforme a las normas que te ordené. Deben ser irreprensibles, casados una sola vez, cuyos hijos sean creyentes y sobre las que no pese estigma de libertinaje o rebeldía. Porque es necesario que el obispo sea intachable como administrador que es de la casa de Dios. No soberbio, no irascible, no dado al vino, no violento, no codicioso de sórdido lucro. Sino hospitalario, amigo de lo bueno, íntegro, casto, Adherido tenazmente a la doctrina auténtica tal cual la recibió, a fin de que sea capaz de exhortar conforme a la sana doctrina y de argüir a los contradictores (Tit 1,5-9). S. LEON MAGNO excluía del presbiterado y sobre todo del episcopado a los siervos; y fueron establecidos por la Iglesia distintos decretos según las diversas circunstancias de los tiempos.

126. Escolio. De la necesidad del sacramento del Orden. Si nos fijamos en los hombres en concreto, el sacramento del Orden no es necesario para nadie con necesidad de medio para la salvación. En efecto no aparece caso alguno en el que alguien no pueda alcanzar las gracias necesarias a no ser mediante este sacramento. Ni siquiera puede decirse que «per accidens» sea necesario para alguien, así como el matrimonio resulta necesario para aquel, que sin él no puede conservar la castidad en su estado; pues no se da ningún caso en el que exista esta necesidad accidental. Ciertamente Dios podría en algún caso particular llamar a alguien al sacerdocio de forma que obligara a éste a recibir las órdenes sagradas con obligación de precepto explícito. Sin embargo este caso sería verdaderamente excepcional, y se trataría de una necesidad de precepto para este caso concreto. Por otra parte, ni siquiera esta necesidad de precepto se da de suyo; puesto que Dios conduce hacia el sacerdocio como hacia una vía de perfección; y respecto a la perfección no manda imperativamente, sino que aconseja.

Ahora bien respecto a la Iglesia, considerada en sí misma, el sacramento del Orden es necesario con necesidad de medio; porque es el medio sin el cual en la Iglesia no. se conservaría la jerarquía, no habría administración y realización de los sacramentos, y consiguientemente faltaría la fuente principal de la vida espiritual y sobrenatural. «De donde se sigue que la Iglesia debe procurar el que siempre un número suficiente de jóvenes anhele el llegar a las órdenes sagradas; ahora bien esto no puede alcanzarlo mediante algunas leyes que obliguen directamente a la recepción de las órdenes, sino indirectamente, procurando con todas sus fuerzas por medio de sus ministros, el que las familias sean verdaderamente católicas, el que los jóvenes se sientan atraídos por la vida ejemplar y el celo apostólico de los sacerdotes, el que se ore mucho y fervorosamente (incluso con muchísimo provecho mediante asociaciones instituidas con este fin) para pedir a Dios porque surjan vocaciones sacerdotales».